El toro sagrado de Egipto

Apis

En la ciudad de Menfis existía un santuario dedicado a rendir culto a un animal vivo: el toro Apis. Considerado como encarnación del dios Ptah, el Apis recibía toda clase de ofrendas y peticiones, y al morir era enterrado en Saqqara en un recinto especial, el Serapeo.

Adoración del toro Apis

Adoración del toro Apis

Foto: Dagli Orti / Aurimages

Probablemente el toro ha sido el animal más venerado a lo largo de la historia en todo el planeta. En el mundo antiguo, Egipto incluido, abundaban los cultos a este bóvido, casi siempre relacionados con la fertilidad, la fuerza y el poder del soberano. El principal de todos ellos fue el dedicado a Hp o Hapi, más conocido por su denominación griega: Apis.

Figurita de terracota de un toro Apis de época romana. Museo del Louvre, París.

Figurita de terracota de un toro Apis de época romana. Museo del Louvre, París.

Foto: C. Décamps / RMN-Grand Palais

Cronología

Culto milenario

Dinastía I. Hacia 2870 a.C.

Primera referencia al culto de Apis, en una inscripción del reinado del faraón Aha. Probablemente el toro ha sido el animal más venerado a lo largo de la historia en todo el planeta.

Dinastía XII. 1939-1760 a.C.

Se menciona al Apis en la tumba de Senbi, un alto funcionario del rey Amenemhat I.

Dinastía XVIII. 1539-1292 a.C.

La tumba más antigua de un toro Apis se remonta al reinado de Amenhotep III.

Dinastía XIX. 1292-1191 a.C.

En tiempos de Ramsés II se crea el Serapeo, una necrópolis subterránea para los toros Apis.

Dinastía XXVI. 664-525 a.C.

En las Criptas Menores del Serapeo, los toros Apis son enterrados en sarcófagos de granito.

Era ptolemaica. Siglos IV-I a.C.

Un papiro confeccionado en el siglo II a.C. relata el embalsamamiento y los ritos funerarios del Apis.

El toro de Menfis

El toro de Menfis

Toro Apis representado en una tableta de pasta vítrea de época romana. Museo del Louvre, París.

Foto: RMN-Grand Palais

El corazón del culto al Apis estuvo en Menfis, la capital histórica del Egipto faraónico. De hecho, Apis se asociaba a la autoridad y la fecundidad del rey y de la tierra de Egipto y se identificaba con Ptah, que –según la teología elaborada por los sacerdotes de Menfis– era el dios creador. En los inicios de su historia, Apis era considerado el «heraldo» o hijo de Ptah, y más tarde se convirtió en la manifestación viviente de esta divinidad.

Figurilla de oro del dios Ptah. Tumba de Tutankhamón. Museo Egipcio, El Cairo.

Figurilla de oro del dios Ptah. Tumba de Tutankhamón. Museo Egipcio, El Cairo.

Foto: A. Khoury / RMN-Grand Palais

El toro Apis tenía un aspecto característico, según muestran las innumerables representaciones que se hicieron de él. Se distinguía ante todo por su pelaje, blanco con tres manchas negras: en el cuello (a veces incluyendo la cabeza), el lomo y la grupa. Sus cuernos, cortos y rectos, a menudo se cubrían con fundas plateadas. A partir del Reino Nuevo también se le representó con un disco solar entre los cuernos. En el siglo V a.C., el historiador griego Heródoto menciona otras características del Apis: es de color negro, tiene un triángulo blanco en la frente, un bulto en forma de escarabajo bajo la lengua, una mancha en forma de águila en el lomo y los pelos de la cola de doble tallo. Con todo, su representación más frecuente seguía siendo la de un toro blanco con la cabeza y la grupa negras.

En busca del nuevo Apis

El Apis no era una estatua, sino un toro vivo que albergaba el espíritu divino hasta su muerte y que era venerado como un dios. Cuando moría, otro toro elegido recibía el espíritu divino, de forma parecida a como ocurre en la actualidad con los lamas tibetanos. Por tanto, nunca había más de un toro Apis al mismo tiempo.

Un lugar sagrado

Un lugar sagrado

Pirámide escalonada de Djoser en Saqqara. En esta necrópolis se encontraba el Serapeo, el lugar de enterramiento de los Apis.

