Roma en Egipto

Faraones romanos

Bajo el dominio de Roma, los sacerdotes de los templos egipcios presentaron a los emperadores como faraones que aseguraban el orden del cosmos.

Emperador-faraón. Busto de emperador romano, posiblemente Nerón, tocado con el pañuelo 'nemes', característico de los faraones egipcios. Siglo I d.C. Museo del Louvre, París.

Foto: White Images / Scala, Firenze

Cuando terminó el largo período del Reino Nuevo (1539-1077 a.C.), Egipto sufrió continuas invasiones extranjeras. Durante el I milenio a.C., reyes de origen libio, nubio, asirio y persa se adueñaron sucesivamente del territorio egipcio, que desde el año 305 a.C. quedó en manos de los Ptolomeos, la dinastía fundada por un general del rey macedonio Alejandro Magno. Pese a su procedencia extranjera, todos estos monarcas adoptaron el ceremonial y las insignias reales propias del monarca tradicional de Egipto: el faraón. Éste también fue el caso del nuevo poder que desde el año 30 a.C. rigió sobre Egipto, el de los emperadores romanos.

Cronología

Egipto, finca imperial

31 a.C.

Tras la victoria en Actium contra Antonio y Cleopatra, Octaviano (luego Augusto) convierte Egipto en provincia romana.

14-37 d.C.

Tiberio reduce el número de efectivos militares en Egipto. También completa y decora varios templos, como el de Dendera.

41-54 d.C.

Aunque nunca pisará Egipto, el emperador Claudio también participa en la decoración de templos, como el de Esna.

98-117 d.C.

Trajano sofoca revueltas de los judíos en varios lugares, entre ellos Egipto. En Esna se le muestra adorando a los dioses egipcios.

130 d.C.

Un amante de Adriano, Antínoo, muere ahogado en el Nilo durante un viaje a Egipto. El emperador funda Antinoópolis en su honor.

211-217 d.C.

Caracalla saquea la ciudad de Alejandría, molesto porque sus habitantes se mofaban de su manía de imitar a Alejandro Magno.

A diferencia de la dinastía ptolemaica, que había gobernado Egipto desde Alejandría –la nueva capital fundada por Alejandro Magno–, los emperadores romanos reinaron desde la distancia y pocos de ellos pisaron el país del Nilo. Sin embargo, eso no significa que se desentendieran de una provincia que tenía una gran importancia económica para el Imperio, pues era la principal proveedora de grano para Roma. Prueba de ello es que la administración de Egipto quedó en manos de un prefecto nombrado directamente por el emperador y que únicamente respondía ante él, a diferencia de otras provincias en las que los gobernadores eran designados por el Senado. De hecho, ningún oficial de alto rango podía viajar por su cuenta a Egipto sin permiso expreso del emperador a fin de evitar que aprovechara la potencia económica del país para iniciar una sublevación.

El granero de Roma. Escena de cosecha representada en la tumba de Petosiris, de finales del siglo IV a.C., en la necrópolis de Tuna el-Gebel. Petosiris ejerció como sumo sacerdote del dios Toth en Hermópolis Magna.

El granero de Roma. Escena de cosecha representada en la tumba de Petosiris, de finales del siglo IV a.C., en la necrópolis de Tuna el-Gebel. Petosiris ejerció como sumo sacerdote del dios Toth en Hermópolis Magna.

Foto: DEA / Scala, Firenze

El prefecto, que residía en Alejandría, controlaba todos los asuntos judiciales,financieros y militares a través de oficiales especializados que eran ciudadanos romanos. Sólo los cargos regionales y locales estaban en manos de grecoegipcios. Varias legiones (tres después de la conquista, que se redujeron a una desde el siglo II), distribuidas en lugares estratégicos y apoyadas por tropas auxiliares, garantizaban el orden y la defensa del territorio.

