Afrancesados y presidiarios

Los soldados españoles del ejército de Napoleón

Ocultados por la historia, miles de españoles sirvieron bajo las águilas del emperador francés, formando el ejercito real de 30.000 hombres de su hermano José y luchando en las campañas europeas contra rusos, austríacos y prusianos.

Fusilier der Linien Inf 1810 (NYPL b14896507 91693)

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Soldado de infantería del ejército de José Bonaparte. Las unidades creadas en España por los franceses vestían un uniforme idéntico al de los soldados imperiales con la excepción del uso de paño marrón en vez de azul (más caro en la península).

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Aunque España había empezado el siglo XIX como firme aliada de Napoleón Bonaparte, este consideraba que era un país atrasado y corrupto que no servía adecuadamente a sus intereses. Por ello en 1808 obligó al rey Fernando VII a abdicar en Bayona, pasándole la corona a su hermano José y convirtiendo así a España en una extensión de su gran imperio. 

La mayoría de los españoles reaccionaron violentamente ante la usurpación del emperador francés, iniciando una revuelta armada que sumiría al país en una terrible guerra de seis años. Sin embargo los afrancesados, una pequeña minoría de ideas ilustradas aceptó con esperanza el cambio dinástico, como única manera de regenerar la nación empezando desde cero.

El ejército de José Bonaparte

Para su sorpresa, el nuevo rey se encontró al llegar a Madrid con que los soldados del ejército e incluso la propia guardia real española habían desertado en masa para unirse a los patriotas insurrectos. Sin tropas propias José se vio obligado a importar regimientos de guardias desde Nápoles, reino del que había sido soberano hasta hacía poco.

A ellos se les unirían en 1809 varias unidades españolas formadas tras la fulgurante campaña de Napoleón que vengó la derrota de Bailén y la victoria del propio José sobre los patriotas en Ocaña. Esta última batalla supuso la captura de 17.000 españoles, quienes serían el germen del ejército josefino al alistarse como alternativa a la deportación a Francia. 

Bataille d'Ocan~a, 19 novembre

Bataille d'Ocan~a, 19 novembre

El 19 de noviembre de 1809 el rey José y el mariscal Davout batieron al ejército patriota en Ocaña cerca de Toledo, capturando a 17.000 soldados españoles.

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Si bien es cierto que la mayoría de estos soldados desertaron en cuanto pudieron para unirse a los patriotas, su lugar fue ocupado por voluntarios de todo tipo con los que José formó un pequeño ejército, cuyas bases de reclutamiento fueron Madrid y sobre todo Andalucía, donde se fundaron unidades de caballería e infantería durante la gira del monarca por la zona en 1910.

Estos nuevos regimientos eran unidades formadas según el patrón francés, copiando los uniformes y el armamento de los soldados de Napoleón, pero cambiando los emblemas imperiales por los de su hermano José. Igualmente los mandos tendieron a ser mayoritariamente franceses, con los puestos de capitanes y tenientes ocupados por suboficiales de esa nacionalidad ascendidos al efecto, mientras que cada regimiento se confiaba a un coronel español.

Espan~a, Officier Grenadier Kon Garde 1810 (NYPL b14896507 91724)

Espan~a, Officier Grenadier Kon Garde 1810 (NYPL b14896507 91724)

Capitán de granaderos de la guardia del rey. Los dos primeros regimientos de esta unidad estuvieron formados por soldados franceses de la antigua guardia napolitana de José, a los que se añadieron un regimiento de fusileros y varias compañías de jinetes españoles en 1809.

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A estas unidades de combate pronto se les añadieron otras de policía, como los gendarmes de Madrid, Granada y Sevilla, que fueron de suma utilidad para combatir a la guerrilla en el mundo rural. Además como parte de la lucha contra la insurgencia se formaron por toda España compañías de la Guardia Cívica, formadas por todos los hombres de entre 17 y 60 años pertenecientes a las clases media y alta, quienes supuestamente debían servir como guarnición urbana y evitar complots. 

Un último tipo de regimientos bonapartistas fueron aquellos formados por los gobernadores franceses de Cataluña, Aragón, Navarra, Vizcaya y Valencia, provincias independizadas de España por decreto imperial en 1910 que contaban con un ejército propio. Estas unidades sirvieron como auxiliares a las tropas napoleónicas protegiendo fortalezas y actuando contra la guerrilla.

Soldados de todo tipo

Aunque la historia ha tendido a generalizar a los soldados josefinos como simples liberales afrancesados, la realidad es que sus motivaciones para alistarse fueron múltiples y complejas, variando según el viento de la guerra soplara de uno u otro bando. Como ya hemos visto, los primeros fueron prisioneros que se alistaron con la esperanza de desertar, pero también hubo casos de antiguos patriotas que sirvieron fielmente, al notar la mejora de condiciones y recibir un salario regular del que dependían para alimentar a sus familias durante la ocupación francesa.

