Imágenes de fertilidad

Venus del Paleolítico

Entre hace 38.000 y 17.000 años se tallaron en toda Europa imágenes de mujeres desnudas. Aunque discutida, la interpretación de esas estatuillas nos remite a la idea de fertilidad

Venus prehistórica 1

Foto: Alamy / ACI

Fue Paul Hurault, marqués de Vibraye, quien dio el nombre de «venus» a las estatuillas femeninas del Paleolítico, al bautizar como Venus Impúdica (o Inmodesta) la figurita de una mujer desnuda que apareció en el yacimiento de Laugerie-Basse hacia 1864 y que mostraba abiertamente su sexo, a diferencia de las «venus púdicas», las diosas desnudas que, en la estatuaria clásica, escondían sus senos y su pubis. Venus era la diosa romana del amor, la belleza y la fertilidad. Pero las venus prehistóricas se alejan de las delicadas proporciones de las antiguas esculturas grecorromanas.

¿Diosas, fetiches, juguetes...?

En el arte paleolítico, las representaciones femeninas son escasas, aunque más numerosas que las masculinas, y las más conocidas y llamativas por su realismo anatómico son las que en el siglo XIX se conocieron como «venus esteatopigias», entre las que destaca la de Willendorf. La esteatopigia designa la acumulación de tejido graso adiposo en la zona de las nalgas y la cintura pélvica, y desde los inicios de la investigación arqueológica esas estatuillas fueron consideradas la representación del ideal femenino, del prototipo de mujer bella de los primeros Homo sapiens.

Pero la historia de su interpretación es compleja, debido a la ausencia de documentos escritos que permitan conocer su finalidad. Entre otras cosas, se ha dicho que estas figuras habrían sido imágenes reales de personas más o menos retratadas, o que eran representaciones de antepasados, dotadas de un carácter conmemorativo ceremonial que serviría de vinculación entre el mundo de los vivos y el de los muertos. También se ha sugerido que eran sacerdotisas con funciones religiosas para actuar como conexión entre el mundo terrenal y el de los espíritus o el de los dioses. O bien chamanes, magas o curanderas con poderes sobrenaturales para invocar a los espíritus, curar, adivinar... o fetiches con poderes sobrenaturales.

Venus prehistórica 2

Venus de Laugerie-Basse. Museo del Hombre, París.

Foto: J. Angulo, M. García Díez

Pero, sin duda, la interpretación que más ha trascendido es la que, en base a comparaciones etnográficas, vincula estas estatuillas a diosas de la fertilidad y la reproducción, como representaciones mitológicas usadas en rituales individuales o colectivos y a las que se les atribuirían cualidades que propiciarían la fecundidad femenina.

Lejos de consideraciones religiosas o místicas, se ha sugerido que serían objetos eróticos vistos desde la óptica masculina o juguetes infantiles, a modo de muñecas. Esta disparidad de interpretaciones podría reflejar que ya en su tiempo no existía una única motivación para fabricar tales estatuillas, aunque puede ser que simplemente nos encontramos ante una discrepancia entre los investigadores. Pero hoy sabemos más y podemos verlas bajo una luz distinta.

De los Pirineos a los Urales

Son, por lo general, pequeñas esculturas de bulto redondo de entre 5 y 25 centímetros de altura, que fueron talladas en piedra o en marfil, o bien modeladas en arcilla. En su mayor parte, se caracterizan por una concepción romboidal de la figura y por la ausencia de rasgos faciales. Conocemos unas doscientas, distribuidas por Europa occidental (principalmente en el área pirenaica y el suroeste de Francia, así como en Italia), por Europa central (sobre todo en torno a las cuencas del Rin y el Danubio) y por Rusia (esencialmente en su mitad meridional y la región siberiana). Su cronología es muy amplia. La más antigua, de al menos 38.000 años, se localizó en el yacimiento alemán de Hohle Fels, mide siete centímetros escasos y presenta rasgos sexuales muy exagerados; las más modernas datan de hace unos 17.000 años.

Cueva de Hohle Fels

La cueva de Hohle Fels, al sur de Alemania.  

