La huella de Amarna

El tesoro de Tutankamón: pruebas de un enigma no resuelto

El breve reinado de Tutankamón se asocia, por parte de los estudiosos, con el retorno de Egipto al culto tradicional al dios Amón tras el paréntesis de Amarna. Pero las piezas de su tesoro plantean un enigma no resuelto: ¿fue acaso el faraón niño un seguidor de la herejía atoniana hasta el final de sus días?

Detalle de la famosa máscara de oro y lapislázuli que cubría cabeza y hombros de la momia del faraón Tutankamón. Museo Egipcio, El Cairo.

Detalle de la famosa máscara de oro y lapislázuli que cubría cabeza y hombros de la momia del faraón Tutankamón. Museo Egipcio, El Cairo.

Detalle de la famosa máscara de oro y lapislázuli que cubría cabeza y hombros de la momia del faraón Tutankamón. Museo Egipcio, El Cairo.

iStock

"Él ha hecho que todo lo que estaba destruido floreciera como un monumento para los tiempos de la Eternidad; él ha expulsado el engaño de las Dos Tierras. La justicia se ha asentado…". De este modo se celebraba el advenimiento de Tutankamón en la Estela de la Restauración, una inscripción que recoge un decreto promulgado en Menfis y que fue usurpada más tarde por un sucesor del faraón, Horemheb.

Según este texto, la situación que reinaba en Egipto antes de la proclamación de Tutankhamón era desesperada: "Los templos de los dioses y de las diosas, desde Elefantina [hasta] las marismas del Delta […], estaban en decadencia y sus santuarios destrozados, y se habían convertido en montículos cubiertos de hierbas. Era como si sus capillas nunca hubieran existido y sus edificios fuesen caminos [públicos]. El país estaba revuelto y los dioses lo habían ignorado. Si se mandaba un ejército a Djahi [Palestina] para extender las fronteras de Egipto, ningún éxito se obtenía. Si se rezaba a un dios para pedir algo para él, no se conseguía nada. Sus corazones estaban airados".

¿el final de la herejía?

Todo cambió con la llegada del nuevo faraón, en particular la situación de los templos: "Su Majestad hizo monumentos para los  dioses […], erigiendo sus estatuas de auténtico oro fino […], construyendo sus santuarios de nuevo como monumentos de eternidad, dotándolos con posesiones eternas, instituyendo ofrendas divinas para ellos, consistentes en sacrificios diarios regulares y abasteciendo sus ofrendas de comida sobre la tierra".

Estas frases presentan a Tutankamón como el soberano que puso fin a un período traumático en la historia de Egipto, la "herejía de Amarna". Durante casi dos décadas los faraones habían abandonado el culto tradicional a Amón para instituir una nueva religión de Estado, basada en el culto al disco solar, Atón, y fundar una nueva capital en el Egipto medio, Amarna. Tutankamón puso fin a este período restaurando el culto a Amón y regresando con su corte a Menfis, lo que explica el alborozo del poderoso clero menfita, manifestado en la estela.

Tutankamón puso fin al período de Amarna restaurando el culto a Amón y regresando con su corte a Menfis.

Interior de una tumba en el cementerio norte de Amarna. Al fondo se aprecia un relieve en el que se representa a Akhenatón recibiendo las bendiciones del disco solar Atón.

Interior de una tumba en el cementerio norte de Amarna. Al fondo se aprecia un relieve en el que se representa a Akhenatón recibiendo las bendiciones del disco solar Atón.

Interior de una tumba en el cementerio norte de Amarna. Al fondo se aprecia un relieve en el que se representa a Akhenatón recibiendo las bendiciones del disco solar Atón.

iStock

Lo que no sabemos, sin embargo, es hasta qué punto este cambio le fue impuesto a Tutankamón por las circunstancias y la presión de sus consejeros. De hecho, en los objetos de su célebre tumba encontramos indicios que sugieren que el rey no rompió totalmente con la tradición de sus predecesores de Amarna, y que conservó los gustos y tal vez las creencias de la corte de Akhenatón y Nefertiti.

