La influencia de los astros

Astrología en Egipto

Los antiguos egipcios adoptaron de Mesopotamia la creencia en que la posición de los planetas al nacer una persona determinaba su vida futura. El zodíaco y los horóscopos se convirtieron así en parte de la vida cotidiana en el país del Nilo.

Zodíaco de Dendera. En uno de los techos del templo grecorromano de Dendera, situado en el Alto Egipto, se grabó este planisferio, donde se representan las estrellas visibles desde el País del Nilo.

Foto: Hervé Lewandowski / RMN-Grand Palais

Los antiguos egipcios se interesaron por el cielo desde los inicios de su civilización; los sacerdotes se dedicaron desde muy temprano a observar y estudiar el movimiento de los astros en la bóveda celeste. Este interés tenía una motivación práctica, relacionada en particular con el calendario, pues los egipcios se dieron cuenta de que la crecida anual del Nilo tenía lugar a comienzos del verano, en el momento en que la estrella Sirio, la más brillante del cielo nocturno, era visible por primera vez antes de la salida del Sol. De este modo, la aparición de esa estrella se convirtió en un indicador del inicio del ciclo agrícola y del comienzo del año.

Cronología

Una ciencia antigua

1800 a.C.

Surgen en Mesopotamia los primeros textos con presagios celestes, referidos a la vida de los reyes y a asuntos de gobierno.

Siglo V a.C.

En Mesopotamia se empiezan a hacer horóscopos a personas particulares. Se estandarizan los doce signos del zodíaco.

Siglos V-IV a.C.

Se introducen en Egipto los signos del Zodíaco mesopotámico, manteniendo en gran parte su representación iconográfica.

44 a.C.

De esta fecha (bajo el reinado de Cleopatra VII) data el horóscopo más antiguo hallado en Egipto, de un hombre nacido en Athribis.

Siglo II d.C.

El astrónomo egipcio Claudio Ptolomeo escribe el Tetrabiblos, uno de los principales tratados de astrología del mundo antiguo.

En cambio, aunque los egipcios identificaron los planetas como astros distintos a las estrellas, no parecen haber prestado mucha atención a sus movimientos y posiciones. Esto explica que durante largo tiempo no practicaran la astrología, la «ciencia» que considera que los astros influyen en la vida de los seres humanos, cuyo destino se puede predecir. En el Egipto faraónico, esta clase de predicciones se hacía mediante otros métodos de adivinación, como la interpretación de los sueños y los oráculos transmitidos por los dioses en sus santuarios.

De Mesopotamia a Egipto

A diferencia de Egipto, en la antigua Mesopotamia la observación de los planetas llevó a la aparición de sistemas de predicción astrológica. Los astrólogos babilonios empezaron haciendo presagios sobre la vida del monarca y los asuntos del Estado, como las guerras, pero desde finales del siglo V a.C. ya se hacían predicciones, los horóscopos, sobre individuos privados. Se basaban en la idea de que la posición de los planetas, el Sol y la Luna en el momento del nacimiento determinaba el futuro de una persona. Para localizar los planetas en el cielo, los astrólogos usaron como referencia doce constelaciones que formaban una banda a lo largo de la bóveda celeste sobre la que circulan el Sol, la Luna, y los planetas. Así nacieron los doce signos del zodíaco, con prácticamente los mismos nombres que ostentan hoy en día.

Este saber astrológico mesopotámico llegó a Egipto durante la Baja Época (664- 332 a.C.) y se consolidó durante los períodos ptolemaico (332-30 a.C.) y romano (30 a.C.- 395 d.C.). Los egipcios tomaron de Mesopotamia los signos del zodíaco, traduciendo los nombres a su lengua, aunque mantuvieron en gran parte la iconografía mesopotámica. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que además de los doce signos zodiacales los egipcios conocían otra banda de estrellas que formaban un círculo completo en el firmamento: los llamados decanos. En total eran 36 estrellas, cada una de las cuales ocupaba diez grados (de ahí su nombre) del total de 360 de la bóveda celeste. Usados en época faraónica para medir el tiempo nocturno, los decanos se incorporaron a la visión del cielo transmitida por los mesopotámicos y se agruparon de tres en tres bajo los nuevos doce signos del zodíaco.

