Personaje singular

Sofonisba Anguissola, una vida de artista

La pintora italiana fue la primera mujer en ser admitida como aprendiz en un taller profesional y trabajó como retratista en la corte del rey Felipe II de España.

Autorretrato de Sofonisba Anguissola pintando una virgen con niño. 1556, museo Zamek, Lancut, Polonia.

Foto: Erich Lessing / Album

Entre los 178 artistas cuya vida y obra incluyó Giorgio Vasari en la segunda edición de Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores (1568), sólo se mencionan seis mujeres. Y aunque la única a la que dedicó una biografía fue a Properzia de Rossi, sería Sofonisba Anguissola la que obtuvo más fama a lo largo de su vida.

Sofonisba fue la primera de siete hermanos, entre los cuales había un solo varón. Nació en Cremona, probablemente el 2 de febrero de 1532, del matrimonio formado por Amilcare Anguissola y Bianca Ponzoni, ambos pertenecientes a familias adineradas. Su madre murió cuando Sofonisba tenía cuatro o cinco años, y Amilcare Anguissola animó a todas sus hijas, Sofonisba, Elena, Lucia, Europa, Minerva y Anna Maria, a cultivar las bellas artes. Cuatro de las hermanas fueron pintoras, pero ninguna logró una fama comparable a la de Sofonisba. Por su parte, Minerva llegó a ser escritora y latinista, y su hermano Asdrúbal fue un músico de cierto éxito.

Las hermanas de Sofonisba: Lucia, Europa y Minerva,  jugando al ajedrez. 1555, Museo Nacional, Poznan

Las hermanas de Sofonisba: Lucia, Europa y Minerva, jugando al ajedrez. 1555, Museo Nacional, Poznan

Las hermanas de Sofonisba: Lucia, Europa y Minerva, jugando al ajedrez (1555). Museo Nacional, Poznan

Foto: Bridgeman / ACI

Durante el Renacimiento, las mujeres que querían ser pintoras tenían prohibido realizar su aprendizaje en talleres profesionales, que era la manera en que aprendían arte los alumnos varones. Habitualmente, las artistas de la época recibían formación a través de los hombres de su familia. Sofonisba y sus hermanas fueron atípicas en este sentido, puesto que Amilcare Anguissola no era un artista. Sin embargo, permitió que Sofonisba estudiara con Bernardino Campi, respetado pintor de la «escuela lombarda», cuando la joven tenía apenas catorce años. Su aprendizaje facilitó el acceso de otras artistas a esta profesión, ya que por primera vez una mujer había sido admitida como aprendiz en un taller profesional.

Cronología

Una carrera de artista y mecenas

Hacia 1532

Sofonisba Anguissola nace en Cremona, hija de Amilcar Anguissola y Bianca Ponzoni, ambos de familias adineradas.

1546

Empieza a estudiar con Bernardino Campi: es la primera mujer en ser admitida como aprendiz en un taller profesional.

1559

Es invitada a la corte de Felipe II y alcanza fama internacional como retratista de la familia real española.

1573

Sofonisba regresa a Italia, donde sigue enseñando y se convierte en gran promotora y mecenas de jóvenes artistas.

1625

Muere en Palermo. Ejerce gran influencia en generaciones posteriores.

En 1559, Sofonisba llegó a España como pintora oficiosa de la corte de Felipe II

El encuentro con Miguel Ángel

Sofonisba estudió allí durante cuatro años, hasta 1550, momento en que Campi se trasladó a Milán. Desde entonces, y hasta 1553, la joven continuó sus estudios con el pintor Bernardino Gatti. En 1554, cuando tenía 22 años, Sofonisba conoció a Miguel Ángel Buonarroti durante un viaje a Roma. Impresionado por su talento, se ofreció a ayudar a la joven artista, corrigiendo y comentando sus obras y dándole algunos dibujos suyos para que los reinterpretara y los pintara.

Gracias a una carta de 1562 que acompañaba dos dibujos regalados por el aristócrata Tommaso Cavalieri a Cosme I de Médicis, sabemos que Anguissola realizó varios dibujos a sugerencia de Miguel Ángel: «Teniendo yo un dibujo hecho por una noble señora de Cremona llamada Sofhonisba Angosciosa, hoy dama de la reina de España, lo envío junto a este [una Cleopatra de Miguel Ángel] y creo que podrá estar a la altura de muchos otros, porque no es sólo bello, sino que también tiene inventiva, y es que el divino Miguel Ángel, después de ver un dibujo de una joven que reía realizado por ella, dijo que le gustaría ver un niño que llorase, que era algo mucho más difícil, y después de que él le escribiese, ella le mandó este, un retrato de su hermano tras hacerle fingir que lloraba».

