Nuestro Patrimonio Nacional

Los yacimientos arqueológicos más importantes de España

Repartidos por todo el país, encontramos cientos de yacimientos que cuentan nuestra historia. Desde Atapuerca hasta Mérida pasando por las Islas Canarias, estos asentamientos permiten reconstruir la vida de nuestros antepasados y comprender mejor de dónde venimos..

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Atapuerca

Encabezando nuestra lista está el que quizás sea el yacimiento más famoso de España, en él se encontraron los fósiles de homínido más antiguos de Europa, entre ellos el del el homo Antecessor, una nueva especie humana que había sido devorada por los habitantes del lugar.

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Altamira

El descubrimiento por primera vez de pinturas rupestres descubiertas en el mundo dentro de esta cueva cántabra supuso una revolución para el mundo de la paleontología, pues demostraba que nuestros ancestros ya poseían una notable capacidad artística mucho antes de lo que se creía. En sus paredes se pueden contemplar diversos animales, imprentas de manos y glifos geométricos que han dado pie a muchas interpretaciones.

Foto: Wikimedia Commons

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También es destacable la cueva de la Garma, ocupada desde el Paleolítico a la Edad Media y que fue sellada por un derrumbe. En su interior no solo se han encontrado unas magníficas pinturas rupestres, sino que también ha aparecido dos esqueletos visigodos y numerosos huesos de especies prehistóricas hoy extintas.

 

 

Foto: Wikimedia Commons

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Los dólmenes de Antequera

Un conjunto de sepulturas megalíticas construidas hace entre 6.000 y 2.200 años , estos túmulos que alcanzan los 50 metros de diámetro y 4 de altura son sin duda los más espectaculares de Andalucía.

Foto: Museu Arqueològic de Banyoles / Josep Casanova.

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La Draga

Este asentamiento neolítico a orillas del lago de Banyoles es uno de los más bien conservados de España. Abandonando hacia el 5.900 a.C., en su interior se han encontrado intactos los troncos que formaban las cabañas, junto con cestas de mimbre, grano, frutas como cerezas o moras y numerosos huesos de animales como bueyes, mejillones y tortugas.

Foto: Wikimedia Commons

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Torre d’en Galmés

El poblado talayótico más grande de las Baleares destaca por combinar un trío de tumbas megalíticas con un templo sostenido por estelas de piedra. A su alrededor se han encontrado los restos de numerosas casas circulares con un pequeño patio interior en su centro.

Foto: Wikimedia Commons

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Naveta dels Tudons

Construido hacia el 1.000 a.C., este talayot se ha convertido en la tumba más conocida de toda Menorca. En su interior los arqueólogos encontraron los huesos de no menos de cien individuos, acompañados por ornamentos de bronce, vasos cerámicos, algunos botones de hueso y un cuerno hueco en el que se habían depositado los cabellos de los difuntos.

Foto: Ayuntamiento de Daimiel, UCLM

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Motilla del Azuer

Este pozo fortificado fue erigido durante las luchas por el agua que caracterizaron la Edad de Bronce en la zona hace 4.000 años. La fortaleza era un asentamiento autosuficiente, con silos para almacenar el grano y gruesos muros para resistir cualquier asedio. Bajo las casas que forman el yacimiento se han encontrado asimismo algunas tumbas, entre ellas la de un niño enterrado con un ajuar de vasos y platos en miniatura.

Foto: Construyendo Tarteso

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El Turuñuelo

Abandonado a finales del siglo V a.C., este santuario tartésico dio el salto a la fama cuando en su patio de ofrendas aparecieron no menos de cincuenta caballos, mulas y burros sacrificados ritualmente a los dioses. Testimonio de una misteriosa civilización hoy desaparecida, el Turuñuelo es uno de los principales templos del suroeste peninsular.

Foto: Tomás Mazón

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Cancho Roano

Este templo o palacio fue construido hacia el siglo VI a.C. por los tartessos. Además de cumplir una función religiosa (como demuestra la existencia de una sala con altar dedicada al culto), el edifico se usó como el lugar de descanso definitivo para un noble y seis mujeres.

