Virginia Apgar, la anestesióloga que ha salvado la vida a millones de neonatos

El test de Apgar no solo debe su nombre a una serie de parámetros que miden la salud de los recién nacidos, sino que su verdadero origen se debe a la gran mujer que decidió luchar por la vida de todos y cada uno de sus pacientes para salvar sus vidas. Virginia Apgar convirtió trabajo en pasión y, gracias a ello, marcó la diferencia para sus generaciones futuras.

"Nadie, absolutamente nadie, va a dejar de respirar bajo mi cuidado" decía Apgar.

Foto: CC.

Muchas personas creen que APGAR es el acrónimo de Apariencia, Pulso, Gesticulación, Actividad y Respiración (Appearance, Pulse, Grimace, Activity, Respiration, en inglés), los cinco parámetros que se evalúan en los recién nacidos para determinar su estado de salud inmediatamente después del parto.

Esto es cierto, pero solo en parte. En realidad se trata de un retroacrónimo, un tipo de acrónimo en el que, a partir de una palabra –en este caso, Apgar–, se inventa un acrónimo que concuerde con ella.

¿Apgar? ¿Qué es Apgar? Es el apellido de la persona que propuso el famoso test del mismo nombre. Este procedimiento es utilizado para evaluar la salud de los neonatos y ha conseguido reducir notablemente la mortalidad infantil en todo el mundo.

Virginia Apgar asistiendo a un neonato.

Virginia Apgar asistiendo a un neonato.

Foto: National Insitute of Health

Virginia Apgar, médica anestesióloga

Su protagonista nació el 7 de junio de 1909 en Westfield, Nueva Jersey (Estados Unidos). Era la pequeña de los tres hijos de Helen May (Clarke) y Charles Emory Apgar. Su hermano mayor falleció prematuramente a causa de una tuberculosis y su segundo hermano padecía una enfermedad crónica. Es probable que estas adversidades fueran el motivo de que, al graduarse en el Westfield High School en 1925, Virginia tuviera claro que quería ser médica.

Comenzó a estudiar en el Mount Holyoke College y se graduó en 1929 en la especialidad de zoología, con minors en fisiología y química. De allí pasó a cursar la carrera de Medicina en la Universidad de Columbia, donde se graduó en 1933 en el College of Physicians and Surgeons.

Virginia quería ser cirujana. Obtuvo un contrato en prácticas en Columbia, pero Allen Whipple, el responsable de cirugía del Columbia-Presbyterian Medical Center, le aconsejó que no continuara su carrera como cirujana. Argumentó que otras mujeres a las que había supervisado no habían tenido éxito en esa disciplina.

Sin embargo, la animó a dedicarse a la anestesiología –especialidad practicada en aquel momento fundamentalmente por enfermeras–, una disciplina esencial en cirugía que Whipple pensaba que necesitaba mejoras e innovaciones. El cirujano opinaba que Virginia tenía la «energía, inteligencia y habilidad necesarias para realizar significativas aportaciones en esta área».

Virginia le hizo caso y se formó durante seis meses con el anestesiólogo Ralph Waters en la Universidad de Wisconsin-Madison. Era la única mujer en un grupo de otros quince estudiantes. Completó su formación durante otros seis meses con el anestesiólogo Ernest Rovenstine en el Hospital Bellevue de Nueva York.

Virginia Apgar fue una de las primeras personas en avisar sobre los problemas relacionados con los nacimientos prematuros.

Virginia Apgar fue una de las primeras personas en avisar sobre los problemas relacionados con los nacimientos prematuros.

Foto: CC.

En 1938 regresó al Columbia, a la recién formada división de anestesiología, como asistente. A pesar de su título, tuvo problemas para contratar médicos que trabajaran para ella: los cirujanos no consideraban a los anestesiólogos como iguales y el salario era bajo. Apgar fue la única persona contratada en esa división hasta mediados de la década de 1940.

En 1946, la anestesiología comenzó a convertirse en una especialidad médica reconocida, con una formación en residencia necesaria. En 1949, cuando la investigación en anestesiología dio lugar a la formación de un departamento académico, Virginia Apgar se convirtió en la primera mujer profesora titular del centro.

