Historia antigua

Babilonia, la gran capital de Nabucodonosor II

Durante el reinado de Nabucodonosor II, Babilonia recobró el esplendor de la época gloriosa de Hammurabi. Su gran zigurat y la famosa vía procesional fueron restaurados, al tiempo que se erigía un nuevo palacio real de grandes dimensiones.

Una ciudad espléndida

Una ciudad espléndida

Una ciudad espléndida. Recreación de Babilonia a principios del siglo VI a.C., en tiempos de Nabucodonosor II.

Ilustración: Byzantium1200 Project. kadingirra.com.
Cabeza de león

Cabeza de león

Cabeza de león rugiente compuesta por ladrillos vidriados y policromados que decoraban la gran vía procesional de Babilonia. Se conserva en el Museo Arqueológico de Estambul.

Scala, Firenze

Babilonia no figura entre los centros políticos más antiguos de Mesopotamia. Irrumpió en la escena política del Próximo Oriente tan solo a principios del II milenio a.C., con su primera dinastía de origen amorreo, que reinó sobre toda la Mesopotamia central y meridional. Este primer período de prosperidad, en el que destaca la figura de Hammurabi, el gran rey legislador, se vio dramáticamente interrumpido por la invasión del rey hitita Mursili I, que conquistó y saqueó la ciudad en el año 1595 a.C. Durante un milenio, Babilonia vivió bajo el dominio de diversos pueblos hasta caer bajo el yugo del Imperio asirio, que la gobernó con mano de hierro entre los siglos IX y VI a.C., un período de grandes dificultades para la urbe.

Cronología

Auge y caída de Babilonia

2200 a.C.

Primera mención escrita sobre Babilonia, documentada durante el reinado del último rey acadio, Sharkallisharri.

1792-1750 a.C.

Reinado de Hammurabi, el monarca más importante de la primera dinastía de Babilonia y autor del código legal que lleva su nombre.

1595-1530 a.C.

Los hititas saquean Babilonia y acaban con su imperio. En 1530 a.C. asciende al trono Burnaburiash I, el primer rey de la nueva dinastía casita.

689 a.C.

El rey asirio Senaquerib arrasa la ciudad de Babilonia como venganza por la muerte de su hijo Asur-nadin-shumi.

626 a.C.

Nabopolasar sube al trono de Babilonia. En 609 a.C., los babilonios capturan Harrán y vencen al último rey asirio, Assuruballit II.

605-562 a.C.

Babilonia vive su época de mayor esplendor bajo Nabucodonosor II, que en 587 a.C. conquista Jerusalén y destruye el Templo.

539 a.C.

El rey aqueménida Ciro II el Grande asedia Babilonia, donde reina Nabónido, que acaba cayendo en manos de los persas.

Nabucodonosor II

Nabucodonosor II

Nabucodonosor II. Dibujo de James Tissot para una serie dedicada al Antiguo Testamento. Siglo XIX. 

The Jewish Museum, NY / RMN-Grand Palais

El renacimiento de Babilonia debe atribuirse a Nabopolasar, que se convirtió en rey de Babilonia en 625 a.C. tras la muerte del asirio Assurbanipal. Para alcanzar el poder, Nabopolasar contó con el apoyo de los caldeos, un conjunto de tribus de origen occidental que hacia el siglo X a.C. empezaron a aparecer en los textos mesopotámicos, posiblemente tras infiltrarse en las regiones aluviales del sur un par de siglos antes. Aunque nunca llegaron a crear un Estado unitario, los caldeos constituían una extensa organización de carácter tribal que con el tiempo asumió cierto poder en toda la región, hasta el punto de determinar el destino de las dinastías reinantes. 

Puerta de entrada a Babilonia

Puerta de entrada a Babilonia

Una de las puertas de entrada de la ciudad de Babilonia
tras la reconstrucción que se llevó a cabo de la urbe en las décadas de 1980 y 1990.

Kaveh Kazemi / Getty Images

El hijo de Marduk

El nuevo rey babilonio, quizás él mismo de origen caldeo, se alió con el gran enemigo de los asirios, el Imperio medo, que se extendía hacia el norte y el este. Tras tomar Nínive en el año 612 a.C., Nabopolasar se repartió con el medo Ciaxares lo que quedaba del Imperio asirio. Fundó así el llamado Imperio neobabilónico, que llegó a extenderse por toda Mesopotamia y Siria hasta el límite con Egipto, Anatolia y la meseta iraní.

