La arteria de la España Medieval

El Camino de Santiago

El avance de la reconquista cristiana dio un gran impulso a la peregrinación a Compostela. Con ella vinieron inmigrantes, comerciantes y artistas que cambiaron la faz de las tierras a lo largo del Duero.

Iglesias en el camino. Construida a finales del siglo XII, Santa María de Eunate, cerca de Puente la Reina, en Navarra, fue una capilla funeraria.

Foto: Reinhard Schmid / Fototeca 9x12

Esta historia comienza en los albores del siglo IX, cuando todo se confiaba al poder de la espada, pero también al de los cielos. Hacia la década de 820, en el momento en que el minúsculo reino de Asturias estaba empezando a adquirir las hechuras de un verdadero Estado, en lucha constante con los musulmanes que dominaban la mayor parte de la Península, se descubrió el sepulcro de Santiago el Mayor. Era el apóstol al que el monje Beato de Liébana había proclamado poco antes «áurea cabeza de España, nuestro protector y patrono nacional». Como era previsible, su tumba se convirtió en un excepcional centro de peregrinación, al que pronto empezaron a acudir devotos procedentes de toda Europa.

Cronología

Reyes, ciudades y peregrinos

820

En torno a esta fecha se descubre en Compostela, en la diócesis de Iria Flavia, la tumba del apóstol Santiago el Mayor.

912

Condes castellanos fortifican plazas a lo largo del Duero. El Camino principal se desplaza a la Meseta. Nace el Camino Francés.

1072-1109

Alfonso VI potencia la peregrinación y abre su reino a las influencias europeas. Auge del románico.

1123

El concilio de Letrán impone penas de prisión para aquellos que roben a los peregrinos que hacen el Camino.

1170

Se funda la orden de Santiago con el fin de proteger a los peregrinos que hacen el Camino. Su sede principal está en Uclés (Cuenca).

Siglo XIV

Proliferan los vendedores de falsificaciones de la Compostela, documento que acredita haber hecho el Camino.

Los primeros peregrinos discurrían por las tierras que estaban bajo dominio cristiano, siguiendo el camino que iba costeando junto al mar Cantábrico. La ruta más interior, que atravesaba toda la cordillera de este a oeste, presentaba más dificultades. Las antiguas y escasas vías romanas de la zona prácticamente habían desaparecido, y el precario poder real no alcanzaba para asegurar el tránsito de los viajeros por tan intricados parajes, especialmente en territorio vascón.

El apóstol Santiago. Esta escultura del Apóstol preside el parteluz del Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago de Compostela.

El apóstol Santiago. Esta escultura del Apóstol preside el parteluz del Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago de Compostela.

Foto: Album

Esta situación cambió cuando, coincidiendo con el hallazgo del sepulcro, los cristianos empezaban a asomarse a la llanura castellana. En pocas décadas se conquistaron las antiguas urbes de Astorga y León (856-860), se levantó el castillo de Castrojeriz (882-883) y se fundó Burgos (884). Finalmente, Zamora se fortificó en el año 893. A partir de ese momento se consolidaría una frontera en el Duero que permaneció más o menos estable durante un siglo y medio, con excepción de las múltiples acometidas de Almanzor a finales del siglo X.

Peregrino. Bajorrelieve. Siglo XV. Museo Arqueológico e Histórico. Castillo de San Antón, La Coruña.

Peregrino. Bajorrelieve. Siglo XV. Museo Arqueológico e Histórico. Castillo de San Antón, La Coruña.

Foto: Prisma / Album

El Camino Francés

El control militar de estos territorios implicó un desplazamiento de los primitivos centros de poder, especialmente a la ciudad de León, donde se asentó la corte a inicios del siglo X. La vieja calzada romana que desde Burdeos llevaba a Astorga y de ahí a Lugo y La Coruña era el camino que ahora unía aquellas revitalizadas ciudades con otras nuevas y pujantes. Por ahí pasó ya, en el invierno de 950-951, el obispo de Le Puy-en-Velay, Godescalco, cuando se dirigió a Compostela, pasando por el monasterio riojano de San Martín de Albelda. Esta misma ruta sería la elegida por la creciente masa de devotos viajeros que iban a venerar a Santiago, de modo que desde principios del siglo XII se empieza a hablar ya de iter sancti Iacobi o Camino de Santiago, o de vía francígena, esto es, Camino Francés.

