Ejércitos de mujeres: ¿quiénes eran las Amazonas de Dahomey?

En el siglo XIX, el reino de Dahomey se hizo famoso por su regimiento de mujeres guerreras entrenadas para matar. Las agojie lucharon en primera línea contra las tropas francesas que conquistaron el país.

La guardia personal del rey

La guardia personal del rey

El rey Toffa, vecino del reino de Dahomey, posa con mujeres armadas de su corte. Grabado realizado a partir de una fotografía, aparecido en la revista L’Illustration, en 1892.

Biblioteca Ambrosiana / Scala, Firenze

A mediados del siglo XIX, los viajeros europeos que se aventuraban por el África occidental llegaban a un país situado en el golfo de Guinea, en territorio del actual Benín, llamado entonces Dahomey. Era un reino poderoso, en constante pugna con sus vecinos y celoso de su independencia frente a las ambiciones de los Estados europeos. Pero lo que más llamaba la atención de los visitantes era la existencia de regimientos militares íntegramente formados por mujeres. El inglés Richard Burton, en la crónica de su estancia en Dahomey en 1863, explicó cómo estas mujeres soldado guardaban el palacio del rey y participaban en primera línea en las incursiones contra los reinos vecinos. Burton las describía como mujeres muy corpulentas y musculosas, que tan solo se distinguían de los hombres por el pecho. Como otros viajeros antes que él, las llamó amazonas, identificándolas con su equivalente en la antigua Grecia. Pero mientras que las amazonas de la Antigüedad fueron esencialmente un mito literario, las guerreras de Dahomey existieron realmente. En Dahomey eran llamadas agojie, «las esposas del rey», o mino, «nuestras madres».

Playa de Ouidah

Playa de Ouidah

Playa de Ouidah

Desde 1650, la Compañía Real Africana utilizó Ouidah para expedir a tierras americanas a miles de africanos capturados como esclavos. En 1727, Dahomey conquistó el reino de Ouidah.

Getty Images

La reina Hangbé

Aunque algunas fuentes atribuyen la creación del regimiento de las amazonas al rey Aho Houegbadja, a finales del siglo XVII, hoy se señala que la primera en rodearse de una guardia personal femenina fue la reina Tassi Hangbé (1708-1711), que ocupó el trono de Dahomey tras la muerte repentina de su hermano gemelo Akaba. Con todo, los primeros testimonios documentales de la existencia de un cuerpo de mujeres armadas corresponden a un sucesor de Hangbé, el rey Agaja (1718-1740), quien en una carta al rey de Gran Bretaña, Jorge I, se refería a ciertos «guardianes y sus asistentes, que son siempre una clase robusta de mujeres esclavas». Por entonces, las mujeres eran un cuerpo de guardianes del palacio real.

Golfo de Guinea

Golfo de Guinea

Mapa del golfo de Guinea a finales del siglo XIX, con las posesiones francesas en azul, entre ellas Dahomey, las británicas en rojo y las alemanas en amarillo.

Alamy / ACI

El reino de Dahomey había nacido a principios del siglo XVII, en un contexto marcado por el auge del comercio de esclavos africanos. Desde finales del siglo XV, traficantes de diversas nacionalidades europeas llegaron a las costas del golfo de Guinea, donde se instalaron en bases en las que reunían esclavos africanos que luego se enviaban a América para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar o de algodón. Una de las bases costeras más importantes en este comercio fue Ouidah, la capital de un reino que a principios del siglo XVIII fue anexionado por el rey de Dahomey, Agaja.

 

Símbolo nacional 

Símbolo nacional 

Símbolo nacional 

Las amazonas forman parte de la identidad nacional del actual Benín. En la imagen, estatua de 30 m de altura que representa a una amazona en Cotonou. 

