Vandalismo en el arte

Sopa, piedras pintura... Todos los atentados contra la Mona Lisa

La Gioconda ha sufrido un espectacular robo y varios ataques vandálicos a lo largo de su existencia, la mayoría inocuos, pero uno de ellos dejó marcas visibles en la tabla.

mona lisa

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La Mona Lisa, expuesta en el Museo del Louvre, fue pintada por Leonardo da Vinci a inicios del siglo XVI.

World History Archive / Cordon Press

El domingo 28 de enero dos activistas alimentarias lanzaron sendos botes de sopa sobre la Mona Lisa, la obra más famosa de Leonardo da Vinci y del Museo del Louvre al grito de "¿Qué es más importante, el arte o el derecho a una alimentación sana y duradera?". La Gioconda, uno de los iconos de la historia del arte, se ha convertido en el objetivo preferido de todo tipo de activistas y personas que quieren llamar la atención sobre sus reivindicaciones.

Durante los últimos 100 años, la Mona Lisa ha sufrido un robo y agresiones con pintura, una taza o una tarta. Protegida por un cristal blindado a prueba de balas, ninguna de ellas ha hecho la más mínima mella en la tabla, pero ha ido alejando cada vez más la obra de arte del espectador, que ahora debe observarla detrás de una barandilla que la separa varios metros del público. 

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Las dos activistas alimentarias junto a La Mona Lisa en el Museo del Louvre después de vandalizarla con sopa.

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Todos estos avatares han convertido a la obra maestra de Leonardo da Vinci en un icono popular llegándose a inventar agresiones que nunca tuvieron lugar. De todos los ataques reales sufridos por la obra, tan solo uno tuvo consecuencias visibles sobre la pintura, una pedrada que dañó la pintura y fue la responsable de la colocación del cristal que la aísla del medioambiente.

El robo de La Gioconda

Las turbulentas historias de la Gioconda con sus admiradores comienzan el 22 de agosto de 1911, cuando el personal del Museo del Louvre se dio cuenta de que la Mona Lisa había desaparecido del lugar que entonces ocupaba, el Salon Carrée. Nadie sabía qué había pasado. Los trabajadores del museo buscaron la obra por todas partes, sin éxito. El robo de arte más famoso de la historia copó la portada de todos los diarios. El cuadro fue reproducido en multitud de formatos y tras la reapertura del museo, los curiosos hacían cola para visitar el espacio vacío que antes ocupaba en el museo. La Gioconda, hasta entonces un cuadro muy valorado entre los entendidos pero casi desconocido por el público en general, se convirtió en el icono popular que todavía es en la actualidad.

El lugar vacante en el Salón Carrée del Museo del Louvre tras el robo de la Mona Lisa en 1911.

Foto: CC

Nada se supo de la obra durante dos años, hasta que Vincenzo Peruggia, un extrabajador del museo, intentó venderla en Florencia. El ladrón, que la había mantenido en su poder todo ese tiempo, fue detenido y la pintura restaurada a su legítimo propietario sin haber sufrido daños de consideración. A pesar de las circunstancias, parece que el ladrón tuvo mucho cuidado con la obra. Décadas más tarde, la Mona Lisa, fue protegida de otro más que seguro intento de "robo". Durante la ocupación alemana de Francia en la Segunda Guerra Mundial fue evacuada del museo y trasladada a diversos lugares secretos de Francia para burlar la persecución de los nazis.

Una pedrada

Una década después del final de la guerra, en 1956, la Gioconda sufrió un nuevo ataque. El día de fin de año, un desequilibrado lanzó una piedra contra el cuadro que impactó en el cristal de protección de la obra rompiéndolo y provocando el desprendimiento de la capa pictórica a la altura del codo izquierdo de la Mona Lisa. Son los daños más evidentes que ha sufrido la obra y que todavía pueden apreciarse a simple vista a pesar de la restauración a la que fue sometida la pintura.

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Las marcas de la pedrada todavía son apreciables sobre el codo izquierdo de la Gioconda.

Cordon Press

El ataque que nunca existió

La Mona Lisa es tan especial que incluso parece haber sufrido un ataque falso. La historia, repetida centenares de veces en multitud de artículos y páginas web, habría ocurrido pocos meses antes de la pedrada, el mismo año. El relato es muy impreciso y muy escueto, y siempre con las mismas palabras: "un hombre roció con ácido la obra dañando su parte inferior". Esta leyenda se ha ido extendiendo como la pólvora y la historia es repetida en todos los idiomas, llegando a especificar a veces que se trataba de ácido sulfúrico. En unos casos la agresión habría sido obra de un hombre, en otros, de una mujer.

Pues bien, parece que este atentado no es más que una leyenda y en el Museo del Louvre no tienen constancia de estos hechos: "No se ha producido ningún ataque con ácido sobre la tabla que haya producido daños en el cuadro. Esta historia es falsa", apuntaron a esta revista los conservadores del Departamento de pinturas del museo.

El impacto de una pedrada lanzada por un desequilibrado en 1956 ha provocado los daños más evidentes a la pintura, haciendo saltar la pintura de esa zona.

En cualquier caso, después de la pedrada recibida, los conservadores del Museo del Louvre decidieron aumentar las medidas de seguridad de la obra todavía más y sustituyeron el cristal protector, que había demostrado no ser efectivo al 100%, por otro blindado a prueba de balas. Este nuevo cristal permitió que la pintura escapara sin daños de un nuevo ataque en 1974, esta vez con pintura. Durante la exhibición de la obra en el Museo Nacional de Tokio, una mujer arrojó pintura roja sobre la tabla para protestar contra la política del museo, que dificultaba el acceso al mismo a las personas discapacitadas.

Agresiones en el siglo XXI

Aunque el ataque no tuvo consecuencias físicas para la Mona Lisa, los responsables del Museo del Louvre decidieron que la obra nunca más volviera a salir de sus instalaciones para minimizar cualquier riesgo. Pero eso no la ha librado de nuevos ataques. A pesar de las decenas, incluso centenares, de personas que se agolpan frente a ella todos los días, al menos dos personas han logrado ponerse frente a ella para realizar sus acciones reivindicativas en el siglo XXI.

La primera fue una mujer rusa que en 2009 lanzó sobre el cuadro la taza que acababa de comprar en la tienda del museo como acto de protesta, parece ser, porque las autoridades francesas le habían denegado la ciudadanía francesa. Otra vez el cristal blindado cumplió su cometido y la taza de porcelana quedó hecha añicos sin dejar ninguna marca sobre la obra.

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La hasta ahora última agresión a la Mona Lisa ocurrió en mayo de 2022, cuando un individuo lanzó una tarta sobre la pintura ante la mirada incrédula de los centenares de visitantes que observaban en ese momento la icónica obra del Museo del Louvre. La pintura no sufrió daños gracias a la protección del cristal blindado y los restos de crema pudieron ser limpiados con rapidez por el personal del museo.

Este había sido el último ataque sufrido por la Gioconda hasta la que ha protagonizado las dos activistas "armadas" con botes de sopa en 2024. Y es que la fama y la repercusión que tiene todo aquello relacionado con la obra maestra de Leonardo da Vinci aseguran que sea un goloso objetivo para todo aquel que quiera dar a conocer su causa llevando a cabo un acción que tendrá una repercusión mundial.