Pamplona. Esta vista aérea muestra la iglesia de San Saturnino y el burgo de San Cernín, poblado por francos en el siglo XII.

Pamplona. Esta vista aérea muestra la iglesia de San Saturnino y el burgo de San Cernín, poblado por francos en el siglo XII.

Foto: Andoni Canela / Age Fotostock

Con los peregrinos llegaron muchas gentes dispuestas a asentarse en estas ciudades: artistas o artesanos, menestrales, comerciantes e incluso soldados y gentes de Iglesia. Es fácil rastrearlos en la documentación de la época porque responden a nombres ajenos a la tradición local: Guillermo, Ricardo, Hugo, Giraldo, Arnaldo, Enrique, Bernardo… No todos eran franceses, pero genéricamente se les denominó «francos».

Concha de peregrino. Instituto Valencia de Don Juan, Madrid.

Concha de peregrino. Instituto Valencia de Don Juan, Madrid.

Foto: Oronoz / Album

En la documentación abundan estos nombres, a veces acompañados por su origen nacional. En León, en 1167, encontramos un Johannnes Lombardus; en El Bierzo, en torno a 1220, un Arnald de Flandes y un Durán de Alemanias; por las mismas fechas aparece en León un tal Petrus Breton. Otras veces los recién llegados adoptaban como apellido el nombre de su ciudad de origen: Luque de Narbona (mencionado en Sahagún, en 1084), Payan de Tors (Sahagún, 1125), Petrus de Lemoges (Carrión de los Condes, 1203) o Bernaldus de Rodez (Villafranca del Bierzo, 1250).

Roncesvalles, puerta del camino. En el puerto de Ibañeta confluían dos caminos procedentes de San Juan Pie de Puerto. A sus pies se construyó en 1132 una gran hospedería famosa entre los peregrinos.

Roncesvalles, puerta del camino. En el puerto de Ibañeta confluían dos caminos procedentes de San Juan Pie de Puerto. A sus pies se construyó en 1132 una gran hospedería famosa entre los peregrinos.

Foto: Gonzalo Azumendi / Age Fotostock

Pobladores extranjeros

Estos inmigrantes se asentaron preferentemente en los barrios más céntricos y en las calles comerciales, favorecidos por los fueros y privilegios que otorgaron los monarcas. En Pamplona su afluencia fue tal que constituyeron dos tercios de los habitantes. Una muestra palpable de la presencia de esta población son las calles llamadas rúa de Francos o de los Francos en numerosas ciudades de Castilla y León, como la propia León, Astorga, Zamora o Frómista (en este caso llamada calle Francesa). Son también numerosos los barrios, aldeas o pueblos llamados Francos.

Una tienda en Morella. Miniatura de ‘Las cantigas de Santa María’. Biblioteca Monasterio de El Escorial.

Una tienda en Morella. Miniatura de ‘Las cantigas de Santa María’. Biblioteca Monasterio de El Escorial.