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Este monarca logró controlar una gran parte del comercio de esclavos enviados de las costas guineanas al Nuevo Mundo. Con los ingresos de este tráfico, los reyes de Dahomey crearon un ejército permanente (algo inusual en el África negra) con el que libraron continuas guerras contra diferentes zonas tribales de la región, apresando a los vencidos y vendiéndolos masivamente en los puertos esclavistas. Uno de los instrumentos de esta política militarista de los reyes de Dahomey fueron los regimientos de amazonas. 

Cronología

Siglo XVIII

Primeras referencias a la existencia de una guardia personal de los reyes de Dahomey integrada exclusivamente por mujeres.

1818-1858

Durante el reinado de Ghezo, el cuerpo de amazonas se integra en el ejército de Dahomey y alcanza, según algunos, los 6.000 efectivos.

1858-1889

El rey Glelé de Dahomey sufre la creciente presión de británicos, franceses y, desde 1884, los alemanes instalados en Togo.

1892

Segunda guerra franco-dahomeana.  Francia completa la conquista y anexión del reino de Dahomey y establece un protectorado.

1960

La República de Dahomey se convierte en un Estado independiente. En 1975 cambia su nombre por el de República de Benín.

Amuleto infantil

Amuleto infantil

Amuleto infantil con forma de grilletes de esclavo para proteger a los bebés de una muerte prematura.

RMN-Grand Palais

El cuerpo femenino del ejército dahomeano se consolidó y expandió durante la primera mitad del siglo XIX, debido a la pérdida de muchos hombres por las guerras y el comercio de esclavos. Durante el reinado de Ghezo (1818-1858), el cuerpo militar de las agojie pasó de ser una pequeña guardia ceremonial a un regimiento estructurado, que pudo alcanzar los 6.000 efectivos en la década de 1840. Las agojie intervinieron en los enfrentamientos de Dahomey contra los yorubas del Imperio de Oyo (la actual Nigeria) en la década de 1830. En 1850, en una incursión contra Atakpamé, un centro comercial al norte de Dahomey con población yoruba y mahi, fueron ellas quienes «salvaron la guerra» después de que sus correligionarios masculinos huyeran. Capturaron a 350 prisioneros, vendidos luego como esclavos, y trajeron consigo a Abomey 32 cabezas. 

Ruinas reales

Ruinas reales

Ruinas reales

Muro original de uno de los palacios reales de Abomey. Desde el siglo XVII, los reyes de Dahomey levantaron su palacio de barro dentro de un recinto de 40 hectáreas en la capital del reino.

Xavier Desmier / Getty Images

Un aspecto feroz

El proceso de selección de las agojie seguía normas bien definidas. Una vez cada tres años, un oficial, kpakpa, recorría el reino para seleccionar a las jóvenes más aptas para formar parte del regimiento. Según el enviado francés Auguste Bouet, que visitó Dahomey en 1851, «los jefes y habitantes ricos se sienten honrados por regalar al rey sus hijas de 8 o 10 años». También eran reclutadas a la fuerza doncellas o mujeres casadas que hubieran cometido alguna falta. Asimismo, una gran proporción de las guerreras eran niñas descendientes de los esclavos del rey, así como mujeres capturadas en redadas. 

Uniforme singular 

Uniforme singular 

Uniforme singular 

Seh-Dong-Hong-Beh, líder agojie del siglo XIX, vestida con el uniforme de rayas típico del regimiento, sosteniendo la cabeza de un enemigo.

Album

Tras un duro entrenamiento, las mujeres eran nombradas soldados u oficiales según la clase social a la que pertenecía su familia de origen. Según la descripción de un británico a mediados del siglo XIX, las agojie vestían túnicas de algodón de rayas azules y blancas, sin mangas, bajo las cuales llevaban unos pantalones que les llegaban algo por debajo de las rodillas. Para protegerse de sus enemigos llevaban en sus cinturones gran cantidad de adornos y amuletos. Iban armadas con garrotes, cuchillos, lanzas y diversos tipos de armas de fuego, entre ellas mosquetes de chispa, carabinas y trabucos, que compraban a comerciantes europeos. Pero su arma más temida era una espada parecida a un machete de un metro de largo, tan afilada que una guerrera que la empuñara a dos manos podía decapitar a un hombre de un solo tajo.