¿Qué es un horóscopo?

El término horóscopo deriva del griego horoskópos, que significa «aquel que mira la hora», ya que los horóscopos se calculaban en función de la hora en la que había nacido un individuo. Los horóscopos registraban las posiciones de los cuerpos celestes sobre la banda del zodíaco en el momento del nacimiento de la persona. Los más simples contenían la posición del Sol, la Luna y los planetas, así como la «Ascendente», que era el signo del zodíaco que se encontraba saliendo por el este en la fecha en cuestión.

Los horóscopos más complejos, además de la Ascendente, registraban la posición del resto de signos del zodíaco. Los datos se distribuían en doce secciones fijas, seis situadas sobre el horizonte y otras seis bajo tierra. Estas secciones se llamaban «lugares» o «casas», y cada una de ellas estaba asociada a un aspecto de la vida del individuo, como la Buena y Mala Fortuna, la Familia o las Nupcias. Un manual astrológico demótico nos dice que el individuo nacido cuando Mercurio está en la casa de la «Nobleza» será una persona feliz, que dará órdenes a muchos hombres y será obedecido, convirtiéndose en comandante de su distrito.

La elaboración e interpretación de horóscopos era la tarea principal de los astrólogos. En el Egipto grecorromano encontramos horóscopos escritos tanto en lengua egipcia como en griego, con formatos muy similares. Esto parece indicar que sus autores eran las mismas personas: astrólogos bilingües que adaptaban el idioma del horóscopo al de cada cliente. Gran parte de estos astrólogos parecen haber sido sacerdotes astrónomos vinculados a los templos, aunque también debieron de existir astrólogos independientes.

Métodos adivinatorios

Para obtener su horóscopo, el cliente acudía al astrólogo y le decía su fecha de nacimiento y la hora del día o de la noche en la que había venido al mundo. El astrólogo calculaba las posiciones que en aquel momento ocupaban el Sol, la Luna y los cinco planetas entonces conocidos (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) con ayuda de tablas astronómicas, y la Ascendente mediante una tabla de ascensiones. A partir de esta información comunicaba a su cliente sus interpretaciones, las predicciones que podía hacer sobre su futuro.

El astrólogo anotaba la información astrológica en un trozo de papiro o de cerámica. También podía representar las posiciones astrales para su cliente mediante un dibujo o sobre un tablero, con pequeñas piezas de distintos materiales para indicar la posición de cada cuerpo celeste. Han llegado hasta nosotros algunos de estos tableros, fabricados en madera, marfil e incluso mármol. En un pasaje del Romance de Alejandro, una biografía novelada de Alejandro Magno escrita en griego el siglo II a.C., se muestra al faraón Nectanebo II haciendo el horóscopo de la madre de Alejandro Magno, Olimpíade, para saber si su marido, Filipo II de Macedonia, la abandonaría: «Sacó un tablero regio y costoso, que simples palabras no podrían describir, y lo puso sobre una silla. Estaba hecho de marfil, ébano, oro y plata, y estaba tallado con tres zonas: en un primer círculo los 36 decanos, en un segundo los 12 signos del zodíaco, y en el interior el Sol y la Luna. Después abrió una pequeña caja de marfil, sacó las siete estrellas y el horóscopo hecho de ocho piedras trabajadas ingeniosamente, y dispuso un cielo en miniatura, iluminándolo en un pequeño círculo». Nectanebo acabó revelando a Olimpíade que Filipo no la abandonaría si concebía un hijo con el dios Amón.

Templo de Dendera. Dedicado a la diosa vaca Hathor, este templo ptolemaico conserva en perfecto estado su decoración y su policromía.

Templo de Dendera. Dedicado a la diosa vaca Hathor, este templo ptolemaico conserva en perfecto estado su decoración y su policromía.

En el techo se suceden diversas representaciones astronómicas, entre ellas la diosa del cielo Nut, el barco solar y los doce signos zodiacales.

