Un sensacional ajuar micénico

La tumba del guerrero del grifo

Cerca del palacio de Néstor en Pilos, al sureste de Grecia, los arqueólogos localizaron en 2015 una tumba de fosa intacta con los restos de un antiguo guerrero de la Edad del Bronce

Guerrero del grifo 1

Foto: J. Vanderpool / Department of Classics, University of Cincinnati

El 18 de mayo de 2015, en un olivar cercano al llamado palacio de Néstor en Pilos, un equipo de arqueólogos descubrió la esquina de una tumba que pocos días después se reveló intacta. La investigación de su contenido, todavía en curso, está revolucionando nuestros conocimientos sobre la Prehistoria en la zona del mar Egeo.

Cronología

Entre Pilos y Micenas

1500 a.C.

El Guerrero del Grifo muere en torno a estas fechas, por causas que se desconocen.

1912

Los arqueólogos localizan cerca de la antigua Pilos una tumba de corredor y cámara (tholos).

1939

El arqueólogo estadounidense Carl Blegen excava en el palacio de Néstor en Pilos.

2015

Se halla la tumba del Guerrero del Grifo cerca del tholos localizado en el año 1912.

Pilos se encuentra al suroeste de la península griega del Peloponeso, en lo alto de una colina que cierra por el norte la bahía de Navarino. Allí, un equipo dirigido por el profesor Carl Blegen, de la Universidad de Cincinnati, comenzó en 1939 a exhumar las ruinas de lo que no tardaría en denominarse, de forma coloquial, el palacio de Pilos, la supuesta residencia de Néstor, uno de los personajes de los poemas de Homero.

Rey de «la arenosa Pilos», aquel anciano resabiado que participó en la guerra de Troya fue uno de los pocos afortunados que –quizá por la prudencia que otorgan los años– consiguió regresar a casa tras una década de cruentas batallas hasta que los griegos lograron conquistar la célebre fortaleza de Asia Menor. Fue en Pilos donde, pasado un tiempo, recibió a Telémaco, quien andaba buscando a su padre, Odiseo o Ulises, en paradero desconocido desde que había zarpado de Troya para regresar a Ítaca.

Egeo edad del bronce

El mapa muestra los principales enclaves micénicos, así como las rutas comerciales más importantes de la Edad del Bronce en el área del mar Egeo.

Foto: Gradualmap

Los trabajos en aquel mítico lugar pronto se detuvieron a causa del estallido de la segunda guerra mundial. Se reanudaron en 1952 y se prolongaron durante 15 campañas consecutivas hasta concluir en 1966. Gracias a aquellos esfuerzos se sacó a la luz el palacio mejor conservado de toda la Edad del Bronce egea. En la historia del mundo micénico, el término «palacio» designa una mansión regia que desempeña a la vez funciones de centro religioso y de almacén redistribuidor del excedente agrícola de la región que domina, un modelo semejante a los palacios que florecieron en la Creta minoica, entre 2000 y 1500 a.C. aproximadamente, en lugares como Cnossos, Festo o Malia. En Pilos se halló un gran archivo de tablillas administrativas en escritura lineal B que servía justamente para contabilizar los productos agrarios.

Aparece el guerrero

Los arqueólogos que trabajaron en las excavaciones de Pilos no se limitaron a investigar el palacio, sino que también exploraron el área circundante. Así, inspeccionaron de nuevo una necrópolis situada al noreste del palacio que ya había sido explorada en 1912, cuando se halló un tholos, una tumba de corredor y cámara en forma de colmena. Pero había muchas más cosas por descubrir.

En la primavera de 2015, la Universidad de Cincinnati reanudó sus históricos trabajos en Pilos, ahora bajo la dirección del matrimonio formado por los profesores Sharon Stocker y Jack Davis. Éstos centraron su atención en unas tierras de cultivo situadas en la ciudad baja que rodeaba la acrópolis de Pilos, el llamado campo de Tsakonas. Las catas o pequeñas fosas para explorar el terreno se abrieron cerca del mausoleo descubierto en 1912, allá donde las prospecciones electromagnéticas habían detectado anomalías subterráneas. Justo el primer día de excavaciones apareció, a muy pocos centímetros de la superficie, un ángulo de mampostería. Tras seguir extrayendo tierra quedaron a la vista los laterales de una estructura rectangular de 1,10 metros de anchura por 2,30 de longitud. Se trataba de una tumba de fosa característica del mundo micénico, similar a las existentes en los círculos funerarios A y B de Micenas.

