Francotirador de la Segunda Guerra Mundial

Simo Häyhä, "La muerte blanca" oculta bajo la nieve

Simo Häyhä, un pastor finlandés, fue uno de los francotiradores de élite más letales de la historia. Entre 1939 y 1940, Häyhä se convirtió en la pesadilla de las tropas soviéticas durante la "guerra de Invierno", que enfrentó a ambos países. Apodado "La muerte blanca" por sus enemigos, al final su actuación no fue suficiente para evitar que la Unión Soviética se hiciera con una parte del territorio finlandés.

Imagen de Simo Häyhä tomada alrededor de 1940 tras sufrir varias operaciones. 

Foto: PD

Con poco más de metro y medio de estatura y luciendo siempre una amplia sonrisa, Simo Häyhä, un pastor de las frías llanuras finlandesas, se convirtió, gracias a su destreza para camuflarse en la nieve y en su increíble puntería, en una pesadilla para los soviéticos y en una leyenda para sus compatriotas. Apodado "La muerte blanca", Häyhä, capaz de acertar a un blanco a más de trescientos metros con un fusil sin mira telescópica, supo aprovechar perfectamente sus habilidades como cazador para lograr abatir a sus enemigos sin ser visto. Según se dice, Häyhä mató a más de quinientos soldados soviéticos durante la llamada "guerra de Invierno" que su país, Finlandia, libró contra la Unión Soviética en el año 1939.

Un pastor de puntería certera

Al parecer, Simo Häyhä nació el 17 de diciembre de 1905 en un pueblo al sur de Finlandia llamado Rautjärvi, muy cerca de la frontera con la Unión Soviética, aunque la fecha no ha podido confirmarse plenamente. Simo fue el séptimo de los ocho hijos en una familia luterana de granjeros finlandeses. El joven compaginó sus estudios de gramática en la escuela de Miettilä con el cuidado de la granja familiar junto a su hermano mayor. En sus pocos ratos libres, el muchacho disfrutaba esquiando, cazando y jugando al pesapallo, una versión finlandesa del béisbol, considerado como deporte nacional en Finlandia.

El joven Simo Häyhä compaginó sus estudios de gramática en la escuela de Miettiläcon con el cuidado y el cultivo de la granja junto a su hermano mayor.

Imágen de Simo Häyhä posando con uno de sus fusiles.

Foto: PD

Häyhä no tardo mucho en demostrar una gran destreza como tirador, y casi siempre resultaba vencedor en las competiciones de tiro que se celebraban en la región. A pesar de que acabó llenando la casa de trofeos, la timidez de Simo no le permitía posar para las fotos de grupo. El joven prefería ocultarse detrás de sus compañeros, aunque al final la fama que adquirió lo hizo imposible. Según algunas fuentes, Häyhä se incorporó a la Guardia Civil finesa o Suojeluskunta, a los diecisiete años (otras dicen que fue a los veinticinco). Sea como fuere, lo cierto es que Simo pasó muchas horas perfeccionando su puntería hasta que se acabó convirtiendo en uno de los mejores tiradores de su unidad. Vesa Nenye, Peter Munter y Toni Wirtanen, divulgadores de temas históricos, dicen de él en su obra Finland at War: The Winter War 1939-1940 (Finlandia en guerra: la guerra de invierno 1939-1940): "Fue un experto tirador. Ganó competiciones acertando seis veces en un minuto a un pequeño objetivo ubicado a 150 metros de distancia".

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Un francotirador muy preciso

Con apenas veinte años, Häyhä ingresó en el Batallón Ciclista de Raviola para hacer el servicio militar obligatorio, y al poco tiempo fue ascendido a cabo. Su entrenamiento como francotirador del ejército finlandés empezó un año antes del estallido de la "guerra de Invierno" contra los soviéticos. Tapio Saarelainen, autor de cinco libros sobre Simo Häyhä, incluida su biografía, y oficial del propio Häyhä durante su adiestramiento, dice que el pequeño francotirador era capaz de acertar con una precisión de un metro a una distancia de 150 metros. De hecho, señala que durante su formación Häyhä acertó a un objetivo dieciséis veces desde 150 metros de distancia en solo un minuto. "Este fue un logro increíble con un rifle de cerrojo, considerando que cada cartucho tenía que alimentarse manualmente con un cargador fijo que mantenía juntos cinco cartuchos", afirma Saarelainen. La conocida como "guerra de Invierno" estalló poco después de iniciarse la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), cuando los soviéticos ya se habían anexionado Lituania, Letonia y Estonia y estaban ansiosos por hacerse con Finlandia. Los soviéticos propusieron a Finlandia que les cediera los territorios fronterizos por razones de seguridad a cambio de otras tierras. Ante la negativa del gobierno finlandés, la Unión Soviética inició la invasión del país el 30 de noviembre de 1939.

