Peregrinación al sanatorio

Epidauro, el sanatorio de Grecia

Los antiguos griegos erigieron en Epidauro un gran santuario dedicado a Asclepio, el dios de la medicina. Allí peregrinaban cada año miles de enfermos para curarse de todo tipo de males mediante el rito del sueño sanador.

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Foto: iStock

Según los mitos, Asclepio, hijo del dios Apolo, tenía la capacidad de sanar cualquier enfermedad, e incluso de revivir a los muertos. Por ello se lo representaba habitualmente junto a una serpiente, animal que simboliza tanto la idea de rejuvenecimiento –por el hecho de mudar la piel periódicamente– como de renacimiento –puesto que su veneno puede matar y a la vez servir como antídoto–. Todavía hoy, el bastón de Asclepio con la serpiente es el símbolo de la medicina, y la copa con una serpiente vertiendo su veneno en ella, el de la farmacia.

Mapa de santuarios de Asclepio

Mapa de santuarios de Asclepio

Foto: Cartografía, Gradualmap

Nace el santuario

En Grecia, el culto a Asclepio se desarrolló desde la época arcaica. Se construyeron templos dedicados al dios llamados Asclepeion, a los que acudían los enfermos con la esperanza de que la divinidad intercediera en su curación. El más importante de estos santuarios fue el de Epidauro. Su situación, en la costa occidental del golfo Sarónico, permitía un fácil acceso tanto a los que acudían por tierra como, sobre todo, a los que llegaban por mar. De hecho, es probable que incluso los habitantes de las zonas más alejadas del Peloponeso o la Grecia continental hicieran el viaje en barco, pues era un método de transporte más rápido y cómodo.

Asclepio

El dios Asclepio con un báculo al que se enrosca una serpiente, símbolo de la medicina. Estatua de mármol. museo de Epidauro.  

Foto: Bridgeman / ACI

Para facilitar la llegada y acogida de enfermos, a finales del siglo V a.C. se promovió la ampliación y mejora de las instalaciones, y los nuevos templos y edificios se encargaron a los más conocidos artistas de la época. Esto fue posible porque la estancia en el santuario no era gratuita y los servicios cobrados por los administradores se reinvertían en el embellecimiento del recinto. Al comienzo no había una tabla de honorarios, sino que cada cual donaba lo que podía en función de sus posibilidades.

En un principio, quizá la entrega de animales para el sacrificio, y de cereales, vino o leche para las libaciones era suficiente para asegurar el sustento de los sacerdotes que vivían aquí. Sin embargo, a medida que creció el santuario, los administradores empezaron a cobrar una tarifa y a vender sus propios animales, a la vez que se abrieron talleres de estelas y exvotos que contribuyeron a aumentar la entrada de dinero.

Asclepeion

El Asclepeion era el edificio más antiguo del santuario. La fotografía muestra los restos del templo del dios.  

Foto: Alamy / ACI

El templo de Asclepio

El Asclepeion, recinto consagrado al dios, estaba abierto todos los días del año para recibir a quienes acudían en busca de un remedio para sus dolencias: embarazos demasiado largos, extremidades paralizadas, ceguera, cálculos biliares, piojos, dolor de cabeza, esterilidad...

El Asclepeion

El templo de asclepio, de estilo dórico, estaba rodeado de columnas: 6 en las fachadas y 11 en cada lateral. Se alzaba sobre tres escalones que en la fachada se salvaban mediante una rampa. Las metopas del friso estaban cubiertas con simples placas sin relieves historiados. Los frontones se conservan de manera muy fragmentaria; el occidental representaba una batalla con amazonas, y el oriental, una escena de la caída de Troya. En el interior se encontraba la estatua criselefantina (en oro y marfil) del dios Asclepio, obra de Trasímedes de Paros.  

Ilustración 3D: Rise Estudio

Para asegurar la pureza y sacralidad del lugar estaban prohibidas dos cosas: morir en él y dar a luz en su recinto. Así lo especifica Pausanias en su Descripción de Grecia, del siglo II d.C.: «Al bosque sagrado de Asclepio lo rodean mojones fronterizos por todas partes; ni mueren hombres, ni las mujeres dan a luz dentro del recinto».

Exvotos milagrosos

Los pacientes que acudían al santuario de Epidauro llevaban con ellos una ofrenda que representaba la parte del cuerpo que deseaban curar. Decenas de estos exvotos decoran las paredes del actual museo del yacimiento.  

