La derrota de Harald Hardrada

Stamford Bridge, el final de la invasión vikinga de Inglaterra

En 1066 una poderosa hueste noruega atacó el norte de Inglaterra derrotando a los sajones cerca de York. Tras varias semanas de saqueo el rey Harold acudió con su ejército y los invasores fueron derrotados en una dura batalla a orillas del río Derwent.

Arbo   Battle of Stamford Bridge

Arbo Battle of Stamford Bridge

Harald es herido de muerte por una flecha durante la batalla de Stamford Bridge. Pintura al óleo de Peter Nicolai Arbo, Nordnorsk Kunstmuseum, Tromso.

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En 1045 Harald Hardrada (líder duro) volvió a su Noruega natal cargado de riquezas. Durante años había combatido en oriente sirviendo a príncipes kievitas y emperadores bizantinos, adquiriendo fama en la guardia varega hasta convertirse en el guerrero más célebre del mundo vikingo. Con estos recursos Hardrada reunió a un poderoso séquito de vikingos, disputándole el trono de Noruega a su sobrino Magnus hasta sucederle como rey en 1047. Como soberano del más importante reino nórdico Harald tenía un sueño: convertirse en dueño de toda Escandinavia como su antepasado Canuto. El primer pasó sería la conquista de Dinamarca, a cuyo rey Svein traicionó pese a que le había ayudado en su lucha contra Magnus.

El reino danés fue un duro beso de roer para los noruegos, y tras veinte años de incursiones y batallas Harald puso sus ojos sobre una presa más fácil, el reino de Inglaterra. En enero de 1066 el rey Eduardo había muerto, y su sucesor Harold Godwinson era rechazado por algunos nobles exiliados en Escocia.

Captura de pantalla 2023 11 24 a las 14 19 49

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Representación de la coronación de Harold en un manuscrito inglés escrito hacia 1240. Biblioteca de la Universidad de Cambridge.

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Esta inestable situación suponía una oportunidad de oro que se le ofrecía a un Harald hastiado y envejecido, de modo que selló una alianza con el conde inglés Tostig, el rey escocés Malcolm III y el señor de las Órcadas, con los que invadir conjuntamente Inglaterra y anexionarla a Noruega a golpe de hacha.

Vikingos sueltos por Yorkshire

En verano con la llegada del buen tiempo Harold puso en marcha su atrevido plan, haciéndose a la mar con 10.000 hombres y 300 drakkars rumbo a Escocia, donde recogió hombres y provisiones. Con el apoyo de sus aliados Hardrada se adentró en Inglaterra, saqueando algunas poblaciones costeras y entrando en el país siguiendo el río Humber con sus naves. Al final los nórdicos desembarcaron en Riccall, un pequeño pueblo a 16 kilómetros de la ciudad inglesa de York.

Edwin y Morcar, los señores sajones de esas tierras, reunieron a sus huestes y presentaron batalla en el vado de Fulton, cruzando imprudentemente el río con solo 5.000 soldados contra todo el ejército vikingo. En ese primer choque los ingleses fueron derrotados y se dieron a la fuga, pereciendo tantos que según las sagas los vikingos podían cruzar el Fulton sin mojarse los pies caminando sobre los cadáveres que lo llenaban.

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Harald y sus hombres desembarcan en Inglaterra y derrotan a los sajones en Fulton. Miniatura de la Vida de Eduardo el Confesor, escrita por Matthew Paris entre 1230 y 1240, Biblioteca Universitaria de Cambridge.

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Con esta primera victoria Harald se convirtió en el dueño de todo el norte de Inglaterra, aceptando la rendición de York y otras poblaciones, que le ofrecieron rehenes como prueba de fidelidad. Desgraciadamente, el rey noruego se durmió en los laureles, acampando en Stamford Bridge con su hueste sin preocuparse del principal ejército inglés, que a marchas forzadas acudía desde Londres mandado por el rey Harold. Fue así como los vikingos fueron cogidos por sorpresa el 25 de septiembre, con un tercio de sus hombres guardando los barcos en Riccall a 22 kilómetros de distancia. 

