La cultura de Hallstatt

Celtas: Los orígenes de su mundo

Hace tres mil años surgió la cultura de Hallstatt, una sociedad dirigida por élites ricas y poderosas en la que se ha visto el primer estadio histórico del mundo celta, y sobre la que han tenido lugar nuevos y reveladores descubrimientos

Cultura Hallstatt

Estas vainas de espada en hierro y bronce, halladas junto al río Zihl, pertenecen a la cultura de La Tène, continuadora de la de Hallstatt. Museo Latenium, Hauterive.

Foto: Berthold Steinhilber / LAIF / Cordon Press

En pleno corazón de los Alpes austríacos, una pequeña población de apenas 800 habitantes se asoma a las límpidas aguas del lago Hallstatt, circundado por montañas imponentes. En esta apacible localidad turística, llamada igual que el lago, se excavaron durante el siglo XIX más de dos mil antiguas tumbas pertenecientes a una comunidad muy especial: la de quienes trabajaron en las minas de sal de este lugar. La importancia de este yacimiento fue tal que dio nombre a la cultura de Hallstatt, en la que se ha visto el sustrato del mundo celta y que hace tres mil años, entre finales de la Edad del Bronce y principios de la Edad del Hierro, se desarrolló en amplias zonas del centro y este de Europa, desde Francia hasta Eslovenia.

Cronología

LA EUROPA CELTA

620 a.C.

Comienza la fase final de la cultura de Hallstatt. Fundación del asentamiento de Heuneburg.

600 a.C.

Una muralla de piedra y adobe de tipo mediterráneo sustituye la muralla original de Heuneburg.

583 a.C.

Se construye el túmulo 4 de Bettelbühl, donde es enterrada una mujer con un rico ajuar.

550 a.C.

Destrucción violenta de Heuneburg. Es reconstruido, pero se abandonan las granjas extramuros.

450 a.C.

Abandono de Heuneburg. Fin de la cultura de Hallstat. Construcción del túmulo de Lavau.

En un comienzo, como había sucedido durante buena parte de la Prehistoria, las gentes de la cultura de Hallstatt vivieron agrupadas en pequeñas comunidades rurales con escasas diferencias sociales, dedicadas al cultivo de cereales, el pastoreo y la artesanía.
Pero su sencillo modo de vida iba a cambiar en torno a 600 a.C., a raíz de los estrechos contactos comerciales que trabaron con dos avanzadas civilizaciones: la griega y la etrusca. Estos pueblos mediterráneos buscaban materias primas como metales, sal, ámbar del Báltico, pieles y esclavos; a cambio, entregaban vino y vajillas de lujo, desde calderos de bronce hasta cerámicas decoradas.

Hallstatt

Hace 240 millones de años, esta región se hallaba en el fondo de un océano de cuyos sedimentos proviene la sal extraída en la Edad del Bronce.

Foto: Zoltan Duray / ALAMY / ACI
Minas de hallstatt

En las minas de Hallstatt la sal se extraía tallando surcos que modelaban un corazón; luego éste se partía en dos y se obtenían dos placas de sal.

Foto: Berthold Steinhilber / LAIF / Cordon Press

Príncipes de la Edad del Hierro

La acumulación de los beneficios de este comercio por parte de una minoría estimuló la aparición de una nueva clase social que, especialmente en el norte de Francia y el sur de Alemania, reflejó su nuevo poder haciéndose enterrar en grandes túmulos, acompañados de unos ajuares funerarios tan ricos que los arqueólogos conocen esas sepulturas como «tumbas principescas».

Esta nueva sociedad surgida al calor de los intercambios comerciales es la que se corresponde con la cultura de Hallstatt, la primera que, según la visión tradicional, se puede relacionar con poblaciones celtas, ya que su continuadora, la cultura de La Tène, estuvo presente en la mayoría de zonas en las que —según el testimonio de los historiadores grecorromanos— habitaron los celtas. De ser así, éstos se habrían expandido desde el núcleo hallstático en el norte de Francia y sur de Alemania hasta ocupar una buena parte de Europa.