Néstor, rey de Pilos

Néstor, rey de Pilos, en un ánfora del siglo V a.C. Museo del Louvre, París.

Foto: RMS-Grand Palais
vaso de los guerreros

El Vaso de los guerreros, descubierto en Micenas, representa a un grupo de guerreros micénicos. Museo Arqueológico Nacional, Atenas.

Foto: DEA / Album

Investigando al personaje

El interior de la tumba estaba revestido con lajas de piedra que reforzaban sus muros. Dentro se habían colocado un cadáver y su ajuar, sobre los que se depositó una losa de piedra a modo de cubierta. En este caso, la losa se había partido –probablemente a consecuencia de un terremoto– y había caído sobre el fondo de la tumba, destruyendo en parte su contenido. Con el tiempo, la lluvia y el viento llenaron de tierra la oquedad hasta el nivel del suelo actual, lo que evitó que los saqueadores pudieran descubrirla hasta el afortunado encuentro con los científicos.

La labor de los arqueólogos fue compleja, pues para sacar la piedra caída en el interior de la tumba hubieron de apuntalarla mientras pendía sobre sus cabezas. Pero lo descubierto superó con creces cualquier expectativa, no sólo por la riqueza y singularidad del ajuar funerario hallado, sino también por su antigüedad. Fechada a comienzos de la Edad del Bronce Final, en los albores de la civilización micénica, la tumba era más antigua que el propio palacio que se visita en el presente.

Aunque la investigación está lejos de concluir, los primeros análisis han determinado que en la sepultura fue enterrado un varón adulto, de entre 30 y 35 años y 1,70 metros de altura, que falleció a finales del siglo XVI a.C. o inicios del siguiente. Las causas de su muerte aún no se han esclarecido, aunque su edad, para aquel entonces, era la propia de un anciano y podría haberse debido a causas naturales. El mal estado de conservación de la osamenta, por el momento, impide una mayor precisión.

playa de Voidokilia

La playa de Voidokilia se abre al norte de la bahía de Navarino, en la península del Peloponeso. Nueve kilómetros al norte se encuentran el palacio de Néstor y la tumba del Guerrero del Grifo.

Foto: Shutterstock

El hombre fue enterrado boca arriba, dentro de un sarcófago de madera y envuelto en un sudario –ambos en muy mal estado debido a la acidez del suelo–, lo que demuestra que el ritual funerario al uso en aquellos tiempos, en contra de lo que se dice en los poemas homéricos, era la inhumación de los cadáveres, no su cremación. En cuanto al ajuar, se han recuperado cientos de objetos, algunos completos y otros en fragmentos, que se están restaurando para exhibirlos en el museo arqueológico de Chora. Para sorpresa de los arqueólogos, y a diferencia de lo que es habitual, la fosa no contenía ninguna pieza de cerámica.

El nombre de Guerrero del Grifo que se ha dado al personaje enterrado se debe a algunos materiales que se dispusieron junto a él durante las exequias. Por un lado, se encontraron a su lado numerosas armas de bronce: una daga, el remate de una maza en forma de cabeza de toro –aunque ésta también pudo pertenecer a un cetro–, lo que parecen ser los restos de una armadura muy deteriorada, un casco de colmillos de jabalí y, sobre todo, una gran espada de más de un metro de largo, con empuñadura chapada en oro.

En cuanto al grifo, este animal mitológico está presente en, al menos, dos placas de marfil talladas que aparecieron junto al cadáver –una, de hecho, estaba colocada entre sus piernas–. Esto ha llevado a los investigadores a preguntarse si ya en la Edad del Bronce existía la creencia simbólica en la función del grifo como psicopompo –es decir, como conductor de las almas al más allá– y como protector de los difuntos, funciones que se le otorgarían posteriormente.

palacio de Cnossos

En la imagen, la entrada norte del palacio de Cnossos, en la isla de Creta. Fue reconstruido por sir Arthur Evans y en la pared se ha recreado un fresco con un gran  toro listo para embestir.

