inventos del siglo XX

Willis Carrier, el "jefe" del aire acondicionado

A pesar de que el aire acondicionado no está considerado tradicionalmente un invento o un descubrimiento a la altura de la rueda o la penicilina, cruciales para el devenir de la humanidad, no podemos negar que la contribución del ingeniero Willis Carrier, inventor del primer aparato de aire acondicionado, a hacer más cómoda la vida de muchas personas a lo largo y ancho de todo el planeta durante los calurosos meses veraniegos, tal vez merecería un mayor reconocimiento.

Foto de Willis Carrier tomada en el año 1915.

Foto: Carrier

Es muy posible que mucha gente no haya oído hablar nunca de Willis Carrier. Pero hoy en día casi todo el mundo ha sentido alguna vez el agradable resultado de su invento, así que podríamos decir que todos (o casi todos) tenemos una enorme deuda con él. A Willis Carrier deberíamos por lo menos dedicarle un pensamiento cuando llega el verano y, viendo que el interior de nuestra casa alcanza unos bastante insoportables treinta grados, acabamos pulsando el botón del mando que acciona un aparato que para nosotros se ha convertido en algo tan cotidiano (e imprescindible) como el televisor: el aparato de aire acondicionado.

Un ingeniero curioso

Nacido en la calurosa ciudad de Angola, en el estado de Nueva York (un lugar donde la temperatura media en verano no baja de los veintisiete grados centígrados), muy pronto el joven Willis sintió una gran curiosidad por todo aquello que tuviera que ver con montar y desmontar aparatos de todo tipo y condición. Por sus inquietas manos pasaron máquinas de coser, relojes y todo aquello que funcionara con algún intrincado mecanismo que él pudiera arreglar. Desde muy pequeño, Willis comprendió la importancia de tener una buena base para poder convertir en realidad todas las ideas que le venían a la cabeza. Aunque la lección más importante para el desarrollo de su prodigiosa mente se la daría su propia madre. Fue un día en el que Willis estaba estudiando matemáticas y no llegaba a comprender el complicado mundo de las fracciones. Su madre, entonces, cogió una manzana y la cortó en varios trozos para lograr explicar a su hijo el funcionamiento del todo y de las partes a partir de esos pedacitos de fruta, cosa que consiguió.

El joven Willis sintió curiosidad por todo aquello que tuviera que ver con montar y desmontar aparatos de todo tipo. Por sus manos pasaron máquinas de coser, relojes y todo aquello que funcionara con algún intrincado mecanismo que él pudiera arreglar.

Plano del diseño de Willis Carrier para la imprenta Sackett & Wilhelms presentada el 17 de julio de 1902 en el que muestra el primer sistema de aire acondicionado moderno.

Foto: Carrier

Willis se convirtió en un talentoso estudiante, y en 1895 ganó una beca para estudiar Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Cornell, donde obtuvo el título de ingeniería en 1901. Casi de inmediato empezó a trabajar en una empresa dedicada a la fabricación de ventiladores, bombas de calor y dispositivos de extracción y salida de aire llamada Buffalo Forge. Gracias a sus excelentes capacidades, Willis ascendió rápidamente y ocupó el cargo de director del departamento de ingeniería experimental, con un sueldo de diez dólares semanales. En esta firma, el joven ingeniero desarrolló un aparato capaz de secar madera y café. Viendo el gran potencial de Carrier, su jefe pensó en él para solucionar un complicado problema que tenía uno de sus mejores clientes.

