Vida privada de un dios en la Tierra

Tutankamón, la vida íntima del faraón

Además de tesoros fabulosos, el ajuar de la tumba del rey niño contenía enseres que han permitido recrear un faraón amante de la caza y el deporte pero lastrado por la cojera

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La reina ofrece a Tutankamón un ramillete de flores de loto. Arqueta taraceada. Museo Egipcio, El Cairo.

Cordon Press

Tutankamón es uno de los faraones más conocidos de la arqueología, pero su importancia histórica no fue tan grande. Su reinado fue corto y difícil, pues fue entronizado con apenas nueve años y murió apenas 11 años más tarde. El clero de Amón quiso convertirlo en el símbolo de la restauración de los antiguos dioses después del monoteísmo del faraón “hereje”, Akenatón. Es decir, Tutankamón reinó durante una década, muriendo alrededor de los 20 años en circunstancias que siguen siendo objeto de debate, y fue enterrado en un discreto hipogeo en el Valle de los Reyes.

Allí quedaría en el olvido durante más de 3.000 años hasta que el arqueólogo Howard Carter abrió la pared de su tumba casi intacta y, a la pregunta de si veía algo allí, respondiera “sí… es maravilloso”. Poco después se alimentaron creencias en maldiciones sobre los faraones y su descanso eterno lo que impulsó mundialmente el fantástico descubrimiento de la tumba del faraón.

La vida de Tutankamón

La mayoría de la gente se imagina que un faraón del antiguo Egipto tuvo que vivir con todos los lujos y comodidades que tenía a su alcance en su época. Y seguramente así fue. Pero aunque no quedan muchas pruebas materiales del tipo de vida que llevaron en la intimidad los soberanos egipcios, existe un caso que sí nos aporta interesante información sobre ello. Se trata de la tumba de Tutankamón, el rey niño que murió hacia los 18 o 19 años y que fue descubierta por el arqueólogo británico Howard Carter en el Valle de los Reyes en 1922.

El contenido del la tumba de Tutankamón dejó bien a las claras que, por lo menos el joven monarca debió de disfrutar de una excelente alimentación. En el interior de la sepultura, los arqueólogos hallaron panes, pasteles de trigo y cebada, espaldas de buey y costillas de cordero maceradas con miel y especias, listas para ser cocinadas... También había gran cantidad de frutas, como dátiles, higos, uvas, almendras, e incluso semillas de sandía. Y no solo había comida, también se encontraron unas 30 grandes jarras de vino para acompañar los ágapes. Pero no únicamente quedó patente el tipo de alimentación del que podría haber disfrutado el faraón en vida.

También sus pertenencias más íntimas salieron a la luz, desde maravillosas piezas artísticas que mostraban escenas domésticas y de ocio, hasta, lo más sorprendente, una gran cantidad de complementos textiles entre los que se encontraban abundantes reservas de la ropa interior del monarca, todo en un excelente estado de conservación.

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Un recorrido por las pertenencias del joven Tutankamón nos retrotrae asimismo a la niñez del monarca. Como todos los niños nobles de su tiempo, el rey tuvo que aprender a escribir, algo que queda de manifiesto por la gran cantidad de elementos típicos de un escriba que han aparecido entre las piezas de su ajuar funerario. Destaca también una pequeña silla de tamaño infantil, de ébano y marfil, y un tablero de senet, un juego muy popular en el antiguo Egipto, al que seguro que Tutankamón era aficionado, ya que se hizo acompañar por él en su viaje al más allá.

Tablero de senet hallado en la tumba del faraón, un popular juego de mesa entre los antiguos egipcios. Museo Egipcio, El Cairo.

Foto: Cordon Press

Cazador y guerrero

Pero el ajuar funerario del rey también contiene elementos que sugieren que Tutankamón no solo era aficionado a los juegos de mesa, sino que practicó ciertos deportes, como la caza. En la tumba se halló un arco en miniatura de 20 centímetros de largo, seguramente un recuerdo de cuando en su infancia aprendió a usar este tipo de armas. De su práctica adulta dan fe los 46 arcos guardados en la tumba, el más largo de los cuales medía 1,8 metros.

Junto a los arcos había 400 flechas, mazas, un par de bumeranes de electro (que debieron de servir al rey para cazar aves en las marismas) y cuchillos. Asimismo el descubrimiento en la tumba de seis carruajes, cuatro de ellos pesados, de madera revestida de oro y decorada con relieves e incrustaciones de cristal, y dos más ligeros y maniobrables, aptos para actividades cinegéticas, sugieren el placer del monarca por actividades un poco más "arriesgadas".