Foto: Alamy / ACI

En Europa occidental y central, el mayor número de imágenes se concentra entre hace 30.000 y 24.000 años (las rusas tienden a ser más recientes), y en ellas aparecen algunos rasgos comunes. Son representaciones anónimas, en las que la ausencia de rasgos faciales impide individualizar a los personajes, aunque aparecen algunas excepciones como la Venus de Leonardo da Vinci de Dolní Vestonice (República Checa) o la Dama de la Capucha de Brassempouy (Francia). Es decir, se alejan de un sentido retratista.

Además, son imágenes que se centran en el carácter desnudo de la figura femenina. En casos excepcionales se representan collares, capuchas, cintos o pulseras, pero no una vestimenta que cubra el cuerpo. Ello implica interés por mostrar senos, vientre, pubis y nalgas, partes de la anatomía que en muchos casos se muestran destacadas o «abultadas». Este canon, en general, contrasta con las representaciones siberianas, donde se prima el carácter esbelto y delgado y una mayor presencia de abalorios. Resulta notorio, pues, el interés de los artistas por lograr que los caracteres sexuales primarios (los pechos y el pubis) estén perfectamente definidos.

Dama de la capucha

Dama de la capucha, procedente de Brassempouy (Francia). Fragmento de estatuilla en marfil de 3,5 cm. Museo Nacional de Arqueología, Saint-Germain-en-Laye.

Foto: Erich Lessing / Album

Sexualidad femenina

Hay un elemento destacado que manifiesta, aún más, el interés por la sexualidad femenina y, en especial, por su genitalidad: la representación del introito vaginal o apertura de la vagina. Cuando una mujer está de pie, esta parte de su anatomía, situada en la zona inferior del pubis, queda escondida o apenas se ve. Sin embargo, en bastantes estatuillas paleolíticas el introito adopta la forma de una larga línea, como se ve cuando la mujer está colocada en posición ginecológica. Es decir, estas pequeñas esculturas son representaciones de mujeres a partir de dos posiciones de visualización.

Esto se debe, sin duda, al interés de sus autores por mostrar esta parte de la anatomía y, sobre todo, por conseguir que quien mire las figuras fije su vista en esa región. Desde el punto de vista de un arqueólogo, y partiendo de que el arte prehistórico es un lenguaje de comunicación visual, esta focalización anatómica indica que el mensaje principal que se quiere transmitir está estrechamente vinculado a la región genital.

En un número destacado de casos esta adiposidad se relaciona con un claro reconocimiento de la gravidez o embarazo.

También destaca la adiposidad de muchas de las imágenes. El ginecólogo y antropólogo francés Jean-Pierre Duhard calculó que en torno a un tercio de las estatuillas muestran una adiposidad normal, mientras que en los dos tercios restantes es exagerada. Además, en un número destacado de casos esta adiposidad se relaciona con un claro reconocimiento de la gravidez o embarazo, vinculado al canon de anatomía «abultada» ya señalado.

Una vez presentadas las características compositivas básicas de estas figuras cabe volver sobre su finalidad. En primer lugar, estas imágenes nos indican que existió un patrón recurrente de representación femenina en Europa hace entre 38.000 y 24.000 años, que se hizo más frecuente desde hace 30.000 años. En segundo lugar, se debe señalar que la obesidad es un símbolo de abundancia, que la gravidez es signo de fecundidad y que la gravidez y la adiposidad o las concentraciones grasas son elementos complementarios. Partiendo de estas consideraciones, debemos preguntarnos cuál es la explicación que justificaría la voluntad de representar imágenes reproductivas
o de fecundidad.

Ternero grabado

Ternero. Grabado hecho en el omóplato de un bóvido y teñido con hematites (réplica), procedente de Mas d'Azil. Magdaleniense.

Foto: SPL / Age Fototstock

Las mejores madres

Estudios de natalidad y demografía de sociedades cazadoras-recolectoras actuales proponen que una mujer que alcanzara los 40 años de vida en condiciones saludables óptimas podría tener una media de seis a siete hijos, pero sin duda la tasa de mortalidad infantil diezmaría su descendencia. Se ha calculado que en torno al 30 por ciento de los hijos fallecería en los cinco primeros años; otro 22 por ciento moriría entre los seis y los diez años, y en torno al cinco por ciento fallecería entre los 11 y los 15 años. A ello habría que añadir el número de muertes de mujeres durante el parto o en momentos posteriores. Por tanto, el crecimiento demográfico de estas comunidades se vería frenado a menudo, lo que exigiría una elevada tasa de natalidad para conseguir que el número de miembros del grupo permaneciera estable.