El gusto por Egipto

El gusto por Egipto

Foto: BPK / Scala, Firenze

Adorados como faraones

Con todo, el dominio de Roma no se basó únicamente en la imposición de administradores foráneos y en la presencia militar. Fue igualmente importante el hecho de que los egipcios identificaran a los emperadores romanos con la figura tradicional del faraón, la cual seguía estando en el centro de la concepción egipcia del mundo. En efecto, el faraón no era simplemente un cargo político, encargado de dirigir la administración del país. Su función última era mantener el orden del cosmos, tanto en el ámbito religioso, mediante la realización de ceremonias y rituales, como en los asuntos terrenales, manteniendo la justicia y el orden dentro de Egipto, y a sus enemigos sometidos fuera de sus fronteras. Pese a que el faraón como individuo no era un dios, representaba un oficio divino. Como monarca reinante era la encarnación del dios Horus, y del dios Osiris como rey difunto.

El quiosco de Trajano en File. El soberano mandó construir este edificio junto al templo de Isis en File para guardar la barca ceremonial de la diosa. Mide 15 m de ancho, 20 de largo y 15,85 de alto.

El quiosco de Trajano en File. El soberano mandó construir este edificio junto al templo de Isis en File para guardar la barca ceremonial de la diosa. Mide 15 m de ancho, 20 de largo y 15,85 de alto.

Foto: Scala / Firenze

En la cosmovisión egipcia no existía ninguna alternativa a este orden social y divino. Por esta razón, tras la conquista romana, y pese a la ausencia física de los emperadores, se tuvo que preservar la función ritual y cosmológica que desempeñaban los faraones, ahora bajo la forma de un faraón romano. Esta figura fue promovida por los sacerdotes egipcios de alto rango, que ya en época ptolemaica habían actuado como mediadores entre los nuevos gobernantes extranjeros y la población egipcia, encargándose de diseñar la presentación de los reyes de aquella dinastía grecomacedónica como faraones. De esta manera, en torno a los emperadores-faraones se desarrolló un culto semejante al que habían recibido los Ptolomeos, aunque con sus particularidades propias.

Inscripción conmemorativa de Adriano procedente de Egipto. Museo Británico, Londres.

Inscripción conmemorativa de Adriano procedente de Egipto. Museo Británico, Londres.

Foto: Alamy / ACI

Templos imperiales

A diferencia del modelo ptolemaico, los emperadores romanos en Egipto no recibían culto divino en los templos egipcios tradicionales, sino en santuarios construidos al efecto, llamados Sebasteia (a partir de la traducción griega del título de Augusto) o Kaisareia (a partir del título de César). Los restos arqueológicos conservados indican que se trataba de templos de estilo romano. Del mismo modo, los emperadores rechazaron los honores divinos en vida, dado que el culto imperial romano estaba fundamentalmente dedicado a los emperadores que eran divinizados tras su fallecimiento, aunque hubo algunos que fueron venerados como dioses en vida, como Augusto, Nerón y Adriano. Augusto, en concreto, permitió que en las ciudades de Asia Menor se instaurase un culto en su honor, con templos, sacerdocios, rituales y festivales.

Dentro del templo de Esna. Sala hipóstila del templo dedicado al dios Khnum en Esna, compuesta por veinticuatro columnas de más de trece metros de altura. Fue iniciada por Tiberio y continuada por los emperadores Claudio, Vespasiano, Domiciano, Trajano y Adriano.

Dentro del templo de Esna. Sala hipóstila del templo dedicado al dios Khnum en Esna, compuesta por veinticuatro columnas de más de trece metros de altura. Fue iniciada por Tiberio y continuada por los emperadores Claudio, Vespasiano, Domiciano, Trajano y Adriano.

Foto: Scala / Firenze

En Egipto, el poder imperial no se manifestaba tan sólo en los templos dedicados específicamente al culto de los soberanos romanos, sino también en los santuarios egipcios propiamente dichos. Conscientes de la importancia que estos templos y sus sacerdotes tenían para los egipcios, los monarcas romanos promovieron y financiaron la construcción y decoración de numerosos templos egipcios, de modo que una parte significativa de la arquitectura religiosa egipcia que hoy podemos contemplar se debe en realidad a emperadores como Trajano, Adriano, Antonino Pío o Marco Aurelio. Estos espacios proporcionaban legitimidad al emperador como continuador de la línea ininterrumpida de reyes de Egipto, no sólo por el hecho mismo de haber promovido su construcción, sino también por la forma en que se los representaba en las paredes de esos templos y en innumerables estatuas y estelas.

Templo de Dendur. Lo encargó el emperador Augusto en el año 15 a.C. y está dedicado a la diosa Isis. Museo Metropolitano, Nueva York.