Comenzó a estudiar los efectos en los recién nacidos de la anestesia administrada a las mujeres durante el parto. Su mayor contribución al campo fue el famoso test de Apgar.

El test de Apgar

Entre los años 1930 y 1950, la tasa de mortalidad infantil en los Estados Unidos disminuyó notablemente. Sin embargo, los fallecimientos hasta las primeras 24 horas tras el nacimiento se mantenían constantes. Apgar comenzó a investigar para intentar frenar esta tendencia. Como anestesióloga obstétrica, pudo analizar miles de partos y detectar esas particularidades que podían ayudar a reconocer a los bebés sanos de los que tenían problemas.

Tras presentar sus investigaciones en un congreso, en 1953 publicó el artículo en el que proponía su test para evaluar la salud de los bebés recién nacidos. A pesar de la resistencia inicial, su prueba fue finalmente aceptada y se sigue utilizando en todo el mundo.

Fragmento del artículo en el que proponía su nuevo método para evaluar la salud de los recién nacidos.

Fragmento del artículo en el que proponía su nuevo método para evaluar la salud de los recién nacidos.

Foto: Current Researches in Anesthesia & Analgesia.

El test de Apgar asigna a cada recién nacido una puntuación de 2, 1 o 0 –el 2 significa que el neonato está en condiciones óptimas y 0 que está en peligro– en cada una de las siguientes cinco categorías:

  1. Color: normal / manos y pies azulados / cuerpo pálido o azulado (Apariencia).
  2. Frecuencia cardíaca: superior a 100 latidos por minuto / inferior a 100 latidos o sin pulso (Pulso).
  3. Reflejos: reacciona ante la estimulación / pequeños gestos faciales / sin respuesta (Gesticulación).
  4. Tono muscular: actividad espontánea / brazos y piernas flexionadas con escasos movimientos / sin movimientos (Actividad).
  5. Ritmo y esfuerzo respiratorio: normales y llanto adecuado / lento y llanto débil / ausente (Respiración).

La suma de las puntuaciones de cada recién nacido oscila por lo tanto entre 0 y 10, siendo 10 la calificación óptima. El test se realiza un minuto después del nacimiento y, en caso necesario, cinco minutos más tarde.

Apgar relacionaba la puntuación con el desarrollo del parto y los anestésicos aplicados a la madre. Por ejemplo, y con ayuda de colegas con conocimientos en cardiología, mostró que la anestesia con ciclopropano podía provocar bajos niveles de oxígeno en los bebés y, por lo tanto, una baja puntuación en el test.

Otras aportaciones

En 1959, Apgar dejó Columbia y consiguió una Maestría en Salud Pública en la Escuela de Higiene y Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins. Desde ese año, y hasta su fallecimiento, trabajó para la Fundación March of Dimes como directora de una nueva división de malformaciones congénitas y, más adelante, como vicepresidenta de asuntos médicos.

Virginia fue una de las primeras personas en avisar sobre los problemas relacionados con los nacimientos prematuros, ya que la edad gestacional –la edad de un embrión o un recién nacido desde el primer día de la última menstruación– está directamente relacionada con la puntuación del test de Apgar.

Durante la pandemia de rubéola de 1964–65, Apgar se convirtió en una defensora de la vacunación universal para prevenir la transmisión de la rubéola de madre a hijo. Es conveniente recordar que la rubéola puede causar trastornos congénitos graves –como pérdida de visión y ceguera, disminución de la audición, patologías cardíacas, discapacidad cognitiva o parálisis cerebral– si una mujer se infecta durante el embarazo.

Ante audiencias diversas, Apgar dedicó gran parte de su tiempo a impartir conferencias sobre la importancia de la detección precoz de los defectos congénitos y la necesidad de investigar en esta área. Virginia Apgar también fue profesora de pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cornell. Allí enseñó teratología, siendo la primera en ocupar un puesto de profesora en esa nueva área de pediatría.

Apgar publicó más de sesenta artículos científicos, numerosos escritos breves para periódicos y revistas, y el libro Is My Baby All Right?. Fue ampliamente reconocida por todas sus aportaciones. Falleció el 7 de agosto de 1974.

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*Marta Macho-Stadler es profesora de Matemáticas en la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU) y doctora en Matemáticas por la Universidad Claude Bernard de Lyon (Francia). Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

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