El crecimiento demográfico de las comunidades paleolíticas se veía frenado a menudo a causa de la mortalidad infantil y la debida al parto.

Es muy probable que el mantenimiento del grupo fuese uno de los más importantes objetivos de estas sociedades. De este modo, mujeres de anatomía abundante, en las que destacasen los caracteres sexuales primarios y secundarios, pudieron haber sido consideradas «prototipos sociales» de madres cuya plenitud física representaba las mayores posibilidades de perpetuación del grupo. En principio, una mujer bien alimentada aseguraría la correcta nutrición del recién nacido, lo que lo dotaría de mayor resistencia y disminuiría la probabilidad de que falleciera.

Esta hipótesis sobre el propósito de las estatuillas se vería reafirmada con la representación evidente y reiterada de la vulva y el introito vaginal. Algunas figuras, además, muestran la vulva abierta, en un estado de dilatación que podría relacionarse con la excitación sexual, pero que creemos más adecuado vincular a una dilatación consecuencia de la fase expulsiva del feto, tal y como muestra la llamada Polichinela de Grimaldi (Italia), cuya vulva muy abierta y vientre muy destacado representarían el momento justo anterior al parto. Asimismo, la Venus de Monpazier (Francia) representaría el estado puerperal, es decir, el momento inmediatamente posterior a la expulsión del feto.

Mujeres de anatomía abundante pudieron haber sido consideradas «prototipos sociales» de madres cuya plenitud física representaba las mayores posibilidades de perpetuación del grupo.

En conclusión, puede afirmarse que la obesidad, la gravidez, los senos grandes, un pubis marcado y una vulva perceptible se combinan constituyendo las características básicas de una parte importante de las estatuillas paleolíticas de mujeres en Europa. Una parte del simbolismo de estas figurillas reside en la capacidad (y, probablemente, la necesidad) de procrear que encarnan. Incluso pudieron haber sido consideradas en su momento verdaderos fetiches sociales, cuyos creadores verían en mujeres de rasgos similares a los de las estatuillas el modelo o ideal de la procreación y la base del equilibrio demográfico del grupo.

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Pero como se ha señalado, este canon no es uniforme en el tiempo ni el espacio. En Rusia, sobre todo en su región siberiana y con cronologías algo más recientes que alcanzan los 17.000 años, existe otro modelo de representación femenina en el que los rasgos sexuales no aparecen tan abultados o exagerados, aunque el carácter anónimo de las estatuillas y su desnudez siguen presentes.

¿A qué se debe este cambio en el modelo de representación? La respuesta no es sencilla, y aquí nos adentramos en el campo de la interpretación. Pensamos que detrás de esta modificación deben de existir causas sociales vinculadas a un mayor equilibrio demográfico. ¿Acaso un conocimiento más preciso del ciclo reproductivo y el proceso del parto?

mujeres de la edad de piedra

Recreación de una mujer a partir de los restos humanos excavados en el yacimiento del Abri Pataud (Francia), datados hace entre 47.000 y 17.000 años.

Imagen: SPL / Age Fotostock

El papel de la mujer

Sea como fuere, el gran número de estatuillas femeninas y el predominio de las representaciones femeninas del Paleolítico por encima de las masculinas ponen de relieve la importancia social de las mujeres en las sociedades cazadoras-recolectoras de la época. Dada la necesidad constante de mantener el nivel demográfico de los grupos humanos, las mujeres hubieron de jugar un rol social destacado, que les confirió su relevancia y trascendió al ámbito de la ideología y de los símbolos, ejemplificado en las estatuillas, que buscaban propiciar y potenciar la fecundidad.

La representación de estas mujeres durante 20.000 años y a lo largo de al menos 6.500 kilómetros, desde el sur de Francia hasta Siberia, nos indica que su simbolismo superó un espacio y un tiempo concretos, y se mantuvo vivo como una tradición milenaria alimentada por los contactos entre distintos grupos humanos. Una tradición que traspasó todo tipo de fronteras naturales y que, en la prehistoria de nuestro continente, dio lugar a un amplio y profundo sustrato ideológico común.

