Vida cotidiana en la antigüedad

Los vigiles, el cuerpo de bomberos de la antigua Roma

Desde tiempos inmemoriales, los incendios han sido un grave problema en las grandes ciudades del mundo antiguo. A principios de nuestra era, el emperador Augusto creó en Roma el cuerpo de vigiles, la primera brigada estatal dedicada a la extinción de incendios, con más de tres mil efectivos organizados según una estructura militar, un cuerpo que también participó en labores de seguridad en una ciudad tan peligrosa como era la antigua Roma.

Incendio de Roma. Robert, Hubert. 1785. Museo de Bellas Artes André Malraux, Le Havre.

Incendio de Roma. Robert, Hubert. 1785. Museo de Bellas Artes André Malraux, Le Havre. Foto: PD

Roma, una ciudad fascinante, capital del imperio más poderoso que el mundo jamás haya conocido, era un hervidero de gente que atestaba sus numerosos mercados y que recorría a todas horas sus sinuosas (y peligrosas) callejuelas. Roma estaba repleta de cauponas (las antiguas tabernas y restaurantes), de termas o baños públicos (donde se daban cita los romanos de cualquier clase social) y de insulae, esos edificios construidos con ladrillo barato y soportados por vigas de madera donde se hacinaban gentes de todo tipo, desde los más pudientes, que ocupaban los bajos de los edificios, a los más pobres, que malvivían en los áticos. Porque, en efecto, a diferencia de en la actualidad, vivir en el piso más alto de una insula no suponía ser el más rico del barrio, sino todo lo contrario. Hasta las alturas no llegaba el agua corriente y no contaban con cocina; en todo caso, se empleaba una especie de hornillo para calentar los alimentos, con el consiguiente riesgo para la seguridad. Pero no sólo en los áticos existía el peligro de incendios. En los pisos de las plantas bajas, con muchas más comodidades y que sí disponían de cocinas, se almacenaba todo tipo de materiales que podían ser inflamables.

Las devastadoras llamas

De hecho, Roma fue en innumerables ocasiones pasto de las llamas. La Urbe sufrió pavorosos incendios a lo largo de toda su historia. Uno de los más famosos es el que se produjo en el año 64 d.C., que acabó con gran parte de los barrios de la ciudad y cuya autoría muchos han atribuido al emperador Nerón, que aprovechó gran parte de los solares devastados para construir un gran palacio, la Domus Aurea. Aunque no sería este el único gran incendio que destruyó Roma. Entre los muchos que se desataron tanto en época republicana como imperial destaca también por su devastación el que se produjo en el año 80 d.C., bajo el mandato de Tito, y que arrasó con gran parte de los edificios más importantes de la ciudad. En este caso no se buscó un culpable para el desastre, ya que los romanos creyeron, como dijo el historiador Dion Casio, que "seguramente el desastre no fue de origen humano, sino divino".

Sala cirucular de la Domus Aurea, el palacio de Nerón en Roma.

Foto: iStock

Uno de los incendios más famosos es el que se produjo en el año 64 d.C., que acabó con gran parte de los barrios de la ciudad y cuya autoría muchos han atribuido al emperador Nerón.

Como hemos visto, los incendios no eran nada infrecuentes en la antigua Roma, sino todo lo contrario, y a los ediles, funcionarios elegidos para gobernar tan solo un año, les era muy complicado establecer un sistema eficaz capaz de combatir esa constante amenaza. Aunque, de hecho, Roma sí disponía de una especie de cuerpo de bomberos que actuaba en estos casos. Pero ¿cómo lo hacían para sofocar los terribles incendios que periódicamente asolaban la Urbe? ¿Cuál fue el origen de los vigiles, el cuerpo de bomberos de la antigua Roma?

El precio de la destrucción

Se ha dicho que la responsabilidad de crear el primer cuerpo de vigiles recayó en Marco Licinio Craso, un general y político considerado el hombre más rico de Roma. Craso, viendo en los frecuentes fuegos una gran oportunidad de negocio, decidió crear una brigada privada de quinientos hombres para apagar los recurrentes incendios que azotaban demasiado a menudo la ciudad. Esta brigada estaba preparada para actuar en cualquier momento, pero, antes de hacerlo, el responsable negociaba en nombre de Craso el precio de compra del edificio en llamas con el propietario del inmueble (normalmente irrisorio), y solo cuando este accedía a vender la propiedad la brigada actuaba para apagaba las llamas, que muy posiblemente ya lo habían calcinado todo. Como el gran especulador que era, a Craso también se lo acusó de ser el causante de un gran número de incendios para beneficiarse después, tal como cuenta el historiador Plutarco.

