Grandes inventos

El vibrador, un tratamiento para la histeria

Una supuesta patología femenina llevó a la creación de un aparato eléctrico, el vibrador, para facilitar que los médicos la tratasen mediante masajes.

01 Invento vibrador mujer femenino. Foto. Album

Demostración del uso médico de un vibrador. Grabado de 1891.

Foto: Album

Convertido en la segunda mitad del siglo XX en un instrumento de mero placer, el vibrador se inventó un siglo antes por una razón fundamental: mecanizar la antigua práctica del masaje pélvico, hasta entonces hecho manualmente y que trataba de aliviar los sufrimientos de mujeres afectadas por la histeria, llevándolas al orgasmo.

Cronología

De los médicos a las mujeres

1869-1872

El médico George Taylor patenta varios masajeadores pélvicos con fines terapéuticos.

1883

Joseph Mortimer Granville patenta el primer vibrador portátil, que se convierte en un éxito comercial.

1952

La Asociación Americana de Psiquiatría elimina la histeria de la lista de enfermedades mentales.

1968

En plena revolución sexual femenina, aparece el vibrador inalámbrico, presentado como juguete sexual.

Joseph Mortimer Granville, el médico que creó el primer vibrador eléctrico.

Joseph Mortimer Granville, el médico que creó el primer vibrador eléctrico.

Foto: Alamy / ACI

Desde la Antigüedad se creía que esta patología (del latín tardío histerecus, «útero») dependía de un mal funcionamiento de la sexualidad femenina: un útero sofocado por una acumulación de semen no usado debía ser descongestionado con un orgasmo terapéutico. Se han necesitado más de dos mil años para una consideración adecuada de la histeria, que ha pasado de patología de naturaleza sexual femenina a una condición psicológica que puede darse en personas de ambos sexos, trastornadas «hasta el límite de la irracionalidad» y sujetas a emociones incontroladas o excesivas.

Así, todavía a mediados del siglo XIX el masaje pélvico manual, que exigía más o menos una hora de tiempo al paciente, era considerado por los médicos una actividad fatigosa, y ya desde finales del siglo XVIII, en Inglaterra, se intentó facilitarlo por medio de la hidroterapia. Muchas instalaciones termales, como las de Bath, disponían de chorros de agua estimulantes en departamentos femeninos especiales.

Restablecer el equilibrio

El paso siguiente fue la «ducha pélvica francesa», basada en un chorro de agua a gran presión, que estimulaba esta zona del cuerpo femenino: «La primera impresión […] es dolorosa, pero pronto el efecto de la presión (la percusión), la reacción del organismo al frío, que enrojece la piel, y el restablecimiento del equilibrio provocan en muchas personas una sensación tan agradable que es necesario tomar precauciones para que todo ello no supere el tiempo prescrito».

Fue el médico estadounidense George Taylor quien, entre 1869 y 1872, patentó una serie de aparatos que podían, según decía, curar la llamada «hiperemia pélvica», es decir, una acumulación de sangre en la región pélvica. El más eficaz de los artilugios que creó fue sin duda el Manipulator: un grueso instrumento cuya vibración se podía comparar, según el propio inventor, «a los golpes de un martillo infinitesimal sometido a una acción continua y muy rápida».

Un médico practica un masaje pélvico para tratar la histeria. Grabado del siglo XIX.

Un médico practica un masaje pélvico para tratar la histeria. Grabado del siglo XIX.

Foto: Scala, Firenze

El aparato se aplicaba por debajo de una tabla guateada y dotada con una abertura que correspondería a la parte inferior del abdomen de la paciente. Por debajo de este agujero, una esfera vibrante alimentada por un motor de vapor masajeaba la zona pélvica. Pero el Manipulator era muy abultado, demasiado ruidoso y su coste era elevado, por lo que únicamente se utilizó en los centros de masaje y en estudios médicos, y su comercialización fue limitada.

Quien conquistó el mercado fue el médico británico Joseph Mortimer Granville, que inventó y patentó un instrumento conectado a una batería y dotado de puntas de goma intercambiables de distintas formas, que se conoció como percusser («percusionista») y fue comercializado en Europa y Estados Unidos por la Weiss Company. A finales del siglo XIX, en Estados Unidos, el vibrador costaba cinco dólares (tres más que una visita al médico), y acabó siendo tan conocido que figuró en los catálogos de ventas por correspondencia.

En realidad, Mortimer, que había proyectado el artilugio con finalidades terapéuticas sobre los músculos voluntarios masculinos, era contrario a que se utilizase con las histéricas. En su ensayo Vibración nerviosa y excitación (1883), concretó: «Yo nunca he sometido a una paciente al tratamiento percusor […]. He evitado, y continuaré evitando, curar a las mujeres por medio de la percusión simplemente porque no quiero ser embaucado ni quiero contribuir a confundir a otros en relación a las rarezas debidas al estado histérico y a los fenómenos ligados a las molestias oportunistas que lo caracterizan».

Star electric vibrado.

Star electric vibrado.

Foto: Alamy / ACI

Granville había comprendido que convertir en patológica una sintomatología coherente con el funcionamiento de la sexualidad femenina era una distorsión y un gran negocio para los médicos. La confirmación llegó en 1952, cuando la Asociación Americana de Psiquiatría excluyó la histeria de las enfermedades mentales. Desde ese momento, el vibrador se afirmaría como instrumento de puro placer.

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Este artículo pertenece al número 194 de la revista Historia National Geographic.

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