Foto: Oronoz / Album

La Primera crónica anónima de Sahagún explica lo que sucedió en esa villa leonesa a raíz de que Alfonso VI le otorgara fuero en 1085: «Ayuntáronse de todas las partes del universo de muchos y diversos oficios, conviene a saber: herreros, carpinteros, sastres, pelliteros, zapateros, escutarios y hombres enseñados en muchas y diversas artes y oficios. Y otrosí personas de diversas y extrañas provincias y reinos, conviene a saber: gascones, bretones, alemanes, ingleses, borgoñones, normandos, tolosanos, provinciales [provenzales], lombardos y muchos otros negociadores de diversas naciones y extrañas lenguas». Para favorecerles aún más, el rey llegó a decretar «que ninguno de los condes y nobles tuviesen casa o habitación en la villa de Sahagún, sino tan solamente los burgueses, franceses y castellanos». Como resultado, la villa vivió un gran florecimiento comercial: «Por eso venían y traían de todas partes mercaderías, así de oro como de plata, y aún de muchas vestiduras de diversas hechuras, de manera que los dichos burgueses y moradores eran muy ricos y de muchos deleites abastecidos». La llegada de nuevas técnicas, productos e ideas hizo de la ruta jacobea la mayor red de intercambios en la península ibérica cristiana desde época romana.

Catedral de Burgos. La catedral de Santa María es uno de los templos góticos más bellos de Europa y fue una parada ineludible en el Camino.

Catedral de Burgos. La catedral de Santa María es uno de los templos góticos más bellos de Europa y fue una parada ineludible en el Camino.

Foto: Luigi Vaccarella / Fototeca 9x12

Vivir en el camino, vivir del camino

Algunos viajeros dieron testimonio de la bonanza económica de la que disfrutaban las ciudades del Camino. A mediados del siglo XII, el clérigo francés Aymeric Picaud, en su descripción de la ruta jacobea, habla de la prosperidad de Carrión de los Condes, Sahagún o León, que está «llena de toda especie de felicidades». Es la tierra que llama Castella et Campos, «colmada de riquezas, abundante en oro y plata, telas y fortísimos caballos, fértil en pan, vino, carne, pescado, leche y miel. Pero no tiene árboles y está llena de hombres malos y viciosos».

Unos peregrinos rodean al apóstol. Puerta de madera en el Hospital del Rey, Burgos.

Unos peregrinos rodean al apóstol. Puerta de madera en el Hospital del Rey, Burgos.

Foto: Jaime Nuño González

Por las mismas fechas, el geógrafo ceutí Idrisi dice que León es «ciudad muy principal y próspera de Castilla, cuyos naturales, de índole belicosa y condición noble y prudente, se dedican al comercio y a la industria, y en especial a la cría y tráfico de ganados». Añade que Sahagún es «fortaleza populosa, de agradable aspecto y cómodo hospedaje», Carrión «ciudad floreciente, de mediano tamaño y con abundantes cosechas» y Burgos «ciudad grande, fuerte, opulenta, tiene casas de comercio, mercados, depósitos de provisiones y la frecuentan muchos viajeros, así de paso para otras partes como en término de su expedición».

Puente la Reina. El nombre de esta localidad navarra viene del puente del siglo XI sobre el río Arga que habría mandado construir una reina de Navarra, no se sabe si la esposa de Sancho III o la de García Sánchez III.

Puente la Reina. El nombre de esta localidad navarra viene del puente del siglo XI sobre el río Arga que habría mandado construir una reina de Navarra, no se sabe si la esposa de Sancho III o la de García Sánchez III.

Foto: Reinhard Schmid / Fototeca 9x12

Un elemento característico de las ciudades del Camino de Santiago son los puentes, vitales para la consolidación de la ruta puesto que evitaban el peligroso cruce de los ríos en barca. Algunos incluso dieron nombre a la población inmediata, como Puente la Reina o Ponferrada. En este último caso, el nombre recuerda el puente fortificado construido en el siglo XI y que se hallaba reforzado con hierros. Los puentes podían ser construidos por los monarcas, pero también por particulares movidos por la caridad. Así, en el siglo XI, santo Domingo de la Calzada construyó un puente sobre el río Oja, edificó un hospital y fundó la villa que lleva su nombre, mientras que su discípulo san Juan de Ortega levantó cuatro puentes y un hospital con un albergue en los montes de Oca, un nido de bandoleros.

La catedral de León. Las obras de la catedral gótica de León, hito del Camino, fueron dirigidas en el siglo XIII por el Maestro Enrique, como en la de Burgos.

