Misterios y curiosidades del antiguo Egipto

El impresionante templo funerario del faraón Seti I en Abydos

Seti I, segundo faraón de la dinastía XIX y padre del gran Ramsés II, hizo construir su templo funerario en Abydos, el centro de culto más importante de Osiris, el dios del más allá, en Egipto. Las magníficas decoraciones que recorren sus muros aún hoy siguen fascinando a sus modernos visitantes.

Templo funerario del faraón Seti I en Abydos.

Templo funerario del faraón Seti I en Abydos. Foto: iStock

"Los monumentos estaban inacabados, los pilares sin colocar, la estatua de Seti yacía en el suelo". Así se lamentaba Ramsés II, nuevo faraón de Egipto e hijo del difunto Seti I (1290-1279 a.C.), del estado en que se hallaba la construcción del templo funerario de su padre en Abydos. El nuevo monarca de las Dos Tierras, furioso, decidió coger las riendas del proyecto y empezó a forjar aquí su fama de faraón constructor. Se ocupó de la correcta dirección de los trabajos y se encargó de legar a la posteridad la profundidad de su piedad filial, que plasmó en esta inscripción: "La compasión es una bendición, es bueno que un hijo se preocupe y atienda a su padre". Pero el amor por su padre no impidió que Ramsés se glorificase a sí mismo en el santuario de su progenitor y se hiciese representar como un comandante victorioso en los muros del primer patio.

Detalle de algunos de los relieves que decoran el interior del templo, con Seti I acompañado de los dioses.

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Relieve que representa una barca sagrada de Re. Templo de Seti I en Abydos.

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En busca de la legitimidad

Abydos era el corazón religioso de Egipto por ser el lugar donde se encontraba la tumba del dios Osiris. Esta localidad se hallaba a 170 kilómetros al norte de Tebas (y a 480 kilómetros al sur del actual El Cairo). Allí acudían miles de peregrinos procedentes de todo el país para honrar al dios del más allá durante las festividades que se llevaban a cabo en su honor. Seti sabía bien lo que hacía cuando escogió Abydos para levantar su templo funerario. Esta elección refleja el deseo del faraón de reforzar su legitimidad (ni su padre, Ramsés I, ni su madre, Sitra, eran de sangre real), ya que levantando su templo en un lugar tan sagrado, Seti vinculaba su nombre con el del señor del inframundo y uno de los dioses de Egipto con un culto más antiguo.

Representación de las constelaciones en el techo de la sala hipóstila del templo de Seti I en Abydos.

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Seti sabía bien lo que hacía cuando escogió Abydos para levantar su templo funerario. Esta elección refleja su deseo de reforzar su legitimidad, ya que levantando su templo en un lugar tan sagrado vinculaba su nombre con el del señor del inframundo.

Seti encargó que se le representara en los muros de su templo acompañado de su heredero, el futuro Ramsés II. Ambos presidían en una de estas escenas una larga lista de faraones que se remontaba hasta el origen de los tiempos, con Menes como primer rey de Egipto y unificador del país 1.600 años antes. Seti y Ramsés encarnaban así la continuidad dinástica, y ambos fueron plasmados en relieves que iban desde el suelo hasta el techo en los que ambos aparecían cumpliendo puntillosamente con sus obligaciones religiosas acompañados de los dioses. Padre e hijo realizan plegarias, hacen ofrendas de vino y alimentos... Las escenas muestran aves, carne de vacuno, verduras, frutas y panes, todos ellos elementos necesarios para nutrir a los dioses por toda la eternidad. Estos relieves, de factura delicada, están considerados unos de los más bellos de todo el arte egipcio.

Seti I y su hijo Ramsés presiden la Galería donde se detallan los nombres de los reyes de Egipto en Abydos.

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Un templo para el faraón y los dioses

El templo erigido en honor de Seti I (edificio al que el historiador griego Estrabón se refirió como Memnonium), construido en piedra caliza blanca, se aparta un poco de la tradición constructiva egipcia, ya que su planta es en "L" en lugar de rectangular. Cuenta con dos pilonos y comprende dos atrios o patios dobles, y dos salas hipóstilas que suman sesenta columnas cruzadas por rampas y escalones. La parte posterior de la segunda sala hipóstila da acceso al área de santuario, con siete capillas (cuyos techos se construyeron con losas de piedra planas y están decorados con cartuchos reales y estrellas) que acogían a las imágenes de los dioses (estas estatuas recibían cuidados diarios por parte de los sacerdotes, que las bañaban, las vestían con ropajes limpios y les ofrecían alimentos y bebidas) y del propio Seti. Estas capillas estaban dedicadas a Seti I, Ptah, Re Horakhty, Amón Re, Horus, Osiris e Isis.

Interior de la capilla de Amón Re, en el templo de Seti I en Abydos.

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Seti I realiza una ofrenda ante la diosa Hathor (que sostiene un sistro) entronizada. Templo de Abydos.

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Desde la capilla de Osiris se puede acceder a una pequeña sala hipóstila con diez columnas, en cuyos muros aparece el rey haciendo ofrendas a Osiris. Este espacio contiene otra sala con cuatro columnas y seis capillas, tres a la izquierda y tres a la derecha (una de ellas está dedicada a la diosa Isis, esposa y hermana de Osiris, a la que el faraón ofrece dos copas de vino en un relieve). Uno de los relieves representados en esta zona dedicada a Osiris está cargado de simbolismo. Muestra el relicario del dios, un objeto que supuestamente contenía su cabeza cercenada, emplazado sobre un santuario (el relicario de Osiris era uno de los objetos más venerados de Abydos, que se llevaba en procesión ante una multitud conmovida).

Relieve en el templo funerario de Seti I en Abydos que muestra el relicario que contiene la cabeza del dios Osiris.

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Desde la capilla de Osiris se puede acceder a una sala hipóstila con diez columnas, en cuyos muros aparece el rey haciendo ofrendas a Osiris.

Detalle de algunos de los cartuchos que contienen los nombres de los reyes que gobernaron Egipto. Templo de Seti en Abydos.

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A la izquierda de las capillas se encuentran las estancias administrativas y un largo pasadizo conocido como la Galería de las Listas (llamada también Galería de los Reyes o Corredor de los Ancestros), donde, presididos por Seti y Ramsés, se suceden los nombres de los reyes de Egipto desde el inicio de su historia. En los muros de la galería se grabaron los cartuchos con los nombres de los 76 faraones que precedieron a Seti. Pero aquí el faraón omite los nombres de algunos reyes que sufrieron una damnatio memoriae, es decir, que fueron borrados de la historia al no ser considerados dignos del cargo que ocuparon. Tal es el caso de algunos monarcas hicsos, otros reyes del Reino Medio como Intef I, Intef II, Intef III y Mentuhotep I, y algunos soberanos del Reino Nuevo como la reina Hatshepsut, Akhenatón, Smenkare, Ay, Tutankamón y la reina Sobekneferu. La lista acaba con el nombre de Seti I, el faraón que en su templo funerario decide la legitimidad de los soberanos que rigieron desde tiempos inmemoriales la historia de Egipto.

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