La nueva plaza pública de Roma

El foro de César

Julio César ordenó erigir en Roma un foro que superara en magnificencia a todo lo visto hasta entonces en la Urbe.

El foro de César formaba un amplio espacio rodeado en tres de sus lados por pórticos con columnas corintias y con el templo de Venus Genetrix al fondo.

Reconstrucción científica: R. Meneghini - Inklink Musei 2009, Foro di Cesare, Sovrintendenza Capitolina ai BBCC.

En su Arte de amar, el poeta Ovidio hablaba de cierta plaza de Roma como uno de los mejores parajes de la Urbe donde ir al encuentro de aventuras galantes, en especial junto a unas fuentes monumentales que salpicaban con sus aguas a los transeúntes. Allí el abogado perdería la capacidad hasta de cuidar de sí mismo, o el orador de pronunciar una sola palabra, mientras la diosa Venus se reiría de sus cuitas pasionales desde el interior del templo de mármol que se alzaba en su honor.

Cronología

Una nueva Roma

54 a.C.

En plena conquista de la Galia, Julio César concibe la idea de crear un foro en Roma que supere en magnificencia el teatro que había erigido su rival Pompeyo.

51 a.C.

Se inician los trabajos de construcción del foro de César, casi al mismo tiempo que estalla la guerra civil entre César y Pompeyo por el dominio de Roma.

48 a.C.

Tras vencer a Pompeyo en la batalla de Farsalia, César hace construir en su foro un magnífico templo dedicado a Venus, la diosa protectora de su linaje.

46 a.C.

El 24 de septiembre tiene lugar la inauguración del foro de César, aunque no están terminados todos los edificios que lo componen, como es el caso del templo de Venus.

Ovidio se refería al forum Iulium o foro de César, llamado así porque fue Julio César quien lo mandó construir. Hoy, de este espacio justo al noroeste del antiguo foro republicano sólo subsiste la base de los pórticos que lo rodeaban por tres de sus lados, así como tres columnas del templo de Venus situado en el cuarto lado. En la Antigüedad, sin embargo, la obra despertó una gran admiración. Según un historiador del siglo III, Dion Casio, el foro que César mandó construir «es más hermoso que el Foro romano y le ha otorgado a este mayor dignidad».

El proyecto de este nuevo foro surgió en el año 54 a.C., cuando Julio César se encontraba en plena campaña de conquista de la Galia. Tres años antes, su gran rival, Pompeyo, había inaugurado en la capital un espléndido teatro, algo que César no podía dejar sin respuesta, ya que en la antigua Roma, como en el mundo antiguo en general, la financiación de obras públicas era un medio esencial de adquirir prestigio para todos aquellos que aspiraban a ejercer el poder.

Anverso y reverso de un denario de plata de César, con la diosa Venus sosteniendo una victoria alada, acuñado por M. Mettio en 44 a.C.

Anverso y reverso de un denario de plata de César, con la diosa Venus sosteniendo una victoria alada, acuñado por M. Mettio en 44 a.C.

Foto: Granger / Abum

Un nuevo foro

El principal objetivo del proyecto era ampliar el foro republicano mediante un espacio anexo que debía acoger las actividades públicas, administrativas y comerciales, para las cuales el viejo foro comenzaba a quedarse pequeño. César encargó a Cicerón, entonces amigo suyo, la adquisición de los terrenos. El coste de la operación fue elevadísimo porque buena parte de la superficie estaba ocupada por viviendas privadas, según revela el mismo Cicerón en una carta a su amigo Ático: «Opio y yo hemos decidido que el foro [de César] se extenderá hasta el Atrium Libertatis. Hemos pagado por el terreno 60 millones de sestercios. No ha habido forma de obtener mejores condiciones por parte de los propietarios, pero lograremos hacer en él algo magnífico».

Pompeyo Magno. Cabeza de una estatua del enemigo de César. Gliptoteca Carlsberg, Copenhague.

Pompeyo Magno. Cabeza de una estatua del enemigo de César. Gliptoteca Carlsberg, Copenhague.

Foto: Prisma / Album

Algunas de estas casas eran propiedad del hermano de Cicerón, así que el gran retórico y su familia no debieron de ser ajenos a la especulación en una operación tan lucrativa. Al precio de compra del terreno se sumaron 40 millones de sestercios más para la construcción de los pórticos y el gran templo que lo presidía. Julio César pudo hacer frente a tamaño desembolso gracias al botín logrado durante sus campañas militares en la Galia.