Foto: Wikimedia Commons

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Numancia

La irreductible ciudad celtíbera es también un importante yacimiento arqueológico, pues dentro de las murallas y en los campamentos que levantaron los romanos durante su asedio, se ha desenterrado una buena cantidad de armamento y efectos personales de los combatientes de ambos bandos.

Foto: Wikimedia Commons

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Ullastret

Los pueblos íberos del noreste de la Península nos han legado numerosos asentamientos fortificados repartidos por todo el levante peninsular. Uno de los elementos que más ha llamado la atención de los arqueólogos han sido los cráneos que decoraban los muros de Ullastret, un poblado fortificado cuyos habitantes comerciaban con los griegos de la costa mientras guerreaban con las comunidades de su entorno.

Foto: Wikimedia Commons

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Alcudia

Uno de los mayores tesoros de nuestro patrimonio es la Dama de Elche, un busto finamente labrado en el siglo IV a.C. que podría haber decorado la tumba de alguna noble de Alcúdia (Alicante), un asentamiento íbero reconvertido en ciudad tras la conquista romana.

Foto: Wikimedia Commons

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Cerro del Santuario

En esta necrópolis granadina se descubrió otra obra maestra del arte ibérico: la Dama de Baza. Se trata una escultura a tamaño natural que conserva parte de su policromía original, ahuecada para guardar en su interior las cenizas de su propietaria. Junto a ella se encontraron los restos de 184 personas más, enterradas en el lugar durante los siglos IV y V a.C.

Foto. iStock

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Castro de Coaña

Asturias y Galicia fueron el hogar de una cultura que habitaba en asentamientos fortificados conocidos como castros. El de Coaña es el más bien conservado, con elementos tan poco habituales como el esqueleto de una mujer joven sepultado ritualmente en los cimientos de la muralla durante su construcción.

Foto: Wikimedia Commons

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Castro de Santa Tegra

Uno de los asentamientos indígenas más extensos de Galicia, este yacimiento albergaba una población de entre 3.000 y 5.000 habitantes dedicados al cultivo del grano, la pesca y la marisquería. Aunque su urbanismo es muy similar al de Coaña, las casas presentan algunas  innovaciones arquitectónicas como un pequeño atrio de entrada circular al que a veces se le añadió un pequeño horno.

Foto: iStock

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Empúries

Fundada por los griegos hacia el siglo VI a.C. esta colonia pronto se convirtió en el principal puerto comercial del noroeste de Hispania. Con la llegada de los romanos la ciudad triplicó su población, gracias a la creación de un nuevo núcleo urbano equipado con termas, un anfiteatro y las villas y factorías de la élite local.

Foto: Wikimedia Commons, Ángel M. Felicísimo

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Cástulo

Esta ciudad ibérica se convirtió en un municipio romano tras la expulsión de los cartagineses de la Península. Entre sus ruinas se han descubierto magníficas villas decoradas con mosaicos tan espectaculares como el de los Amores (en la imagen), donde se representan los mitos del juicio de Paris y el de Selene y Endimión.

Foto: Wikimedia Commons

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Tarragona

La antigua capital de la Hispania Citerior conserva importantes trazas de su pasado romano. Destacan sobre todo su anfiteatro y muralla, pero también se pueden contemplar las ruinas del teatro, el circo y la excelente colección de mosaicos y artefactos de su museo. A pocos kilómetros de la ciudad se conserva una cantera, el acueducto de les Ferreres y villas como la de Centcelles.

Foto: Wikimedia Commons

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Mérida

Augusta Emerita fue a partir del año 15 a.C. el centro administrativo de la provincia romana de Lusitania. De este modo la ciudad fue equipada con impresionantes monumentos como un templo dedicado a Diana, el teatro más bien conservado de España, un acueducto, y el puente por el que todavía hoy puede cruzarse el Guadiana.