Templo de Dendur. Lo encargó el emperador Augusto en el año 15 a.C. y está dedicado a la diosa Isis. Museo Metropolitano, Nueva York.

Foto: Scala / Firenze

El emperador y los dioses egipcios

En esa decoración se representa un universo idealizado, en el que el emperador romano lleva a cabo los rituales religiosos propios de un faraón. Sobre los muros de los templos los emperadores romanos son purificados y coronados por parte de los dioses, hacen ofrendas y participan en rituales para garantizar el orden del cosmos y aplacar las fuerzas del caos. En estas escenas, el faraón romano es indistinguible de sus antecesores egipcios o ptolemaicos. Va vestido con un faldellín y ciñe sobre su cabeza distintas coronas, entre las que destaca la doble corona, símbolo de su gobierno sobre un Egipto unificado.

Trajano en Dendera .En el muro de un mammisi o templo adyacente del santuario de Dendera se representó al emperador Trajano (a la derecha), tocado con la corona roja del Bajo Egipto y ofreciendo una barca votiva a la diosa Hathor (a la izquierda), que amamanta al dios Ihi.

Trajano en Dendera .En el muro de un mammisi o templo adyacente del santuario de Dendera se representó al emperador Trajano (a la derecha), tocado con la corona roja del Bajo Egipto y ofreciendo una barca votiva a la diosa Hathor (a la izquierda), que amamanta al dios Ihi.

Foto: Ivan Sebborn / Alamy / ACI

En los relieves, los rasgos faciales del emperador-faraón están estandarizados, por lo que el único modo de distinguir a un emperador de otro, y de sus predecesores de época faraónica y ptolemaica, es mediante los jeroglíficos con los que se le identifica. Así, junto a los títulos egipcios tradicionales («Rey del Alto y del Bajo Egipto», «Señor de las Dos Tierras», «Señor de las Coronas» e «Hijo de Ra»), encontramos cartuchos con los nombres y títulos de cada emperador transcritos en escritura jeroglífica utilizando signos monoconsonánticos. Por ejemplo, Tiberio aparece como TBYRS, Claudio como TBYRS KRWTYS (Tiberio Claudio) y Nerón como NARWNY. Los emperadores-faraones usaron en Egipto títulos de raíz romana, como Autokrator («emperador»), Kaisaros («[heredero] de César») y Augusto, que suele aparecer traducido como ENTY KHU, «que es venerado».

Tiberio en jeroglíficos. El nombre del emperador aparece escrito en caracteres jeroglíficos y dentro de un cartucho en esta columna del templo de  Kom Ombo.

Tiberio en jeroglíficos. El nombre del emperador aparece escrito en caracteres jeroglíficos y dentro de un cartucho en esta columna del templo de Kom Ombo.

Foto: Alamy / ACI

Algunas escenas de los templos muestran elementos específicos que respondían a la realidad histórica y política del momento. En la parte posterior del templo de Kom Ombo encontramos un corredor que ha sido llamado Corredor de los Emperadores. En él se ven varios emperadores de la dinastía antonina, como Marco Aurelio, con su corregente Lucio Vero, y Cómodo. Los cartuchos con el nombre de este último fueron borrados tras su asesinato y la posterior damnatio memoriae, un acto por el que el Senado o un emperador ordenaba eliminar de los registros el nombre de un gobernante caído en desgracia. Esta «condena de la memoria» no era algo nuevo en Egipto, pues ya había tenido lugar en época faraónica con reyes como Hatshepsut y Akhenatón.

Templo de Kom Ombo

Templo de Kom Ombo

Foto: Alamy / ACI

Borrar al faraón

Otro ejemplo de damnatio memoriae de época romana se encuentra en el templo de Esna. En un muro del pronaos aparece representada la familia de los Severos, con Septimio Severo, su esposa Julia Domna (designada en egipcio como gobernante, esposa real y señora de las Dos Tierras) y sus hijos Caracalla y Geta, que gobernaron entre los años 193 y 218. Cuando Caracalla ordenó la destrucción de la memoria de su hermano Geta en todo el Imperio, en Esna no sólo se borró el nombre de Geta de su cartucho, sino que su figura completa fue martilleada y eliminada de la escena, quedando sólo su silueta.