Niño mordido por un cangrejo (1554). Museo de Capodimonte, Nápoles.

Niño mordido por un cangrejo (1554). Museo de Capodimonte, Nápoles.

Niño mordido por un cangrejo (1554). Museo de Capodimonte, Nápoles.

Foto: Mondador / Album

Se trata del famoso dibujo conocido como Niño mordido por un cangrejo, que impresionó mucho a los contemporáneos de Sofonisba, tanto por su naturalismo, tomado de Leonardo, como por su habilidad al retratar la expresión de desesperación del niño –su hermano pequeño Asdrúbal– y la sonrisa de la figura femenina, Europa, hermana de la artista. El dibujo inspiraría al mismo Caravaggio la creación del célebre Chico mordido por una lagartija (1595-1596).

En 1559, con 27 años, Sofonisba fue invitada a la corte de España. Oficialmente fue nombrada dama de la corte de la reina Isabel de Valois, pero en realidad desempeñaba el papel de retratista de la familia real. De hecho, hay cierta confusión entre sus obras y las del pintor oficial de la corte, Alonso Sánchez Coello, al cual se atribuyeron muchos de los cuadros de Anguissola.

Felipe II, por Sofonisba Anguissola. 1565. Museo del Prado, Madrid.

Felipe II, por Sofonisba Anguissola. 1565. Museo del Prado, Madrid.

Felipe II, por Sofonisba Anguissola. 1565. Museo del Prado, Madrid.

Foto: Album

Un éxito inaudito

Tras la muerte de la reina Isabel en 1568, muchos miembros de la corte a quienes ella protegía marcharon de España. Pero Sofonisba permaneció en Madrid a petición de Felipe II, que quiso que se encargara de la educación de las jóvenes infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela.

Mientras tanto, el soberano concertó el matrimonio entre Sofonisba y un señor feudal siciliano, Fabrizio Moncada, y le proporcionó una generosa dote. En 1573, la pareja se trasladó a Sicilia. En aquella época una mujer no podía recibir pagos en dinero, sino mediante regalos a nombre de su padre o de su marido: los lujosos obsequios que la artista recibió como compensación por sus cuadros, incluidos en el contrato matrimonial, suponen la enésima demostración de su enorme éxito en la corte.

Su posición en la corte española le permitió obtener una fama sin precedentes para una mujer artista, incluso a nivel internacional: era muy reconocida y su trabajo se tenía en altísima consideración.

Las noticias sobre el período que Sofonisba pasó en Sicilia con su marido son escasas. Lo que sí se sabe es que siguió pintando y enseñando. Tras la muerte de su esposo en 1579 decidió regresar al norte de Italia, probablemente para estar cerca de su familia.

Durante el viaje en el barco que la llevaba a casa conoció al capitán de la nave, Orazio Lomellini, y se enamoró de él. A pesar de que el capitán era de origen noble, la familia de Sofonisba no aprobó su deseo de casarse de nuevo, y pidió al duque Francisco I de Médicis que intercediera para evitar la boda. El rey Felipe II, por el contrario, avaló el nuevo matrimonio de Sofonisba. Incluso le concedió un salario anual por un trabajo como agente suya en Génova, con el encargo de encontrar y recomendar obras y artistas para decorar el nuevo palacio real de El Escorial.

Los últimos años en Italia

Sofonisba vivió durante 35 años en Génova, donde siguió causando sensación y siendo considerada una celebridad. En esta ciudad de la Liguria mantuvo encuentros con otros intelectuales y se hizo amiga y protectora de muchos jóvenes artistas, como Luca Cambiaso y Bernardo Castello. Pintó obras de tema religioso con dramáticos juegos de luces y nuevos retratos de las infantas españolas, que ya se habían hecho mayores.

En 1615, Sofonisba y Orazio se mudaron a Palermo, donde él llevaba a cabo la mayor parte de sus negocios. Con el paso del tiempo, ella fue víctima de una progresiva cegueraque le impidió pintar. A pesar de ello, se convirtió en una gran mecenas, financiando a jóvenes artistas y ayudándolos a desarrollar sus carreras.

Sofonisba Anguissola vivió diez años en la ciudad siciliana de Palermo y murió allí en 1625. En la imagen, la catedral de Palermo.

Sofonisba Anguissola vivió diez años en la ciudad siciliana de Palermo y murió allí en 1625. En la imagen, la catedral de Palermo.