El hijo de Nabopolasar, Nabucodonosor II, jugó un papel decisivo en el renacimiento de Babilonia y la expansión de su imperio. Beroso, un autor que nació y vivió en la ciudad hacia la segunda mitad del siglo IV a.C., afirma que cuando Nabopolasar confió a su hijo primogénito la responsabilidad del ejército, en el año 607 a.C., este era poco más que un adolescente, aunque tendría una edad suficiente como para asumir las responsabilidades que correspondían a un digno heredero al trono. Nabucodonosor II, cuyo nombre en babilonio significa «Nabu protege a mi hijo heredero» (Nabu-kudurr-u ur), fue rey durante 43 años, y marcó con sus hazañas a toda su generación y a las siguientes.

Grabado en la piedra

Grabado en la piedra

Grabado en la piedra

En la llamada Estela de la Torre de Babel se representó el gran zigurat de Babilonia y al rey Nabucodonosor II. Siglo VI a.C. Colección Schoyen, Oslo. 

AGE Fotostock

Los testimonios contemporáneos al rey de Babilonia –nos han llegado 95 inscripciones oficiales–, además de subrayar la ascendencia dinástica directa del soberano, presentan a Nabucodonosor II como un hombre inquieto, «en busca de la vida». Parece que estuvo especialmente preocupado, e incluso obsesionado, por su salud, a juzgar por el gran número de restauraciones que llevó a cabo en los templos de las divinidades sanadoras. Son también significativos los títulos –unos sesenta– con los que aparece designado en los documentos elaborados por su cancillería real. En su mayoría, estos títulos expresan cualidades intelectuales: «reflexivo», «sabio», «experto», «profundo», «capaz», «cuidadoso», «muy fuerte», «valiente», «buscador del bien», «que se ha puesto a prueba»... Únicamente de forma esporádica, al hilo de las numerosas campañas militares que el monarca llevó a cabo en las tierras de Occidente, se le presenta como un jefe bélico, aquel que «ata a los enemigos», «mata a los rebeldes» y «ahuyenta al villano y al malvado». 

Nabucodonosor II estaba seguro de haber sido engendrado por el dios Marduk, que «había formado su ser en el seno de su madre», y eligió a Shamash, dios del Sol y garante de la justicia, como divinidad personal.
A través de estas venerables deidades, el rey se ligaba de forma indisoluble al antiguo reino de Hammurabi, que le ofrecía el modelo para su soberanía sobre Babilonia y su imperio.

Primeras excavaciones

Primeras excavaciones

Primeras excavaciones

Cuando el alemán Robert Koldewey inició las excavaciones, la antigua Babilonia estaba totalmente sepultada por la tierra acumulada durante milenios. A la derecha de la fotografía se ve un fragmento de la puerta de Ishtar, ya exhumado.

BPK / Scala, Firenze

El renacimiento de Babilonia

El rey emprendió un ambicioso programa constructivo para convertir Babilonia en la espléndida capital del nuevo Imperio. Durante largo tiempo, las principales fuentes de información sobre la ciudad bajo su reinado fueron los autores clásicos, en particular el griego Heródoto, que la visitó a mediados del siglo V a.C., aunque hoy hay dudas sobre la realidad de su viaje dado que sus informaciones no coinciden siempre con los resultados de las excavaciones arqueológicas. Fueron estas excavaciones, iniciadas por el alemán Robert Koldewey entre 1899 y 1917, las que permitieron formar una imagen más precisa y fehaciente de la ciudad.

Durante su reinado, Babilonia debió de ser un centro cosmopolita con imponentes muestras de arquitectura monumental. El área urbana se extendía a lo largo de las dos orillas del río Éufrates, formando una planta rectangular que quedaba delimitada por un circuito de murallas paralelas. La muralla interior tenía un grosor de 6,50 metros y a lo largo de su trazado se levantaban torres grandes y otras más pequeñas, intercaladas en intervalos de 18 metros. La muralla exterior, con un grosor de más de siete metros, presentaba igualmente una sucesión de torres, en este caso a 20 metros de distancia una de otra. Los dos recintos amurallados, que se remontaban a los siglos XVIII-XIV a.C., fueron reforzados en época de Nabopolasar y Nabucodonosor II por un foso exterior que se llenaba de agua mediante un complejo sistema de canalizaciones.