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Venus prehistórica 3

Polichinela, 8 cm

Foto: Erich Lessing / Album
Venus prehistórica 4

Venus del rombo, 6 cm.

Foto: Scala, Firenze
Venus prehistórica 5

Venus de Monpazier. Escultura en limonita. 27.000 años. 5,5 cm. Museo Nacional de Arqueología, Saint-Germain-en-Laye. 

Foto: Album

Observar la vida

En varias figuras femeninas paleolíticas se han observado rasgos que podrían estar relacionados con el alumbramiento, como sucede con la llamada Polichinela, la Venus del Rombo y la Venus de Monpazier. Sus vientres salientes podrían reflejar un estado de gravidez avanzada que, relacionado con la representación de la vulva, hace pensar en el parto.

¿En el parto?
Sus vulvas están muy abiertas, por lo que se las ha vinculado con la excitación sexual y el orgasmo. Pero sus dimensiones (no tan grandes como las de la Venus de Monpazier) y los grandes vientres las asociarían a la fase expulsiva del feto.

¿Tras el parto?
La amplia apertura de la vulva ha sugerido que el artista quiso representarla en un momento de dilatación extrema como el que precede al parto inminente (sugerido también por el grosor del vientre), o bien el posterior estado puerperal.

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Ideal belleza africano

Sarah Baartman. Grabado aparecido en una obra de los naturalistas étienne Geoffroy Saint-Hilaire y Georges Cuvier. 1815.

Imagen: CPA Media / Alamy / ACI

Un supuesto ideal de belleza africano

Todos tenemos una fisonomía particular. La esteatopigia se asocia a personas con depósitos de grasa destacados en la zona de las nalgas, lo que confiere a la silueta humana una marcada sinuosidad. En el caso de las llamadas «venus esteatopigias», el uso del término procede de las mujeres hotentotes o khoi, una etnia nómada africana. A inicios del siglo XIX, y bajo el colonialismo, algunas personas de este grupo étnico fueron exhibidas en Europa, como sucedió con Sarah Baartman, que fue mostrada en ferias y cuyo esqueleto y un molde de su cuerpo se exhibieron en el Museo del Hombre de París hasta la década de 1970.

Por ello, a comienzos del siglo XX y en el contexto de una arqueología protagonizada casi exclusivamente por hombres, se afirmó que las mujeres de este tipo eran consideradas el ideal de belleza en sus pueblos de origen. Debido a la estrecha similitud de ese canon de belleza con algunas de las estatuillas que se iban descubriendo en yacimientos, se propuso la teoría, hoy en desuso, de que estas representaciones mostraban el prototipo de mujer bella de los primeros Homo sapiens.

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Venus de Willendorf (frente)

Venus de Willendorf

Foto: Erich Lessing / Album
Venus de Willendorf

Venus de Willendorf

Foto: Erich Lessing / Album

La venus de Willendorf

La más famosa de las estatuillas femeninas paleolíticas es ésta, hallada el 7 de agosto de 1908 en el yacimiento de Willendorf, en la Baja Austria, y conservada en el Museo de Ciencias Naturales de Viena. La escultura, de aspecto romboidal, está teñida de ocre rojo. En su cabeza se aprecia lo que podría ser un peinado o bien algún tipo de tocado, y no muestra ningún rasgo facial. Apoya sus brazos sobre sus amplios senos y, como todas las figuritas de este tipo, muestra claramente su vulva al espectador. Con su desbordante anatomía, se convirtió en la más famosa de las venus paleolíticas, un tipo de esculturas que popularmente se identifica con esta imagen. Data de hace unos 32.000 años.

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Venus prehistórica 1

Descubierta en un yacimiento alemán, es la venus más antigua conocida, con al menos 38.000 años de antigüedad. Fue tallada en marfil, y sus escasos 6 cm de alto la convierten en una verdadera miniatura. Destacan sus enormes pechos y la región de la vulva, además de sus anchas caderas y vientre. La sobredimensión de los caracteres sexuales implica que en ellos debe encontrarse el interés de la persona que la realizó. La interpretación más aceptada la vincula con la fertilidad, como un objeto para reflejar o propiciar la fecundidad y que pudo haberse usado cotidianamente, ya que la región ausente de la cabeza se corresponde con una pequeña perforación para utilizar a modo de colgante.

