Conspiraciones y batallas hasta llegar al poder

Tokugawa Ieyasu, el unificador de Japón

Nacido en el seno de una familia noble, Ieyasu supo aprovechar las convulsiones de su tiempo para acumular poder y seguidores, hasta convertirse en Shogun o gobernante de todo Japón. Numerosas batallas y conspiraciones marcaron su ascenso en el poder, a su muerte el país disfrutaría de una larga paz que duraría 250 años.

Will Adams y Tokugawa Ieyasu

El navegante inglés Will Adams, en la derecha, muestra un barco en miniatura a Tokugawa Ieyasu, en el centro.

Foto: CORDON PRESS

Tokugawa Ieyasu nació el 31 de enero de 1543 en el castillo de Okazaki en la provincia de Mikawa (al sur del actual Tokio) y su padre era Matsudaira Hirotada, un Daimio o señor feudal. La familia de su padre se hallaba dividida por la guerra que enfrentaba a dos clanes vecinos: Oda y Imagawa. Precisamente este enfrentamiento marcaría decisivamente su infancia: cuando solo contaba sólo un año de edad su madre fue repudiada por ser una Oda, y a los cinco tuvo que trasladarse al castillo de los Imagawa en calidad de rehén para cimentar la alianza de su padre con estos.

Los Imagawa secuestraron al pequeño durante el viaje con el fin de presionar a Hirotada para que se pasara a su bando. Su padre no cedió ante el chantaje, pero en vez de ejecutar al niño, los Oda decidieron mantenerlo con vida, educándolo como correspondía a un miembro de la nobleza.

Apenas pasado un año, Hirotada fue asesinado por un grupo de samuráis pagados por los Oda, lo cual no causaría demasiada pena en un niño que había visto como su progenitor prefería el apoyo de sus vecinos a su propia vida. La guerra entre Oda e Imagawa llegó a un punto crítico con la muerte del líder de los primeros. Aprovechando el vacío de poder resultante, los Imagawa atacaron, sitiando el castillo dónde se encontraba Ieyasu, que fue entregado como parte de las negociaciones de paz.

Los Imagawa atacaron e Ieyasu fue entregado como parte de las negociaciones de paz.

De rehén a general

Pronto, en 1556, adoptó las responsabilidades aparejadas a su mayoría de edad: visitó su patria de Mikawa, recibió el juramento de sus vasallos y al año se casó con Tsukiyama Dono, con quien tuvo un hijo y heredero. Todavía sometido a los Imagawa, sirvió con distinción en su ejército, dando precoces muestras de sus dotes de general.

Tokugawa Ieyasu

Tokugawa Ieyasu, fundador del shogunato Tokugawa.

Foto: CORDON PRESS

Su primer mando militar fue a los 15 años, a la cabeza de un ejército Imagawa asedió el castillo de Terabe, perteneciente a los Oda. La operación resultó un éxito, pues no solo incendió la fortaleza, sino que derrotó a un ejército enemigo que amenazaba sus comunicaciones. Al año siguiente dio nuevas muestras de sus excepcionales dotes militares al abastecer un fuerte asediado gracias a un ardid basado en un falso ataque contra otra posición enemiga. Gracias a esta treta consiguió que las fuerzas asediantes se trasladaran al punto amenazado, liberando el fuerte que fue prontamente reabastecido.

Su primer mando militar, a la cabeza de un ejército, fue a los 15 años.

Un nuevo Daimio

La cambiante situación en el centro de Japón pronto dio otro vuelco con el ascenso de Oda Nobunaga a la cabeza del clan. Este hábil guerrero que casi consiguió unificar Japón decidido poner fin de una vez por todas a la guerra con sus vecinos y atacó por sorpresa a los Imagawa, aplastándolos en la decisiva batalla de Okehazama.

La súbita derrota brindó a Ieyasu la oportunidad que necesitaba para sacudirse el yugo de sus captores, y aliándose rápidamente con Nobunaga (al cual conocía de la infancia) empezó una lucha por la independencia. Los preparativos tuvieron que hacerse en secreto, pues su mujer y primogénito permanecían cautivos en manos del enemigo. Gracias a un rápido ataque consiguió tomar la fortaleza de Kaminogo e intercambió los prisioneros nobles que había capturado por su familia.

