Retrato del horror

'La zona de interés': la historia de Rudolf Höss y una realidad paralela al Holocausto

Nominada a Mejor película internacional en los Óscar 2024, el filme propone observar el Holocausto desde el punto de vista de los perpetradores, todo ello sin buscar la empatía ni regodearse en el horror.

zona de interés

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La película 'La zona de interés' (2023) está nominada a Mejor película internacional en los Óscar.

Elastica Films

Se han hecho muchas películas sobre el Holocausto, pero pocas que no se centren en la historia personal de la víctimas sino en el razonamiento -si ello es posible- del verdugo. Es tal vez por eso que 'La zona de interés' (2023) ha marcado una diferencia con respecto a sus similares, y en la edición actual de los premios Óscar ha obtenido 5 nominaciones. Una de ellas, a mejor película internacional, categoría en la que también se encuentra 'La sociedad de la nieve' (2023).

Basada en la novela homónima escrita por Martin Armis en 2015, esta película de fuerte base histórica narra la vida de Rudolf Höss, comandante del campo de concentración de Auschwitz, y su esposa, quienes se instalaron en una acomodada villa con piscina ubicada apenas a 200 metros de las cámaras de gas: solo un muro separaba la tragedia de la indiferencia. 

Sin embargo, el director de este filme, Jonathan Glazer, ha ido un paso más allá en la búsqueda de semejanzas con el relato verídico. Y es que mientras el autor del libro utilizó apelativos ficticios para bautizar a sus personajes, el cineasta británico, que ha dirigido otras obras como 'Under the Skin' (2013), señala con nombres y apellidos a los protagonistas. 

¿Quién fue Rudolf Höss?

Rudolf Höss fue uno de los criminales más crueles del régimen nazi. Nacido en Baden-Baden (Alemania) en 1901 y criado en una educación estrictamente católica, a los 15 años se unió al ejercito alemán y, dos años más tarde, ya ascendió a suboficial: el más joven de los que había. 

 

auschwitz

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Fachada del campo de concentración Auschwitz-Birkenau.

Cordon Press

Después de la Primera Guerra Mundial, comenzó a despertar sentimientos anticomunistas y nacionalistas que le llevaron a unirse a grupos paramilitares de este carácter. Así, cuando en 1920 Adolf Hitler fundó su Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, conocido popularmente como Partido Nazi, Höss no tardó en unirse. 

Tras el ascenso del führer al poder, Höss se incorporó en las SS y rápidamente entró a formar parte de las SS-Totenkopfverbände (Unidades de la Calavera), encargadas de administrar los campos de concentración. Su determinación y su incontestable sentido del deber le llevaron a ser promocionado: fue destinado al campo de concentración más grande y desalmado de todos, Auschwitz-Birkenau, que estaba rodeado por una zona de 40 kilómetros cuadrados a la que los nazis llamaban, de manera eufemística, "zona de interés".

A medida que avanzaban sus años de gestión y organización política, militar, penitenciaria y de seguridad en el campo, los asesinatos en masa llevados a cabo en Auschwitz se volvieron más sofisticados: pasó de ser un campo de concentración a ser un campo de exterminio, al que diariamente llegaban alrededor de 2.000 prisioneros para trabajar o ser enviados a la cámara de gas, concretamente de cianuro de hidrógeno. "Los niños muy pequeños, incapaces de trabajar, fueron asesinados por principio", declaró él mismo en su juicio.

UNA VERSIÓN COTIDIANA DEL "ANIMAL DE AUSCHWITZ"

Cuando Rudolf Höss fue juzgado en Núremberg, en 1946, se atrevió a corregir al presidente del tribunal diciendo que nunca "había matado ni azotado a nadie". En efecto, la afirmación era fácticamente cierta, pero solo porque él era comandante; es decir, el responsable de ejecutar a alrededor de 3 millones de personas en la cámara de gas, aunque sin mancharse las manos. 

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La impertinente escena no aparece en la película, si bien nos ofrece pistas para entender lo que se conoce como "banalidad del mal", un término empleado por primera vez por Hannah Arendt en su libro 'Eichmann en Jerusalén' (1963) que hace referencia a la justificación de actos atroces en apelación al cumplimiento de las normas.

 

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La película indaga en el concepto, empleado por primera vez por Hannah Arendt, de "la banalidad del mal".

Elastica Films

En esta línea, Glazer se impregna de esta idea y no caracteriza a Höss y a su mujer, Hedwig Hensel, como seres horribles y despiadados, sino como dos individuos corrientes que incluso se consideran a sí mismos ciudadanos ejemplares, por el mero hecho de cumplir a la perfección su rol en el régimen nazi. 

La historia se ubica en un plácido hogar adherido al campo de concentración al que, por cierto, la cámara nunca entra. Con piscina, jardín, criados judíos e hijos bañándose en un río contaminado con las cenizas del crematorio, así es la casa en la que retrata a la familia, la cual vive consciente e indiferente, a partes iguales, de lo que sucede al otro lado del muro. Así, Glazer propone acompañar a los perpetradores en su experiencia durante el Holocausto, todo ello sin buscar la empatía ni regodearse en el horror.

Un ejercicio de memoria: ¿qué fue el holocausto?

Reducidos por la ideología nazi a "subhumanos", los judíos quedaron privados de derechos civiles y políticos en 1935 por las Leyes de Núremberg, las cuales afirmaban que ningún judío podía tener los mismos derechos que un ario y mucho menos ser considerado alemán. Estas leyes tenían su origen en las ideas plasmadas por Adolf Hitler en su libro Mein Kampf (1925), en el que escribió que el judío era una lacra social que "debía ser extirpada como un tumor cancerígeno". 

Así, entre 1941 y 1945, los nazis organizaron el traslado y el asesinato de seis millones de judíos en campos de exterminio como parte de un proyecto, conocido como "la Solución Final", que pretendía erradicarlos de los territorios sometidos al Tercer Reich. Un acontecimiento que recibió el nombre de Holocausto

A la cifra, algunas entidades suman también las vidas arrebatadas de personas pertenecientes a otros grupos étnicos o políticos. Por ejemplo, el Museo Memorial del Holocausto de Estados Unidos establece en medio millón las víctimas gitanas o 250.000 muertos con algún tipo de discapacidad. Y con respecto a los homosexuales, es difícil determinar un número pero se estima que habrían sido decenas de miles

Con esto, el Holocausto, ocurrido todavía hace menos de 100 años, es uno de los episodios más oscuros de la historia de la humanidad, en el que Auschwitz-Birkenau concentró las peores de las atrocidades que un ser puede cometer. Es la memoria, por lo tanto, un elemento fundamental para reproducir con respeto este acontecimiento a través de la literatura, la música o el cine, como ha hecho en esta ocasión 'La zona de interés' (2023).

Tal y como su propio director ha contado públicamente: "El reto era pensar en cómo podemos contar una película que hable de lo subyacente al holocausto, de la capacidad humana para la violencia que, claramente, tenemos como especie".