Busto de Marco Licinio Craso. Gliptoteca de Copenhague.

Foto: CC

El jefe de la brigada negociaba con el dueño del inmueble en llamas, y solo cuando este accedía a vender la propiedad a un precio irrisorio la brigada actuaba para apagaba las llamas, que muy posiblemente ya lo habían calcinado todo.

Conocidos como triumviri nocturni, estos funcionarios eran los encargados de apagar los múltiples incendios que se producían en una ciudad tan grande como Roma, además de ser los responsables de ocuparse también de la seguridad en las calles, a modo de la actual policía, sobre todo por las noches. En el siglo I a.C., el senador Marco Egnacio Rufo creó un cuerpo de vigiles para luchar contra el fuego formado por esclavos de su propiedad, lo que proporcionó a la ciudadanía una brigada gratuita que intervenía cada vez que se producía un siniestro. A causa de ello Egnació obtuvo una gran popularidad entre las masas, lo que le valdría ser elegido pretor al año siguiente y, así, seguir escalando posiciones en el cursus honorum, la carrera política romana, y, de este modo, ascender aún más en el escalafón social.

Plano que muestra la distribución de las cohortes de vigiles en Roma.

Foto: CC

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Bomberos profesionales

Pero sería a partir de un grave incendio cuando en el año 6 d.C. el propio emperador Augusto se hizo cargo de la organización del servicio de vigiles de Roma, creando una brigada compuesta por más de tres mil hombres, todos ellos bajo un mando militar. Los vigiles se dividieron en siete cohortes, de 480 hombres cada una, al mando de siete tribunos, que fueron repartidas por distintas zonas de la ciudad. Con el tiempo, los collegi o gremios de Roma tomaron el control de estas brigadas de vigiles y se organizaron para darse apoyo mutuo en caso de necesidad. Los miembros de aquellas cohortes estaban especializados en diversas tareas relacionadas con la extinción de incendios: los aquarii se encargaban de manejar las bombas de agua, los siphonarii se ocupaban de empapar mantas con vinagre para ahogar las llamas y los centones iluminaban la zona siniestrada con antorchas para facilitar el trabajo. Asimismo, los vigiles disponían de diversos artefactos para facilitar su labor: escaleras (scalae), cubos hechos de soga trenzada (amae), garfios (porticae), hachas (dolobrae), esteras (formionae), escobas (securae) y esponjas (spongiae).

Busto del emperador Augusto. Gliptoteca de Múnich.

Foto: PD

Fue el emperador Augusto quien se hizo cargo de la organización del servicio de vigiles creando una brigada de más de tres mil hombres, todos ellos bajo un mando militar.

Gracias a la importante red de fuentes de la que disponía Roma, los siphonarii podían transportar una bomba de agua con la que los aquarii apagaban el incendio formando una cadena, contando además con la ayuda de la población. Al mismo tiempo se procedía a la evacuación de los vecinos de los edificios colindantes ante la posibilidad de que la estructura se viera afectada y se viniera abajo, algo que ocurría muy a menudo. Su lema era Ubi dolor ibi vigiles, "allí donde hay dolor están los vigilantes", una divisa que podía leerse en cada uno de los cuarteles que se habían desplegado por la ciudad, y cuyo mando había recaído desde el año 22 d.C. en los praefectus vigilum. Escritores como Juvenal, Séneca o Plinio el Joven relatan en sus escritos los frecuentes problemas que tenía la ciudad con el fuego y como aquellas brigadas se paseaban por las calles de Roma buscando cualquier indicio que les hiciese sospechar sobre la existencia de un posible incendio.

Cuartel de la séptima cohorte de los vigiles en el Trastevere, en Roma.

Foto: CC

Ya en el siglo II, bajo el gobierno del emperador Trajano, los vigiles contaban con un responsable con facultades para perseguir a los presuntos culpables e iniciar procesos judiciales contra cualquiera que fuera sospechoso de haber provocado un incendio en la ciudad, y dado el importante número de efectivos con los que llegaron a contar estas brigadas era muy habitual asimismo verlos realizando incluso tareas antidisturbios y policiales. Posteriormente, el emperador Septimio Severo integraría el cuerpo de vigiles en el ejército, y algunos de sus miembros fueron eximidos de pagar impuestos como agradecimiento a los servicios prestados durante sus actuaciones. Hoy en día, y como curiosidad, el actual cuerpo de bomberos en Italia es conocido como los vigili del fuoco. Un homenaje a aquellos pioneros "bomberos" romanos que, como los actuales, se jugaban la vida para salvar las de los demás.

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