En los siguientes años se dedicó a recuperar y ampliar su feudo familiar de Mikawa. Para consolidar su alianza casó a su heredero con una de las hijas de Nobunaga. Además, para mejorar su control sobre los terrenos conquistados, una vez concluida la empresa en una región o una plaza fuerte, la delegaba en uno de sus seguidores nobles, quien se convertía en un agradecido vasallo aliado.

Santuario de Nikkō Tōshō-gū

Nikkō Tōshō-gū, santuario sintoísta que se encuentra en Tochigi, Japón, y que fue construido para Tokugawa Ieyasu.

Foto: CORDON PRESS

De entre los problemas a los que tuvo que enfrentarse durante esta época destaca la revuelta de los ikkō-ikki, también conocida como la Rebelión de Kaga. Este movimiento agrupaba a monjes budistas, samuráis y campesinos, que causaban revueltas por todo el país, en una revolución anti feudal opuesta también a la tasación de los templos. En una de las muchas batallas que libró para su controlar a los ikkō-ikki, Ieyasu casi muere, pues diversas balas de arcabuz atravesaron su armadura mientras luchaba en primera fila. Pese a ello, su valor en el campo de batalla atrajo a algunos samuráis enemigos, admirados de su valía y fortaleza.

El valor en el campo de batalla de Ieyasu atrajo a algunos samuráis enemigos, admirados de su valía y fortaleza.

Aliados y rivales

Con las revueltas bajo control, Ieyasu pudo concentrarse en expandir sus dominios. Sus tropas lucharon junto a Nobunaga (quien se había convertido en el daimio más importante de Japón), derrotando a diversos clanes en diferentes territorios del actual Japón.

Este avance arrollador le llevó a enfrentarse a otro destacado general, Takeda Shingen, contra quien libró diversas batallas. Una de las más famosas y decisivas fue la batalla de Mikatagahara donde Ieyasu fue derrotado. Sin embargo, a pesar del descalabro, reunió a los soldados que le quedaban en un castillo cercano, lo que puso en alerta a Shingen, quien sospechó que quizá Ieyasu tenía más tropas de refresco en el interior. Este temor se agravó cuando una incursión nocturna contra el campamento Takeda Shingen le hizo retirar a sus tropas consiguiendo así Ieyasu una victoria en lo que, poco antes, era una derrota decisiva.

Conspiración contra Nobunaga

En 1579 un duro golpe en el seno de su familia oscureció esta brillante cadena de triunfos. Nobunaga acusó a la mujer e hijo de Ieyasu de haber conspirado para asesinarlo. Reacio a echar a perder una alianza tan provechosa, decidió creer la acusación, ejecutando a su mujer y obligando a su hijo a cometer un suicidio ritual.

Ieyasu ejecutó a su mujer y obligó a su hijo a cometer un suicidio ritual.

Apenas tres años más tarde, en 1582, el asesinato de Nobunaga por uno de sus vasallos volvió a sumir al país en el caos. Ieyasu se encontraba lejos de sus ejércitos, visitando territorios sometidos recientemente, con el consiguiente peligro de que le apresaran y comenzara una nueva revolución en la zona. Sin embargo, gracias a las habilidades para el subterfugio y con la ayuda de un grupo de 300 ninjas liderados por Hattori Hanzo, consiguió volver a Mikawa y preparase para la guerra.

Asedio del Castillo de Osaka

Uno de los capitanes de Ieyasu, Honda Tadatomo, lidera un ataque contra el Castillo de Osaka en el año 1615. 

Foto: CORDON PRESS

Del nuevo período de conflictos que estalló a continuación surgió Toyotomi Hideyoshi, quien después de derrotar al clan Shibata en la batalla de Shizugatake consiguió unificar gran parte de Japón.

En esta contienda Ieyasu se puso del lado del hijo de Nobunaga, Oda Nobukatsu, quien rechazaba someterse a Hideyoshi. Aunque él derrotó a las tropas de Hideyoshi, otras fuerzas aliadas fueron vencidas, lo que dejó la guerra en tablas. Para evitar más derramamiento de sangre, Nobukatsu y Ieyasu se declararon aliados de los Toyotomi, preservando así sus tierras y ejércitos.