Dos reyes y un destino

Con el fin de ganar tiempo mientras sus mensajeros se dirigían galopando a Riccall, Harald entabló negociaciones con el rey inglés, prometiéndole la paz si le cedía todo el norte de Inglaterra. Harold solo le ofreció seis pies de tierra: espacio justo en el que cavarse su propia tumba. Con esta desafiante respuesta empezó la batalla, con ambos bandos separados por el río Derwent, cuyo único puente sería el objetivo del primer ataque de Harold.

Los sajones embistieron el cruce con todas su fuerzas, avanzando imparables hasta que un inmenso bersérker armado con una hacha a dos manos les frenó, acabando según las crónicas con 40 enemigos él solo. Al final un inglés se coló bajo el puente y le clavó una lanza desde abajo, permitiendo a sus compañeros tomar el puente tras una breve lucha.

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El puente de Stamford (arriba) fue testigo del primer y más dramático episodio de la batalla cuando un solo vikingo contuvo en solitario a todo el ejército sajón. 

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Con el ejército sajón en la otra orilla Harald formó a sus hombres sobre una colina cercana, creando un impenetrable anillo de escudos erizado de lanzas. Harold rodeó esta fortaleza humana con su ejército, pero en vez de atacar hostigó a los vikingos con flechas y cargas de caballería, provocándoles hasta que un grupo de nórdicos cedió a sus impulsos y se lanzó pendiente abajo, momento en el que los sajones cargaron desde todas direcciones.

El boquete abierto por la impetuosa carga de sus hombres ponía en peligro a todo el ejército, pero el veterano Harald había previsto esta eventualidad y desplegado a parte de sus hombre en el centro del círculo, formando una reserva con su mejores hombres, a quienes ahora lideró acompañado de su estandarte el Destructor de Ciudades para rellenar la brecha.

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Sajones y noruegos combaten en Stamford Bridge. Miniatura de la Vida de Eduardo el Confesor, escrita por Matthew Paris entre 1230 y 1240, Biblioteca Universitaria de Cambridge.

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Vestido con su cota de malla Emma, que se decía que ningún hombre podía atravesar, y una túnica azul, el rey noruego se sumergió en lo más crudo de la lucha, donde como describían poéticamente las sagas “la tormenta de la batalla sonaba y las nubes de flechas silbaban. Pese a todo su valor y habilidad Harald nada pudo contra una de estas saetas, que disparada por un sajón anónimo se clavó mortalmente en la garganta del monarca, acabando así con sus días de gloria.

Los huscarles de su guardia arrastraron el cuerpo del rey caído hasta el centro del anillo, y deteniendo la lucha Harold ofreció a los vikingos una última oportunidad de salvar la vida si se retiraban a sus naves y nunca volvían, los fieros guerreros nórdicos rehusaron y el combate prosiguió. La llegada de los refuerzos de Riccall insufló nuevos ánimos a los noruegos, pero su carga fue contrarrestada por las reservas sajonas. Solo la llegada de la noche puso fin a la carnicería, de la que solo escaparon mil vikingos, los cuales embarcaron en su naves y huyeron a Noruega.

El fin de una era

La derrota de los nórdicos no fue ningún alivio para el apurado Harold, pues al poco un gran ejército normando al mando de Guillermo el Conquistador desembarcó en el sur de Inglaterra y puso fin a su reinado en la batalla de Hastings, ayudado sin duda por la pérdida de los mejores soldados de Harold en Stamford Bridge.

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Drakkars vikingos en una recreación moderna. Museo Naval, Madrid. 

Cordon Press

Si bien la historia considera esta batalla como el fin de las incursiones vikingas contra Inglaterra la verdad es que Guillermo se tuvo que enfrentar con tres nuevas invasiones en 1069, 1070 y 1075 que tomaron York y saquearon el norte hasta ser rechazadas por el ejército real.

Harald Hardrada window in Kirkwall Cathedral geograph

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Harald Hardrada en una vidriera de la catedral de San Magnus en Kirkwall (Órcadas).

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Aún así la llegada de los normandos a Inglaterra supuso el fortalecimiento del reino, con una serie de reyes guerreros que conquistaron Gales y unificaron el país a base de expulsar a los díscolos nobles sajones de sus tierras. Tan poderoso reino quedaba fuera del alcance de los escandinavos, que poco a poco fueron variando sus costumbres obligados por la derrota, renunciando a las incursiones en favor de un modo de vida más pacífico y sedentario.