Foto: Shutterstock

Un ajuar de gran riqueza

Aparte del armamento y las tallas de marfil, junto al difunto se colocó un sinfín de bienes. Entre las muchísimas joyas que le ornaban cabe destacar cuatro anillos-sello de oro macizo, que presentan grabados de escenas rituales asociadas al repertorio de imágenes propio de la isla de Creta, donde se encuentra el único paralelo conocido a tal acumulación de objetos asociado a un único individuo (el tholos A de la necrópolis de Arjanes). A esto hay que añadir más de cincuenta gemas ornamentadas también con motivos minoicos. Algunas aparecieron junto al hombro izquierdo y quizá formaron parte de una especie de fíbula o broche. Otras, en cambio, se encontraban a la derecha de la caja torácica y tal vez formaron parte de una suerte de esclavina que se ha desvanecido a consecuencia de la naturaleza orgánica del textil. Los cientos de cuentas de amatista, jaspe, ámbar, cornalina, pasta vítrea y ágata, en su mayoría trepanadas, que aparecieron dispersas en el interior, bien pudieron estar cosidas a este elemento o a la mortaja. También son de oro varios colgantes, dos copas aplastadas y un fabuloso collar trenzado que ya se había reparado en la Antigüedad; según los arqueólogos, pudo proceder de un botín de guerra arrancado del cuello a su dueño, lo que pudo provocar su rotura y exigió su reparación.

Detalle sumamente interesante: el collar pende una cuenta de fayenza, una manufactura típicamente egipcia, lo que vendría a reforzar la hipótesis de una importación, o quizá de un botín de guerra. También aparecieron seis vasos de plata y varios contenedores de bronce destinados al servicio de mesa, así como varios peines de marfil y un espejo, un toque de aparente coquetería que sin embargo bien pudiera tener relación con el ritual de sepultura.

Gema de los toros

Gema de los toros. Este sello de cornalina hallado en la tumba representa a tres enormes bóvidos con largos cuernos.

Foto: Jennifer Stephens/University of Cincinnati

El Ágata del Combate

Todos estos elementos del ajuar del Guerrero del Grifo tienen un valor excepcional. Pero sobre todos ellos destaca una pieza que tan sólo mide 3,6 centímetros: la llamada Ágata del Combate, que cabe considerar como la más exquisita talla en piedra dura de toda la Antigüedad. Sobre el cuerpo de esta piedra semipreciosa se despliega la representación de un combate entre dos guerreros, con un tercero que yace muerto a sus pies. El armamento se corresponde exactamente con algunos objetos exhumados en otras tumbas de época micénica y con las representaciones de las cerámicas y las pinturas al fresco de los palacios, lo que evidencia que el artista tenía un conocimiento directo de los mismos, probablemente por trabajar al servicio de una corte principesca. La asombrosa precisión del trabajo milimétrico –realizado, con toda probabilidad, con el auxilio de una lupa de cristal de roca– convierte esta pieza en una obra maestra del arte griego.

Aunque la investigación continúa y las hipótesis formuladas por los investigadores pueden variar con nuevos hallazgos, los excavadores consideran que gran parte de los objetos que forman el ajuar eran de procedencia minoica. Como es sabido, Creta fue ocupada durante la última fase de la Edad del Bronce por indoeuropeos procedentes de la península balcánica a los que se denomina micénicos, un belicoso pueblo que hablaba una forma muy arcaica de griego y empezó a alborear hacia 1500 a.C., fecha aproximada de defunción del Guerrero del Grifo. Tal vez éste participara en la conquista de la isla y regresó a su patria, Pilos, cargado con el botín con el que fue inhumado, trayendo consigo también las ideas, e incluso las personas, que desarrollarían las bases de su cultura y estética. No obstante, existe también la posibilidad de que fuese justo lo contrario: un minoico, prehelénico, que huyendo de una Creta devastada por la erupción del volcán de Thera (Santorini), se asentase en Mesenia creando un linaje del que, en última instancia, descendería el mítico Néstor.

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tumba guerrero del grifo

Los arqueólogos excavan en la tumba del guerrero del grifo, recién descubierta.