Foto: Olimpio Fantuz / Fototeca 9x12

Los egipcios creían que cada toro tenía un origen sobrenatural. Un mito recogido por Heródoto explicaba que el Apis nacía de una vaca que había sido fecundada por Ptah en la forma de un resplandor caído del cielo. El destello celestial subraya la divinidad del animal y su asociación con el poder adscrito al Sol. En la práctica, eran los sacerdotes quienes seleccionaban a un ternero Apis por sus manchas. Luego lo llevaban con su madre en una procesión en barca hasta la ciudad de Nilópolis, situada unos 76 kilometros al sur de Menfis. Después regresaban a Menfis, donde el ternero era coronado y aclamado como un dios. El Apis se encerraba entonces en un recinto especial, cerca del templo de Ptah.

Momia de Apis

Momia de Apis

Ejemplar momificado de toro Apis, recubierto de lino, que se conserva en el Museo Británico de Londres.

Foto: Scala, Firenze

Durante su vida, el Apis recibía plegarias, ofrendas y cuidados como si fuera un dios viviente. Gracias a este trato, el animal podía superar las dos décadas de vida, aunque algunos morían mucho antes. El Apis hacía apariciones públicas en procesiones y festividades religiosas. Dotado de poderes oraculares, la gente le consultaba y buscaba su orientación; por ejemplo, era un buen presagio que aceptase la comida que se le ofrecía, y malo si no hacía tal cosa. Cuando moría, se consideraba que se fundía con Osiris, dios del inframundo con poderes sobre el renacimiento y la resurrección, y pasaba a ser conocido como Apis-Osiris.

La procesión del toro sagrado

La procesión del toro sagrado

Evocación de un cortejo del Apis. El óleo, obra del pintor norteamericano Frederick Arthur Bridgman, sigue la descripción que Heródoto hacía del toro sagrado, de color negro con manchas blancas y los pelos de la cola de doble tallo. 1879. Colección privada.

Foto: Alamy / ACI

A su muerte, el toro era cuidadosamente momificado en la Casa de Embalsamamiento, situada en el recinto del templo de Ptah. La momificación de un animal de la envergadura de un toro era un proceso muy complejo y arduo. Sin duda se requerían varios sacerdotes para retirar los estómagos del animal, y vaciar los intestinos debió de ser un trabajo tremendamente maloliente. Se necesitarían enormes cantidades de natrón –una mezcla natural de carbonato de sodio, bicarbonato de sodio y sal– para desecar el toro durante 40 días, después de lo cual se ungía con aceites y resinas, se leían oraciones sobre él y era envuelto con vendas especiales de lino entre las que se intercalaban amuletos antes de llevarlo en procesión hasta su lugar de entierro. En total, el proceso duraba setenta días, y durante este período los sacerdotes y todos los ciudadanos guardaban duelo por el toro fallecido. Los sacerdotes vestían de luto y renunciaban a su aseo y al consumo de carne.

Un entierro por todo lo alto

Tras la momificación, se colocaba al toro Apis sobre una carreta de madera con adornos muy elaborados que era tirada por soldados o sacerdotes hasta su lugar de sepultura, en la cercana necrópolis de Saqqara. La procesión funeraria era imponente, con sacerdotes, músicos, plañideras, bailarinas sagradas y dos muchachas que interpretaban el papel de Isis y Neftis, las diosas plañideras por excelencia. La gente se agolpaba al paso del cortejo para ver al dios momificado en su último viaje.

Estela con una escena de adoración al toro Apis. Museo del Louvre, París.

Estela con una escena de adoración al toro Apis. Museo del Louvre, París.

Foto: RMN-Grand Palais

En consonancia con la emoción que despertaba su muerte, los toros Apis recibían una sepultura majestuosa. Inicialmente, los toros se enterraban en Saqqara, en tumbas individuales compuestas de una pequeña capilla exterior, decorada con imágenes del Apis, de otros dioses y del faraón, bajo la cual se excavaba una cámara funeraria. Con Ramsés II (1279-1213 a.C.), el alto sacerdote de Ptah, el príncipe Khaemwaset, creó un nuevo centro de enterramiento para los toros Apis: unas extensas catacumbas subterráneas, formadas por cámaras funerarias individuales a las que se accedía por largos pasadizos. Este conjunto se conoce como Serapeo porque en la época grecorromana el Apis no se asociaba sólo a Ptah, sino también a Serapis, un dios que mezclaba rasgos de diversas divinidades egipcias y griegas, entre ellas Apis.