Foto: Juergen Ritterbach / Age Fotostock

Los astrólogos se servían de manuales para realizar sus predicciones. Algunas se referían a sucesos que afectaban al conjunto del país. Por ejemplo, en un manual astrológico demótico de época romana, conservado en El Cairo, leemos una predicción para Egipto: «Si Sopdet [la estrella Sirio] se alza cuando Marte está en Géminis, algunos se rebelarán contra el rey de Egipto en el país de Siria. El rey procederá contra ellos con su ejército. Luchará. El cielo abundante en lluvia no ocurrirá en Siria. Aflicción durante cinco meses».

Predicciones para todos

Los manuales astrológicos destinados a individuos trataban aspectos de su personalidad, de su lugar en la sociedad e incluso de su salud. En uno de ellos leemos: «Aquel nacido cuando Mercurio está en la casa del Demonio Malvado: está malformado. Una enfermedad oculta acontece en su interior en su infancia. Sin embargo, nada de lo que desea le falla. No está abatido en su corazón. Cuando se ha hecho mayor es posesor de bienes, y su final es muy apacible». También había manuales con predicciones específicas para mujeres: «La mujer que nazca en el primer nivel de Libra, del grado 1 al grado 10, mientras que la Luna está frente a Ipset, no es una primogénita, sino un nuevo nacimiento. Ella es la hermana mayor de la casa de su padre y su madre. El hijo que dará a luz muere antes que ella».

Importada del exterior, la astrología acabó formando parte de las creencias más arraigadas de los antiguos egipcios. Así lo muestran los horóscopos representados en el interior de las tapas de algunos ataúdes, destinados a perdurar para toda la eternidad como parte del ajuar funerario de sus dueños. Y de forma aún más prominente lo ilustran los techos de los templos egipcios en los que se representan las posiciones que ocupaban los planetas en el momento del nacimiento del mundo; el famoso Zodíaco de Dendera es, en cierto modo, un horóscopo del universo.

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'Tablillas Stobart'. Halladas por Henry Stobart en un viaje a Egipto en 1855. World Museum, Liverpool.

'Tablillas Stobart'. Halladas por Henry Stobart en un viaje a Egipto en 1855. World Museum, Liverpool.

Foto: National Museums Liverpool / Bridgeman / ACI

Una base de datos astrológica

Para saber las posiciones de los planetas el día del nacimiento de un cliente, los astrólogos se servían de tablas astronómicas. El texto, escrito en demótico y distribuido en columnas, se lee de derecha a izquierda. En él se registran las posiciones de los cinco planetas visibles (Mercurio, Venus, Marte, Júpitery Saturno) en relación con los signos zodiacales en el período que va del año 70 al 133. Los datos se clasifican por los años de reinado de los emperadores romanos, desde Vespasiano hasta Adriano. En esta tablilla aparecen los años 14 a 17 de Adriano (129-133 d.C.). Las tablas indican la fecha en que cada planeta cambiaba de un signo zodiacal a otro; por ejemplo, el día 10 del segundo mes (según el calendario egipcio alejandrino) del año 14 del reinado de Adriano, Venus, «la estrella de la mañana» pasó de Virgo a Libra, y estuvo en este signo hasta el día 5 del tercer mes.

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Zodíaco de Dendera.

Zodíaco de Dendera.

Ilustración: Guillaume Duprat

El zodíaco de Dendera

El llamado «zodíaco» de Dendera, que originalmente decoraba el techo de una de las capillas osiríacas del templo de Hathor en Dendera, es en realidad un planisferio circular en el que se representan los principales astros visibles desde Egipto. En el centro, que representa el norte, la Osa Menor aparece como un pequeño cánido sobre un arado, y la Osa Mayor, como una pata de toro. La constelación de Draco es la diosa hipopótamo Taweret. Estas constelaciones están rodeadas por la banda del zodíaco, bajo la que aparecen los astros principales del cielo del sur: la constelación de Orión y las estrellas Sirio y Canopo. Las figuras representadas a lo largo del margen son los 36 decanos. El planisferio está sostenido por cuatro figuras femeninas que representan los pilares del cielo, una por cada punto cardinal, y por ocho seres arrodillados, con cabeza de halcón. Entre las constelaciones del zodíaco se encuentran los cinco planetas, colocados en las posiciones que, según los tratados astrológicos, ocupaban en el momento del nacimiento del mundo.