Nicolas Guye met Koninklijke Orde van Spanje

Nicolas Guye met Koninklijke Orde van Spanje

En el estado mayor del rey figuraban algunos oficiales franceses como el ayudante de campo Nicolas Guye, retratado aquí por Francisco de Goya en un óleo de 1810.

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Con todo el reclutamiento siempre topó con la oposición frontal de la población civil, que hacía el hueco o incluso asesinaba a los colaboracionistas franceses, de modo que solo se podían formar nuevas unidades cuando el ejército imperial controlaba plenamente una región. La escasez de efectivos era tal que en algunos casos se recurrió a las prisiones, donde se conmutaban las penas a cambio de un determinado período de servicio, llenándose las filas con exconvictos quienes llegaron a formar parte de la gendarmería (cuya función era más combatir a la guerrilla que al crimen). Hay que tener en cuenta que los afrancesados siempre fueron una parte minoritaria de la sociedad, gentes ilustradas cuyo escaso número nunca fue suficiente para consolidar a José en el trono.

Por todo ello el ejército josefino nunca pasó de los 30.000 efectivos, 5.000 de ellos integrados en la guardia real. Por otra parte las operaciones militares de esta pequeña fuerza se confiaron siempre a generales franceses ascendidos de las filas imperiales, destinándose los oficiales españoles a fábricas y guarniciones por la desconfianza imperante entre los mandos napoleónicos. Asimismo el rey contaba también con militares afrancesados en su corte con los que formó su séquito militar, como el ministro de guerra Gonzalo O’Farrill o Cipriano Palafox, conde de Teba y padre de la futura esposa de Napoleón III, Eugenia de Montijo

Españoles en el Gran Ejército

Los españoles también sirvieron al propio Napoleón en sus campañas europeas. El caso más célebre y bien documentado es el del regimiento José Napoleón, formado en febrero de 1809 con los restos de una división española destinada en Dinamarca que había desertado con ayuda inglesa tras la abdicación. Vestidos con un característico uniforme blanco y verde, estos hombres sirvieron en principio como meros zapadores, empedrando carreteras en Francia. 

France (España), Regiment Joseph Napoleon 1810 (NYPL b14896507 91713)

France (España), Regiment Joseph Napoleon 1810 (NYPL b14896507 91713)

Soldado del regimiento José Napoleón con el uniforme de 1810. Formado inicialmente por 4.196 hombres fue empleado en el mantenimiento de caminos antes de tomar parte en la desastrosa campaña rusa de 1812.

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Sin embargo, en 1811 fueron trasladados a Alemania para participar en la campaña rusa del año siguiente, donde combatieron como protectores de la artillería en Borodinó y fueron diezmados durante la retirada. El regimiento sería finalmente disuelto en noviembre de 1813 al haber sufrido un 70% de bajas en la batalla de Leipzig. Los supervivientes fueron repartidos entre unidades francesas.

Por otro lado, la larga Guerra de la Independencia generó un ingente número de prisioneros españoles en Francia (100.000 según algunos cálculos), los cuales fueron empleados por Napoleón como mano de obra en la reparación de caminos, fortalezas y puertos. Maltratados por la gendarmería imperial, y sin apenas alimentos ni medicinas, muchos de estos cautivos prefirieron alistarse como voluntarios en los batallones de zapadores imperiales, sirviendo en el ejército imperial hasta la caída del régimen napoleónico en 1814.

Königlich Spanische Cavallerie 1810 (NYPL b14896507

Königlich Spanische Cavallerie 1810 (NYPL b14896507

Soldados de caballería del ejército josefino. En el centro de la imagen se puede ver a un gendarme rodeado por cazadores pertenecientes a varios regimientos. 

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Como contrapunto a estas unidades de forzados encontramos a muchos aventureros españoles repartidos por todo el Gran Ejército, en el que se alistaron como voluntarios antes de los hechos de 1808. Buen ejemplo de estos soldados de fortuna es Serafino de Albuquerque, quien tras emigrar a Francia en 1800 por desavenencias con Godoy se alistó como oficial francés, fue ascendido a ayudante de campo del mariscal Lannes y murió junto a él en la batalla de Aspern-Essling.

Antoine Jean Gros   Capitulation de Madrid, le 4 décembre

Antoine Jean Gros Capitulation de Madrid, le 4 décembre

Gran parte de los españoles que sirvieron a Napoleón fueron prisioneros de guerra que tenían en el servicio militar una manera de escapar de las duras condiciones de la cárcel y los trabajos forzados. El emperador acepta la rendición de Madrid en este óleo de Antoine Jean Gros pintado en 1910, Museo de la Historia de Francia, Versalles.

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Fuera combatiendo a sus paisanos en la península o a los enemigos del emperador en Europa, miles de españoles sirvieron a Napoleón a cambio de un sueldo o de la simple supervivencia. La guerra en España fue además un conflicto fratricida que enfrentó entre sí a dos maneras antagónicas de entender el futuro de la nación, y por ello la victoria patriota en 1814 supuso el exilio de los afrancesados, que en su mayoría no volverían a pisar suelo español hasta la muerte de Fernando VII en 1833.