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La primera brisa fresca

Corría la primavera del año 1902 cuando el encargado de la imprenta Sackett & Wilhelms Lithographing & Publishing Company, cansado de que el calor y la humedad arruinaran el trabajo que se llevaba a cabo en su empresa, solicitó a Buffalo Forge un sistema para mejorar la calidad del aire. Aquel verano estaba siendo excepcionalmente caluroso y las altas temperaturas estaban afectando a la calidad del trabajo, tanto que el proceso de impresión del color se tenía que llevar a cabo hasta cuatro veces para lograr resultados óptimos. ¿Cómo podía mejorarse la calidad del aire en la imprenta? Esa fue la cuestión que su jefe planteó a Willis. Y el joven consiguió resolverla gracias a su capacidad de observación: una fría noche, cuando Willis Carrier estaba esperando el tren y paseaba por el andén de la estación, llegó a la conclusión de que si podía "secar" el aire filtrándolo a través de un fino rocío de agua podría condensar la humedad.

Fue en el año 1902 cuando el encargado de la imprenta Sackett & Wilhelms Lithographing & Publishing Company solicitó a Buffalo Forge un sistema para mejorar la calidad del aire en su empresa.

Dibujo realizado en 1902 en el que muestra el probable sistema de aire acondicionado instalado en la imprenta Sackett & Wilhelms.

Foto: Carrier

A finales de 1902, Willis Carrier instalaba en la imprenta Sackett & Wilhelms el aparato que imaginó aquella fría noche mientras esperaba que llegase su tren. Era el primer aparato de aire acondicionado tipo spray del mundo, capaz de controlar la humedad ambiental del interior de un local. Básicamente su objetivo era absorber el aire húmedo y cálido y devolver al ambiente una brisa fresca y seca (pero a pesar de que ese primer aparato lo construyó Willis Carrier, concretamente el término "aire acondicionado" lo acuñaría el también ingeniero Stuart Warren Cramer quien utilizó esta expresión en 1906, justo el mismo año en que Carrier patentaba su invento).

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El "jefe" del aire acondicionado

Pero el primer aparato acondicionador de aire no era como los modernos aparatos que existen hoy en día, y que muchos de nosotros tenemos en nuestras casas. El de Carrier consistía en una descomunal máquina provista de un ventilador industrial, conductos, calentadores, tuberías de vapor perforadas para la humidificación y los controles de temperatura. A pesar de su enorme tamaño esta lograba cumplir a la perfección el cometido para el cual había sido diseñada.

El primer acondicionador de aire de Carrier consistía en una descomunal máquina provista de un ventilador industrial, conductos, calentadores, tuberías de vapor perforadas para humidificación y controles de temperatura.

Imagen de la planta de Carrier en 1922 mostrando el primer enfriador centrífugo que abrió las puertas al aire acondicionado a gran escala. 

Foto: Carrier

Tras varios años de mejoras, el 2 de enero de 1906, Carrier recibió la patente del gobierno de Estados Unidos para su invento (con el número 808.897), en la que podía leerse que era para "un aparato para tratar el aire", diseñado para humidificar o deshumidificar el aire. En 1906, "el jefe" (apodo por el cual se conocía a Carrier en Buffalo Forge) se dio cuenta de que "la depresión constante del punto de rocío proporcionaba una humedad relativa prácticamente constante". Aquella observación sería conocida más tarde por todos los ingenieros como la "ley de la depresión constante del punto de rocío". Carrier se basó en aquel descubrimiento para diseñar un sistema de control automático, para lo cual presentó una nueva solicitud de patente el 17 de mayo de 1907, que le sería concedida el 3 de febrero de 1914.

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La fundación de un imperio

Aquel mismo año, la empresa Buffalo Forge hacía su primera venta internacional de su "aparato para tratar el aire" a una empresa japonesa, que de este modo se convertiría en la primera firma en disponer de un edificio con aire acondicionado, el primero del mundo. Más tarde sería el transatlántico japonés Koan Maru el que disfrutaría también de las ventajas que ofrecía el aire acondicionado. Pero al terminar la Primera Guerra Mundial, y debido a la crisis económica, Buffalo Forge cerró el departamento donde trabaja Willis. Entonces, en 1915, el ingeniero decidió, junto con otros seis jóvenes colegas de la empresa, fundar su propia compañía: la Carrier Engineering Corporation, en la que Willis Carrier sería el presidente. En 1922, Carrier mejoró el enfriador patentado en 1906 convirtiéndolo en un aparato idóneo para refrigerar grandes espacios interiores.