Coraza Hallstatt

Coraza de bronce hallada en una tumba principesca de Sticna, Ivancna Gorica, Eslovenia. hacia 600 a.C.

Foto: BPK / Scala, Firenze

Sin embargo, el origen de los celtas es uno de los temas más controvertidos de la Prehistoria europea y no todos los especialistas aceptan esta teoría. Los últimos quince años han sido testigos de una intensa actividad en los yacimientos arqueológicos de la cultura de Hallstatt, y se han producido numerosos descubrimientos —como los acaecidos en Bettelbühl, Heuneburg, Lavau o Glauberg— que están cambiando muchas cosas que creíamos saber sobre esta cultura y el origen del mundo celta.

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La primera princesa celta

En diciembre del año 2010 comenzó la excavación de un túmulo funerario en Bettelbühl, en el sur de Alemania. La zona había llamado la atención de los arqueólogos cinco años antes, cuando en un campo de cultivo habían encontrado una pequeña necrópolis formada por siete túmulos. Todos estaban muy erosionados por la acción del arado, pero cuando se excavó una tumba secundaria en el túmulo 4 apareció un enterramiento infantil. Databa de principios del siglo VI a.C., y su ajuar funerario incluía dos pendientes y dos fíbulas o broches de oro.

Tumba de Bettelbühl pieza 1

Las joyas halladas en la tumba de Bettelbühl eran de inspiración mediterránea.

Foto: AP Images / GTRES
Tumba de Bettelbühl pieza 2

Sobre la princesa de Bettelbühl se hallaron cinco esferas de oro, que formaban parte de un collar hecho con otras piezas de oro y ámbar.

Foto: Alamy / ACI

En 2010, la posibilidad de que las labores agrícolas destruyesen más restos llevó a retomar la excavación del túmulo. Éste tenía un diámetro de 40 metros y una altura original de unos cuatro, que el tiempo había reducido a tan sólo 30 centímetros. Los arqueólogos detectaron una gran cámara funeraria y los sondeos determinaron que su base se encontraba a poco más de un metro bajo tierra y que, debido a la cercanía de un arroyo, estaba anegada, lo que había conservado las maderas de la base de la cámara, de forma rectangular. Los investigadores se sorprendieron al hallar varias piezas de oro, lo que sugería que, al contrario que la gran mayoría de túmulos de la Edad del Hierro de la zona, saqueados ya en época antigua, habían encontrado una tumba intacta.

La aparición de una serie de ricos enterramientos como el de Bettelbühl en el territorio de la cultura de Hallstatt testimonia los cambios sociales que se estaban produciendo a finales de la Primera Edad del Hierro.

La continuación de la actividad agrícola y el riesgo de excavaciones furtivas amenazaban la sepultura, por lo que se decidió trasladar la cámara a otro lugar para excavarla en condiciones de laboratorio. Con este fin se extrajo un único y enorme bloque de tierra de seis metros de ancho por siete de largo y uno de altura, con un peso de 80 toneladas. La excavación del bloque duró más de un año y permitió documentar dos enterramientos en la cámara funeraria.

Collar celta

Collar de ámbar hallado en una tumba de Wierzbnica, en Polonia. Mide 20 cm. de longitud y data del siglo VI a.C.

Foto: BPK / Scala, Firenze

El primero era de una mujer de entre 30 y 40 años, provista de un rico ajuar funerario que incluía dos fíbulas de oro y numerosas cuentas de collar de oro y ámbar. Estas joyas eran de inspiración mediterránea, pero de factura local. El segundo enterramiento seguramente correspondía a otra mujer, pero su ajuar era mucho más sencillo: una simple pulsera de bronce en cada brazo. El estudio de la madera que formaba la base de la cámara determinó que los tablones se cortaron en la segunda mitad del año 583 a.C. y se utilizaron poco después.

