Editorial del Número 224 de Historia National Geographic

Editorial El origen de Roma

Editorial El origen de Roma

Foto: DEA / ALBUM

Para nuestros antepasados, la historia era un relato que explicaba sus orígenes y los reconfortaba, porque les proporcionaba una identidad que perduraba en medio de los cambios de la vida, en el sucederse de las generaciones. Los romanos creían que su estirpe provenía de personajes que para nosotros son mitos y para ellos eran seres de carne y hueso. Uno de tales personajes, el rey Rómulo, quizá no fuera tan nebuloso como nos puede parecer: su modesta casa, consagrada a su culto, fue reconstruida durante cientos de años y aún seguía en pie en el siglo IV, cuando el Imperio romano ya era cristiano. ¿Perteneció esa rústica morada, descubierta en el siglo XIX, al fundador de Roma? No lo sabemos, pero su cronología y estructura coinciden con el período en el que se formó la ciudad y con la forma de las viviendas de la época; hoy, la arqueología recupera el trasfondo histórico en el que surgieron éste y otros viejos mitos fundacionales de Roma. Con la misma fe con que los romanos creían en sus antepasados, Felipe II creía en la existencia y los milagros de mártires, santos y santas de la Iglesia, de los que al parecer atesoró hasta 7.422 reliquias en El Escorial (incluyendo una docena de cuerpos enteros y más de cien cabezas, además de restos menores); su devoción era tan intensa que en su lecho de muerte se rodeó de varios de aquellos elementos sagrados para fortalecer su ánimo. Se comprende que a este piadoso monarca no le complaciera la primera y única pintura que encargó al Greco: El martirio de San Mauricio y la legión tebana; posiblemente le disgustó porque el martirio de Mauricio se mostraba en un discreto segundo plano y ocupaba tan sólo una esquina del lienzo. De manera que el Greco no fue pintor de corte, como quería. Eso sí, dio fama inmortal a Toledo, donde vivió y pintó el resto de sus días.

Este artículo pertenece al número 224 de la revista Historia National Geographic.