Hemos de remontarnos al reinado de Tutmosis IV, que precedió a Tutankhamón en unas seis décadas, para apreciar el desarrollo de una nueva teología solar. La monarquía y la familia real encarnaban en la tierra el entorno social del dios Sol y representaban su poder universal: el rey se identificaba con el dios solar, y más tarde llegó también a identificarse con su forma cósmica, el disco solar Atón. Bajo Amenhotep III, el hijo de Tutmosis IV, el clero de Amón fue perdiendo poco a poco su influencia en los cargos civiles, al tiempo que el rey se acercaba cada vez más al clero de Heliópolis, verdadero núcleo del culto solar.

Artículo recomendado

"El descubrimiento del Rey Tut"

El hallazgo de Tutankamón a todo color

Leer artículo

PROFETA DE ATÓN

La ruptura se produjo en tiempos del hijo de Amenhotep III, Amenhotep IV, quien, bajo el nombre de Akhenatón, puso en marcha una profunda revolución técnica, artística y religiosa que convulsionó el país. Al principio de su reinado, el faraón, junto a su esposa Nefertiti y sus hijas, fundó una nueva capital en la actual Amarna, en un emplazamiento "revelado por el mismo Atón", que recibió el nombre de Akhetatón: "El Horizonte del Atón". Atón, el dios único, sin forma material ni imágenes, se manifestaba como un disco solar del que emanaban rayos que daban vida y protección a todo lo que existía. Su sumo sacerdote, a quien el dios se revelaba, era el propio rey.

El último gran evento relacionado con Akhenatón está fechado en el año 12 de su reinado: una gran fiesta de recepción de tributos, en la que aparecen el rey y Nefertiti acompañados de sus seis hijas. A partir de entonces las cosas se complicaron para Akhenatón. Tres de sus hijas mueren, el nombre de Nefertiti desaparece, y otros personajes femeninos, Kiya y Meritatón, toman el relevo de aquella en el círculo de la corte de Amarna.

El último gran evento relacionado con Akhenatón está fechado en el año 12 de su reinado: una gran fiesta de recepción de tributos.

Relieve que muestra a Akhenatón (izquierda) y su Gran Esposa Real Nefertiti (derecha) en cariñosa actitud con algunas de sus hijas. Museo Egipcio, Berlín.

Relieve que muestra a Akhenatón (izquierda) y su Gran Esposa Real Nefertiti (derecha) en cariñosa actitud con algunas de sus hijas. Museo Egipcio, Berlín.

Relieve que muestra a Akhenatón (izquierda) y su Gran Esposa Real Nefertiti (derecha) en cariñosa actitud con algunas de sus hijas. Museo Egipcio, Berlín.

PD

El período de Amarna acabó con la muerte del faraón, en el año 17 de su reinado. La sucesión fue complicada, ya que el rey no tenía ningún heredero masculino legítimo. Parece ser que fue sucedido por Esmenkhare o la reina Ankheperure Neferneferuatón, que quizá fueran la misma persona. La identidad de esta reina es controvertida: para unos fue Nefertiti, esposa principal de Akhenatón; para otros, Kiya, una esposa secundaria; mientras que estudios más recientes apuntan a la princesa Meritatón, la hija mayor de Akhenatón y Nefertiti, que también fue esposa de Akhenatón.

El reinado de Neferneferuatón duró dos o tres años. Le sucedió un joven príncipe llamado Tutankatón, "Imagen viviente de Atón".  No sabemos con exactitud quiénes fueron sus padres, aunque es muy probable que el príncipe naciera en Amarna. Su infancia nos es desconocida, aunque en 1997 el egiptólogo francés Alain Zivie descubrió en Saqqara la tumba de su nodriza, Maya, en la que aparece el joven rey en el regazo de la dama. Se casó con Ankhesenpaatón ("La que vive a través de Atón"), la tercera hija de Akhenatón, quien quizá le transmitió los derechos sucesorios.

Artículo recomendado

El sarcófago de cuarcita de Tutankamón en su cámara funeraria, una vez retiradas las capillas doradas que lo ocultaban.

El sarcófago de piedra de Tutankamón, un secreto oculto bajo capillas doradas

Leer artículo

el regreso de amón

Al poco de subir al trono, Tutankatón cambió su nombre por el de Tutankamón, "Imagen viviente de Amón". Lo mismo hizo su esposa, que pasó a llamarse Ankhesenamón, "la que vive a través de Amón". Declaraban, así, su voluntad de restablecer la conexión entre el poder faraónico y el culto tradicional a Amón, lo que los llevó, asimismo, a abandonar Amarna e instalar la corte en Menfis, la antigua capital. Numerosos cortesanos les acompañaron e incluso construyeron sus tumbas privadas en Saqqara.