La catedral de León. Las obras de la catedral gótica de León, hito del Camino, fueron dirigidas en el siglo XIII por el Maestro Enrique, como en la de Burgos.

Foto: Reinhard Schmid / Fototeca 9x12

Albergues y enfermerías

Los hospitales eran la otra infraestructura básica del Camino. En ellos se daba alojamiento y comida a los peregrinos, pero también atención médica cuando la necesitaban. Burgos llegó a contar con más de treinta y León con diecisiete, entre los que sobresalía el de San Marcos. Pero casi en todas las poblaciones había alguno. Famoso fue el de San Antón de Castrojeriz, atendido por frailes que se especializaron en curar el «fuego de san Antón» o «mal de ardientes», el ergotismo, provocado por el cornezuelo del centeno.

Milagro de San Juan de Ortega en el Camino de Santiago. Relieve de su sepulcro en el monasterio románico erigido en su honor.

Milagro de San Juan de Ortega en el Camino de Santiago. Relieve de su sepulcro en el monasterio románico erigido en su honor.

Foto: Jaime Nuño González

A lo largo del recorrido surgieron también numerosos monasterios que se beneficiaron del dinamismo económico del Camino de Santiago. Entre los más espléndidos pueden citarse el de San Juan de Ortega, el de San Agustín en Burgos, el de San Zoilo en Carrión o el de San Facundo y San Primitivo en Sahagún. Los pudientes ofrecían sustanciosas donaciones para lograr el favor del santo, lo que permitía a su vez a los monjes atender generosamente a los peregrinos. La fama de los lugares donde esa caridad se ejercía más pródigamente era una de las informaciones mejor conocidas por quienes empezaban su viaje.

Bullicio y actividad

A rebufo de tal florecimiento, los pueblos y ciudades del Camino se llenarían de gentes de todo tipo, de ricos comerciantes y humildes trabajadores, de aristócratas y campesinos, de santos y de pícaros. Si la delincuencia prospera donde circula el dinero, se entiende que en el Camino abundaran los abusos sobre los peregrinos. El Códice calixtino denuncia el engaño que sufrían muchos de ellos a manos de ciertos mesoneros que les daban a probar un vino bueno y les vendían otro malo, que les daban pescados o carne en mal estado, que mostraban una medida grande y luego les daban una más pequeña, que encarecían desorbitadamente los precios o que incluso llegaban a envenenarlos para quedarse con sus posesiones.

El pórtico de la Gloria. Obra del Maestro Mateo, este pórtico, presidido por un Cristo en Majestad con el apóstol Santiago debajo, marca la fachada occidental de la catedral de Santiago de Compostela, meta del Camino.

El pórtico de la Gloria. Obra del Maestro Mateo, este pórtico, presidido por un Cristo en Majestad con el apóstol Santiago debajo, marca la fachada occidental de la catedral de Santiago de Compostela, meta del Camino.

Foto: Atlantide Phototravel / Getty Images

Por su parte, el Libro de los fueros de Castilla, del siglo XIII, relata conflictos como el del peregrino alemán que entregó a su hospedero, llamado Gil Buhón, un dinero para que se lo guardase y luego éste pretendía devolverle una cantidad menor. El mismo posadero y su mujer Florencia también fueron acusados por otros peregrinos de haberles robado. Las fuentes hablan asimismo de salteadores de caminos, de médicos que vendían a los peregrinos medicinas adulteradas o de innumerables mendigos que simulaban ser ciegos, tullidos o padecer alguna enfermedad para despertar la caridad de los adinerados. Todo ello formó parte también del gran hervidero que fue el Camino de Santiago durante la fase de expansión de la Edad Media.

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Cartografía: eosgis.com / Fuente: Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, de J. M. Lacarra, J. Uría Ríu y L. Vázquez de Parga.