Las catacumbas de Apis

El Serapeo está compuesto por dos grandes zonas. La más antigua está formada por las llamadas Criptas Menores, alineadas en un eje que discurre de norte a sur, donde los toros eran enterrados en ataúdes de madera. Las Criptas Mayores, situadas en un eje orientado de este a oeste, fueron iniciadas por Psamético I en 612 a.C. y se caracterizan porque los toros eran enterrados en enormes sarcófagos de granito. En zonas próximas a la entrada de estas criptas los devotos depositaban estelas dedicadas y tallaban inscripciones en los muros.

Las catacumbas del toro Apis

Las catacumbas del toro Apis

Excavado en la roca, el Serapeo de Saqqara (descubierto por Auguste Mariette en 1850) es una red de pasadizos y cámaras funerarias donde se hallaban los enormes sarcófagos que acogían las momias de los Apis.

Foto: Ivan Sebborn / Alamy / ACI

En las Criptas Mayores no se encontró ninguna cámara funeraria intacta, por lo que se desconocen los detalles de los entierros de época tardía, más allá de la información que proporciona el ritual de embalsamamiento. Es en las Criptas Menores donde se han hallado las tres únicas cámaras funerarias intactas del Serapeo, que datan de finales del siglo XIV e inicios del siglo XIII a.C.

Sarcófago colosal

Sarcófago colosal

Una de las Criptas Mayores del Serapeo de Saqqara, con un sarcófago de varias toneladas de peso en el que se colocó la momia de un toro Apis.

Foto: Alamy / ACI

Una de ellas, perteneciente al reinado de Horemheb (1319-1292 a.C.), contenía un sarcófago con una «momia» formada por el cráneo de un toro y una masa resinosa negra ovalada que en su origen debió de estar envuelta en lino. Auguste Mariette –el descubridor del Serapeo en el siglo XIX– advirtió que estaba compuesta por fragmentos de huesos de res cubiertos por un material resinoso, con pan de oro insertado en la resina. Las otras dos cámaras datan del reinado de Ramsés II. La primera contenía grandes sarcófagos de madera pintados de negro, con masas similares de huesos en su interior. En la segunda, un sarcófago de madera contenía lo que parecía ser una momia humana, con una máscara dorada y figurillas funerarias con cabezas de toro inscritas con el nombre de Apis, y otras que representaban a príncipes de la época y nobles. Pero la «momia», adornada con joyas, estaba compuesta por huesos de toro, como las masas halladas en los otros entierros.

Un sirviente para el más allá

Un sirviente para el más allá

Este ushebti o figurilla funeraria, con cabeza de toro Apis y hecha de fayenza, proviene del Serapeo. Louvre, París.

Foto: RMN-Grand Palais

Algunos especialistas interpretan el estado fragmentario de los restos del toro en esos enterramientos más antiguos como un indicio de que el rey y los sacerdotes se comían al animal muerto para obtener sus poderes divinos; luego, los huesos del Apis se mezclaban con resina, se vendaban y se enterraban. Otros sugieren que podría tratarse de segundos enterramientos de los Apis, después de que las sepulturas originales fueran profanadas por asirios y persas durante sus invasiones de Egipto.

Serapis, un dios híbrido

Serapis, un dios híbrido

Tras la conquista de Egipto por Alejandro, se pensó en crear una divinidad que reuniera los rasgos de varios dioses. Así nació Serapis, que unía rasgos de Osiris y el toro Apis. Busto de Serapis. Museo Grecorromano, Alejandría.

Foto: Scala, Firenze

En la actualidad, un equipo franco-egipcio, en el que participa la autora de este artículo, explora las Criptas Menores con la esperanza de descubrir nuevas zonas de las catacumbas que puedan contener sepulturas intactas. Esos hallazgos nos ayudarían a entender mucho mejor el culto a los Apis y los secretos de la momificación de los toros sagrados.