Aries

Aries

Su origen no es mesopotámico, pero no sabemos si es egipcio o griego.

Ilustración: Guillaume Duprat

Tauro

Tauro

El nombre de esta constelación en Mesopotamia es Toro de Anu, el dios del cielo.

Ilustración: Guillaume Duprat

Géminis

Géminis

Llamada Los Grandes Gemelos, aquí representados como un hombre y una mujer.

Ilustración: Guillaume Duprat

Cáncer

Cáncer

Este síómbolo también tiene origen mesopotámico. Aquí se representa como un gran cangrejo.

Ilustración: Guillaume Duprat
Leo

Leo

Sigue la iconografía mesopotámica, con el león sobre una serpiente, que representa a la diosa Tiamat.

Ilustración: Guillaume Duprat

Virgo

Virgo

Se basa en la imagen babilónica de una joven con una espiga, que representa su estrella más brillante.

Ilustración: Guillaume Duprat

Libra

Libra

Su origen también es mesopotámico. Para los griegos, Libra eran las pinzas del escorpión.

Ilustración: Guillaume Duprat

Escorpio

Escorpio

De origen mesopotámico, este signo aparece ya en textos de principios del II milenio a.C.

Ilustración: Guillaume Duprat

Sagitario

Sagitario

En Mesopotamia se llamaba Pabilsag, mezcla de hombre con dos cabezas, cuerpo de caballo y cola de escorpión.

Ilustración: Guillaume Duprat

Capricornio

Capricornio

De origen mesopotámico, representa un ser mitológico que es una mezcla de cabra y pez.

Ilustración: Guillaume Duprat

Acuario

Acuario

Esta constelación aquí se representa como el dios egipcio de la inundación, Hapy.

Ilustración: Guillaume Duprat
Piscis

Piscis

De origen mesopotámico, son dos peces unidos por sus colas, y, entre ellos, un estanque.

Ilustración: Guillaume Duprat

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Tapa del ataúd de Soter, de inicios del siglo II d.C. Aparecen la diosa Nut y los doce signos del zodíaco, pero no se ha escrito ningún horóscopo. Museo Británico, Londres.

Tapa del ataúd de Soter, de inicios del siglo II d.C. Aparecen la diosa Nut y los doce signos del zodíaco, pero no se ha escrito ningún horóscopo. Museo Británico, Londres.

Foto: British Museum / Scala, Firenze

Horóscopo para el más allá

Desde el reino medio (2055–1650 a. C.) existía la costumbre de representar elementos celestes en la tapa interior de los ataúdes. En esta imagen se muestra la representación que aparecía en el ataúd de un sacerdote llamado Heter, que vivió a principios del siglo II d.C. El ataúd, hallado en el área de Tebas, se ha perdido, y sólo se conserva este detallado dibujo realizado en 1860 por el egiptólogo alemán Heinrich Karl Brugsch.

Como en todas las composiciones de este tipo, la figura principal es la diosa del cielo, Nut, que extiende sus brazos para proteger la momia del difunto, colocada justo debajo. En torno a ella se representan la constelación de Orión y la estrella Sirio, situadas en el cielo del sur (A), así como la Osa Mayor (representada como una pata de toro con cabeza de toro) en el cielo del norte (B). Los cinco planetas visibles aparecen a la derecha (C) y flanqueando a la diosa se representan los doce signos zodiacales (D). En las cuatro esquinas de la tapa aparecen los cuatro vientos (E).

Sobre esta composición un escriba anotó el horóscopo de Heter. Aparece redactado junto a los signos del zodíaco, en una mezcla de escritura jeroglífica y demótica (F). En esos breves textos se indica el nombre de cada planeta y su posición en el zodíaco en el momento del nacimiento de Heter. A partir de esta información se puede deducir que Heter nació en octubre de 93 d.C. Una inscripción demótica en el ataúd dice que vivió 31 años, cinco meses y 25 días, por lo que debió de morir en abril del año 125.

Este artículo pertenece al número 214 de la revista Historia National Geographic.

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