Sofonisba Anguissola vivió diez años en la ciudad siciliana de Palermo y murió allí en 1625. En la imagen, la catedral de Palermo.

Foto: Antonino Bartuccio / Fototeca 9x12

En 1624, un año antes de su muerte, recibió una visita del pintor holandés Anton van Dyck, quien pintó un retrato de Anguissola que actualmente se halla en Inglaterra. Con respecto a los últimos tiempos de la artista, el aristócrata genovés Raffaele Soprani cuenta: «Anton van Dyck solía decir que estaba muy agradecido a la conversación de Sofonisba, y confesaba que había recibido mucha más luz de las palabras de una ciega que de las obras de pintores más reconocidos».

La artista cremonesa murió en la ciudad de Palermo en 1625, a una edad muy avanzada: si efectivamente había nacido en 1532, en el momento de su muerte tendría unos 93 años. Sobre su tumba, que se encuentra en la iglesia de San Giorgio dei Genovesi, su marido hizo grabar estas palabras: «A Sofonisba, que se encuentra entre las mujeres ilustres del mundo por su belleza y por sus extraordinarias habilidades naturales, tan insigne al retratar la imagen humana que nadie de su época pudo igualarla, su marido Orazio Lomellini, víctima de un inmenso dolor, le dedica este gran símbolo de honor, insignificante para tal mujer, pero el máximo para los comunes mortales».

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Contra las normas

Autorretrato con el pintor Bernardino Campi (1550). Pinacoteca Nacional, Siena.

Autorretrato con el pintor Bernardino Campi (1550). Pinacoteca Nacional, Siena.

Autorretrato con el pintor Bernardino Campi (1550). Pinacoteca Nacional, Siena.

Foto: Album

En 1559 se sitúa una de las obras más conocidas de la pintora cremonense: Bernardino Campi retrata a Sofonisba Anguissola. Aunque Campi debería ser el tema principal del cuadro, todos los detalles de la composición conducen al rostro de Sofonisba, centrado y luminoso. Y aunque él la está pintando, en realidad es Anguissola quien los pinta a ambos: su Campi es más vivo, menos estático que la imagen que él ha creado de ella, vacía e inverosímil. Sofonisba lo pinta usando un tiento, un instrumento considerado de principiantes, dando a entender que el valor artístico de él es inferior al suyo; un ingenioso modo de afirmar que su talento no era mérito de un hombre.

Pintando a su propia familia

La madre de la artista, Bianca Ponzoni (1557). Museos Estatales, Berlín.

La madre de la artista, Bianca Ponzoni (1557). Museos Estatales, Berlín.

La madre de la artista, Bianca Ponzoni (1557). Museos Estatales, Berlín.

Foto: Bridgeman / ACI

Sofonisba se vio limitada por las convenciones sociales de la época, y esto la impulsó a buscar nuevas posibilidades estilísticas para el retrato. Autorretratos y representaciones de los miembros de su familia fueron sus temas más frecuentes; además, eligió ambientes domésticos e informales, creando obras que tuvieron un impacto distinto a las de sus contemporáneos masculinos. Estas innovaciones tuvieron mucho éxito, y a otros artistas, como el flamenco Pedro Pablo Rubens, les encargaron que copiaran sus cuadros. Mediante estas copias su estilo influyó en el género del retrato.

Retratista de la corte española

El pintor oficial de la corte de Felipe II, el portugués Alonso Sánchez Coello, estableció que los retratos reales debían expresar ante todo el estatus de los retratados y las virtudes de gravedad y serenidad. Anguissola añadió a estos requisitos su propio estilo y sensibilidad artística: luz suave, atención a la psicología del sujeto, representación meticulosa de los detalles. Así se observa en estos los retratos: en las distintas texturas del terciopelo negro de los vestidos y en los tocados, con joyas entrelazadas en los cabellos de la reina Isabel y de la infanta Isabel Clara Eugenia.

Isabel de Valois (1561-1565). Museo del Prado, Madrid.

Isabel de Valois (1561-1565). Museo del Prado, Madrid.

Isabel de Valois (1561-1565). Museo del Prado, Madrid.

Foto: Bridgeman / ACI
La infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Isabel de Valois y Felipe II (1599). Museo del Prado, Madrid.

La infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Isabel de Valois y Felipe II (1599). Museo del Prado, Madrid.

La infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Isabel de Valois y Felipe II (1599). Museo del Prado, Madrid.

Foto: Album

Para saber más

Élisabeth Vigée-Lebrun: autorretrato de la artista con sombrero de paja

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Este artículo pertenece al número 200 de la revista Historia National Geographic.