Mujeres pioneras

Spanish Girl's Club, las primeras mujeres futbolistas de España

A pesar de que a principios del siglo XX el deporte femenino era bastante anecdótico en España, un grupo de mujeres formó el primer club de futbol femenino. Los inicios no fueron fáciles, pero los progresos no tardaron en llegar. Desafortunadamente, su prometedora trayectoria se vio truncada por el mayor conflicto bélico de la historia hasta el momento, la Primera Guerra Mundial.

Las jugadoras del Spanish Girl's Club se dividieron en dos equipos para disputar el primer partido femenino de futbol de la historia de España en 1914. El Montserrat, con camiseta blanca, y el Giralda, de rojo. 

Foto: CC

En los últimos años y especialmente desde el Mundial de 2018, el futbol femenino ha conseguido llamar la atención lo suficiente como para empezar a aparecer en los medios de comunicación. Como todas las conquistas del feminismo, estos éxitos primerizos a los que asistimos en la actualidad son el resultado de un largo camino de luchas por el reconocimiento de la igualdad en un deporte que tradicionalmente ha estado reservado al género masculino. Este largo recorrido se empezó a andar en España en 1914 bajo un nombre propio que pasaría a formar parte de los anales de la historia: el Spanish Girl’s Club, el primer equipo de futbol femenino de la historia de España.

La España de principios del siglo XX era un lugar hostil para el deporte femenino en términos generales. La figura de la mujer no solo tenía una consideración inferior a la del hombre en el plano físico, sino que estaba muy lejos también de gozar de los mismos derechos civiles. El hecho de que, entre otras cosas, no le fuera reconocido el derecho al voto hasta 1933 es un ejemplo de que no existía igualdad social alguna. Estas diferencias se veían agravadas cuando intervenían las cuestiones físicas de por medio.

Las desigualdades entre hombres y mujeres en la España de 1914 implicaban que la mujer todavía ni siquiera tenía derecho al voto

Si bien empezaron a tomar protagonismo algunas mujeres que destacaban en ámbitos deportivos como el patinaje, el tenis o el esquí, el futbol era considerado por la gran mayoría un deporte exclusivamente de hombres. Por ello, cuando apareció la oportunidad de crear un equipo de futbol femenino para un proyecto solidario fueron muchas las voces críticas que se levantaron.

El empujón necesario

En este momento apareció en escena Paco Brú, un ex jugador, árbitro y entrenador de futbol. Además de haber jugado con la camiseta de la selección española, este defensa había militado en las filas del F. C. Barcelona y del RCD Espanyol. El veterano jugador aceptó el encargo de dar forma al primer equipo femenino del país y preparar a sus componentes para disputar un partido en tan solo 45 días. El encuentro serviría para recaudar unos fondos que el recién creado club, con una sólida organización y una sede oficial situada en el local barcelonés de L’Amistad, destinaría a la lucha contra la tuberculosis.

En 1925, la publicación argentina El Gráfico se hacía eco de un partido de futbol femenino disputado entre el Femina Sport Club de París y el Dick Kerr de Preston, Inglaterra. En la imagen, las dos capitanas se saludan antes del pitido inicial.

En 1925, la publicación argentina El Gráfico se hacía eco de un partido de futbol femenino disputado entre el Femina Sport Club de París y el Dick Kerr de Preston, Inglaterra. En la imagen, las dos capitanas se saludan antes del pitido inicial.

Foto: CC

El líder de este proyecto que por primera vez otorgaba el protagonismo a las mujeres en el terreno de juego se encontró con muchos obstáculos a la hora de hacer realidad su encargo. Las primeras voces masculinas que se opusieron a los requisitos que Bru consideraba necesarios para completar con éxito el partido fueron las de padres, maridos y hermanos de las jugadoras implicadas. El entrenador estableció como condición indispensable que las mujeres jugasen con ropa cómoda -esto era, pantalón corto- y que tras el partido todas se duchasen en el vestuario, algo que indignó especialmente a los hombres, pues supuestamente tenían que dar permiso para ello. “No permitiré que lleven más ropa interior que unas prendas muy finas con arreglo a las exigencias de la higiene”. Así se expresó el entrenador, según contaba años más tarde en un artículo, con la intención de conseguir un grupo unido dentro del campo, del mismo modo que se hacía en los equipos masculinos.