La aparición de una serie de ricos enterramientos como el de Bettelbühl en el territorio de la cultura de Hallstatt testimonia los cambios sociales que se estaban produciendo a finales de la Primera Edad del Hierro, y muestra la consolidación de una élite dirigente que se diferenciaba claramente del resto de la sociedad.

Jarra celta

Jarra con elementos celtas y etruscos usada en banquetes y hallada en Dürrnberg. Siglo V a.C.  Museo Celta.

Foto: Alamy / ACI

La montaña de sal

La privilegiada posición de aquella élite descansaba en el comercio con el Mediterráneo, pero la obtención de las materias primas en las que éste se basaba no ha dejado casi ningún rastro arqueológico, con la excepción de la sal. Justamente en la localidad de Hallstatt se han encontrado las minas de sal prehistóricas más grandes de Europa. Su explotación sistemática comenzó en el siglo XV a.C. y, tras un período de abandono, se retomó en la Primera Edad del Hierro.

Sabemos cómo vivían y trabajaban aquellas gentes porque gracias a la sequedad extrema producida por la sal se han conservado objetos de materia orgánica como zapatos y gorros de cuero, textiles y los restos de miles de antorchas. Como ya hemos mencionado, fue la necrópolis de esta comunidad de mineros la que dio nombre a la cultura hallstática.

Espada celta

Espada del tipo llamado de antenas, hallada en Ziegelroda, Alemania. cultura de Hallstatt. Siglos VIII-vii a.C.

Foto: BPK / Scala, Firenze
Collar celta 2

El torque de Trichtingen, un collar de plata de 29,4 cm de diámetro. Cultura de La Tène. Museo Estatal de Württemberg, Stuttgart.

Foto: AKG / Album

La primera ciudad transalpina

Las élites de Hallstatt no sólo demostraban su riqueza y su poder tras la muerte. En vida reflejaron esta posición de privilegio de múltiples maneras: tanto a través de las joyas que llevaban y del vino mediterráneo que consumían en el curso de grandes banquetes como de sus imponentes residencias. El caso más espectacular es el de Heuneburg, un yacimiento sobre una pequeña colina a orillas del Danubio. Ya había sido excavado durante la segunda mitad del siglo XX, de modo que se podía pensar que su potencial para sorprendernos estaba agotado. Pero nada más lejos de la verdad: las excavaciones de los últimos quince años, en las que ha participado el arqueólogo español Manuel Fernández-Götz, han revolucionado nuestro conocimiento del lugar.

Las élites de Hallstatt demostraban su riqueza y su poder de múltiples maneras: las joyas que llevaban, el vino mediterráneo que consumían en el curso de grandes banquetes, sus imponentes residencias y sus ajuares funerarios.

Hasta ese momento se creía que el yacimiento se limitaba a la colina que le da nombre, con una superficie de tres hectáreas. Alrededor del año 620 a.C., en su cima se construyó un asentamiento que veinte años después fue protegido por una espectacular muralla edificada en adobe sobre un zócalo de piedra. Esta técnica constructiva, de inspiración mediterránea y radicalmente diferente de las murallas típicas de Hallstatt (levantadas con terraplenes construidos con la tierra extraída al excavar el foso) sólo se utilizó en Heuneburg.

túmulo de hohmichele

El túmulo de Hohmichele pertenece al complejo de Heuneburg. Sus 85 m de diámetro y 13 m de altura cubrían el lujoso enterramiento de un miembro de la élite hallstática y doce tumbas secundarias. Fue saqueado en la Antigüedad y excavado en 1936-1938.

