El Titanic, un hotel de lujo flotante

El interior del Titanic era un verdadero regalo para la vista, y no sólo por la belleza de su decoración.

El transatlántico contaba con lujos increíbles para la época: piscina, pastelería, baño turco, zonas para pasear a los perros, barbería, un gimnasio, ascensores eléctricos o varios salones de exquisita decoración dedicados a la lectura o para los fumadores; eso sin contar los suntuosos comedores y cafés. En palabras del pintor Frank Millet, «tiene de todo menos taxis y teatros». Semejantes deleites estaban reservados para los pasajeros de primera clase, pero lo cierto es que el barco se construyó para que todos pudieran disfrutar de la generosa magnificencia del coloso.

El alojamiento en tercera clase era «también de un carácter muy superior», como anunciaba la propia White Star. Sus ocupantes, hombres y mujeres de clases populares que emigraban a Estados Unidos –la nueva Tierra Prometida–, se quedaron asombrados al comprobar el tamaño de los camarotes, que contaban con calefacción y luz eléctrica, o el espacio destinado a sus comedores.

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Foto: Wikimedia Commons

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Pese a contar con capacidad para 2,435 pasajeros el Titanic zarpó afortunadamente con solo 1.316 en su travesía inaugural.

 

Foto: Granger / Album

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Escalera majestuosa

La gran escalinata principal era el corazón de la vida de primera clase. Se elevaba majestuosamente a través de seis cubiertas y estaba rematada por una cúpula de cristal que permitía el paso de la luz natural. Como otras fotos, ésta es del interior del Olympic.

Foto: Bridgeman / Aci

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Las barberías del Titanic

Estaban situadas en primera y segunda clase. En la imagen su gemela en el Olympic

Foto: Bridgeman / Aci

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Paseadores de perros

Dos miembros de la tripulación pasean a los perros de los pasajeros de primera clase. Estos eran los únicos a los que se le permitía acceder al buque con animales.

Foto: Bridgeman / Aci

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Preparadores físicos

Thomas W. McCawley prueba la máquina de remo del entonces moderno gimnasio del Titanic.

Foto: Cordon Press

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Ejercicio en alta mar

Además de máquinas de remos y pesas el gimnasio contaba con algunas de las modernas bicicletas estáticas inventadas hacía poco.

Foto: Cordon Press

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La piscina

Junto a unos lujosos baños turcos en los que relajarse, el Titanic contaba con una pequeña piscina de 10 por 4 metros situada sobre la sala de máquinas.

Foto: Wikimedia Commons

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A golpe de raqueta

Situada en proa la pista de squash contaba con un entrenador contra quien los pasajeros de primera podían concertar partidas, Fred Wright

Foto: Alamy /Aci

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Salones de té

En los distintos locales de primera clase del Titanic se podía tomar el té.

Foto: Bridgeman / Aci

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Salón de fumadores

Los caballeros de la alta sociedad podían beber una copa y disfrutar de un habano en el salón de fumadores o instalarse en un lujoso comedor .

Foto: Alamy / Aci

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Amplia oferta de bares y restaurantes

Por si los locales del Titanic no resultaban lo bastante exclusivas, la cadena Ritz gestionaba un restaurante con sus propios trabajadores.

Foto: Cordon Press

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La sala de lectura

La opulenta sala de lectura de la cubierta A era un espacio dedicado a las damas de primera clase para que pudieran retirarse a descansar tras la cena.

Foto: Cordon Press

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Llamada de socorro

Operada por Jack Phillips y Harold Bride la sala de radio del Titanic era una incorporación reciente a las líneas de trasatlánticos, pues Guillermo Marconi solo la había patentado ocho años atrás. Afortunadamente la White Star decidió incluirla en su nuevo proyecto, salvando así la vida de 706 personas.

Foto: Wikimedia Commons

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Un palacio sobre las olas

Las 371 suites de primera clase del Titanic contaban con bañeras de agua salada y duchas de agua dulce, además de muebles y camas estilo Luís XVI.

Foto: Cordon Press

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Vistas al mar

Los dos apartamentos más exclusivos del barco eran las cuatro suites de salón con terraza privada, ocupadas por personajes tan insignes como el director de la White Star J. Bruce Ismay o la millonaria Charlotte Drake Cardeza y su familia.

Foto: Wikimedia Commons

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Pero el lujo no solo estaba reservado a los pasajeros de primera, los camarotes de segunda (como el de la imagen) eran tan anchos y cómodos como los de mayor categoría en barcos como el Carpathia.

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