Hideyoshi, el amo de Japón

Con Hideyoshi convertido en el amo indiscutible del Japón, Ieyasu decidió rebajar su perfil político, intercambiado sus provincias por un territorio más pequeño alrededor de Edo (hoy Tokyo), dónde construyó su nueva capital y esperó acontecimientos.

Su paciencia dio sus frutos en 1592. Confiado en que su conquista del imperio era definitiva Hideyoshi decidió ampliarlo invadiendo Corea.La desastrosa derrota que sufrió a manos de los coreanos se completó con su muerte en 1598 lo que terminó de debilitar al clan.

Sekigahara

Aprovechando la fragmentación de los dominios del hijo de seis años de Hideyoshi, Ieyasu se lanzó a la lucha por la hegemonía, reuniendo a millares de seguidores de entre las provincias orientales de Japón. En 1599 sus fuerzas tomaron Osaka, capital de los Toyotomi. Tras esta declaración de guerra el país quedó partido en dos, sucediéndose una serie de escaramuzas y asedios.

La batalla final habría de tener lugar en Sekigahara. Los enemigos de Ieyasu habían recapturado Osaka y rodeado la capital imperial de Kioto, defendida por los Oda. Reuniendo a sus vasallos en Edo, Ieyasu partió al encuentro del enemigo, que bloqueaba el camino a la capital. Las dos fuerzas se encontraron el 20 de octubre de 1600 al noreste de Kioto.

Pese a hallarse en inferioridad numérica, con solo 75.000 hombres frente a los 120.000 de los Toyotomi, Ieyasu había estado en contacto con numerosos señores del bando contrario, tentándoles con recompensas si traicionaban a sus aliados durante la batalla.

Ieyasu contactó con numerosos señores del bando contrario, tentándoles con recompensas si traicionaban a sus aliados durante la batalla.

Confiados en sus defensas centradas alrededor del monte Tengu, los enemigos no se movieron. El primer empuje de los hombres de Tokugawa Ieyasu contra el flanco izquierdo consiguió empujar al enemigo colina arriba, hasta que fue frenado por el ataque del clan Otani.

El asedio del Castillo de Osaka

Esta escena representa como fue el asedio del Castillo de Osaka, en 1615, una la batalla emprendida por el shogunato Tokugawa contra el clan Toyotomi Asedio de Osaka.

Foto: CORDON PRESS

El shogun Tokugawa

Nombrado oficialmente shogun por el emperador en 1603, Ieyasu emprendió un programa político destinado a consolidar su recién adquirido poder. Desposeyó a algunos clanes enemigos de sus tierras y aniquiló los últimos centros de resistencia, asesinando al hijo de Hideyoshi en 1615 durante un segundo asedio de Osaka.

A nivel interno se aseguró de mantener al país aislado del exterior, limitando el comercio europeo a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Decretó también la expulsión de los cristianos, seguramente para prevenir revueltas religiosas como las que había sufrido en Mikawa y frenar la influencia española, que había llegado a conquistar las Filipinas en 1565.

Realizó también un amplio programa de construcciones, incluida la restauración de numerosos templos dañados por los largos años de guerra, un castillo en Shizuoka donde estableció su residencia oficial y un inmenso palacio en Edo, el mayor jamás construido, que sería la residencia oficial de los shogunes descendientes de su linaje.

Si bien su política exterior fue en extremo conservadora, no fue este el caso de sus vasallos. Por ejemplo, uno de ellos, Date Masamune envió embajadores a Europa, visitando Roma e incluso llegando a quedar inmortalizados en un fresco del Palazzo del Quirinale. Por su parte, el clan Satsuma por su parte conquistó las islas Nansei al oeste de Japón.

Tokugawa Ieyasu murió en 1616, siendo deificado por la religión sintoísta, que todavía lo venera hoy en día como uno de los protectores del Japón. Tras su muerte, su dinastía gobernaría durante los 250 años siguientes, presidiendo un paréntesis de espléndido aislacionismo conocido como Sakoku, en el que florecerían numerosas artes como la caligrafía, el Kendo y el cuidado de bonsáis entre otras.

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Onna-bugeisha, las mujeres guerreras de Japón

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