El ataque de los comandos

William Millin: un gaitero en el desembarco de Normandía

El 6 de junio uno de 1944 un joven escocés de apenas 21 años desembarcó en la Francia ocupada por los alemanes tocando la gaita mientras a su alrededor los comandos británicos bajaban de los botes de desembarco: había empezado la batalla de Normandía.

William Millin toca en un campo del sur de Inglaterra en los días previos al desembarco.

Foto: Wikimedia Commons

Los orígenes de esta curiosa historia los hemos de buscar en 1940, cuando Simon Fraser, 15º Lord Lovat convenció a Churchill de que creara una nueva unidad de soldados excepcionales para luchar contra las fuerzas del eje. Tras obtener fondos del Primer Ministro el noble escocés creó un campo de entrenamiento en el castillo de Achnacarry en las Highlands, y empezó a entrenar a un cuerpo de élite formado exclusivamente por voluntarios.

Meses de duros ejercicios físicos y estudio moldearon a estos primeros reclutas en una dura fuerza de choque que se distinguió en operaciones como Lofoten, Hardelot y el desastroso desembarco de Dieppe, donde consiguieron cumplir con su misión de destruir una batería de artillería pese a la debacle generalizada.

Una gaita en los comandos

Lovat era conocido por su excentricidad, y animado por estos éxitos decidió darle a su unidad un toque escocés con el añadido de un gaitero que los animara en combate, algo prohibido por las regulaciones del ejército, que consideraban que los músicos solo distraían a los soldados y revelaban su posición al enemigo.

Lovat y sus comandos en 1942.

Foto: Cordon Press

Su elección para tan importante puesto fue William Millin, un chico de apenas 21 años nacido en Glasgow que formaba parte de la última remesa de reclutas llegada a Achnacarry. El jefe del clan Fraser lo convenció para que tomara la gaita y entrara a formar parte de su cuartel general, enviándolo al castillo de Edimburgo para que acabara de pulir sus habilidades musicales en un cursillo de tres meses.

En primavera de 1942 el joven gaitero volvió a reunirse a los boinas verdes en el sur de Inglaterra, donde una fuerza sin precedentes se estaba concentrando para desembarcar en Francia y abrir un segundo frente contra la Alemania nazi. Lovat acababa de ser ascendido a general de una brigada entera de comandos, y recibió el encargo de tomar una sección de Sword, una de las dos playas de Normandía que debían ser capturadas por los británicos.

Desembarco en Sword

Los comandos embarcaron el 5 de junio en Plymouth, y Millin aprovechó la ocasión para lucirse un poco. En medio de los cientos de transportes agolpados en la bahía el gaitero se subió a la proa de su lancha y empezó a tocar. Uno de los miembros de la tripulación le conectó a la megafonía y las notas de The Road to the Isles llegaron hasta los miles de hombres que aguardaban en las naves, los cuales le empezaron a vitorearle lanzando sus cascos y gorras al aire mientras Lovat saludaba.

La flota aliada se concentra en la isla de Wight antes de partir hacia Francia.

Foto: Wikimedia Commons

Otro tipo de música les esperaba al día siguiente cuando llegaron a la playa. Según Lovat las fortificaciones alemanas eran “un ingenioso sistema de defensas entrelazadas equipadas con todo tipo de armas, desde obstáculos subacuáticos y artefactos incendiarios hasta alambre de espino y campos minados”, a los que se les añadían los búnkeres y casamatas a prueba de bombas que cubrían todo el Muro Atlántico.

Un soldado alemán posa con su MG34 junto a un búnker del Muro Atlántico en una foto del ministerio de propaganda nazi.

Foto: Cordon Press

El desembarco se inició con un terrible bombardeo de las posiciones enemigas por parte de la marina y la aviación, que sin embargo no logró destruir a los alemanes, fuertemente atrincherados en refugios subterráneos y fortificaciones de hormigón.

EL HMS Warspite abre fuego contra las playas con las primeras luces del 6 de junio.

Foto: Wikimedia Commons

Llegada la hora de la infantería, Millin embarcó en el mismo bote que Fraser, quien fiel a su peculiar manera de hacer las cosas había acudido al combate empuñando su rifle winchester preferido y vestido con un jersey blanco de lana en vez del uniforme reglamentario.

Cuando cayó la rampa de desembarco Lovat fue de los primeros en bajar seguido por su gaitero, quien había recibido órdenes de ignorar las regulaciones militares sobre no tocar que según Fraser eran “un decreto inglés que no se nos aplicaba a los escoceses”.

La música de la muerte

Los primeros momentos en Normandía fueron algo que Millin nunca olvidaría: bajo el intenso fuego alemán vio como el hombre que le precedía era abatido: “una pieza de metralla o una bala le había impactado en la cara y se hundió inmediatamente”. Sin pensárselo dos veces el gaitero saltó tras él “mi kilt flotaba en la superficie, el contacto con el agua helada me quitó de golpe el mareo y me sentí fenomenal […] empecé a hacer sonar la gaita mientras braceaba a través de las olas tocando Highland Laddie”.

Millin (en el primer plano) se dirige hacia la rampa de desembarco, frente a él se puede ver a Lovat en el agua a la derecha de la columna de comandos.