Friso de cupidos procedente del templo de Venus Genetrix, en el Foro de César. Museos Capitolinos, Roma.

Friso de cupidos procedente del templo de Venus Genetrix, en el Foro de César. Museos Capitolinos, Roma.

Foto: DEA / Album

Los trabajos comenzaron en 51 a.C., casi en el mismo momento en que estalló la guerra civil entre César y Pompeyo. Fue precisamente en el transcurso de esta contienda fratricida, en los albores de la batalla de Farsalia, en 48 a.C., cuando César prometió a Venus –progenitora mítica y protectora de su linaje– que si derrotaba a Pompeyo erigiría un edificio de culto en su honor dentro de su propio foro. Tras ganar la decisiva batalla, César cumplió su promesa e hizo levantar un templo consagrado a Venus Genetrix («Engendradora»). De este modo, el Foro se convirtió en una evocación pétrea del prestigio militar de César y en un espacio de exaltación de su genealogía divina.

Inauguración por todo lo alto

Aunque aún no se habían completado, el templo y el foro fueron consagrados en 46 a.C. La premura fue tal que Arcesilao, el escultor encargado de realizar la estatua de culto de la diosa Venus, apenas tuvo el tiempo suficiente para ultimarla. Según relata el mismo Dion Casio, el día de la inauguración, el 24 de septiembre, César, coronado de flores y precedido por un cortejo de elefantes que portaban antorchas y regalos para el público, presidió unos juegos magníficos, que incluyeron competiciones de todo tipo, combates gladiatorios y venationes (enfrentamientos entre hombres y fieras), en las que se mostraron animales tan exóticos y desconocidos en Roma como el «camello-leopardo», es decir, las jirafas. Como colofón, César «hizo que se desarrollara una batalla naval, no en el mar ni en una laguna, sino sobre tierra firme», en el Campo de Marte.

Marte y Venus en una pintura pompeyana. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

Marte y Venus en una pintura pompeyana. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

Foto: Foglia / Scala, Firenze

Quien entraba en el área del foro de César se encontraba en medio de una explanada alargada rodeada por un doble pórtico, en cuyo fondo se alzaba la fachada del templo de Venus, al que se accedía por sendas escalinatas laterales. La panorámica, sin embargo, quedaba interrumpida por una estatua ecuestre que se alzaba en medio del espacio. En efecto, emulando el afecto que Alejandro Magno sentía por su caballo Bucéfalo, César se hizo retratar –posiblemente basándose en una antigua talla del conquistador macedonio– sobre su caballo favorito, Genitor, el cual tenía la particularidad de que «sus patas delanteras se parecían a las humanas», «con las pezuñas parecidas a los pies humanos
y los pesuños hendidos como dedos», según lo describieron Plinio el Viejo y Suetonio respectivamente.

Foro romano. El foro de César se halla detrás del arco de Septimio Severo y de la curia Julia, el edificio cuadrangular a la derecha.

Foro romano. El foro de César se halla detrás del arco de Septimio Severo y de la curia Julia, el edificio cuadrangular a la derecha.

Foto: Alamy / ACI

En el interior de la cella del templo se podían admirar otras piezas escultóricas, obras pictóricas y objetos «de lujo», dones todos ellos ofrendados a la deidad y que pretendían maravillar a los visitantes. Especialmente famosa fue una imagen en bronce dorado de Cleopatra, quien había dado a luz al hijo de César en el año 47 a.C. Se sabe que allí estaban expuestas obras como los cuadros mitológicos del pintor Timómaco de Bizancio y una coraza adornada con perlas de Britania.

La curia Julia

Por otra parte, en el ángulo sureste de la plaza, en comunicación con el foro republicano, César incorporó una nueva curia, que sustituía al venerado edificio anterior en el que se reunía el Senado, el máximo órgano de gobierno de Roma. Sin embargo, a César le gustaba reunir a los senadores en su foro, utilizando el templo de Venus Genetrix de telón de fondo de sus reuniones. Para el dictador, actuar de este modo era una forma de manifestar su condición casi divina, aun a riesgo de ofender a los demás patricios. En una ocasión, en un alarde de autoridad y soberbia, César no se molestó siquiera en alzarse de su asiento cuando los senadores hicieron su aparición en la plaza, un comportamiento inspirado en los monarcas helenísticos y que infringía las reglas básicas de la etiqueta exigida a los magistrados romanos. Estos alardes de poder incitaron a cometer el magnicidio contra César en los idus de marzo de 44 a.C., mientras el dictador presidía una reunión del Senado en el pórtico del teatro de su rival Pompeyo, puesto que la curia Julia aún no estaba terminada.

