Grandes descubrimientos

El Turuñuelo, un testimonio del final de Tarteso

En 2014 aparecieron en Guareña los indicios de un edificio imponente que fue sellado tras un sacrificio masivo de animales

Entre finales del siglo V y comienzos del siglo IV a.C. fueron destruidos ritualmente y sellados una serie de edificios monumentales situados en el curso medio del río Guadiana, en Extremadura. Como único testimonio de su presencia quedaron en algunos casos túmulos, montículos artificiales bajo los cuales yacían los restos arquitectónicos. A finales de la década de 1970 salió a la luz fortuitamente una de aquellas imponentes construcciones, conocida como Cancho Roano. Pero el siguiente y espectacular hallazgo no tuvo que ver con el azar, sino con la metódica labor de los arqueólogos.

Cronología

Vuelta a la vida

Siglo V a.C.

Tras un sacrificio de animales, el edificio tartésico de Casas del Turuñuelo es destruido ritualmente y llega hasta nuestros días maltrecho.

2015

El Instituto de Arqueología de Mérida lidera la primera excavación del Turuñuelo.

2017

Se excavan la habitación del banquete, la escalinata y el patio con el sacrificio de animales.

2018

Una nueva campaña de excavaciones lleva al descubrimiento del primer cadáver en el yacimiento.

En mayo de 2014, un pequeño equipo de la Universidad Autónoma de Madrid, dirigido desde el Instituto de Arqueología del CSIC, eligió el túmulo que reunía las mejores condiciones de conservación, en la finca Casas del Turuñuelo, de Guareña (Badajoz), para realizar un sondeo y extraer información sobre el paisaje antiguo mediante el estudio del polen y las semillas. También se quería certificar, a través de la cerámica, que se trataba de un edificio del tipo de Cancho Roano y que, como éste, dataría del período final de la cultura tartésica, que había florecido durante doscientos años en el suroeste peninsular, a raíz del comercio con los fenicios. Pero los trabajos planeados para una semana se alargaron casi un mes. La magnitud del túmulo, la envergadura de los muros que afloraban y la riqueza del material descubierto llevaron a los arqueólogos a solicitar a la Junta de Extremadura, en 2015, un permiso para una excavación más amplia del yacimiento.

Sorpresas

Los resultados de la segunda campaña, desarrollada en aquel año, fueron espectaculares. Salió a la luz la llamada Estancia 100, un espacio de 70 metros cuadrados donde se había levantado un altar en forma de piel de toro característico de los santuarios tartésicos. La cámara estaba cerrada por gruesos muros de adobe enlucidos de rojo y disponía de una puerta orientada al sol naciente, flanqueada por dos pilares también de adobe. Aparte de más de 200 platos y una caja de marfil que guardaba cuentas de un collar de vidrio, el hallazgo más extraordinario fue un sarcófago o bañera esculpido sobre un gran bloque de mortero de cal, algo inédito en la península ibérica. Aún fue más sorprendente comprobar que esa amplia estancia estuvo cubierta con una bóveda de ladrillo, técnica que en la Península no se había documentado hasta época romana.

En 2017 se organizó una larga campaña de excavación de tres meses gracias a la ayuda de la Diputación Provincial de Badajoz y la Secretaría General de Ciencia de la comunidad extremeña. Se excavó la denominada «habitación del banquete», donde se recuperó un rico ajuar compuesto por bronces, hierros y cerámica de alta calidad, todo ello relacionado con un banquete celebrado antes del abandono del recinto. Siguió un nuevo e impresionante descubrimiento: una escalinata de casi tres metros de altura y once peldaños; los seis inferiores se habían construido con bloques fabricados con mortero de cal (una técnica que sólo se había documentado en época romana) imitando sillares de piedra; los restantes estaban hechos con losas de pizarra sobre adobe. La escalinata desembocaba en un patio abierto, lo que dejaba claro que el edificio contó en su momento con dos plantas.

