Grandes descubrimientos

Tito Bustillo, la joya subterránea de Asturias

Hace medio siglo, espeleólogos aficionados sacaron a la luz una de las cuevas con arte rupestre más importantes de Europa

Tito Bustillo 1

Foto: Alberto Morante / EFE

El 11 de abril de 1968, unos jóvenes espeleólogos pertenecientes al grupo de montaña Torreblanca y dos de sus amigos riosellanos descendieron por el Pozo’l Ramu, una sima del macizo de Ardines, en el término municipal de Ribadesella. Aquel día, las luces que llevaban consigo iluminaron los enigmáticos signos de lo que hoy conocemos como Camarín de las Vulvas y algunos caballos del Panel Principal. Poco después de aquel hallazgo, el primero de mayo, falleció uno de los descubridores en un accidente de montaña: Celestino Fernández Bustillo, Tito Bustillo para sus compañeros, que dieron su nombre a la cueva. Lo que vieron aquellos chicos ese día de abril fue un atisbo de las decenas y decenas de figuras rupestres que contiene la cueva y que le confieren una importancia excepcional. Tan es así que cuarenta años más tarde, en 2008, la Unesco la incluyó en su Lista de Patrimonio Mundial.

Cronología

Vuelta a la vida

Hace 30.000 años

Cazadores-recolectores ejecutan en Tito Bustillo las primeras obras pictóricas y grabados.

Hace 14.000 años

Fase magdaleniense. Mayor esplendor artístico de Tito Bustillo. Ejecución de las figuras bícromas.

Hace 9.500 años

La entrada de la cueva se colmata y la actividad paleolítica se interrumpe definitivamente.

1968

Descubrimiento casual de la cueva y de sus pinturas rupestres por jóvenes espeleólogos.

Vida cotidiana

Tito Bustillo es una cueva modesta en su recorrido, de unos 700 metros, pero monumental en sus dimensiones, con espacios anchos y altas bóvedas, que se complementan con espacios angostos y reservados para el tránsito. La entrada prehistórica, situada en el extremo opuesto al actual acceso para los visitantes, y que con el tiempo se colmató (es decir, se rellenó con distintos materiales), fue una sala de dimensiones monumentales. Los humanos la ocuparon desde hace 14.500 años hasta hace 9.500 años.

Los materiales recuperados, herramientas de piedra, hueso y asta, son un ejemplo de las capacidades y habilidades técnicas de los grupos de cazadores-recolectores que frecuentaron Tito Bustillo durante esos cinco milenios. Puntas, arpones, azagayas, bastones perforados, agujas, huesos de animales, moluscos y hogares, entre otros hallazgos, nos informan de qué y cómo cazaban, pescaban y cocinaban, e incluso de la confección de ropajes.

Tito Bustillo 4

Tito Bustillo 4

Arpones en hueso procedentes de Tito Bustillo.

Foto: Oronoz / Album

Otros elementos nos permiten vislumbrar su universo simbólico. Colgantes para decoración corporal, y huesos y piedras grabados con animales y signos hablan de sus ritos y sus relaciones sociales. Incluso un enterramiento de hace 9.500 años nos acerca a sus sentimientos sobre la muerte y sus semejantes. Pero todo hace presuponer que los 5.000 años de ocupación humana que conocemos son sólo una pequeña parte de un tesoro mayor que guardan los sedimentos de la cueva. Seguramente nuevos trabajos pondrían al descubierto materiales y actividades humanas mucho más antiguos. Las investigaciones realizadas hasta el momento son la punta del iceberg.

Arte rupestre

Tito Bustillo es un hito del arte paleolítico, una forma de lenguaje gráfico que se inició hace al menos unos 65.000 años con los neandertales. Pero, por lo que sabemos, los más de doscientos motivos de Tito Bustillo son obra de Homo sapiens, la especie que sucedió a los neandertales y a la que pertenecemos. Su arte está disperso por casi todo el recorrido de la cueva, en espacios amplios y asociados a zonas de tránsito preferente, como el Panel Principal, o en espacios reducidos, escondidos y laterales, como la Galería de los Antropomorfos o el Camarín de las Vulvas.

Tito Bustillo 2

Tito Bustillo 2

Caballo bícromo, en negro y violeta, en el panel principal. Tito Bustillo es una de las pocas cavidades con arte paleolítico en el mundo con figuras bícromas. Los colores negro, rojo y violáceo, a veces degradados mediante frotado creando transparencias del color de la roca, se combinan para dar volumen a los animales. Un ejemplo de realidad y viveza.