Foto: Cordon Press

Una vez en la playa los comandos se parapetaron tras los tanques de la primera oleada, específicamente diseñados para abrir un camino a través de los campos de minas y el alambre de espino. William le preguntó a Lovat que melodía quería que tocase, y este le pidió Road to the Isles, Millin le preguntó si quería que tocase a lo largo de la playa, a lo que su superior respondió “eso estaría bien, sí, paséate por la playa”.

Así en un momento irreal de heroísmo Millin se puso su gaita al hombro y empezó a caminar por la orilla bajo los disparos de las ametralladoras alemanas, mientras veía “cuerpos flotando en el mar con el vaivén de las olas” y a los vivos cavar trincheras en medio de la playa. Al oír su gaita algunos “pararon y se giraron lanzando hurras y agitando los brazos”. Sin embargo a alguien no le hizo gracia que se expusiera de esa manera e intentó agarrarlo para ponerle a cubierto llamándole “loco bastardo”.

Soldados británicos entre los tanques durante el ataque a la playa Sword.

Foto: Wikimedia Commons

Habiendo esquivado de forma milagrosa el fuego alemán Millin se volvió a unir al grupo de Lord Lovat, a quien encontró echado en la arena mientras intentaba avanzar. En el camino se cruzó con grupos de heridos a cubierto en la base de las dunas, quiénes “habían sido alcanzados por una ráfaga de ametralladora o un obús de mortero mientras intentaban salir de la playa”. Otros no tuvieron tanta suerte, y Millin fue testigo de como un carro británico pasaba sin querer por encima de algunos de ellos hasta convertirlos en una masa sanguinolenta.

Los comandos salen de la playa para continuar con la ofensiva hacia el interior de Normandía.

Foto: Wikimedia Commons

Al cabo de una hora de intensos combates los británicos consiguieron tomar Sword con unas bajas sorprendentemente leves de 630 muertos y heridos. Ahora les quedaba una larga marcha hacia el interior para enlazar con los paracaidistas que habían caído durante la noche sobre las posiciones de retaguardia a fin de asegurar los puentes y las carreteras.

A través del Bocage

Los comandos de Lovat tenían la misión de ayudar en la conquista del pueblo de Ouistream para luego reforzar la guarnición del puente “Pegasus”, que cruzaba el Orne en Bénouville. El primero fue tomado sin contratiempo por la masa de la fuerza de desembarco británica, de la que luego los comandos se separaron para dirigirse hacia su segundo objetivo.

La infantería avanza tras un carro blindado Sherman durante la lucha por Ouistream.

Foto: Wikimedia Commons

El avance por la campiña normanda no fue un camino de rosas para Millin, quien tocando a la cabeza de la unidad era un objetivo muy tentador para el enemigo. El joven escocés tuvo un roce con la muerte antes de llegar al pueblo “vi a un francotirador a cien yardas de mí y luego el fogonazo de su arma. Me giré, mientras dejaba de tocar y todos estaban cuerpo a tierra con sus caras pegadas a la carretera”, mientras el alemán recargaba sus camaradas se lanzaron por él y Fraser lo derribó de un disparo.

Ya en Bénouville la música de de su gaita acompañó a los comandos mientras se abrían paso por el pueblo asegurándolo casa a casa. Al fin divisaron el puente, en cuya orilla opuesta resistían a duras penas los paracaidistas. Viendo lo precario de la situación Lovat instruyó a Millin que tocara Blue Bonnets over the Border para avisarles de que llegaban.

Los paracaidistas habían tomado el puente por sorpresa tras salir de estos planeadores la noche anterior.

Foto: Wikimedia Commons

Pegasus era de hecho dos puentes separados por una estrecha franja de tierra, el primero había sido construido con paredes de acero, pero el segundo solo contaba con una barandilla que no proporcionaban demasiada cobertura del fuego alemán.

La toma del puente intacto permitió a los británicos continuar con la ofensiva al día siguiente y liberar Caen el 20 de julio.

Foto: Wikimedia Commons

Valiente hasta el fin Lovat le ordenó a Millin que “sin importar lo que pasara siguiera hacia adelante sin detenerse” al tiempo que él y los comandos cruzaban hacia la otra orilla. Otra vez expuesto al fuego, el gaitero continuó avanzando “ a lo largo del puente más largo por el que haya tocado nunca”. De manera increíble no le alcanzó ninguna bala ni trozo de metralla, y llegó sano y salvo hasta las líneas de los paracaidistas.

Millin siguió visitando la playa tras la guerra en ocasión de aniversarios y conmemoraciones del desembarco, aquí se le ve tocando su gaita en 1999.

Foto: Wikimedia Commons

Lovat y sus hombres fueron recibidos de forma entusiasta por los defensores y el siempre correcto lord escocés se disculpó por haber llegado “dos minutos y medio tarde”. En realidad llegaba con una hora de retraso, pero había asegurado el cruce del Orne y el paso hacia el interior de Francia. Al finalizar el día el desembarco era todo un éxito, y Millin con su música había jugado un papel tan decisivo como curioso en la abertura del ansiado segundo frente.

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