Las rutas del Camino Medieval

En el siglo XII, los peregrinos a Santiago tenían tres rutas de entrada de la Península: la aragonesa, por Somport y Jaca; la navarra, por Roncesvalles y Pamplona, y la vasca, a través de Bayona y San Sebastián. Las dos primeras confluían en Puente la Reina y proseguían en un solo itinerario a través de Estella y Nájera hasta llegar a Burgos, donde el camino vasco se unía a la ruta principal. De ahí se continuaba por León y Ponferrada, entre otras localidades, hasta llegar a Santiago. A lo largo del camino, los peregrinos encontraban una sucesión de hospitales y monasterios para pernoctar y descansar.

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Castrojeriz

Esta población burgalesa (que el dibujo muestra tal como aparecía a finales de la Edad Media) mantuvo siempre una estrecha relación con el Camino de Santiago. Surgida en el siglo IX al amparo de un estratégico castillo (1), su urbanismo longitudinal enmarca el itinerario de los peregrinos. Éstos llegaban por el este, pasando por la colegiata de Nuestra Señora del Manzano (2), famosa por los milagros de su virgen titular, recogidos por Alfonso X en sus Cantigas. Pasando ante la parroquia de San Nicolás (3), entraban en el recinto amurallado por la puerta Barlada (4) y en su recorrido se encontraban con las numerosas iglesias que hubo en la villa: San Andrés (5) con su hospital (6), Santo Domingo (7), Santiago (8), San Esteban (9) en la plaza Mayor y San Juan (10), la más monumental de todas y que tenía también un hospital (11). Los caminantes abandonaban Castrojeriz por la puerta de San Miguel (12), por el nombre de la parroquia situada ya extramuros (13). Igualmente, fuera de la muralla se levantaron en el siglo XIV los conventos de San Francisco (14) y Santa Clara (15).

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Oficios medievales. Detalle de la decoración de una arquivolta de la iglesia románica de Santiago, en Carrión de los Condes.

Oficios medievales. Detalle de la decoración de una arquivolta de la iglesia románica de Santiago, en Carrión de los Condes.

Foto: Jaime Nuño González

Una villa emergente a orillas del Carrión

En su Guía del peregrino del camino, Aymeric Picaud decía de Carrión de los Condes (Palencia) que era «industriosa y muy buena y rica en pan, vino, carne y en toda clase de productos». Tenía un gran puente para salvar el río Carrión y contaba con una decena de parroquias, cinco conventos y varios hospitales, además de una nutrida judería. Las múltiples profesiones que se encontraban en la ciudad están representadas en las arquivoltas de su iglesia de Santiago, donde aparecen sastres, herreros, escribas, jueces, monjes, y hasta músicos y bailarinas.

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Capitel de Frómista. Réplica 'in situ' del capitel de la Orestíada. El original fue vandalizado hacia 1904 por la desnudez de las figuras.

Capitel de Frómista. Réplica 'in situ' del capitel de la Orestíada. El original fue vandalizado hacia 1904 por la desnudez de las figuras.

Foto: Jaime Nuño González

Influencias de ida y vuelta

Generalmente se ha pensado que el conocimiento viajó por el Camino siempre en dirección oeste, pero en realidada hubo influencias en ambos sentidos. Lo demuestra con claridad el «capitel de la Orestíada», de la iglesia románica de San Martín de Frómista (Palencia). A finales del siglo XI, uno de los escultores del templo tomó como fuente de inspiración un sarcófago romano de la cercana abadía de Husillos. Reproducía escenas del mito de Orestes, pero el artista se fijó en las bellas formas y gestos, que incorporó a su obra. Desde Frómista, el modelo viajó hacia el oeste (San Isidoro de León o la catedral de Santiago lo atestiguan), pero también fluyó hacia oriente, hacia Jaca, Loarre e incluso Saint-Sernin de Toulouse.

Este artículo pertenece al número 211 de la revista Historia National Geographic.

Para saber más

Santiago de Compostela, la meta del peregrino medieval

Compostela, la meta del peregrino medieval

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