Junto a 46 arcos había 400 flechas, mazas, un par de bumeranes de electro (que debieron de servir al rey para cazar aves en las marismas) y cuchillos.

Uno de los carros descubiertos en la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes. Museo Egipcio, El Cairo.

Foto: Cordon Press

Seguramente en estas ocasiones el joven rey se hizo acompañar de su esposa, la reina Ankhesenamón, su medio hermana, hija de Akhenatón y Nefertiti. De la relación entre los dos jóvenes dan fe las escenas plasmadas en algunos objetos, como la que aparece en el magnífico trono del monarca, donde la reina aplica con cariño un ungüento a su esposo, o la de una arqueta taraceada, en la que Ankhesenamón ofrece flores de loto a su amado.

Asimismo, las escenas que decoran una capilla dorada muestran, en palabras del propio Carter, como Ankhesenamón "con una mano le tiende una flecha, mientras con la otra le señala un pato muy gordo. En la misma naos de Tutankamón está representada de nuevo ofreciéndole las libaciones sagradas, flores o collares, o atando un colgante alrededor de su cuello. Así aparece la joven pareja en varias escenas de atrayente simplicidad.

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En otra cacería vemos a la reina acompañando al rey en una canoa de cañas. En ella sostiene afectuosamente su brazo, como si él estuviese fatigado por los asuntos de Estado, y en otra ocasión –sugiriendo un aire travieso en estas pequeñas escenas de su vida privada– vemos al rey derramando un delicado perfume en la mano de ella mientras descansan en sus habitaciones".

El ajuar funerario de Tutankamón

Aunque, sin duda, una de las cosas que más ha llamado la atención de los arqueólogos del ajuar funerario de Tutankamón es, además de la enorme cantidad de hermosas joyas que contenía, las numerosas piezas de ropa que, increíblemente, se han conservado. Túnicas, camisas, sandalias, guantes, taparrabos... Estos últimos consistían en una pieza de lino triangular que se ataba a la cintura. Se hallaron más de cien en la tumba.

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Cuidadosamente plegados, apilados, y algunos incluso emparejados con faldellines. Las camisas eran ajustadas y estaban decoradas con bordados en el cuello redondo. Por su parte, el par de guantes, de lino y seda, sorprendió a los expertos por lo primoroso de las puntadas con que estaban cosidos.

Ankhesenamón aplica un ungüento a su esposo, entronizado. Trono hallado en la tumba de Tutankamón. Museo Egipcio, El Cairo.

Ankhesenamón aplica un ungüento a su esposo, entronizado. Trono hallado en la tumba de Tutankamón. Museo Egipcio, El Cairo.

Ankhesenamón aplica un ungüento a su esposo, entronizado. Trono hallado en la tumba de Tutankamón. Museo Egipcio, El Cairo.

Foto: Cordon Press

Finalmente, el rey, que seguramente estaba muy pendiente de su aspecto, debía de aplicar alrededor de sus ojos kohl, una pasta de malaquita molida mezclada con un líquido que, además de embellecer la mirada también la protegía puesto que tenía propiedades bactericidas. Restos de este producto se han encontrado en el interior de una caja de cosméticos de marfil en forma de ánade.

En la tumba de Tutankamón se hallaron más de cien taparrabos cuidadosamente plegados, apilados, y algunos incluso emparejados con faldellines.

130 bastones para el faraón

Por otra parte, no sabemos muy bien si por necesidad o por moda, el ajuar funerario contenía nada menos que 130 bastones para andar, todos ellos distintos. Los había bellamente ornamentados, de ébano, oro, plata, marfil... Uno de ellos acabado en dos figuras de cautivos, un nubio y un asiático, tal vez simbolizando el poder del faraón sobre sus enemigos. Y, el más sencillo de todos, una simple caña ornamentada con bandas de oro en la parte superior e inferior.Tal vez el rey lo usara en sus paseos junto a su esposa por los frondosos jardines de palacio, o quizás en apacibles caminatas junto al Nilo. ¿Cómo lo sabemos? La vara lleva una esclarecedora inscripción: "Una caña que su majestad cortó con sus propias manos". Una frase que nos acerca a la faceta más humana de todo un faraón de Egipto.