 

Las últimas guerreras

Las últimas guerreras

Las últimas guerreras

Después de las guerras contra Francia, el cuerpo de amazonas fue desmantelado. La fotografía, de 1890, muestra a un grupo de amazonas de la corte de Behanzin, el último rey de Dahomey.

Adoc-Photos / Album

Las agojie se organizaban según cuerpos y categorías comparables con los de los ejércitos europeos. Había tres cuerpos principales. Uno era una tropa de infantería armada con fusiles, arcos o los machetes anteriormente mencionados. El segundo cuerpo estaba especializado en artillería, mientras que el cuerpo de las cazadoras actuaba a modo de comando cuando empezaba la batalla.

Las agojie estaban orgullosas de ser vistas no como guerreras, sino como hombres. Se decía que una guerrera agojie afirmó: «Como el herrero toma una barra de hierro y por el fuego cambia su forma, así hemos cambiado nuestra naturaleza. Ya no somos mujeres, somos hombres». Pese a ello, su feminidad era una parte importante de su estatus en la sociedad de Dahomey. Aparte del rey y sus eunucos, solo las mujeres podían cruzar los muros del recinto real en la capital, Abomey. Se consideraba que todas las agojie estaban casadas ​​con el rey, aunque ese honor era puramente nominal, dado que estaban destinadas a permanecer célibes. Recibían comida, alcohol, tabaco y esclavos (hasta 50 cada una). A cambio, debían hacer voto de virginidad y celibato mientras durara su servicio militar. 

Expolio y restitución 

Expolio y restitución 

Expolio y restitución 

Túnica y pantalones de una amazona de Dahomey. Este uniforme forma parte de los objetos y obras de arte expoliados tras las guerras franco-dahomeanas y que en 2021 fueron restituidos a Benín. Palacio presidencial, Cotonou. 

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El final de un reino

Además del entrenamiento militar, las agojie practicaban el baile, el canto y la música, habilidades consideradas importantes para ellas. Estaba prohibido tocarlas, y cuando salían de los terrenos del palacio, una doncella caminaba delante de ellas tocando una campana, con lo que advertía a todos de que se quedaran atrás y miraran en otra dirección. 

Aparte del rey y sus eunucos, solo las mujeres podían cruzar los muros del recinto real; se consideraba que todas las agojie estaban casadas con el monarca

El año 1884 fue el principio del fin para muchas sociedades africanas que, como el reino de Dahomey, se habían salvado hasta entonces del expansionismo colonial europeo. Aquel año, la conferencia de Berlín abrió las puertas al reparto y la conquista militar de África. El ejército de Dahomey, con su temido regimiento de amazonas, era probablemente uno de los mejor dotados al sur del Sahara, pero ¿podría proteger a su rey, su pueblo y su territorio frente a la maquinaria bélica de una Europa industrial y supremacista? 

Francia fue la potencia que puso sus ojos sobre el territorio de Dahomey. En 1890, los franceses desencadenaron la primera guerra franco-dahomeana, en respuesta a las incursiones contra sus posesiones ordenadas por el nuevo rey de Dahomey, Behanzin. En realidad, la intención de los franceses era anexionarse esta parte de África antes de que lo hiciesen los británicos desde la vecina colonia de Nigeria o los alemanes desde Togo. Tras varios choques sangrientos,
Francia obtuvo el control del puerto de Cotonou además de consolidar su
protectorado sobre dos territorios vecinos de Dahomey.

 

Asalto final

Asalto final

Asalto final

Toma de Cana por parte de las tropas francesas en 1892. La conquista de este lugar se completó al cabo de tres días de combates. Ilustración de Le Petit Journal. 

