Una diosa humana

Venus de Urbino, El escándalo de la mujer desnuda

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La Venus de Urbino, de Tziano, actualmente expuesta en la Galeria de los Uffizi, Florencia.

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Siempre hay una primera vez. Y la primera vez que alguien se atrevió a pintar una mujer recostada completamente desnuda fue en la década de 1530. Por entonces, Tiziano Vecellio era el pintor más admirado de Europa y decidió retratar así el cuerpo femenino de una noble dama italiana de la época, desafiando todas las reglas del decoro impuestos por siglos de dominio moral de la Iglesia.

La Venus de Urbino es mucho más que una magnífica pintura que ensalza la belleza del cuerpo femenino, también supuso un modelo que a partir de entonces copiaron los más célebres pintores de todas las épocas, como Velázquez, Manet o Goya con sus majas.

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Pintor de reyes y papas

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Pintor de reyes y papas

Tiziano Vecellio era el pintor más admirado y mas cotizado de la época. Desde su taller de Venecia recibió encargos de los personajes más importantes de la época, como el Papa Pablo III, Carlos V, Felipe II de España o Enrique III de Francia. Sobre estas líneas, el célebre retrato ecuestre el emperador en Muhlberg, realizado en 1548, actualmente en el Museo del Prado.

Revolución artística

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Revolución artística

Tiziano fue en muchos aspectos un pionero en la pintura de su época. También en las temáticas de sus obras. Hasta entonces, el desnudo femenino había sido un tema tabú en la pintura medieval. Las representaciones anteriores de un desnudo tan completo son contadas desde que Sandro Botticelli osara iniciar una "revolución" pictórica al mostrar la desnudez completa de una mujer en una pintura que tuvo que "camuflar" como la representación de una diosa pagana en El nacimiento de Venus. En 1508, Giorgione retrató una mujer completamente desnuda dormida en un prado ajena a las miradas lascivas del espectador (arriba). Ningún atributo hace pensar en que se trata de una diosa, tan solo su título, Venus dormida. se da la circunstancia de que a Giorgione le sobrevino la muerte antes de finalizar su obra, por ello tuvo que terminarla su discípulo más aventajado, ni más ni menos que Tiziano.

Inspiración clásica

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Inspiración clásica

Las tres pinturas tienen una fuente de inspiración común, las llamadas Venus púdicas del mundo clásico, esculturas que representan a Afrodita desnuda tapándose sus partes pudientes. El modelo original fue obra del escultor griego Praxíteles en el siglo IV a.C. Sobre estas líneas, la Venus de Médici, una copia romana de la escultura de Praxíteles del siglo I a.C.

La mujer desnuda

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La mujer desnuda

Las similitudes entre las Venus de Tiziano y su maestro son evidentes. Pero la mujer retratada por Tiziano, cuya desnudez apenas se rompe por las joyas que luce (un pendiente de perla, un brazalete y un anillo en la mano que tapa su pubis) no es una diosa. En la primavera de 1538, Guidobaldo ella Rovere, hijo del duque de Urbino, mandó a un emisario a Venecia para comprar a Tiziano la pintura de "la mujer desnuda". No fue hasta tres décadas más tarde que la pintura comenzó a ser conocida como Venus. La bautizó así Giorgio Vasari, el biógrafo de los grandes artistas del Renacimiento, quizás porque no podía concebir que una mujer de alta cuna (como parece ser la modelo) se hubiera dejado ver de esta guisa por alguien que no fuera su marido.

Símbolo del amor y la pasión

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Símbolo del amor y la pasión

Vasari contempló la Venus de Urbino y la de Médici juntas en la Tribuna de los Uffizi. Vittoria della Rovere había llevado la pintura de la familia entre su dote al casarse con Ferdinando II de Médici, Gran Duque de Toscana. Esta ubicación buscaba seguramente la comparación entre los dos desnudos. Tiziano divinizó a su Venus a través de los detalles. En la mano derecha de su modelo, pintó un ramo de rosas rojas, símbolo de la diosa Venus, pero también de la pasión y la constancia en el amor.