Cayo Julio César. Estatua en bronce de César. Hoy se alza en la Vía de los Foros Imperiales, cerca del foro que lleva su nombre.

Cayo Julio César. Estatua en bronce de César. Hoy se alza en la Vía de los Foros Imperiales, cerca del foro que lleva su nombre.

Foto: Alamy / ACI

Su foro, el forum Iulium, sobrevivió bajo los emperadores que lo sucedieron, como recuerdo del general y dictador que tan decisivamente había contribuido a la fundación del Imperio. Hoy su vestigio más visible son las tres columnas del templo de Venus que los arqueólogos italianos de la década de 1930 decidieron poner de nuevo en pie.

Templo de Venus. A la derecha, las tres columnas corintias que se conservan del templo erigido por Julio César en honor a la diosa Venus.

Templo de Venus. A la derecha, las tres columnas corintias que se conservan del templo erigido por Julio César en honor a la diosa Venus.

Foto: Alamy / ACI

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Una diosa entre sus antepasados

En el año 69 a.C., César pronunció el elogio fúnebre de su tía Julia, y aprovechó la ocasión para proclamar la ascendencia divina de su familia. El ambicioso joven dijo que la diosa Venus, tras su unión con Anquises (miembro de la familia real de Troya), alumbró al héroe Eneas, padre a su vez de Ascanio o Julo, el ancestro mítico de la estirpe a la que pertenecía Julio César. De esta forma, los Julios se vinculaban a las raíces de Roma y el pueblo romano, ya que Rómulo y Remo, fundadores de la ciudad, también pertenecían a la estirpe de Eneas. En su invocación antes de la batalla de Farsalia, César efectuó el voto en favor de Venus Victrix, pero luego pensó que sería más provechoso conferirle el epíteto de genetrix, «engendradora», para destacar la asociación de la diosa con su linaje o gens.

Eneas huye de Troya. En esta estatuilla, Eneas escapa llevando de la mano a su hijo Ascanio y a su padre Anquises sobre los hombros.

Eneas huye de Troya. En esta estatuilla, Eneas escapa llevando de la mano a su hijo Ascanio y a su padre Anquises sobre los hombros.

Foto: Foglia / Scala, Firenze

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El foro de César, excavado y arrasado

La vía de los foros imperiales que Benito Mussolini ordenó construir en 1932 discurría por la mitad del foro de César, lo que conllevó la destrucción de algunas estructuras erigidas allí en la Antigüedad. Así, quedó parcialmente arrasada una letrina pública semicircular situada en el pórtico suroeste. Dado que a los arqueólogos de la época fascista les interesaba ante todo restaurar y exhibir monumentalmente la curia Julia (la sede del Senado romano), eliminaron los restos antiguos que les estorbaban, aumentando así la dificultad de que los arqueólogos actuales puedan interpretar la conexión entre dicha curia y el foro de César. A los especialistas de esa época se les debe, en cambio, la anastilosis (reconstrucción) de las tres columnas corintias del templo de Venus, incluido su entablamento.

Levantando las columnas. Litografía publicada en 'La Domenica del corriere', en 1932, que muestra los trabajos de recuperación del templo de Venus.

Levantando las columnas. Litografía publicada en 'La Domenica del corriere', en 1932, que muestra los trabajos de recuperación del templo de Venus.

Foto: Scala / Firenze

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El foro de César en el siglo IV

Tras el incendio de Roma en el año 283, Diocleciano (emperador entre 284 y 305) llevó a cabo enormes transformaciones en el foro de César, que redefinieron el aspecto del conjunto. La parte más afectada fue el templo de Venus Genetrix: la fachada principal se cubrió con un muro de ladrillo que llegaba hasta los pórticos laterales del foro, dejando a la vista el frontón, pero «aprisionando» algunas de las columnas. Varios grandes arcos perforaban aquel paramento de ladrillo, uno de los cuales daba acceso a la basílica Argentaria. En el centro se mantenía la estatua ecuestre de César.

El foro de César en el siglo IV.

El foro de César en el siglo IV.

Reconstrucción científica: R. Meneghini - Inklink Musei 2009, Foro di Cesare,Sovrintendenza Capitolina ai BBCC

Este artículo pertenece al número 208 de la revista Historia National Geographic.

Para saber más

La victoria de César en la batalla de Munda

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