El pintor al que la fortuna sonreía

Tiziano, el gran maestro del retrato

En la historia del arte, Tiziano Vecellio fue un hombre excepcional en todos los aspectos. De él destacan no solo la calidad de sus pinturas y sus innovaciones, sino también que, al contrario que muchos de sus colegas, tuvo una vida holgada en la que nunca le faltó trabajo, fama ni dinero.

Autorretrato de Tiziano en 1550

Foto: Gemäldegalerie, Berlín

Tiziano Vecellio ha sido descrito en ocasiones como uno de los pintores más afortunados de la historia. Tuvo todo cuanto un artista podría desear: trabajo constante, fama eterna, una riqueza envidiable, una vida familiar bastante afortunada para la época (aunque truncada por la temprana muerte de su mujer), viajó por gran parte de Europa y se codeó con los hombres más poderosos de su tiempo, que se disputaban sus servicios. No hay duda de que su trabajo lo valía, pero tampoco de que tuvo más suerte que otros muchos. Vivió en el periodo de mayor esplendor de la República de Venecia y, aunque suene a tópico, era la persona adecuada en el momento adecuado.

Talento precoz

Tiziano nació en la localidad de Pieve di Cadore, en el Véneto, a finales del siglo XV. Su fecha de nacimiento es muy discutida y las propuestas van desde 1477 a 1490, porque documentos escritos por el propio pintor en los que menciona su edad dan como resultado fechas distintas, por lo que en varios de ellos -o tal vez en todos- mintió. Según una historia de infancia, empezó a manifestar su talento muy joven dibujando imágenes de la Virgen en los muros de la casa paterna, usando como pintura el jugo exprimido de hierbas y flores.

Anécdotas como estas abundan en los relatos de la infancia de grandes pintores, pero ciertamente algún talento debió demostrar aquel niño para que su padre lo enviara a casa de su tío Antonio, en Venecia, quien se encargó de que entrara en el taller de Gentile Bellini, importantísimo artista que ostentaba el cargo de Pintor Oficial de la Serenísima. En sus años de formación conoció a otros aprendices que se convertirían en pintores reconocidos de la escuela véneta, entre ellos Giorgio da Castelfranco, llamado Giorgione, que fue además un buen amigo hasta que la peste se lo llevó en 1510.

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Ya desde su época de aprendiz, Tiziano demostró un interés y un talento especial para los retratos. La Serenísima vivía en aquel momento el apogeo de su esplendor y muchos nobles destinaban importantes sumas a encargar retratos que reflejaran su importancia. También cobraba una gran importancia el retrato femenino, generalmente de las hijas casaderas, para enviar a los posibles pretendientes: es en este tipo de retratos done el pintor de Cadore demostraba mejor su talento, logrando un gran realismo en detalles como el cabello rizado o la comisura de los labios. Los personajes de Tiziano no son meros bustos, sino personas que casi miran y respiran.

Flora (1515), óleo sobre lienzo

Flora (1515), óleo sobre lienzo

"Flora" es la pintura más famosa de una serie de retratos de temática mitológica realizados durante la década de 1510. Con la mujer como tema central, se caracterizan por su erotismo y por la gran atención a detalles como el cabello o los pliegues de la ropa.

Foto: Galleria degli Uffizi, Florencia
Retrato de Federico II Gonzaga (1525-1528), óleo sobre lienzo

Retrato de Federico II Gonzaga (1525-1528), óleo sobre lienzo

Federico II de Gonzaga, duque de Mantua, fue uno de los grandes protectores de Tiziano: financió su primer retrato de Carlos de Habsburgo y probablemente intercedió por él ante el emperador. En el retrato se puede apreciar el gran detalle en los brocados y en el pelo del perro.

Foto: Museo del Prado
Venus de Urbino (1538), óleo sobre lienzo

Venus de Urbino (1538), óleo sobre lienzo

La Venus de Urbino, también llamada popularmente "Venus del perrito", es seguramente la pintura más famosa de Tiziano. En ella, el artista hace uso de toda su experiencia retratística y un gran dominio del claroscuro en detalles como las arrugas de las telas. Introduce además un gran número de alegorías como el perro, símbolo de la fidelidad.

Foto: Galleria degli Uffizi, Florencia

Un artista afortunado

La fama de Tiziano se consolidó rápidamente en todo el territorio del Véneto, especialmente a medida que los artistas de su generación partían hacia otras ciudades como Florencia y Roma en busca de fortuna, dejándole como maestro indiscutido de la pintura en Venecia. Además de los encargos privados, recibía importantes encargos públicos del gobierno de la República, que le aseguraban un generoso sueldo anual y numerosos privilegios fiscales. En su época de madurez, empezó a diversificar su pintura y a trabajar en temas religiosos, históricos y mitológicos. Su talento para los retratos se reflejaba en los cuadros de gran formato y sus ricos clientes empezaron a encargarle también numerosas obras de este tipo, especialmente de temática mitológica.

A pesar de recibir invitaciones para trabajar en otras ciudades, Tiziano se resistió durante muchos años a abandonar Venecia, puesto que en la ciudad de la laguna no había nadie que pudiera hacerle sombra y tenía la gran fortuna de no tener que perseguir el trabajo. La situación cambió con la muerte de su esposa Cecilia en 1530, que le había dado dos hijas y dos hijos, uno de los cuales, Horacio, se convertiría en su sucesor. Esa tragedia marcó el inicio de un cambio en su estilo, que fue adquiriendo tintes más dramáticos.