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Escena mundana

Tiziano retrató una escena muy mundana, la de una joven novia a punto de vestirse para el rito conocido con el nombre de "el tocador de manos", una ceremonia durante la cual las jóvenes prometidas tocaban la mano del novio para expresar su consentimiento a la boda. El pintor retrató a las sirvientas de esta aristocrática dama rebuscando en los arcones de la muchacha (en aquella época no existían los armarios ni los colgadores) el mejor vestido para la ocasión.

Fidelidad

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Fidelidad

En el alféizar de la ventana, una maceta con un mirto, arbusto cuya imagen está íntimamente ligada a la constancia en el matrimonio. Las flores de esta planta decoran, por ejemplo, los ramos de las princesas inglesas el día de su boda desde que a mediados del siglo XIX, Victoria, hija de la reina del mismo nombre, iniciara esta tradición.

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Un nuevo tiempo artístico

En el Renacimiento los cuadros adquieren una profundidad natural. Las personas y los objetos ya no están apelotonados unos sobre otros. La lujosa decoración de la estancia permitió a Tiziano demostrar su dominio de la perspectiva, que puede seguirse gracias a las baldosas del suelo, que encaminan la visión hacia el punto de fuga de la ventana.

Una belleza de carne y hueso

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Una belleza de carne y hueso

El sujeto principal de la obra de Tiziano es la mujer divinizada o la diosa humanizada. Es una mujer joven cuya mirada interpela directamente al espectador. El pintor puso de manifiesto las nuevas modas sobre el cuerpo femenino que se imponían en el Renacimiento, como una frente estrecha. Durante la Edad Media, las mujeres consideraban una frente ancha como símbolo de belleza, por ello llegaban a depilarse el cabello de la frente para hacerla más grande. La cabellera de la mujer de Tiziano nace en un lugar natural de su rostro y su color es más bien castaño, como el de la mayoría de italianas de la época, a diferencia de los cabellos rubios con los que solía representarse a la diosa, como en el caso de Botticelli. 

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Nuevo canon corporal

Los gustos del Renacimiento también sustituyeron los cuerpos alargados por otros más corpulentos. Los hombros de la Venus de Tiziano son anchos, en cambio, sus pechos son más bien pequeños, acorde con los gustos de la época y el vientre, redondeado, ya no era tan abultado como los vientres góticos, cuyas modelos parecían encintas.

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La dama desconocida

Ello parece indicar que se trata de una muejr de alta alcurnia, aunque sería muy extraño que una dama se hubiera dejado retratar así. El rostro de la joven aparece en otras obras de Tiziano, como La Magdalena Penitente (sobre estas líneas). Se ha especulado con que la joven sería amante de Guidobaldo o del propio artista, que aceptaba posar para él. En cualquier caso, no se ha podido llegar a una conclusión definitiva.

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Una teoría descabellada

En el siglo XIX se llegó a pensar que la modelo podía ser la propia madre de Guidobaldo, Eleonora Gonzaga, justificando un cierto parecido entre el retrato de esta dama que realizó el propio Tiziano en 1538 (sobre estas líneas) con la dama desnuda, y los perritos que aparecen en ambas obras, que son idénticos. Esta posibilidad está completamente descartada en la actualidad. 

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Animal de compañía

Ciertamente los dos perros son idénticos. En el caso de la Venus, el animal podría representar la fidelidad conyugal, como se ha dicho, la obra recrea el momento previo a una ceremonia relacionada con la pedida de mano. Ciertamente no sabemos a quién perteneció el can. Tal vez era la mascota del propio Tiziano o de algún conocido suyo.

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Modelo de grandes pintores

Pero la Venus de Tiziano no solo es una pintura revolucionaria por su temática y por su técnica precursora del barroco en el uso de las luces y sombras y el claroscuro. También fue una gran influencia para grandes maestros posteriores, Como Diego Velázquez que un siglo más tarde pintaría esta púdica Venus para el rey Felipe IV.

Las "venus" goyescas

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Las "venus" goyescas

Pero sin duda, el remake más conocido de la Venus de Tiziano fueron las dos majas que pintó Francisco de Goya en el siglo XVIII para Godoy, una impúdica, la desnuda, y otra más recatada, sobre estas líneas. Todo, la mirada, la postura, identifica las modelos del aragonés con las del veneciano. Tan solo cambia el sentido de la pose, y en el caso de la Maja vestida, la ropa.

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