La historia de Roma desde su fundación

Tito Livio, el gran historiador de Roma

El historiador Tito Livio dedicó cuarenta años a escribir la mayor obra sobre la historia de Roma: Ab Urbe condita, de cuyos 142 libros solo se conservan 35

Tito Livio

Foto: CC

De entre todos los autores romanos, pocos pueden compararse con Tito Livio en lo que se refiere al volumen de su producción. Este historiador dedicó alrededor de cuarenta años de su vida a escribir la obra más ambiciosa que se había hecho nunca sobre la historia de Roma: Ab Urbe condita, “Desde la fundación de la Ciudad”, más conocida como Historia de Roma desde su fundación.

A pesar de su importancia en la historiografía romana, se conoce muy poco sobre la vida de Tito Livio. Se sabe que nació en Patavium (actual Padua), alrededor del año 59 a.C. según otro historiador posterior, Suetonio; y que murió en la misma ciudad en el 17 d.C. Aunque no pertenecía a la aristocracia es indudable que poseía una gran riqueza, tanta como para dedicarse a la escritura a tiempo completo durante la mayoría de su vida; según afirma él mismo algunos de sus antepasados habían ocupado magistraturas importantes, pero él no hizo carrera política.

Tito Livio y Virgilio jugaron un papel clave para convertir el latín en lengua literaria, acercar a los romanos a su propia historia y crear un relato glorioso sobre los orígenes de Roma

En el año 30 a.C. o poco después se trasladó a Roma, donde conoció a Augusto, que acababa de asegurar su poder tras la victoria sobre Marco Antonio y Cleopatra. A pesar de que Tito Livio era de ideas republicanas siempre mantuvo una buena relación con el nuevo hombre fuerte de Roma, tanto que muchos años más tarde este le encargó la educación de su nieto, el futuro emperador Claudio: parece ser que el historiador causó una honda impresión en el joven Claudio, que antes de subir al poder se dedicó él mismo a escribir tratados de historia.

Aunque dominaba el griego -que hasta entonces era la lengua culta- optó por escribir en latín para que su obra pudiese llegar a los ciudadanos comunes. Junto con Virgilio, el gran poeta que escribió la Eneida, jugaron un papel clave para convertir el latín en lengua literaria, acercar a los romanos a su propia historia y crear un relato glorioso sobre los orígenes de Roma.

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Lo cierto es que la obra de Tito Livio no se ajusta a los criterios de rigurosidad que hoy exigiríamos en un trabajo histórico. En la Historia de Roma desde su fundación, el autor muy a menudo mezcla elementos históricos con mitos, incluso dando diversas versiones contradictorias sobre los mismos eventos. Esto se debe a dos factores: en primer lugar, al no tener un cargo público tampoco tenía acceso a documentos oficiales y se basaba en fuentes de segunda mano; y en segundo lugar, su intención no era elaborar un relato fiable, sino recopilar toda la información que había disponible para ponerla al alcance del lector. En algunos momentos entra incluso en la ucronía imaginando, por ejemplo, qué hubiera sucedido si Alejandro Magno se hubiera lanzado a la conquista del occidente romano en vez del oriente persa.

La Historia debía estar compuesta de 142 libros recopilados en grupos de cinco (pentadas) y diez (decados) que cubrían determinados arcos temporales (los orígenes de Roma, las diversas guerras, los grandes personajes de cada momento, etc.). De estos solo se conservan los libros que van del 1 al 10 y cubren desde la fundación de la ciudad hasta la Tercera Guerra Samnita (años 753 a 290 a.C.); y del 21 al 45, desde la Segunda Guerra Púnica hasta los albores de la Tercera Guerra Macedónica (años 218 a 171 a.C.). Los demás se conocen gracias a referencias o sumarios.

Ab Urbe condita

Ab Urbe condita

Códice del siglo XV que recopila los libros 21 al 30 de la Historia. La obra de Tito Livio continuó siendo muy popular durante la Edad Media y el Renacimiento. Colección Duque de Calabria, Universidad de Valencia, Biblioteca Histórica.

Foto: CC Dorieo

Tito Livio empezó a trabajar en la Historia alrededor del año 27 a.C. y prosiguió casi hasta su muerte, como mínimo hasta el año 12 d.C. Esto supone un ritmo de tres libros y medio por año, a lo que hay que añadir en los años finales su trabajo como preceptor de Claudio. No se le conocen otras ocupaciones durante el tiempo que dedicó a esta obra, por lo que es de suponer que contaba con una gran fortuna o tierras de las que vivir.

Lo que hizo tan célebre la Historia fue que no se trataba de una mera recolección de datos, sino de un texto pensado para llegar a la gente común

Lo que hizo tan célebre la Historia fue que no se trataba de una mera recolección de datos, sino de un texto pensado para llegar a la gente común. El escritor hablaba a los romanos de su propio pasado, de los grandes personajes de su historia pero también de sus leyendas y mitos, mezclando el saber oficial con el popular. Ya en vida cosechó una gran fama: célebre es la anécdota, recogida por Plinio el Joven, acerca de un hombre que viajó desde Gades (Cádiz) en Hispania hasta Roma solo para poder ver a Tito Livio en persona.

La Historia también tenía una clara intención moral, al presentar los valores que habían hecho grande a Roma y que el autor creía que estaban siendo olvidados. Esa podría ser una razón por la que Augusto toleraba su filorepublicanismo, puesto que el emperador era también un promotor de los valores romanos tradicionales. Así como la Eneida de Virgilio legitimaba el principado desde el punto de vista histórico, la obra de Tito Livio lo hacía desde el punto de vista moral. Ese apego por la tradición, junto con el desprecio que el historiador mostraba por la corrupción, seguramente influyeron en la decisión de Augusto de confiarle la educación de Claudio.

Plinio el Joven recoge la anécdota de un hombre que viajó desde Gades (Cádiz) en Hispania hasta Roma solo para poder ver a Tito Livio en persona

Tito Livio murió sin terminar su gigantesca obra, que habría querido hacer llegar hasta su propia época. Aun así se trata de un trabajo nada desdeñable, puesto que nadie hasta entonces había intentado narrar la historia completa de Roma con todos sus matices. Como el propio autor reconocía: “Puede que la tarea que me he impuesto de escribir una historia completa del pueblo romano desde el comienzo mismo de su existencia me recompense por el trabajo invertido en ella, no lo sé con certeza, ni creo que pueda aventurarlo. (...) Aunque esto sea así, seguirá siendo una gran satisfacción para mí haber tenido mi parte también en investigar, hasta el máximo de mis capacidades, los anales de la nación más importante del mundo”.