AGE Fotostock

El enfrentamiento decisivo se produjo en 1892, en la segunda guerra franco-dahomeana, cuando Francia quiso completar su conquista y anexionarse enteramente Dahomey.
El objetivo de esta nueva operación militar era desalojar de una vez por todas al rey Behanzin, que se aferraba a la independencia de su bastión y había frustrado las ambiciones de las autoridades coloniales durante dos años. 

En mayo de 1892, el coronel Alfred Dodds se puso al frente de las tropas francesas y partió en dirección a Abomey, capital del reino. Lo que debería haber sido una campaña fácil se convirtió rápidamente en una pesadilla. El progreso era lento y las tropas eran acosadas diariamente por ataques guerrilleros. El 19 de septiembre de 1892, cuando los soldados se encontraban a unos 50 kilómetros de Abomey, su camino fue repentinamente bloqueado por un enorme ejército mandado en persona por Behanzin y equipado con rifles Winchester y armas afiladas. Los guerreros lanzaron sucesivos asaltos contra los franceses, pero tuvieron que retirarse tras sufrir cuantiosas bajas. 

 

Amuleto de una amazona

Amuleto de una amazona

Amuleto protector de una amazona dahomeana recogido en el campo de batalla de Cotonou en 1890.

RMN-Grand Palais

En las semanas siguientes, los dahomeanos siguieron haciendo ataques desesperados, todos repelidos por las tropas coloniales galas, hasta llegar al enfrentamiento decisivo que tuvo lugar en Cana el 4 de noviembre, «el día más mortífero de esta guerra», en palabras del propio Dodds. El ejército dahomeano quedó diezmado y Behanzin, que trató de mantener viva la llama de la resistencia, terminó por rendirse a los franceses en 1894, y fue deportado a la lejana isla de Martinica, en el Caribe, a 7.000 kilómetros de su país. Durante los siguientes 66 años, Dahomey sería un protectorado francés.

Las amazonas tuvieron un gran protagonismo en las dos guerras franco-dahomeanas. Aunque solo representaban un tercio del total de los efectivos de Behanzin, eran consideradas la élite del ejército de Dahomey. Desafiando la superioridad del fuego francés, las agojie avanzaban ocultándose entre la hierba alta para hacer descargas de fusilería con una técnica muy eficaz. «Saben ejecutar con método una serie de disparos en hilera como antaño nuestros granaderos en los antiguos regimientos de línea», escribió un combatiente francés. 

El trono de Dahomey

El trono de Dahomey

El trono de Dahomey

Trono del rey Ghezo, soberano de Dahomey durante la primera mitad del siglo XIX, conservado en el palacio presidencial de Benín, en Cotonou.

Gerard Julien / AFP / Getty Images

El fin de un mito

Buscaban igualmente el combate cuerpo a cuerpo, en el que sobresalían. El oficial francés E. Nuëlito, en su crónica de la guerra, explica cómo un capitán francés se arrojó revólver en mano a la lucha: «Se desencadenó un cuerpo a cuerpo terrible; las amazonas, siempre avanzando, proferían sus gritos de guerra e iban a morir a los pies de nuestros hombres». «Estas amazonas son prodigios de valor, vienen a ser asesinadas a 30 metros de nuestros puestos», escribió el capitán Jouvelet en sus memorias. Por su parte, el marino Morienval testimonió: «Se arrojan contra nuestras bayonetas con prodigiosa valentía [...]. Ni los cañones ni las granadas ni las ráfagas de fusilería las detienen [...]. Realmente es extraño ver mujeres tan bien dirigidas, tan bien organizadas».

Sin embargo, el coraje no bastaba para luchar contra los fusiles Lebel y los cañones del ejército colonial. La llegada de los franceses supuso el toque de difuntos para estas legendarias luchadoras. Tras las últimas batallas protagonizadas por los hombres de Dodds en Abomey en noviembre de 1892, de las agojie solo quedó el recuerdo de sus hazañas, que se transmitió de generación en generación sobre las ruinas del antiguo reino.