Para el entrenador de las Spanish Girl's, era muy importante que las jugadoras llevaran ropa cómoda y se ducharan tras el encuentro, lo cual era rompedor en la época.

En los días previos se creó cierto revuelo alrededor del encuentro, al que finalmente acudió más público del esperado. Uno de los términos que más se escucharon antes, durante y después entre los asistentes era el de “marimachos”, algo que Paco Brú se esforzaba en corregir con el concepto “sportwoman”.

El 9 de junio de 1914 el propio Brú dio el silbido inicial en el campo del Espanyol. Se enfrentaban dos divisiones del mismo grupo que formaba el club, el Montserrat contra el Giralda. Algunas de las jugadoras que saltaron al terreno de juego haciendo historia aquel día fueron: Emilia Paños, Concha Ferrer, Dolores, Dorotea Alonos, Juanita Paño, Mercedes Azul, Palermo, Esperanza, Mercedes Queralt y Narcisa Colomer entre muchas otras.

Un recibimiento ofensivo y poco profesional

Las crónicas de los periódicos que salieron al día siguiente son un reflejo de lo rompedor que era un proyecto que implicaba a las mujeres en un deporte que hasta entonces era exclusivo de los hombres. En los artículos apenas se hacía mención de las cuestiones futbolísticas. Los relatos periodísticos pasaban por encima de las valoraciones técnicas y tácticas para dedicarse a hacer juicios de valor sobre la ropa de las jugadoras, el estilo de sus peinados o la poca gracia del cuerpo femenino adoptando posturas antinaturales para completar regates, paradas, pases o lances defensivos. Alguna de las publicaciones se refería a las protagonistas como “las niñas futbolistas”, “el sexo débil” o las “descendientes de la madre Eva”.

Esta es uno de las pocas imágenes que se conserva de Irene González Basanta. Tras las primeras experiencias del Spanish Girl's Club, la suya es una de las primeras historias de una mujer que quiso dedicarse al futbol durante los primeros años del siglo XX en España.

Esta es uno de las pocas imágenes que se conserva de Irene González Basanta. Tras las primeras experiencias del Spanish Girl's Club, la suya es una de las primeras historias de una mujer que quiso dedicarse al futbol durante los primeros años del siglo XX en España.

Foto: CC

Una gira por España y Francia

En los días posteriores a este primer partido estaba prevista una ambiciosa gira del Spanish Girl’s Club que prometía encuentros en otras ciudades como Valencia, Palma, Sabadell o Pamplona, e incluso tenía algunos partidos apalabrados para jugar fuera del país, en el sur de Francia. El periplo español de las jugadoras cosechó grandes resultados, con grandes recibimientos en Sabadell o Mataró. Aunque parecían inevitables los comentarios machistas, cada vez más los mismos periódicos admitían que la calidad de los encuentros y la destreza de las jugadoras aumentaba, y destacaban la creciente afluencia de público.

El último encuentro que se pudo jugar tuvo lugar el 29 de junio de 1914, un día después del asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del trono austrohúngaro, que provocó el estallido de la Primera Guerra Mundial. A pesar de que España se mantuvo al margen del conflicto como país neutral, no escapó a las consecuencias de la gran contienda. Las Spanish Girl’s podrían haber llegado muy lejos, pero la gira tuvo que ser cancelada y poco después también desapareció el club.

Terminaba así la primera iniciativa que, quizás sin saberlo, andaba los primeros pasos que permitirían convertir el futbol femenino en una de las grandes conquistas feministas a lo largo del siglo XX. Antes de la Guerra Civil española hubo otros hitos destacables, como el episodio protagonizado por Irene González Basanta, delantera y defensa que jugó con equipos masculinos, o el de clubes como el Valencia, el Levante o el Atlético, cuyas secciones femeninas disputaron sus primeros partidos al inicio de la década de 1930. La guerra y la posterior represión franquista relegaron todo el deporte femenino en general hasta convertirlo en residual, y no sería hasta la década de 1970 cuando se pueden encontrar auténticos referentes como la apodada Conchi "Amancio", la primera jugadora profesional de futbol de España. Era la segunda fase de una historia que a día de hoy todavía se sigue escribiendo ahora ya con tinta indeleble.

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