Aquel enorme conjunto urbano estaba dividido por un trazado de calles que delimitaba diferentes barrios y zonas según un sistema de ejes ortogonales. Estas avenidas conectaban directamente con las puertas principales de la ciudad, hechas de madera y bronce. Las tablillas «geográficas» halladas en Babilonia han permitido dividir la ciudad en diez barrios, seis en la ciudad antigua y cuatro en la nueva, cada uno con su nombre, así como conocer los nombres de las ocho calles más importantes –más 16 menores–y de las ocho puertas de la metropoli.

Marduk, el dios tutelar

Marduk, el dios tutelar

Marduk, el dios tutelar

Bajo estas líneas, cabeza de dragón con dos largos cuernos, fundida en bronce. Es el emblema de Marduk, la deidad principal del panteón babilónico. Museo del Louvre.

Franck Raux / RMN-Grand Palais

 

La vía procesional

El eje principal, sin duda, era la llamada vía Procesional, que estaba situada en la zona norte. En ella tenían lugar los grandes desfiles de las fiestas de Año Nuevo, en las que se celebraba el comienzo de la primavera y se renovaba la boda sagrada entre el dios Marduk –personificado por el rey o el sumo sacerdote– y una novia, probablemente designada entre las sacerdotisas de la ciudad. La vía Procesional conducía al recinto sagrado de Babilonia a través de la entrada más importante de la ciudad, la Puerta de Ishtar, hoy expuesta en el Museo de Oriente Próximo de Berlín. La puerta contaba con un sistema de entrada con bastiones salientes y cuatro puertas de acceso, y estaba hecha de ladrillos vidriados y moldeados de color azul, situados entre bandas decorativas con motivos en roseta. En ellos se representan, de forma alternada, figuras de toros, que simbolizan al dios Adad; leones, que representan a la diosa Ishtar, y seres fantásticos, como dragones con cabeza de reptil y garras de ave rapaz que simbolizan a Marduk, el dios tutelar de la ciudad.

(gráfico) la babilonia de nabucodonosor II

El fabuloso palacio real

La puerta de Ishtar flanqueaba el famoso palacio de Nabucodonosor II, o Palacio Sur, que debió de ser el principal complejo residencial del gran soberano. Según Diodoro de Sicilia, el perímetro de este edificio medía más de 5,5 kilómetros y estaba adornado con representaciones de animales, de Semíramis, de Zeus (Marduk) y escenas de batalla y de caza. El palacio, de planta trapezoidal, se extendía a lo largo de 300 metros y se organizaba en torno a cinco patios interiores que facilitaban la circulación y delimitaban las zonas del interior del complejo palaciego. Cada patio definía funciones distintas relacionadas con la economía interna del palacio: desde las zonas residenciales a las administrativas y contables, y desde las de representación a las de celebración e incluso a las de atesoramiento. 

La puerta de Ishtar

La puerta de Ishtar

La puerta de Ishtar

Dedicada a Ishtar, la diosa del amor y de la guerra, la principal puerta de acceso a Babilonia estaba decorada con ladrillos esmaltados y fue obra de Nabucodonosor II. Museo de Pérgamo, Berlín. 

BPK / Scala, Firenze

La parte más importante del palacio era la situada alrededor del gran patio central, que se abría directamente a la sala del trono, un gran espacio rectangular ricamente decorado. Además, en la parte noroeste del palacio se ha localizado un conjunto de salas provistas de un sistema hidráulico. Koldewey, en su excavación pionera del lugar, identificó este espacio con los famosos «jardines colgantes», supuestamente construidos por el rey babilonio para su esposa, princesa de los medos, con el propósito de aliviar la nostalgia que sentía por su país de origen. Según Diodoro, esos jardines eran un parque que ocupaba un cuadrilátero de 140 metros de lado, con muros de más de seis metros de grosor y techos con vigas de piedra cubiertos con un entramado de cañas y abundante betún.

Los jardines colgantes

Los jardines colgantes

Los jardines colgantes

Sobre estas líneas, recreación hipotética de los jardines colgantes de Babilonia. Eran un conjunto de terrazas con gran variedad de árboles y plantas.