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Disciplinadas y en perfecta forma

El rey Ghezosolía organizar desfiles militares de su cuerpo de amazonas para impresionar a los visitantes europeos. Varios de ellos recogieron el efecto que les causaron unas marchas en las que, según el inglés Forbes, «en todo se veía orden y disciplina […], ninguna revista podría haber ido mejor. No hubo ningún retraso, ningún accidente», y añadía: «El rey está con razón orgulloso de las guardias femeninas». El francés Édouard Foà, por su parte, ensalzaba las «maniobras admirables» de las agojie. En estos desfiles, las amazonas demostraban su vigor físico, por ejemplo haciendo carreras con los fusiles al hombro. Igualmente, ejecutaban danzas guerreras en las que blandían sus armas, desde mosquetes hasta espadas y hachas, a la vez que daban «violentos saltos».

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Decapitar a un hombre sin pestañear

Diversos testimonios europeos concuerdan en que las amazonas actuaban como verdugos en la ejecución de prisioneros de guerra o en sacrificios rituales. En 1889, un funcionario colonial francés, Jean Bayol, presenció cómo una adolescente «que aún no había matado a nadie» se encargaba de una de tales ejecuciones. La muchacha «caminó con confianza hacia un prisionero atado de pies y manos, blandió con ambas manos su espada tres veces y luego cortó con calma el último trozo de carne que conectaba la cabeza con el tronco». Bayol agrega un dato siniestro: «Luego limpió la sangre de su arma y se la tragó», tal vez una exageración para reforzar la imagen de Dahomey como una tierra indómita. La misma joven, llamada Nansica, murió poco después luchando contra los franceses.

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Convertidas en atracción de feria

Amazonas

Amazonas

Dos amazonas en combate, una de ellas sosteniendo dos cabezas. Dibujo de Jean Antoine Foulquier para ilustrar el viaje del Dr. Repin, cirujano de la Marina imperial francesa, a Dahomey, en 1860. 

Alamy / ACI

Los reportajes de la prensa sobre la conquista de Dahomey crearon en Francia una curiosidad morbosa por las fieras guerreras entrenadas para cortar las cabezas de los enemigos. En 1891, un empresario británico trajo a París a un grupo de estas amazonas para exhibirlas en el Jardin d’Acclimatation, una especie de zoo en las afueras de la capital. En realidad, ninguna de las 24 mujeres era una auténtica agojie; diez de ellas ni siquiera eran de Dahomey. Las mujeres, con vestidos y adornos de fantasía, ejecutaban ante los visitantes danzas y ejercicios militares al ritmo de dos tambores. Era una imitación –al parecer bastante buena– de las danzas y ejercicios que vieron realizar a las agojie. Un periodista decía que sus caras, «al principio calmadas y sonrientes, se volvían gradualmente severas y duras y terminaban reflejando una especie de éxtasis marcial parecido a un delirio». El grupo viajó por toda Europa durante dos años.

Amazonas

Amazonas

Tres supuestas amazonas en un grabado aparecido
en Le Petit Journal en noviembre de 1891 que ilustraba la exhibición de un grupo de dahomeanos en el Jardin d’Acclimation, en el Bois de Boulogne de París.

Bridgeman / ACI
Lanza de mango largo de Nigeria

Lanza de mango largo de Nigeria

Lanza de mango largo usada por los wasangari, en la actual Nigeria. Museo del Quai Branly, París. 

RMN-Grand Palais
Arco de madera

Arco de madera

Arco de madera de los bariba, al norte de Benín. Museo del Quai Branly, París.

RMN-Grand Palais
Sable de Ouidah

Sable de Ouidah

Sable ceremonial procedente de la ciudad costera de Ouidah, en Benín. Museo del Quai Branly, París.

RMN-Grand Palais
Hacha de combate

Hacha de combate

Hacha de combate fulani de inicios del siglo XX. Museo del Quai Branly, París.

RMN-Grand Palais

Este artículo pertenece al número 236 de la revista Historia National Geographic.