Foto: iStock

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Bande

Junto a todas estas ciudades hay algunos yacimientos más particulares como el campamento legionario de Bande (Orense), una base permanente construida con precisión militar que aprovechaba las aguas termales de la zona para afrontar el duro invierno atlántico.

Panorámica de Las Médulas

Foto: Wikimedia Commons

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Las Médulas

Otra huella importante del paso de los romanos por nuestro país son las minas de las Médulas: 600 kilómetros de galerías y túneles excavados en la arcilla rojiza de Castilla y León, para obtener oro mediante el derrumbe sistemático de partes de la montaña y el bateado de la tierra por una verdadera horda de esclavos.

Foto: Wikimedia Commons

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Museu d’História de Barcelona

En el subsuelo de la capital catalana existe una segunda ciudad prácticamente desconocida por sus habitantes: las ruinas romanas y medievales excavadas por los arqueólogos bajo la Plaça del Rei, un complejo entramado urbano en el que se mezclan domus romanas con fábricas de salazones y los cimientos del primer palacio episcopal de la ciudad.

Foto: Wikimedia Commons

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Villa de la Olmeda

Levantada durante el siglo IV d.C. esta finca fue el lugar de residencia de un miembro de la élite social durante la caída del Imperio Romano. Este período destacó por el abandono gradual de las ciudades, siendo esta villa un magnífico ejemplo de un nuevo tipo de residencias rurales decoradas con espléndidos mosaicos. 

Foto: Wikimedia Commons, José Latova

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Villa de Noheda

Otro ejemplo contemporáneo es esta mansión descubierta en la provincia de Cuenca, que destaca por una serie de mosaicos de grandes dimensiones, en los que se relata con todo lujo de detalles el rapto de Helena junto a escenas de banquetes, fiestas y bacanales.

Foto: Wikimedia Commons

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Recópolis

Ya en época medieval destacan las ruinas de esta ciudad construida por orden de Leovigildo hacia el 578 d.C. En el que quizás sea el yacimiento visigodo más bien conservado que ha llegado hasta nosotros se han identificado los restos de un palacio, una iglesia y los talleres en los que trabajaban los orfebres y vidrieros de la corte.

Foto: Wikimedia Commons

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Tesoro de Guarrazar

Descubierto de manera fortuita por unos campesinos en 1855, esta colección de crucifijos y coronas votivas es el mayor conjunto de joyas visigodas encontrado hasta la fecha. Vendido primero al Louvre y devuelto luego a España, el tesoro fue enterrado para ponerlo a salvo tras la invasión musulmana de 711 d.C.

Foto: Wikimedia Commons

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Medina Azahara

Con la llegada de los árabes España quedó dividida en dos, y los nuevos amos de la Península se construyeron un gran palacio a las afueras de Córdoba. Destruido durante la caída del Califato, no fue hasta 1911 que volvió a ver la luz, cuando Alfonso XIII impulsó la excavación y reconstrucción del complejo, tarea que sigue en marcha actualmente.

Foto: Cabildo de Gran Canaria, Tibicena

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Guayadeque

Las Canarias también tienen su historia, marcada por la cultura Guanche y la momificación de los muertos. Un ejemplo es la cueva de Guayadeque, donde en 2020 aparecieron un total de 72 cuerpos y más de mil artefactos de un período comprendido entre los siglos VIII y X d.C.

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La Fortaleza

Algo más antiguo es este poblado de Gran Canaria, un asentamiento indígena que estuvo habitado durante casi dos mil años al que se accedía por un serpenteante camino decorado con pinturas rupestres. El gran número de huesos de fauna encontrados hacen pensar que se trataría de una especie de santuario en el que se realizarían sacrificios.

Foto: Wikimedia Commons

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El Born

Según nos alejamos de la Edad Media los yacimientos dejan de ser tan espectaculares, pero el subsuelo de nuestras ciudades todavía alberga una gran riqueza arqueológica, buena muestra de ello es el Mercado del Born de Barcelona, bajo el que se descubrió un barrio entero del siglo XVIII en el que identificaron locales como una taberna y una chocolatería.

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La Olmeda, una fastuosa villa romana en Hispania

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