La huella de este tipo de actos en los templos egipcios demuestra que los elementos representados en su decoración seguían siendo considerados importantes incluso a comienzos del siglo III d.C. La orden de borrar los nombres de Cómodo y Geta la llevaron a cabo los sacerdotes egipcios, que la aplicaron incluso en las inscripciones jeroglíficas, una escritura antigua y tan compleja que por entonces muy pocos eran capaces de leer.

La figura del emperador romano en Egipto ejemplifica la realidad de la sociedad egipcia del momento. El país del Nilo se había convertido en una provincia romana más gobernada con un sistema similar al de otras. Sin embargo, en lo ideológico y religioso, Egipto seguía siendo regido por el faraón, ahora encarnado en el emperador romano, cuyo papel como garante del orden del cosmos se mantuvo hasta el final de la religión egipcia.

Isis amamantando al pequeño Horus. Estatua de época romana. Museo Egipcio Gregoriano (Museos Vaticanos).

Isis amamantando al pequeño Horus. Estatua de época romana. Museo Egipcio Gregoriano (Museos Vaticanos).

Foto: Scala / Firenze

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Estanque de Canopo.  En su villa de Tívoli, el emperador Adriano hizo construir un magnífico estanque que evoca el paisaje egipcio. Rodeado de columnas y decorado con estatuas, mide 119 por 18 metros.

Estanque de Canopo. En su villa de Tívoli, el emperador Adriano hizo construir un magnífico estanque que evoca el paisaje egipcio. Rodeado de columnas y decorado con estatuas, mide 119 por 18 metros.

Foto: Scala / Firenze

Emperadores de visita en Egipto

Después de que Augusto conquistara Egipto, fueron pocos los emperadores que visitaron este país. Casi siempre, los viajes tenían motivos estratégicos y se limitaban a la capital, Alejandría, por donde pasaron Calígula, Vespasiano, Marco Aurelio, Septimio Severo y Caracalla, entre otros. El soberano que mostró un mayor interés por Egipto fue Adriano, que acudió al país dos veces e hizo un crucero Nilo arriba. En su segundo viaje, su joven amante Antínoo se ahogó en el Nilo (aunque se rumoreó que se había tratado de un sacrificio religioso). En su honor, Adriano fundó la colonia romana de Antinoópolis. En su villa de Tivoli, a las afueras de Roma, Adriano hizo construir edificios de inspiración egipcia decorados con estatuas traídas desde Egipto y con otros elementos de estilo egiptizante.

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Templo de Luxor.

Templo de Luxor.

Foto: Alamy / ACI
Detalle del templo de Luxor.

Detalle del templo de Luxor.

Foto: Alamy / ACI

Luxor, templo romano

El templo de Luxor, construido durante el Reino Nuevo, fue profundamente remodelado a finales del siglo III d.C. El recinto del templo fue fortificado y convertido en un campamentomilitar. En su interior, el vestíbulo al sur de la sala hipóstila de Amenhotep III se reformó completamente al estilo romano y se convirtió en una capilla dedicada al culto imperial. Sus muros se cubrieron con dos capas de yeso y se decoraron con frescos que representan a los dos Augustos y los dos Césares de la tetrarquía instaurada por Diocleciano, venerados por procesiones de figuras vestidas con clámides y soldados a caballo.

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Templo de la diosa Hator en Dendera.

Templo de la diosa Hator en Dendera.

Foto: Ratnakorn Piyasirisorost / Getty Images

La mano de Roma

Muchos templos iniciados en época ptolemaica se terminaron en época romana. Así sucedió con el templo de la diosa Hathor en Dendera, que comenzó Ptolomeo XII en 54 a.C. El santuario y las capillas que lo rodean fueron acabados por Augusto, cuya representación y cartuchos aparecen en los muros exteriores (se conocen como cartuchos los nombres de los faraones, que se rodeaban de un círculo). En la pared oeste del templo hay una inscripción con la primera fecha conocida de Augusto inscrita en Egipto: 15 de marzo de 29 a.C., aniversario del asesinato de César. El pronaos, con su famoso techo astronómico, fue obra de Tiberio y decorado por Claudio. Y en sus muros exteriores también hay cartuchos con el nombre de Nerón.

Este artículo pertenece al número 206 de la revista Historia National Geographic.

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