Album

Los textos nos permiten conocer la vida en el interior del palacio. Este se administraba como si fuera un microcosmos ciudadano por el que se movían multitud de personas con responsabilidades específicas, como los de intendente general, jefe de cocina, jefe armero, jefe del palacio, escriba, jefe de los cantores, jefe de correos, jefes del personal femenino, jefe de los comerciantes, jefe de los barqueros o jefe del ganado. 

Al sur del palacio meridional de Nabucodonosor II se alzaba el gran complejo religioso del Esagila, la zona dedicada al dios de la ciudad, Marduk.
El complejo religioso consistía en un templo monumental, con una base de 116 por 90 metros, que acogía la estatua del dios. Estaba construido en torno a un patio central al que se abrían otras celdas, probablemente destinadas a albergar otras divinidades menores. 

Zigurat de Babilonia

Zigurat de Babilonia

Zigurat de Babilonia

Sobre estas líneas, recreación del recinto sagrado de Babilonia con el zigurat en su interior

Ilustración 3D: Josep Ramon Casals

A escasa distancia de este complejo se encontraba otro recinto sagrado. Era un espacio ligeramente rectangular, con lados de 406 y 456 metros, delimitado por una muralla en la que se abrían doce puertas. En su interior, en una posición descentrada, se alzaba el monumental zigurat de Babilonia, el llamado Etemenanki, «la casa que es el cimiento del Cielo y de la Tierra». Su primera construcción probablemente tuvo lugar hacia el año 1900 a.C., pero fue reconstruido definitivamente durante el siglo VII a.C. 

Por desgracia, no queda nada de este extraordinario edificio, y las únicas reconstrucciones posibles solo se pueden hacer a partir de las fuentes textuales de los autores clásicos. Lo que se conserva del gran complejo arquitectónico son sus cimientos, que nos permiten suponer que el zigurat tenía una base de 91 metros de lado y una escalinata central de acceso a los niveles superiores, que probablemente conducía al segundo piso, mientras que al primero se llegaría por dos escalinatas laterales, siguiendo el modelo del zigurat de Ur. Es muy probable que, en conjunto, el edificio tuviera siete plantas. 

 

Juego de mesa

Juego de mesa

Tablero del «juego de los 58 agujeros», considerado como uno de los juegos de mesa más antiguos del mundo. Museo Británico, Londres.

RMN-Grand Palais

El final de una vieja dama

Tras la muerte de Nabucodonosor II, la ciudad conservó su prestigio e importancia, aunque durante el reinado de sus sucesores, Amel-Marduk, Neriglisar, Labashi-Marduk y Nabónido, se observa un lento e inexorable declive hasta la llegada de los persas, que conquistaron Babilonia en 539 a.C. Este hecho no provocó la destrucción de la ciudad, ya que Ciro se erigió en su liberador y no en su conquistador, y consiguió preservar las tradiciones históricas y las libertades religiosas del centro cultural más importante de la época.

Las ruinas de Babilonia

Las ruinas de Babilonia

Las ruinas de Babilonia

Sobre estas líneas, vista aérea de los restos del zigurat Etemenanki. Esta zona solo ha sido excavada parcialmente, por lo que la interpretación de los restos es difícil.

Georg Gerster / AGE Fotostock

Cuando Alejandro Magno pasó los últimos días de su vida en Babilonia a su regreso de la India, en el año 323 a.C., el centro caldeo, aunque ya con evidentes huellas de decadencia, debió de seguir ejerciendo una gran fascinación sobre el conquistador macedonio. Al contemplar las ruinas del Etemenanki por primera vez en el año 331 a.C., Alejandro decidió emprender su reconstrucción, aunque no consiguió completar la obra. Según Estrabón, inició un trabajo de restauración que duró dos meses e implicó a 10.000 hombres solo para limpiar los escombros del zigurat.

Desde entonces, Babilonia se fue apagando lentamente, sin que se produjera ningún acontecimiento traumático, como suele ser el destino de las capitales de los grandes reinos. Su recuerdo, en cambio, quedó grabado en la tradición y en la historia artística, cultural e intelectual del mundo occidental.