Desde la corte de Menfis, Tutankamón reanudó la restauración de la religión tradicional. Era su principal prioridad y así quedó atestiguado en la Estela de la Restauración. Se ampliaron y renovaron los antiguos templos y santuarios, se ofrecieron y consagraron nuevos objetos de culto, y se reconstruyeron y erigieron numerosas esculturas del dios Amón, ya que la mayoría de ellas habían sido destruidas durante el reinado de Akhenatón. Si paseamos por las ruinas del templo de Karnak y nos fijamos en las esculturas colosales del dios Amón reconoceremos fácilmente los rasgos de Tutankamón.

Tutankamón reanudó la restauración de la religión tradicional. Era su principal prioridad y así quedó atestiguado en la Estela de la Restauración.

Coloso del dios Amón en el templo de Karnak con los rasgos de Tutankamón.

Coloso del dios Amón en el templo de Karnak con los rasgos de Tutankamón.

Coloso del dios Amón en el templo de Karnak con los rasgos de Tutankamón.

iStock

También se devolvieron los bienes a los templos y se restituyeron los sacerdocios. El gran sacerdote de Amón fue rehabilitado y ocupó nuevamente su puesto. Se hizo un gran esfuerzo para paliar el daño ocasionado durante el período de la herejía de Amarna. El joven rey tuvo también un especial interés en alejarse y desmarcarse de la influencia de Atón y de su representante en la tierra, Akhenatón.

No hay duda de que, a la hora de tomar estas medidas, el rey estuvo influido por sus consejeros más íntimos: Ay, antiguo funcionario de la corte de Amarna y su sucesor en el trono; Horemheb, el general de los ejércitos, y el tesorero Maya. Seguramente, las conveniencias políticas y las presiones del recién restaurado clero de Amón hicieron indispensable dar a conocer estas manifestaciones.

Artículo recomendado

Estatua de Tutankamón tocada con el pañuelo nemes ceremonial expuesta en Londres en 2019.

Los enigmáticos guardianes que custodiaban la tumba de Tutankamón

Leer artículo

EL TESORO: LA HUELLA DE AMARNA

En efecto, a pesar del retorno a la ortodoxia religiosa por parte de Tutankamón, parece ser que el rey siguió adorando a Atón hasta el final de sus días, como prueban los objetos provenientes de su tumba, descubierta por el arqueólogo Howard Carter en 1922. Muchos de ellos llevan inscritos el nombre del dios Atón, y todo el tesoro está marcado por el estilo y el gusto propios de la corte de Amarna.

También hay evidencias de que muchas de las piezas usadas en el ajuar funerario de Tutankamón no fueron elaboradas especialmente para el faraón, sino que pertenecían a sus predecesores, Akhenatón y Neferneferuatón. Parece como si se hubiera querido enterrar a Tutankamón con todos los objetos que todavía se conservaban de la época de Amarna.

Un ejemplo de la vinculación del tesoro de Tutankamón con el de sus predecesores amarnienses se encuentra en el célebre trono de madera dorada. Lo más destacable de la silla es el respaldo inclinado, con una escena de estilo amárnico que muestra a la reina aplicando perfume a su joven esposo. Además, en el reverso del respaldo se pueden observar los nombres originales de Tutankatón y Ankhesenpaatón.

Respaldo del trono dorado descubierto en la tumba de Tutankamón. En él se representa al faraón sentado en una lujosa silla y a su esposa aplicándole un ungüento. Museo Egipcio, El Cairo.

Respaldo del trono dorado descubierto en la tumba de Tutankamón. En él se representa al faraón sentado en una lujosa silla y a su esposa aplicándole un ungüento. Museo Egipcio, El Cairo.

Respaldo del trono dorado descubierto en la tumba de Tutankamón. En él se representa al faraón sentado en una lujosa silla y a su esposa aplicándole un ungüento. Museo Egipcio, El Cairo.

Djehouty (CC BY-SA 4.0)

Asimismo, el gorro de tejido de cuentas que  cubría la cabeza de la momia real, posiblemente de Akhenatón, también nos muestra el interés del rey por contar en el más allá con la protección de Atón. Dos serpientes ondulantes adornan el bonete y protegen con su cuerpo unos cartuchos que contienen una variante de la forma primitiva del nombre de Atón.