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Pedestal con los pies de una estatua de mármol hallado en el patio. El pedestal se labró con mármol del monte Pentélico, en Atenas 

Foto: Construyendo Tarteso

El patio

La excavación del patio del Turuñuelo es uno de los hechos arqueológicos más sobresalientes de la historia antigua mediterránea. Este amplio espacio, de casi 125 metros cuadrados, estaba ocupado por más de medio centenar de animales sacrificados –en especial caballos, mulas y burros– a modo de hecatombe u ofrenda a la divinidad. No menos impactantes fueron los restos materiales hallados: vidrios procedentes de Macedonia y el área cartaginesa, un completo sistema de pesas de bronce y una escultura hecha en mármol de las canteras del monte Pentélico, junto a Atenas, cuyo pedestal conservaba restos del azul egipcio con que estuvo pintado.

Un ancho pasillo de grandes lajas de pizarra atravesaba el patio hasta una puerta monumental de cinco metros de ancho, que debió de ser la entrada principal al edificio y fue derribada tras el sacrificio de animales; los arqueólogos aún han de cruzar este umbral. La excavación del patio supuso un verdadero desafío para los arqueólogos, puesto que los materiales con que fue cubierto para sellarlo tenían un espesor de 4,22 metros. La capa superior estaba compuesta de 30 centímetros de arcilla amarilla; por debajo se sucedían otras capas formadas con materiales procedentes de la destrucción ritual delrecinto, como ladrillos, adobes y fragmentos de la bañera de la habitación del banquete, y restos de ánforas. Hacia la mitad del relleno, en un mismo nivel, aparecieron en cuatro puntos del patio aglomeraciones de piedras de cuarcita con cenizas y carbones: eran antiguas hogueras en las que se asaron piezas de carne (de vaca en un caso y de équido en otro); junto a ellas había numerosos fragmentos de ánforas, cuyo contenido quizá se consumió durante el banquete. En ese mismo nivel se recogió una enorme cantidad de semillas esparcidas por toda la superficie, sobre todo de cebada.

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Bañera o sarcófago. Colocada sobre un pedestal hecho con adobes, mide 1,53 m de largo por 0,46 m  de ancho.

Foto: Construyendo Tarteso

Ya en 2018, se excavó una nueva habitación donde apareció el cuerpo de un hombre que yacía junto a una puerta tapiada; a su lado había tres braseros de bronce. Además de las excavaciones, que por ahora abarcan menos del 20 por ciento del túmulo, se están estudiando los animales sacrificados en el patio para entender el significado de tan extraordinaria hecatombe, al tiempo que se analiza el cadáver para conocer su ADN, dieta y posibles enfermedades, aunque los mayores esfuerzos se centran en el estudio de las novedosas técnicas constructivas del monumento. La complejidad de estas tareas fue reconocida en 2018 con la concesión del Premio Nacional de Arqueología y Paleontología de la Fundación Palarq al proyecto «Construyendo Tarteso», que estudia los grandes edificios tartésicos de adobe excavados en las últimas décadas.

Por los hallazgos realizados, resulta inevitable conferir a este recinto un prominente valor religioso. Pero estos edificios monumentales que jalonan el Guadiana también debieron de controlar en su momento ese rico y vasto territorio, y sabemos que en aquellos tiempos el poder político y el religioso a veces se entremezclan y confunden. Seguro que el túmulo aún esconde sorpresas que ayudarán a desvelar el verdadero uso de esta construcción.

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Vista del patio con el sacrificio de animales, la gran escalinata y el camino de lajas de pizarra que parte de su base.

Foto: Construyendo Tarteso
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Excavación de los caballos sacrificados.

Foto: Construyendo Tarteso

Ritual enigmático

Los caballos sacrificados estaban dispuestos por parejas (lo que sugiere que quizá tiraban del mismo carro), con sus cabezas cruzadas o enfrentadas; algunos aún conservaban puestos los bocados de hierro. Es posible que los animales fuesen sacrificados en otro lugar y luego trasladados aquí.

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De sorpresa en sorpresa

En el yacimiento, cuya área excavada se muestra aquí desde el este, se han hallado cinco espacios: la Estancia 100 y, ante la misma, un vestíbulo que da acceso a otras dos habitaciones y al patio. En este último, un camino de pizarra conduce hasta una puerta que quizá fue la entrada principal al edificio.

Este artículo pertenece al número 204 de la revista Historia National Geographic.

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