Foto: Marcos García Díez
Tito Bustillo 3

Tito Bustillo 3

Caballo del Panel Principal realizado en negro con carbón vegetal a modo de lapicero.

Foto: Marcos García Díez

A unos 160 metros de la entrada original, en un lado de la galería principal, se encuentra una amplia superficie a modo de gran lienzo de varios metros: el Panel Principal. Este espacio tuvo cierto poder de atracción, ya que durante miles y miles de años una larga tradición oral implicó que se visitara reiteradamente el espacio decorado y se le añadiera motivo tras motivo. Hoy en día, el Panel Principal es un gran palimpsesto de animales y signos superpuestos grabados, pintados y dibujados. No está claro cuándo se empezó a decorar, pero no habría que descartar que fuera en un momento muy antiguo, hace al menos 30.000 años. Lo que sí sabemos es que el panel se amplió durante milenios, hasta hace al menos unos 12.000 años.

La primera impresión al observar el Panel Principal es de ensimismamiento. Uno se siente pequeño al contemplar la impactante acumulación de color. Segundos después empezamos a descubrir renos, bisontes, uros, ciervas, ciervos, signos como parrillas y formas envolventes, manchas de color informes y, sobre todo, caballos. Son estos últimos, junto con algunos renos, los que reciben una mayor atención del espectador por su colocación preferente en el panel, por la viveza de su color y por sus dimensiones (alguno supera los dos metros). Además, muestran detalles anatómicos como el volumen abdominal y el pelaje.

La cueva no sólo era un lugar donde vivir, sino un espacio vinculado a ritos y creencias

Siguiendo la galería principal se llega casi al final de la cueva donde, tras subir una empinada rampa, está el llamado Camarín de las Vulvas, un espacio segregado del recorrido principal y en cierta manera escondido. En su interior destacan formas de tipo circular y oval que numerosos estudiosos vinculan a genitales femeninos. Aunque su interpretación siempre estará sujeta a discusión, debe aceptarse que la fertilidad, directamente vinculada al mantenimiento demográfico de los grupos humanos, hubo de ser, como hoy lo es, una preocupación constante. Pero ¿cómo se explica el Panel Principal? ¿Cómo se explica que en esta cueva se decorasen las paredes durante milenios?

La memoria colectiva

Algo tuvieron Tito Bustillo y la actual Ribadesella para que los grupos nómadas volvieran reiteradamente a la cueva, que debió de ser un lugar de encuentro de diferentes grupos humanos. Posiblemente una parte de la explicación radique en la consideración que estos grupos tenían del espacio. Puede, en efecto, que nuestros ancestros entendieran las arquitecturas naturales que son las cuevas no sólo como un lugar para vivir, sino también como un espacio monumental y vinculado al mundo de los símbolos, los ritos y las creencias. Una cueva era lugar de cobijo, de reunión e intercambio de ideas.

Probablemente, las imágenes de su interior –esos símbolos que son los animales, los antropomorfos y los signos– constituyan el más fiel reflejo de los relatos que los grupos paleolíticos forjaron para sentirse unidos y explicarse fenómenos que no podían comprender; así habría surgido un complejo mundo de creencias que no alcanzamos a explicar. Generación tras generación, posiblemente en base a una dilatada tradición oral, los grupos humanos volvieron a Tito Bustillo para hallar respuestas a sus inquietudes, ampliando la iconografía y reutilizando las figuras ya realizadas. Igual que volvemos nosotros para acercarnos al origen de nuestra mente y la de nuestros antepasados.

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Tito Bustillo 5

Tito Bustillo 5

Figura humana en rojo de la Galería de los Antropomorfos, en la cueva de Tito Bustillo.

Foto: Marcos García Díez

Siluetas humanas

la representación de la figura humana es algo excepcional en el arte paleolítico, por lo que su presencia en Tito Bustillo otorga aún más importancia a este lugar. Las que hay en la cueva se ejecutaron hace unos 30.000 años, durante las primeras fases de realización de pinturas en la cueva.

Hacia su parte final, en un espacio escondido y de muy difícil acceso, se dibujaron a ambos lados de una cortina estalagmítica dos figuras humanas en rojo. Las descubrió en el año 2000 el profesor Rodrigo de Balbín, estudioso de la cueva, que las ha interpretado como un hombre y una mujer. Pero ¿por qué las dibujaron en un espacio recóndito? ¿Acaso se trataba de un arte simbólico al que sólo podían acceder unos pocos?

Este artículo pertenece al número 203 de la revista Historia National Geographic.