Foto: Alamy / ACI
Venus de Laussel

Algunas venus son bajorrelieves tallados en piedra. En el yacimiento francés de Laussel se descubrió la llamada Dama del cuerno, cuya fisonomía recuerda a una mujer de edad avanzada. Su singularidad procede del cuerno que sostiene en su mano derecha, que sería de bisonte y en el que hay 13 líneas. Para unos, el cuerno representa lo masculino, y el conjunto simbolizaría la complementariedad entre lo masculino y lo femenino. Para otros, se trataría del cuerno de la abundancia y la prosperidad. Por último, hay quien vincula sus 13 líneas a las lunas llenas, de ahí su relación con la menstruación (tradicionalmente asociada a la luna llena, las líneas marcarían los ciclos menstruales de un año). En todo caso, todas estas interpretaciones relacionan el cuerno con la fertilidad.

Foto: ASF / Album

¿Iconos religiosos?

Los primeros Homo sapiens fueron, como ya hemos dicho, los autores de las estatuillas femeninas del Paleolítico. Algunos investigadores sostuvieron la teoría (hoy en desuso) de que estas figurillas eran diosas o deidades de la fertilidad. Esta concepción religiosa de las llamadas «diosas madre» estuvo muy arraigada en culturas posteriores, como la mesopotámica, y los investigadores vieron en las sociedades paleolíticas el origen de esta mitología. Las figuras serían iconos a venerar y respetar, a los que se rendiría culto porque se los consideraba de naturaleza divina.

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Tocados paleolíticos

Recreación hipotética de los tocados que quizá lucen las figuras de Willendorf (izquierda) y de Brassempouy (derecha).

Imagen: alademosca.com / C. Martínez. El papel de las mujeres en la evolución humana, Santillana

De la desnudez a la ornamentación corporal

Las estatuillas femeninas evidencian que los grupos humanos del Paleolítico ya disponían de ornamentos y prendas de vestir. Así lo demuestran el recogido o cubrición del pelo en los casos de las figuras de Willendorf, Brassempouy, Laussel o Grimaldi; los cintos en las escullturas de Kostienki 1 y Paulov, o las pulseras en las muñecas de la Venus de Kostienki 1. Todo ello atestigua que desde hace al menos 30.000 años nos preocupamos por cuidar nuestra imagen corporal ornamentando el cuerpo, ya sea con fines estéticos o bien para marcar una diferenciación social.

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Dama rusa

Dama rusa

Foto: Erich Lessing / Album
Dama rusa

Dama rusa

Foto: Erich Lessing / Album

Las damas rusas

En 1983 se halló en el yacimiento ruso de Kostenki 1, junto al río Don, esta figurita que mide 10,3 cm y data de entre 23.000 y 21.000 años atrás. En su forma y en el tratamiento del peinado o tocado se asemeja a la Venus de Willendorf, cuyos brazos descansan sobre los senos, mientras que ésta los apoya sobre el vientre; ambas fueron pintadas con ocre rojo. Lleva varios adornos: bandas en la parte superior del cuerpo, y brazaletes en los antebrazos y las muñecas; estos adornos podrían estar hechos con cuero, pieles o fibras vegetales. En nalgas y caderas se aprecian grupos de líneas que podrían representar ropa (trenzas de hilos, cuerdas, cintas de cuero). Museo del Hermitage, San Petersburgo.

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Tito Bustillo

El espacio que vemos en la imagen, conocido como Camarín de las Vulvas, es uno de los más notables de la cueva de Tito Bustillo, en Ribadesella (Asturias).

Foto: Oronoz / Album

Otra mirada: la parte por el todo

En el arte paleolítico son frecuentes las imágenes de regiones pubianas con detalles vulvares: formas triangulares, cónicas o circulares con una línea central en su interior. Tienen al menos 24.000 años y aparecen sobre todo en Francia y la península ibérica, zonas donde las estatuillas femeninas no existen o son menos frecuentes que en Europa Central. Pero su mensaje es el mismo que el de las venus: los contornos de la forma marcan los pliegues inguinales y el hipogástrico, vinculándose a personas con acumulación de grasa en esa región, es decir, a mujeres obesas o en estado grávido.

Este artículo pertenece al número 198 de la revista Historia National Geographic.

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