En el reverso del respaldo del trono de madera dorada se pueden observar los nombres originales de Tutankatón y Ankhesenpaatón.

Templete canópico de Tutankamón. La capilla está protegida en cada uno de sus lados por una diosa. En la imagen puede verse a Isis de espaldas y a Selket, a la derecha. Museo Egipcio, El Cairo.

Templete canópico de Tutankamón. La capilla está protegida en cada uno de sus lados por una diosa. En la imagen puede verse a Isis de espaldas y a Selket, a la derecha. Museo Egipcio, El Cairo.

Templete canópico de Tutankamón. La capilla está protegida en cada uno de sus lados por una diosa. En la imagen puede verse a Isis de espaldas y a Selket, a la derecha. Museo Egipcio, El Cairo.

Nefermaat (CC BY-SA 2.5)

Lo mismo ocurre en una de las piezas más hermosas y elegantes de la tumba de Tutankamón: la capilla dorada que contiene los cuatro vasos canopes con las vísceras que se extrajeron del cuerpo del faraón durante el proceso de momificación. La decoración de la capilla, en especial las figuras de las cuatro diosas protectoras –Isis, Neftis, Selkit y Neith–, evoca el estilo utilizado durante el período de Amarna. Por otra parte, las inscripciones talladas en el interior de los pequeños ataúdes con las vísceras momificadas del faraón fueron modificadas, lo que indica que no fueron hechos originalmente para Tutankamón y que, posiblemente, pertenecieron a la reina Neferneferuatón.

En la tumba también se halló un conjunto de 35 figuras mágicas, la mayoría de ellas doradas, que representan al rey en actitudes rituales y a diversas divinidades del inframundo. Estas figuras mágicas tienen claras influencias amárnicas: pechos prominentes, muslos bien formados, caderas bajas y vientres caídos que parecen querer representar a una mujer.

También se depositó comida y bebida en abundancia para asegurar la alimentación del faraón en el más allá. La mayoría de las jarras de vino todavía conservan etiquetas escritas en hierático que especifican la cosecha, el tipo de bebida, el viñedo y el cosechero; de estas etiquetas, más de la mitad provienen de la casa o dominio de Atón y todas son anteriores al año 9 del reinado de Tutankamón.

Artículo recomendado

Un mundo enterrado

Tesoros de Egipto: del busto de Nefertiti a la tumba de Tutankamón

Leer artículo

ENTERRADO Y OLVIDADO

Tutankamón murió inesperadamente y se le preparó un entierro rápido, sin demasiado cuidado. De hecho, las modestas dimensiones de su tumba, la ausencia de pozo y corredores, y la decoración parietal de la cámara funeraria hacen pensar que no era una tumba real, sino que se adaptó el sepulcro de un particular, quizás el de su consejero y posterior sucesor, Ay. Víctima de los avatares políticos y religiosos de su tiempo, el nombre y el recuerdo de Tutankamón fueron condenados al olvido, a la damnatio memoriae, como el resto de los protagonistas de la herejía amárnica.

Víctima de los avatares políticos y religiosos de su tiempo, el nombre y el recuerdo de Tutankamón fueron condenados al olvido.

Interior de la cámara funeraria de Tutankamón. La decoración representa el rito funerario de la apertura de la boca, realizado por Ay, su sucesor. 

Interior de la cámara funeraria de Tutankamón. La decoración representa el rito funerario de la apertura de la boca, realizado por Ay, su sucesor. 

Interior de la cámara funeraria de Tutankamón. La decoración representa el rito funerario de la apertura de la boca, realizado por Ay, su sucesor. 

iStock

Horemheb usurpó la mayoría de monumentos y estatuas del joven monarca, e incluso se atribuyó la autoría de aquellas medidas que reinstauraron la anterior ortodoxia religiosa amoniana, como la Estela de la Restauración. Con toda probabilidad, fue él quien inició la destrucción sistemática de los monumentos erigidos por Akhenatón. El descubrimiento de la tumba del faraón Tutankamón por Howard Carter permitió paliar esta injusticia. Ahora el nombre y el recuerdo del joven Tutankamón pervivirán eternamente.