Foto: Berthold Steinhilber / LAIF / Cordon Press

Pero, gracias a las últimas excavaciones, se ha descubierto que, en realidad, la colina es la ciudadela de un asentamiento mucho mayor. A sus pies se extendía un segundo recinto, bautizado como «ciudad baja» por sus excavadores. Su muralla es del tipo tradicional, de foso y terraplén, pero en el año 2005 se encontró una gran puerta monumental de 10 por 15 metros, construida en piedra y adobe. Más allá se extendía una tercera zona compuesta por varios barrios delimitados por fosos y divididos a su vez en parcelas de entre 1 y 1,5 hectáreas que contenían granjas. En total, se calcula que Heuneburg se extendía sobre un centenar de hectáreas y contaba con unos 5.000 habitantes. A modo de comparación, en este período vivían en Atenas unas 10.000 personas.

En su interior se han localizado áreas residenciales y de producción artesanal, lo que convertiría Heuneburg en un asentamiento urbano. No en vano sus excavadores se refieren a él como «la primera ciudad al norte de los Alpes» y creen que puede tratarse de la famosa ciudad de Pyrene, mencionada por el historiador griego Heródoto en el siglo V a.C.

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En estos últimos años, las investigaciones se han extendido a los alrededores de Heuneburg, lo que ha permitido localizar varios yacimientos. Sin duda, el más peculiar ha sido el de la colina de Alte Burg, a nueve kilómetros al noroeste. El yacimiento consiste en una colina cuya cima fue aplanada para darle forma de lengua, gracias a la construcción de enormes aterrazamientos formados por imponentes muros de hasta trece metros de ancho. En su interior no se han documentado edificios, tan sólo un pozo de cinco metros de profundidad dentro del cual aparecieron restos humanos.

Las investigaciones en el Alte Burg prosiguen en la actualidad, pero los arqueólogos tienen claro que no se trata de un asentamiento fortificado corriente, sino de un lugar de reunión y culto. La hipótesis más atrevida propone que, ya que su disposición recuerda la forma de los estadios de carreras grecorromanos, podría ser que los habitantes de Heuneburg hubiesen adoptado las carreras de carros mediterráneas.

Yacimientos como el de Alte Burg, que podía verse directamente desde Heuneburg, las exóticas murallas de adobe de este último asentamiento y las numerosas necrópolis de los alrededores (la de Bettelbühl, de donde se extrajo el bloque de tierra con una tumba en su interior, se encuentra a poco más de dos kilómetros) formaban un conjunto propagandístico de primer orden que proclamaba el poder y la riqueza de los príncipes de Hallstatt.

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El final de Hallstatt

Durante la primera mitad del siglo V a.C. se produjeron cambios en la cultura de Hallstatt que llevaron a su desaparición. Numerosos asentamientos fueron abandonados, como sucedió con el mismo Heuneburg hacia 450 a.C., y las ricas sepulturas principescas se hicieron cada vez más raras. Recientemente se ha excavado en Francia una de estas últimas tumbas. Situado en Lavau, a las afueras de Troyes y cerca del Sena, el túmulo, de casi 40 metros de diámetro formaba parte de una necrópolis en uso desde el Bronce Final.

Durante la primera mitad del siglo V a.C. se produjeron cambios en la cultura de Hallstatt que llevaron a su desaparición y numerosos asentamientos fueron abandonados.

En la cámara sepulcral se encontró el cadáver de un hombre acompañado por un ajuar muy rico. Llevaba un torque o collar y dos brazaletes de oro, así como una fíbula de hierro y oro, un collar de ámbar y un cinturón de cuero adornado con hilos de plata. El carácter de transición entre las culturas de Hallstatt y La Tène de esta tumba, datada hacia 450 a.C., queda patente en el carro sobre el que se depositó el cuerpo. No era un carro de transporte de cuatro ruedas, típico de tumbas principescas como Vix o Hochdorf, sino de dos ruedas, posiblemente uno de los nuevos carros de guerra típicos de la Segunda Edad del Hierro. Pero el hallazgo más espectacular fue un gran caldero de bronce, decorado en su borde por ocho cabezas de felino y cuatro cabezas del dios fluvial griego Aquéloo, que se empleó en banquetes.