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Ese mismo año, no obstante, el artista tuvo uno de los encuentros más importantes de su vida: nada menos que con el emperador Carlos de Habsburgo, uno de los hombres más poderosos de su tiempo, para quien pintó varios retratos. Carlos, que en un primer momento le pagó una modesta suma, cambió drásticamente de opinión -posiblemente por influencia de nobles clientes de Tiziano-, lo nombró pintor primero de su corte y lo elevó a la dignidad de noble del Sacro Imperio. Desde entonces el pintor acompañó al emperador en todas las grandes ocasiones, consolidando definitivamente su fortuna, una relación que continuaría bajo el reinado de su sucesor Felipe II. Entre 1545 y 1548 se instaló también en Roma, donde pintó numerosos retratos para nobles, cardenales y el propio papa Pablo III.

Retrato de Carlos V a caballo (1548), óleo sobre lienzo

Retrato de Carlos V a caballo (1548), óleo sobre lienzo

Este retrato es el tercero que Tiziano realizó para Carlos V del Sacro Imperio y I de España. Se trata de una pintura regia que tiene como objetivo transmitir una imagen de poder y majestuosidad, y en la cual ya se puede observar un fuerte dramatismo y tonos oscuros, características propias del arte barroco.

Foto: Museo del Prado
Magdalena penitente (1550), óleo sobre lienzo

Magdalena penitente (1550), óleo sobre lienzo

La temática religiosa fue una de las que más cultivó Tiziano, especialmente en formato retrato. Esta pintura de 1550 conjura a la perfección la excelencia de su estilo de retratista y el dramatismo de su segunda etapa.

Foto: Museo nazionale di Capodimonte, Napoli
Rapto de Europa (1560-1562), óleo sobre lienzo

Rapto de Europa (1560-1562), óleo sobre lienzo

Este cuadro resulta muy ilustrativo de la segunda etapa de Tiziano: el fondo está realizado con pinceladas gruesas y la escena es de un fuerte dramatismo, dando como resultado una pintura muy dinámica para alguien que se especializó en el retrato.

Foto: Isabella Stewart-Gardner Museum, Boston

El ocaso del gran artista

En 1548, ya entrado en la vejez, el pintor se instaló de nuevo en Venecia. Pero su larga ausencia había tenido efecto: una nueva generación de artistas había ocupado el lugar que había dejado vacante, algunos de gran talento como Paolo Veronese y Tintoretto; a este último lo había rechazado como discípulo en la infancia por miedo a que se convirtiera en un peligroso rival, como efectivamente sucedió. Su estilo había cambiado mucho y daba muestras de no estar en sintonía con la moda imperante en los retratos; además, en su vejez se volvió muy autocrítico y podía tardar años en terminar un encargo, algo inaceptable para un retratista.

Desde su estancia en Roma, Tiziano empezó a dar una mayor importancia al color que al trazo, dando como resultado pinturas de gran impacto visual pero a menudo demasiado graves para el gusto de sus clientes y que vistas de cerca podían parecer incluso toscas. El artista e historiador del arte Giorgio Vasari, que lo visitó en 1566, comparó sus dos épocas con estas palabras: “Las primeras obras fueron realizadas con una cierta finura y una diligencia increíble, y pueden ser vistas de cerca y de lejos; las últimas, realizadas a golpes, de forma gruesa y con manchas, no se pueden ver de cerca, mientras que de lejos resultan perfectas.” A pesar de esta mirada crítica Vasari hace una muy buena valoración de Tiziano, algo notable teniendo en cuenta la poco sutil simpatía filotoscana del historiador.

El doge Antonio Grimani adorando a la Fe (1575-1576)

El doge Antonio Grimani adorando a la Fe (1575-1576)

Este cuadro alegórico es un ejemplo del fuerte sincretismo entre pintura histórica y sacra, tan propio del arte veneciano. Fue un encargo del Consejo de los Diez, uno de los máximos órganos de gobierno de la República de Venecia.

Foto: Palacio Ducal, Venecia
Piedad (1576), óleo sobre tela

Piedad (1576), óleo sobre tela

Esta es la última obra de Tiziano, que debía servir de pago por su sepultura en la Iglesia de los Frari. Sin embargo, murió sin terminarla y fue completada por Palma el Joven.

Foto: Gallerie dell'Accademia, Venecia

A pesar de haber perdido el primato indiscutible que había ostentado en su juventud, la fama de Tiziano seguía siendo importante y nunca le faltó trabajo ni dinero: ni siquiera durante su larga ausencia el gobierno veneciano le había retirado el título de Pintor Oficial de la Serenísima, que conservó hasta su muerte. Los clientes parecían apreciar el dramatismo de sus pinturas especialmente en encargos de temática religiosa y estaban más dispuestos a esperar largo tiempo para que el viejo maestro les entregara una obra de la que se sintiera orgulloso. Una buena muestra de su fama es que Tintoretto, la nueva estrella naciente del arte veneciano, en un cartel colocado en la puerta de su taller prometía “el dibujo de Miguel Ángel y el color de Tiziano”.

Entre 1575 y 1576, una violenta epidemia de peste asoló Venecia y entre sus numerosas víctimas se llevó al anciano Tiziano, que murió el 27 de agosto de 1576; y también a su hijo y sucesor Horacio, que falleció un mes antes que su padre. La Serenísima honró a su mayor pintor con un último privilegio: el de ser enterrado en la Iglesia de los Frari, a pesar de que por ley los muertos de peste eran arrojados a una fosa común e incinerados; el Senado veneciano modificó la ley ad hoc e incluso corrió con los gastos de su funeral y de una misa solemne en la Basílica de San Marcos, como si de un hombre de estado se tratase. El tiempo había hecho lugar a nuevos artistas, pero Venecia nunca olvidaría a Tiziano Vecellio.