Foto: Palace of Nestor excavations / Department of Classics, University of Cincinnati

Una intuición afortunada

El matrimonio formado por Jack Davis y Sharon Stocker, profesores de la Universidad de Cincinnati, amplió los horizontes de estudio más allá de las ruinas del palacio de Néstor en Pilos. Considerando la posibilidad de que existiese una necrópolis de la Edad del Bronce cerca de la tumba de tholos IV, descubierta en 1912, sondearon su entornoy hallaron la tumba del Guerrero del Grifo.

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tumba guerrero del grifo 2

La espada tal como se descubrió en la tumba del guerero del grifo, en Pilos.

Foto: Palace of Nestor excavations / Department of Classics, University of Cincinnati

La espada de un guerrero

De entre todas las armas depositadas junto al cadáver del guerrero, destaca por su tamaño y exquisita elaboración una espada de bronce. Su empuñadura presenta la sofisticada técnica decorativa del recamado en oro, algo que sólo halla paralelos en los ajuares descubiertos en las necrópolis micénicas contemporáneas de la región de la Argólida, tanto en la de Dendra como en la de la propia Micenas.

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ajuar guerrero del grifo 1

Escena de taurocatapsia o salto del toro, un ritual netamente cretense a partir del cual pudo originarse el mito del famoso Minotauro.

Foto: Department of Classics, University of Cincinnati / J. Vanderpool
ajuar guerrero del grifo 2

Un grupo femenino parece danzar en plena naturaleza rodeando un altar del que brota un árbol.

Foto: Department of Classics, University of Cincinnati / J. Vanderpool
ajuar guerrero del grifo 3

Una mujer entronizada y de gran tamaño –probablemente una diosa– recibe una ofrenda por parte de otra mujer, de tamaño mucho menor.

Foto: Department of Classics, University of Cincinnati / J. Vanderpool
ajuar guerrero del grifo 4

Collar de oro trenzado, del que penden dos cuentas de ágata y una de loza con remates en granulado.

Foto: Department of Classics, University of Cincinnati / Jennifer Stephens

Anillos y collares

Las imágenes de los cuatro anillos-sello encontrados en la tumba tienen una evidente impronta de la cultura minoica, que se desarrolló en la isla de Creta. Destaca la representación de un gran toro, que remite a la decoración de los palacios de Creta, probable origen de la pieza. El collar es una de las piezas más notorias del ajuar funerario, y tiene paralelos tanto en Creta como en la Argólida, la región del Peloponeso donde se encuentra la antigua Micenas.

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tholos VI de Pilos

Vista del tholos VI de Pilos, de 12 m de diámetro. No conserva la cubierta y ya fue saqueado en la Antigüedad.

Foto: Arthur Stephens / Department of Classics, University of Cincinnati

Vestigios de lujo ancestral

En el transcurso de las excavaciones de 2018 se hallaron dos nuevas e impresionantes tumbas en forma de colmena, denominadas tholos VI y VII. Ambas se remontan al siglo XV a.C. y, pese a que sus características bóvedas se desmoronaron muchos siglos atrás y sus ajuares fueron saqueados ya en la Antigüedad, los arqueólogos encontraron en ellas algunos pequeños objetos de oro.

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Guerrero del grifo 1

El Ágata del Combate reproducida a la misma escala del original (3,6 cm de longitud).

Foto: J. Vanderpool / Department of Classics, University of Cincinnati
Detalle de la Ágata del Combate

Detalle de la Ágata del Combate

Ilustración: T. Ross / Department of Classics, University of Cincinnati

El duelo de dos campeones

El Ágata del Combate muestra a un guerrero, con la melena al viento, en el momento en que clava su espada en el cuello de un oponente. Éste va tocado con un yelmo que recuerda el «de tremolante cimera» exhibido por el príncipe troyano Héctor en la Ilíada, y sostiene un gran escudo en forma de ocho, similar al que, también en la Ilíada, portaba Áyax Telamonio. Bajo los dinámicos cuerpos de ambos yace exánime una tercera figura, que da la espalda al espectador. Pese al reducidísimo tamaño de la pieza, el artista representa de modo asombrosamente preciso la potente musculatura de los tres combatientes.

Ver más sobre el ajuar funerario del Guerrero del Grifo.

Este artículo pertenece al número 203 de la revista Historia National Geographic.

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