En la cultura de Hallsttat hubo mujeres con un gran poder económico, social y, probablemente, político.

¿Y el difunto? Aunque la ciencia es una forma de conocimiento neutra, quienes la aplican pueden tener prejuicios que afectan a su trabajo. Es el caso de la famosa tumba de Vix, también en Francia, donde, pese a que se hallaron adornos personales claramente femeninos, se llegó a proponer la extravagante teoría de que la persona enterrada era un «sacerdote travestido» para no aceptar la conclusión obvia: que en la cultura de Hallsttat hubo mujeres con un gran poder económico, social y, probablemente, político.

Príncipe de Labau

El príncipe de Lavau: así se conoce al ocupante de una rica tumba descubierta en 2015 en la localidad francesa de ese nombre. La imagen lo muestra con sus adornos en oro y plata y, a sus pies, un enorme caldero de bronce que en su momento contuvo vino.

Foto: Denis Gliksman / RMN-Grand Palais

En Lavau se produjo una polémica similar. Al conocerse el hallazgo, la prensa se refirió al enterramiento como el de un príncipe. Pero con el paso del tiempo se alzaron voces que cuestionaban esta idea, ya que el ajuar incluía elementos considerados femeninos, como un collar. Finalmente, una tomografía computerizada de la pelvis del esqueleto determinó que el difunto sí era un varón. Un príncipe.

Es probable que un cambio en las rutas comerciales perjudicase el negocio sobre el que habían basado su poder las élites de Hallstatt. Éstas fueron sustituidas por otras nuevas, más inclinadas a la guerra que al comercio con el Mediterráneo, aunque éste no desapareció del todo. La transición hacia una nueva cultura, la de La Tène, no implicó un cambio de población, pero sí un retroceso en los niveles de centralización política y de urbanismo.

Estatua celta

Guerrero de Glauberg. Tallada en arenisca, esta escultura mide 1,86 m y pesa 230 kg. Museo de Glauberg.

Foto: AKG / Album
Collar Glauberg

En una tumba del túmulo 1 de Glauberg apareció este torques o collar de oro, muy similar al que lleva el guerrero de piedra de Glauberg.

Foto: AKG / Album

El guerrero de Glauberg

Uno de los lugares donde mejor pueden apreciarse estos cambios es Glauberg, cerca de Fráncfort. Hubo allí una residencia principesca que, pese a ser destruida en la misma época en que Heuneburg fue abandonado (hacia 450 a.C.), siguió ocupada. Pero su carácter cambió con la construcción de un camino de 350 metros de largo por diez de ancho, que conducía a un túmulo funerario y que se ha interpretado como una vía procesional, convirtiéndose así en el santuario dedicado a un antepasado heroizado. Es posible que la famosa estatua que apareció al pie del túmulo lo represente. Su aspecto ejemplifica el cambio experimentado por las élites celtas: está armado con una espada, un escudo y una coraza, lo que destaca su papel como guerrero.

Es probable que un cambio en las rutas comerciales perjudicase el negocio sobre el que habían basado su poder las élites de Hallstatt, que fueron sustituidas por otras nuevas, más inclinadas a la guerra que al comercio con el Mediterráneo.

Pocas décadas después de la transición entre las culturas de Hallsttat y La Tène comenzaron grandes movimientos de población. Algunos fueron migraciones que llevaron a poblaciones celtas a extenderse por buena parte de Europa, y otros tomaron la forma de grandes expediciones de saqueo, dirigidas por las nuevas aristocracias guerreras. Medio siglo después del fin de la cultura de Hallstatt, la ciudad de Roma era saqueada por una banda de guerreros celtas y un siglo después lo sería el célebre santuario griego de Delfos.