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Manual para embalsamar y enterrar a los toros Apis

Papiro que contiene un manual de embalsamamiento de toros Apis. Museo de Historia del Arte, Viena.

Papiro que contiene un manual de embalsamamiento de toros Apis. Museo de Historia del Arte, Viena.

Foto: KHM-Museumsverband

En el museo de Historia del Arte de Viena se conserva un papiro del siglo II a.C. en el que se describe parte del proceso de embalsamamiento de los toros Apis (otro fragmento que corresponde al inicio del documento se encuentra en el Museo Arqueológico de Zagreb). El texto, en escritura hierática por un lado del papiro y en escritura demótica por el otro, ofrece instrucciones básicas para la evisceración del animal, la purificación de su cavidad corporal, la disposición de incienso en el cuerpo, su colocación y envoltura, y describe las ceremonias que tenían lugar durante el período de luto y en el enterramiento. Uno de los capítulos dice que el sacerdote «abre la boca del dios [Apis]. Pone su mano en la boca hasta donde puede alcanzar [...]. Coloca dos telas de momia en las dos aberturas de la garganta».

Catafalco

Catafalco

La momia del Apis, protegida por las diosas Isis y Neftis, es llevada sobre una pesada carreta de madera hasta su lugar de enterramiento en el Serapeo de Saqqara.

Foto: Franck Raux / RMN-Grand-Palais

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Correr con apis

'Heb Sed', la carrera

'Heb Sed', la carrera

En este relieve de la capilla Roja de Karnak vemos a la reina Hatshepsut durante el Heb Sed, en compañía del Apis.

Foto: Alamy / ACI

Una de las celebraciones más importantes del antiguo Egipto era el Heb Sed, una fiesta que tenía lugar a intervalos regulares durante el reinado de los faraones con el propósito de renovar su fuerza para gobernar y su poder. Se componía de una serie de procesiones y rituales, de los que el principal era la carrera ritual protagonizada por el monarca en el recinto del templo de Karnak, que realizaba en compañía del Apis, lo que ponía de relieve la asociación del toro sagrado con la autoridad y la fecundidad del rey.

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Los otros toros sagrados

El toro Mnevis

El toro Mnevis

Grabado en color que representa a este bóvido sagrado. por Leon Jean Joseph Dubois. 1824. Biblioteca Pública de Nueva York.

Foto: Alamy / ACI

Los egipcios no adoraron sólo a los toros Apis, sino que hubo otros dos cultos importantes protagonizados por bóvidos. Uno fue el dedicado a los toros Mnevis en Heliópolis, de los que sólo se han encontrado un par de enterramientos. El segundo fue el de los toros Buchis, adorados en Hermontis, localidad próxima a Tebas, que prosperó sobre todo en época ptolemaica. Como los Apis y los Mnevis, los toros Buchis debían tener ciertos rasgos físicos, como ser blancos y con la cara negra. Sin embargo, el escritor romano Macrobio asegura que el Buchis también cambiaba de color cada hora y su pelo crecía hacia atrás. Se los enterraba en un lugar llamado Bucheum.

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El Apis y los invasores de Egipto

Alejandro Magno visita al toro Apis en Menfis. Ilustración coloreada.

Alejandro Magno visita al toro Apis en Menfis. Ilustración coloreada.

Foto: Alamy / ACI

Liderados por el rey Cambises II, los persas derrotaron a los egipcios en la batalla de Pelusio, en 525 a.C., y se convirtieron en dueños del país durante algo más de un siglo. Algunos historiadores de la antigua Grecia –enemiga tradicional de Persia– escribieron que Cambises saqueó templos egipcios y mató incluso al toro Apis, algo que parece improbable porque Cambises ordenó el majestuoso entierro de un Apis, para el que encargó un magnífico sarcófago de granito. Por supuesto, cabe interpretar que ese entierro pudo obedecer al sentimiento de culpa del soberano persa. En cuanto a Alejandro Magno, Arriano cuenta que durante la conquista de Egipto marchó a Menfis y que allí, tras cruzar el río, hizo un sacrificio especial a Apis y otras divinidades egipcias.

Este artículo pertenece al número 219 de la revista Historia National Geographic.

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