Foto: Louie Psihoyos / AGE Fotostock

La llegada al santuario

Los visitantes podían acceder al santuario desde cualquier punto, pues no estaba cerrado con un muro, como otros santuarios griegos. No obstante, lo habitual era que los viajeros llegaran por el camino que procedía de Epidauro y entraran en el santuario por el norte a través de una entrada monumental, unos propileos o pórticos donde una inscripción indicaba: «Debe ser puro el que penetre en el perfumado templo; la pureza consiste en tener pensamientos puros». Siguiendo este camino, conocido como vía sagrada, se llegaba al templo de Asclepio, frente al que se encontraba el gran altar del dios, donde se realizaban los sacrificios propiciatorios. El resto de la explanada del Asclepeion estaba ocupado por templos secundarios y dependencias administrativas, así como por edificios destinados a facilitar la estancia de quienes se alojaban en el santuario.

Cimientos

Cimientos del Tholos de Epidauro, construidos a base de un entramado de círculos concéntricos.

Foto: DEA / AGE Fotostock

Resulta difícil estimar cuánto tiempo permanecían los enfermos en el santuario. Se conocen casos de personas que estuvieron hasta cuatro meses, y otros que en dos o tres días ya podían regresar a sus hogares. Los que podían valerse por sí mismos se alojaban en el katagogion, hospedaje situado al sureste del recinto, mientras que los más enfermos se debían de quedar en algún edificio próximo al templo de Asclepio y al gran pórtico conocido como Ábaton, donde probablemente se realizaba el ritual de la incubatio.

Tholos

El Tholos fue obra del arquitecto Policleto el Joven, que también construyó el teatro del santuario. Hoy en día sólo se conservan sus cimientos: seis muros concéntricos de entramado laberíntico. No se sabe a ciencia cierta cuál era su función, aunque se ha sugerido que pudo servir para realizar plegarias (los muros servirían como caja de resonancia), para celebrar rituales de libación en los que los líquidos se vertían por un agujero central para que circularan por el laberinto o para albergar las numerosas serpientes consagradas a Asclepio.

Ilustración 3D: Rise Estudio

El sueño reparador o incubatio era el momento más importante para los enfermos, que esperaban que se les apareciera Asclepio en sueños para sanarlos o indicarles lo que tenían que hacer para curarse. El proceso para beneficiarse de un sueño sanador era relativamente sencillo: los pacientes eran conducidos por los sacerdotes al Ábaton; entraban descalzos, vestidos con túnicas especiales y, tras ser purificados, se colocaban en simples lechos de pieles para dormir toda la noche. Dado que no siempre se tenía un sueño en la primera noche, los enfermos podían realizar el ritual diversos días hasta que se les aparecía el dios.

Sanación espiritual

La medicina que se practicaba en este santuario estaba más relacionada con la sanación espiritual que con la ciencia. En este sentido, resulta muy esclarecedora la multitud de inscripciones encontradas en Epidauro, en las que descubrimos la profunda relación entre fe religiosa y medicina. Se conservan listas de curaciones milagrosas que van desde la recuperación de la vista después de que el enfermo soñara que un perro le lamía los ojos, hasta la curación de una herida por mordedura de serpiente en los pies tras soñar que un ofidio los lamía; pasando por la recuperación del pelo después de que en sueños el propio Asclepio extendiera un ungüento sobre la calva del enfermo. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la mayoría de estas curaciones milagrosas datan de época arcaica y es probable que fueran invenciones de los sacerdotes para justificar sus prácticas y honorarios.

Ábaton

El Ábaton, el lugar en el que se realizaba el rito de la incubatio, era un gran edificio de dos niveles: un pórtico grande y abierto en la parte superior y un piso inferior, pequeño y cerrado. Es posible que en verano los enfermos ocuparan la parte porticada (cuyo espacio podía dividirse mediante paneles de madera entre las columnas, quizá para separar a hombres y mujeres), mientras que en invierno se utilizaría la parte inferior (donde se conservan las bases de piedra de lo que debieron de ser bancos o camas) para resguardarse de las inclemencias del tiempo.   