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Europa celta

Europa celta

Mapa: Ralf Bitter, NGM. Fuentes: D. Ade, A. Willmy, Die Kelten; H. Wendling, Museo Celta de Hallein

La Europa celta

La primera y la segunda edad del hierro en Europa Central están marcadas por la sucesión de las culturas de Hallstatt y La Tène; esta última, cuyo nombre proviene de un yacimiento en Suiza, es la cultura material de los celtas. Si en Hallstatt florecieron centros de poder basados en redes comerciales que conectaban el norte y centro del continente con el Mediterráneo y regidos por élites enterradas en tumbas principescas, La Tène registró un retroceso del comercio en beneficio de la guerra y de núcleos de poder más dispersos y menos monumentales.

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Traslado tumba hallstatt

El 28 de diciembre de 2010 se extrajo el enorme bloque de tierra que contenía el habitáculo de 20 m2 donde fue inhumada la princesa de Bettelbühl, cuya sepultura se halló intacta.

Foto: AP Images / GTRES

Las joyas etruscas de Bettelbühl

Dadas las similitudes entre las dos fíbulas del enterramiento infantil y las de la mujer del túmulo 4 de Bettelbühl, es muy probable que fueran obra del mismo taller e incluso del mismo artesano. Es más, recientemente se ha documentado en un taller de Heuneburg un pequeño fragmento de hilo de oro idéntico a los de las filigranas de las cuatro fíbulas, por lo que es probable que se fabricaran allí. Las fíbulas muestran una clara influencia etrusca, pero es imposible saber si las hizo un orfebre etrusco residente en Heuneburg o un orfebre local influido por otras piezas de factura mediterránea. Las similitudes de las fíbulas y el hecho de que la niña fuese sepultada poco después que la mujer indican que ambas tuvieron una estrecha relación y es probable que fueran familia.

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Muralla de Grosse Heuneburg

El poblado de Grosse Heuneburg (en la foto, restos de las murallas) debía de formar parte de una misma entidad política junto con el propio Heuneburg (situado 20 km más al sur) y el recinto del Alte Burg. 

Del Mediterráneo a Europa central

Se calcula que para construir la muralla de adobe y piedra de la ciudadela, de 736 metros de largo, se necesitaron alrededor de 500.000 adobes (ladrillos de barro secado al sol). El conjunto, de tres metros de ancho y unos cinco metros de altura, estaba coronado por un parapeto de madera y encalado al estilo mediterráneo. Las 17 torres que refuerzan la muralla hacen que esta sea aún más peculiar, ya que, aunque las ciudades griegas e itálicas contaban con murallas de este tipo, en esta época (600 a.C.) no tenían torres, y tardarían aún varias décadas en edificarlas. Para encontrar la probable inspiración de las torres de Heuneburg es necesario ir al mundo de fenicios y cartagineses, y más concretamente a las colonias de Cartago en Sicilia.

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Carro funerario

Reconstrucción del carro funerario de cuatro ruedas sobre cuya plataforma se depositó el cuerpo de la Dama de Vix. 

Foto: Age Fotostock
Torque celta

Torque de oro. Decorado con dos pequeños Pegasos cincelados, se fabricó a partir de 20 segmentos unidos.

Foto: Age Fotostock
Kilix griego

Esta copa ática de figuras negras está decorada con escenas de hoplitas combatiendo. Se usó para beber vino.

Foto: Erich Lessing/Album
Crátera celta

Crátera hecha de una sola pieza de bronce. Mide 1,64 m de alto por 1,27 de ancho, pesa 208,6 kg y tiene una capacidad de 1.100 litros.

Foto: Age Fotostock

Un lujoso ajuar funerario

En 1953 se descubrió la tumba de la Dama de Vix, una princesa celta cuyo ajuar funerario era muy parecido al del príncipe de Lavau, que vio la luz medio siglo después. La Dama había sido enterrada hacia 480 a.C.

Este artículo pertenece al número 197 de la revista Historia National Geographic.

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