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el imperio babilónico

Mapa ubicación Babilonia

Mapa ubicación Babilonia

Con Nabucodonosor II, las fronteras del Imperio babilónico llegaron por el norte hasta Karkemish (en la actual Turquía); por el oeste, hasta la costa mediterránea; por el sur, hasta Egipto y la península arábiga, y por el este, hasta las tierras de medos y persas. El reino de Judá, con capital en Jerusalén, fue sometido dos veces por los ejércitos babilonios, en 598 a.C. y en 587 a.C., año en que la ciudad y su templo fueron totalmente saqueados.

Cartografía: Merche Hernández

un camino sagrado 

Vía procesional

Vía procesional

La vía procesional (en la imagen) era llamada por los babilonios Ay-ibur-shabun, «que el arrogante no prospere». Según explica un documento Nabucodonosor II la hizo restaurar: «Rellené hasta gran altura Ay-ibur-shabum, la vía de Babilonia, para la procesión del gran señor Marduk. La construí con losas de piedra desde la puerta de Ellum hasta la puerta de Ishtar [...]. La uní con la parte que construyó mi padre y creé una calle magnífica».

Arnold Paira / Laif / Cordon Press

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Babilonia

Babilonia

Ilustración 3D: Josep Ramon Casals

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el zigurat según heródoto

La torre de Babel

La torre de Babel

La torre de Babel. Óleo por Lucas van Valckenborch, inspirado en el de Brueghel el Viejo. 1594. Louvre, París.

Bridgeman / ACI

En el primer libro de las Historias, en una sección dedicada a la gran ciudad de Babilonia, el historiador griego Heródoto ofreció una peculiar descripción de su zigurat: «En la parte central del santuario hay edificada una torre maciza de un estadio de altura y otro de anchura; sobre esta torre hay superpuesta otra torre y otra más sobre esta última, hasta un total de ocho torres.
La rampa de acceso a ellas está construida por la parte exterior, dispuesta en espiral alrededor de todas las torres». Esta imagen de una torre maciza de ocho pisos (en lugar de los siete del zigurat original) con una estructura helicoidal inspiró las recreaciones pictóricas de la torre de Babel en los siglos XVI y XVII, empezando por la de Pieter Brueghel el Viejo.

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el palacio real de babilonia 

Reconstrucción del palacio real de Nabucodonosor II

Reconstrucción del palacio real de Nabucodonosor II

Reconstrucción hipotética del recinto del palacio real de Nabucodonosor II, con una sucesión de cinco patios interiores y el salón del trono en el centro. Recientemente, sin embargo, se ha sugerido que esta estructura podría reflejar dos construcciones distintas, una de época neobabilónica y otra persa.

IlustracIón 3D: Josep Ramon Casals

En una inscripción, Nabucodonosor II explicaba que su padre Nabopolasar había construido en Babilonia un palacio llamado «Casa de la admiración del pueblo».
El lugar era, según él, «el vínculo del país, la morada pura, la sede de mi poder real». Sin embargo, «debido a las aguas del río sus cimientos se habían vuelto inseguros [...], las puertas habían caído», por lo que Nabucodonosor decidió restaurarlo: «Demolí su muro exterior y abrí sus cimientos hasta que llegué al nivel del agua», y añadía: «En ningún otro lugar he construido un palacio como sede de mi Gobierno, ni he depositado los preciosos tesoros de mi realeza. ¡En la misma Babilonia, no había otro lugar digno de mi realeza!». Dentro del extenso recinto palaciego de Nabucodonosor II destaca la sala del trono, de la que vemos una reconstrucción sobre estas líneas. Era aquí donde el monarca celebraba las audiencias ante sus súbditos o emisarios del extranjero. Levantada frente a un gran patio enlosado con ladrillos cocidos, la sala medía 52 m de largo por 17 de ancho, tenía tres grandes puertas y estaba ricamente decorada con ladrillos vidriados de color azul que representaban árboles estilizados con capiteles de volutas 1, encuadrados por un marco de palmetas 2 y filas de leones 3. El grosor de los muros, de 6 metros, hace pensar que la construcción alcanzaba una gran altura, lo que invita igualmente a suponer que estaba cubierta por una bóveda de cañón hecha de ladrillo 4.

 

Este artículo pertenece al número 240 de la revista Historia National Geographic.