Un invento revolucionario

La técnica del calco, el sistema que permite reconstruir los restos de las víctimas de Pompeya

El arqueólogo italiano Giuseppe Fiorelli desarrolló en el siglo XIX una técnica gracias a la cual fue posible reconstruir los restos de las víctimas de la erupción que destruyó Pompeya en el año 79 d.C..

Calco

Foto: The Granger Collection, New York / Cordon Press

"Vuelvo ahora de Pompeya y me siento melancólico por culpa de un triste espectáculo. Es imposible ver aquellas tres figuras deformadas y no conmoverse. Hace 18 siglos que murieron, pero son criaturas humanas agonizando. Eso no es arte, no es imitación; son sus huesos, las reliquias de su carne y de sus ropas mezcladas con yeso: es el dolor de la muerte que se apodera del cuerpo y de la figura... Hasta ahora se han descubierto templos, casas y otros objetos que despiertan curiosidad de las personas cultas, de los artistas y de los arqueólogos; pero ahora tú, oh Fiorelli mío, has descubierto el dolor humano, que es algo que todos los hombres sienten". Con estas palabras Luigi Settembrini, en su Lettera ai pompeiani de 1863 hablaba de la técnica del calco desarrollada poco antes por Giuseppe Fiorelli, arqueólogo y numismático italiano.

Después de la erupción del Vesubio en el 79 d.C., la ciudad de Pompeya fue sepultada por lava sólida y pumita, lo que provocó que muchos techos se derrumbaran; y también fue completamente tapada por cenizas, que dieron paso a una cortina negra que lo cubrió todo y enterró hombres, animales y objetos. En el estrato compacto y resistente formado por la deposición de estos materiales, con el paso de los siglos, se formaron una serie de "vacíos": los cuerpos de los difuntos se habían descompuesto, pero sus siluetas se habían mantenido en las cenizas. Fue al inicio del siglo XIX cuando Fiorelli se dio cuenta de la importancia de estos "vacíos", de lo que representaban y de todo lo que todo lo que podían explicar.

La erupción del Vesubio sepultó completamente con lava y cenizas la ciudad de Pompeya.

Calco

Calco de un perro que murió en la erupción del Vesubio del 79 d.C.

Foto: The Granger Collection, New York / Cordon Press

El método Fiorelli

Antonio Bonucci, director de las excavaciones de Pompeya en el año 1823, apuntó que en las cenizas había el rastro de una puerta, pero no fue hasta 1856 que se pensó en obtener un calco vertiendo yeso en ellas. Convertido en director de las excavaciones, entre el 2 y el 5 de febrero de 1863, Fiorelli decidió experimentar el mismo sistema con los restos humanos. Llenó el "vacío", donde había los restos de una de las muchas víctimas de Pompeya, con una mezcla de yeso y agua y esperó que la mezcla se solidificase. Después la sacó a la luz.

El resultado fue extraordinario: un calco exacto de la víctima (o en otros casos del animal o el objeto) sepultada bajo las cenizas y los sedimentos, congelada en sus últimos instantes de vida. Gracias a la técnica elaborada por Fiorelli fue posible observar los restos de las víctimas de Pompeya desde un punto de vista distinto: qué llevaban puesto y qué se llevaron en su huída. El primer experimento realizado por Fiorelli permitió observar desde una perspectiva totalmente distinta los restos de cuatro humanos: un hombre, una mujer estirada de lado, una niña y una mujer con el rostro cubierto y la barriga inflada.

Calco

Calco de una víctima de la erupción del Vesubio del año 79 d.C.

Foto: The Granger Collection, New York / Cordon Press

El rastro de los habitantes de Pompeya, revelado casi 2.000 años después gracias a la técnica de Fiorelli, se conoce como "calco" y, sobretodo en los primero años, incluía restos no descompuestos como huesos y dientes. Settembrini definió esta técnica como "el dolor de la muerte que se apodera del cuerpo y de la figura", y desde el siglo XIX hasta ahora, gracias a esta técnica, se han podido recuperar los calcos de más de cien víctimas.

Gracias a la técnica de Fiorelli se pueden observar las víctimas de la erupción del Vesubio con un realismo que acongoja.

Los calcos más recientes

En últimos días, en la vila de Civita Giuliana, situada a unos 700 metros al noroeste de Pompeya, se han descubierto dos "vacíos" en el estrato de ceniza endurecida, debajo de los cuales se han encontrado dos esqueletos humanos. Lo que ha aparecido es extraordinario y a la vez muy doloroso: dos hombres, uno de entre 18 y 25 años, y el otro de entre 30 y 40 -presumiblemente esclavo y amo- sorprendidos por la segunda ola piroclástica -la de la mañana del 25 de octubre- cuando, tras haber sobrevivido una noche terrible, intentaron huir de lo que quedaba de Pompeya.

Para saber más

Vídeo: Así fue la catastrófica erupción del Vesubio que acabó con Pompeya

Así acabó el Vesubio con Pompeya

Leer artículo

Compártelo