Fundación Palarq

Tras los pasos de los primeros humanos en el Magreb

Un equipo hispano-marroquí investiga desde 2006 los nuevos yacimientos del Pleistoceno y el Holoceno en el este de Marruecos para conocer más a fondo el poblamiento humano en la región.

Un equipo de arqueólogos excava en el yacimiento  de Oued Charef durante  la campaña de 2007.

Un equipo de arqueólogos excava en el yacimiento de Oued Charef durante la campaña de 2007. Foto: Jordi Mestre IPHES-CERCA

En 2006 se puso en marcha un ambicioso proyecto, financiado por la Fundación Palarq, para investigar los primeros asentamientos humanos en la zona oriental de Marruecos. Está integrado por investigadores de la Université Mohamed Premier de Oujda y del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social de Tarragona (IPHES-CERCA), dirigidos respectivamente por Hassan Aouraghe, M. Gema Chacón y Robert Sala-Ramos. Conocedores del descubrimiento de un poblamiento del Pleistoceno inferior antiguo en Argelia, donde se localizaron utensilios manufacturados con un tipo de industria lítica conocida como Modo 1 (la más arcaica de la humanidad) y de la existencia de la industria que le sucedió, llamada de Modo 2, en el occidente marroquí de finales del Pleistoceno Inferior, el equipo de investigación consideró que el territorio de Oujda, en Marruecos Oriental, un área poco estudiada por entonces, ofrecía un espacio y una geomorfología idóneos para la exploración de las primeras sociedades humanas en el Norte de África.

Lagos, ríos, sabanas y una fauna extinta

Este proyecto, que cuenta hoy con más de treinta miembros, se viene desarrollando entre las poblaciones de Aïn Beni Mathar, al sur de la cuenca, Guefaït, al noroeste, y Jerada, al noreste. Desde 2006, los científicos han procedido a reconocer el territorio, cartografiar las formaciones geológicas y situar geográficamente los nuevos yacimientos arqueológicos y paleontológicos. Entre ellos puede destacarse Guefaït-4 (GFT-4), un yacimiento situado en el extremo noroeste de la antigua cuenca lacustre. Durante una excavación arqueológica con un grupo de estudiantes, el arqueólogo Hamid Haddoumi halló, en mitad de la pendiente de Dhar Iroumyane, en Guefaït, algunos huesos de un équido y de un proboscídeo (un animal parecido al elefante actual). Durante las excavaciones se localizaron asimismo numerosos restos de pequeños mamíferos y de vertebrados, además se analizaron los sedimentos y se extrajeron muestras para su datación mediante diferentes métodos como la Resonancia del Espín Electrónico (ESR) y el Paleomagnetismo.

Yacimiento de Guefaït 4 durante su excavación en 2019.

Foto: Antonio Rodríguez Hidalgo IPHES-CERCA

Desde 2006, los científicos han procedido a reconocer el territorio, cartografiar las formaciones geológicas y situar geográficamente los nuevos yacimientos arqueológicos y paleontológicos.

Es sabido que tras un fenómeno tectónico se formó en la región una cuenca profunda, aislada de otras regiones por un relieve abrupto. La base de la estratigrafía de la zona de Dhar Iroumyane indica la existencia en el pasado de un paisaje con ríos que, descendiendo de los montes de Oujda, al norte, alimentaban un lago en el centro de la cuenca. Este paisaje era muy dinámico, de forma que hubo un momento en que el lago se extendió hacia Guefaït. Este cambio está registrado precisamente a partir del yacimiento de GFT-4. Los restos de reptiles y anfibios localizados en este lugar muestran un paisaje de sabana abierta, con agua en las inmediaciones y un clima semiárido. Los restos de hipopótamos allí descubiertos refuerzan la hipótesis de la existencia de un lago en la zona, devolviéndonos al "Sáhara Verde" como una gran sabana poblada por numerosas especies animales, algunas de ellas restringidas hoy en día a otros territorios y otras, extinguidas. Entre las primeras se han documentado fósiles de macacos y entre las segundas, una especie de tigre de dientes de sable de pequeño tamaño.

Extremo noroeste de la cuenca en Guefaït. La serie de Dhar Iroumyane es visible a la izquierda de la imagen y las montañas de Oujda que cierran la cuenca por el norte, a la derecha.

Foto: Alfonso Benito Calvo-CENIEH

Industria lítica del Plesitoceno Superior hallada en yacimientos de Marruecos Oriental.

Foto: IPHES-CERCA

Historia humana adaptada a un paisaje

En cuanto a la industria lítica, los investigadores lograron localizar en varios yacimientos diversas técnicas de tallado de la piedra. En tres yacimientos, Aïn Tabouda, Gara Soultana y Oued el Haï, se ha descubierto tecnología lítica de Modo 1, que consiste en la talla simple de bloques de sílex para obtener lascas de filos cortantes, sin una morfología estandarizada, para su uso inmediato. Este poblamiento primitivo se produjo durante la fase lacustre anteriormente mencionada, pero no se puede aún establecer una cronología precisa. Este fértil paisaje lacustre tuvo su final en el Pleistoceno Medio cuando, una vez colmatada la cuenca, se abrió un desfiladero que la conectó con el río Moulouya, que discurre por el noroeste. Desde entonces, las aguas fluyeron al Mediterráneo y solo en contados períodos se formaron pequeñas lagunas. A esta nueva fase corresponde el yacimiento de Oued Rabt, donde se ha localizado una industria lítica de Modo 2, con bifaces y lascas retocadas, de morfologías estandarizadas.

Este fértil paisaje lacustre tuvo su final en el Pleistoceno Medio cuando, una vez colmatada la cuenca, se abrió un desfiladero que la conectó con el río Moulouya, que discurre por el noroeste.

En un paisaje similar, a inicios del Pleistoceno Superior, se formó Oued Charef, yacimiento de Modo 3, donde se estableció temporalmente un grupo humano al parecer muy activo. En la región se han localizado numerosos yacimientos con industria lítica de Modo 3 (con lascas predeterminadas y puntas pedunculadas) en distintos lugares del valle fluvial, como Sahb el Ghar 1 y 2, y Tahya 3. Por otro lado, asentarse en puntos elevados al borde de ríos y afluentes fue algo muy característico de las gentes que desarrollaron la industria de Modo 4 (con presencia de tecnología laminar estandardizada) en Tahya 4, Gara Sultana y Aïn Tifirassine, ya en el Pleistoceno Superior Avanzado e, incluso, en el Holoceno Antiguo, con los últimos cazadores recolectores y primeros agricultores y ganaderos en Tahya 2 y Oued Za.

En resumidas cuentas, este proyecto de investigación ha puesto al descubierto la evolución del paisaje y la historia humana en la zona de Aïn Beni Mathar, mejorando considerablemente el conocimiento que hasta la fecha se tenía del Magreb (el noroeste africano) y ha demostrado que algunos asentamientos de la zona son tan arcaicos incluso como los de África Oriental.

Para saber más

Los yacimientos del Pleistoceno en Kilwa, Tanzania

Los yacimientos del Pleistoceno en Kilwa, Tanzania

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