Ilustración 3D: Rise Estudio

Con el paso del tiempo y el desarrollo de los conocimientos médicos, la estancia en el santuario comenzó a incluir, junto con la incubatio, toda una serie de actividades y recomendaciones. Por ejemplo, la música, los cantos y las representaciones teatrales formaban parte del proceso de sanación, pues se consideraba que podían llevar al espectador a un beneficioso estado de concentración y de renovación espiritual (catarsis, en griego).

Restos

Restos del Ábaton de Epidauro, reconstruido parcialmente por los arqueólogos.  

Foto: Olimpo Fantuz / Fototeca 9x12

En este sentido, se ha sugerido que el tholos, el edificio circular del Asclepeion, erigido sobre una serie de círculos concéntricos conectados entre sí a modo de laberinto, pudo haber servido como espacio para entonar plegarias y canciones que resonarían gracias a su particular estructura arquitectónica, aunque también se ha apuntado que pudo servir para realizar libaciones, como se denominaba al ritual de verter ciertos líquidos en honor de un dios.

Teatro de Epidauro

Entre los edificios que componen el complejo de Epidauro destaca su monumental teatro, construido en el siglo IV a.C. para acoger las Asclepeia, celebraciones en honor del dios Asclepio. Su acústica es una de las mejores del mundo griego.  

Foto: iStock

Salud mental y física

Paralelamente al cuidado espiritual, los enfermos eran animados a hacer ejercicio, tanto en la palestra como al aire libre, en el estadio. Las dietas prescritas eran frugales: pan, a veces mojado en vino, leche cuajada, lechuga y agua con limón y miel, sin olvidar que los enfermos también consumían la carne de los sacrificios. De hecho, la comida comunitaria en el hestiatorion, al sur del Asclepeion, después de los sacrificios rituales, era esencial para la curación, pues permitía generar un sentimiento de grupo al compartir los padecimientos. También se recomendaban frecuentes baños con agua fría o caliente y brebajes elaborados con hierbas medicinales, como la cicuta o el eléboro (plantas tóxicas que en bajas dosis pueden servir como analgésico, la primera, o purgante, la segunda).

Médico

Este relieve muestra a un médico, con su instrumental grabado en el interior de un rectángulo, que recibe los honorarios de sus pacientes. La serpiente, símbolo de Asclepio, aparece enroscada en un árbol. Siglos I a.C.-I d.C. Museos Estatales, Berlín.

Foto: Erich Lessing / Album

En definitiva, el descanso, la dieta sencilla, la higiene y el ejercicio, así como la asistencia a espectáculos en el teatro, acercaban este santuario más a un balneario que a un hospital moderno. Tras unos días siguiendo esta rutina, alguien que no estuviera muy enfermo podría recuperarse de los achaques diarios, e incluso sanar de alguna dolencia leve.

Hestiatorion

Reconstrucción del Hestiatorion, que tenía la función de comedor para los pacientes del santuario.

Ilustración 3D: Rise Estudio
Hestiatorion I

El término Hestiatorion deriva del verbo hestiao, «recibir en el hogar o invitar a alguien a comer». El edificio consistía en una puerta monumental con seis columnas dóricas 1 que conducía al patio central 2, rodeado por un peristilo 3 al que se abrían una serie de estancias de distintos tamaños distribuidas en las cuatro alas. Se han hallado bases de bancos de piedra en las estancias y restos de fuegos, así como una fuente de agua al este del edificio, lo que ha llevado a pensar que se trataba de un espacio destinado a la comida en comunidad.  

Foto: Aerial-Motion / Shutterstock

Lógicamente, habría enfermedades complejas o incurables que empeorarían durante la estancia. No sabemos cómo se interpretaba en estos casos la actitud poco colaborativa de la divinidad en la sanación, pero es probable que se culpara al enfermo por falta de fe o piedad. En todo caso, muchos debían de morir en las inmediaciones del santuario, puesto que los sacerdotes y trabajadores eran implacables con los moribundos: dado que estaba prohibido fallecer dentro del recinto, eran abandonados a su suerte en el monte.

Esto fue así al menos hasta el siglo II d.C., cuando se construyeron dependencias específicas en los aledaños del recinto para albergar a estos pacientes. El santuario siguió en uso en época romana e incluso algunos emperadores hicieron reformas importantes (añadiendo unas termas, por ejemplo), hasta que se abandonó definitivamente tras la llegada del cristianismo.

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Este artículo pertenece al número 195 de la revista Historia National Geographic.

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