Después del final de la Primera Guerra Mundial, Buffalo Forge cerró el departamento donde trabaja Willis. En 1915 el ingeniero decidió, junto con otros seis jóvenes colegas de la empresa, fundar su propia compañía: la Carrier Engineering Corporation.

Miembros de la Comisión de comercio japonesa a su llegada al aeropuerto de Newark, en Nueva York  en el año 1937.

Foto: Carrier

A partir de aquel momento, el aire fresco llegó a muchos espacios públicos en Estados Unidos, haciendo la vida de las personas mucho más cómoda. Oficinas, hospitales, aeropuertos y grandes almacenes fueron los espacios donde el "aparato para tratar el aire" se convirtió en esencial e imprescindible durante los calurosos días de verano. En el año 1925, el famoso cine Rivoli de Nueva York también instalaría el aparato de aire acondicionado inventado por Carrier, e invitaba a sus clientes a vivir la experiencia de ver una película confortablemente sentados y en un ambiente fresco y agradable. Los neoyorquinos, entusiasmados por la novedad, hacían cola ante el cine, sin importarles el rato que debieran espera, ni tampoco la película que se proyectase, siempre y cuando pudieran disfrutar de la magia del aire acondicionado por un rato.

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La "democratización" del aire acondicionado

En 1926, Willis Carrier presentó el primer acondicionador de aire doméstico, una idea revolucionaria que posibilitaría que no solo las grandes empresas o las oficinas disfrutasen de temperaturas más frescas, sino que cualquier tienda pequeña o una familia en su propio hogar pudieran hacerlo (de hecho, Carrier vendió la primera "unidad de aire acondicionado" en 1928, un pequeño aparato diseñado para tiendas minoristas a la firma Merchants Refrigerating Company para controlar el aire en su sala de almacenamiento de huevos). Pero la caída de Wall Street en 1929 y la Gran Depresión ralentizaron el uso residencial y comercial del aire acondicionado. La empresa de Carrier también tuvo que hacer frente a dificultades económicas en esa época. En 1930 se fusionó con Brunswick-Kroeschell Company y York Heating & Ventilating Corporation para formar una nueva compañía: Carrier Corporation. Durante los años siguientes, la empresa logró expandirse por todo el país, pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939 volvió a crear dificultades a la difusión del aire acondicionado, algo que no llegaría hasta la década de 1950, con el boom económico de la posguerra. A partir de entonces, el desarrollo y la expansión del aire acondicionado por todo el planeta serían imparables.

Willis H.Carrier visitando Onondaga Pottery Company en Syracuse, Nueva York, en el año 1950 para inspeccionar su primera centrífugadora, terminada en 1922.

Foto: Carrier

Disfrutando de un aparato de aire acondicionado en un hogar norteamericano en el año 1956.

Foto: Cordon Press

En 1926, Willis Carrier presentó el primer acondicionador de aire doméstico, una idea revolucionaria que posibilitaría que no solo las grandes empresas o las oficinas disfrutasen de temperaturas más frescas.

El sábado 7 de octubre de 1950, Willis Carrier fallecía de manera repentina mientras paseaba por las calles de Nueva York. Pero su legado había llegado para quedarse. Su invento fue considerado de tal trascendencia que le valdría el ingreso en el Salón de la Fama de los Inventores, y en 1998 la revista Time lo nombró unos de los cien personajes más influyentes del siglo XX. En la actualidad, la empresa fundada por Willis Carrier, cuenta con 51 fábricas y 39 centros de investigación y diseño en todo el mundo, da empleo a más de 53.000 personas y tiene clientes en más de 180 países. Y, como no podía ser de otro modo y en vista de la innegable emergencia climática, la empresa ha tenido que adaptarse a las nuevas necesidades del mercado y del planeta, y ha manifestado su compromiso con la conservación del medioambiente y la salud de las personas.