Tapio Saarelainen, autor de cinco libros sobre Simo Häyhä y oficial del propio Häyhä durante su adiestramiento, afirma que el francotirador era capaz de acertar con una precisión de un metro a una distancia de ciento cincuenta metros.

 Fotografía de Simo Häyhä tomada durante la batalla de Kollaa.
 

Foto: PD

Simo Häyhä apunta con su rifle desde su posición de francotirador.

Foto: Archivos Militares Finlandeses

En palabras del historiador británico Martin H. Folly, "la resistencia finlandesa fue feroz, y la actuación soviética, pese a su abrumadora mayoría numérica, fue pésima. Muchas de las unidades soviéticas desplegadas inicialmente eran de Asia Central [...] y no estaban entrenadas ni equipadas para la guerra invernal". Y no solamente eso. A su inexperiencia se unió el letal fusil de "la muerte blanca", el cual, junto a sus compañeros, sabía perfectamente que el terrible invierno finlandés era su principal aliado. Incluso el mismísimo mariscal soviético Voronov señaló que "las tropas estaban mal preparadas para operaciones en bosques y para enfrentarse a temperaturas bajo cero […]. En el clima gélido de Finlandia, los mecanismos de las armas semiautomáticas fallaron".

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Una vista de lince

Una de las principales diferencias en cómo planteaban la guerra soviéticos y finlandeses era la manera que tenían ambos ejércitos de moverse por el terreno. Mientras los soviéticos apostaron por desplazar sus tropas en grandes contingentes, los finlandeses se decantaron por la guerra de guerrillas. En la obra Breve historia de la Segunda Guerra Mundial, el historiador y periodista Jesús Hernández explica lo siguiente: "Moviéndose por estrechos senderos en los bosques o esquiando silenciosamente, las tropas finlandesas caían como fantasmas sobre los aterrorizados soldados rusos, para poco después esfumarse en la niebla. Ante la falta de armamento adecuado, los fineses recurrieron a la imaginación para destruir los tanques enemigos, inventando el artefacto incendiario que sería luego conocido como cóctel molotov".

Moviéndose por estrechos senderos en los bosques o esquiando silenciosamente, las tropas finlandesas caían como fantasmas sobre los aterrorizados soldados rusos, cuenta Jesús Hernández.

Un grupo de francotiradores finlandeses apostados en la nieve durante la "guerra de Invierno". 1939.

Foto: PD

Para entonces, Simo Häyhä se había convertido en uno de los principales activos del ejército finlandés. Vestido completamente de blanco y masticando un trozo de hielo para evitar que el aliento lo delatara, utilizaba un fusil sin mira telescópica para que la luz solar no se reflejara en la lente revelando su posición. El francotirador compactaba la nieve sobre sus brazos para afianzar bien el arma y no errar el disparo. Kollaa, una posición estratégica donde los soviéticos pensaban poner punto y final a la contienda, se convirtió precisamente en el lugar donde Häyhä causó más bajas entre las filas enemigas. Las cifras varían según los historiadores. Unos dicen que fueron doscientos los soldados soviéticos que cayeron bajo las balas de Häyhä, y según otros fueron trescientos. Vesa Nenye, Peter Munter y Toni Wirtanen afirman que "en el frente de Kolla (Häyhä) usó su viejo fusil de la Guardia Civil finlandesa. Un fusil que siempre había llevado consigo durante la guerra. Aunque él no contaba las bajas que realizaba, sus camaradas sí. A principios de diciembre ya había acabado con 51 soldados enemigos en apenas tres días".

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El final de un héroe olvidado

Ningún soldado soviético pudo acabar jamás con la vida de "la muerte blanca", ni siquiera la artillería que bombardeaba sin cesar las posiciones en la que creía haber visto al escurridizo francotirador finlandés. Los militares soviéticos aseguraban atónitos que "parecía inmune a la balas". Pero incluso a quienes parecen invencibles su buena suerte les abandona algún día, y para Simo Häyhä ese día fue el 6 de de marzo de 1940, cuando recibió el impacto de una bala explosiva en su mejilla, con tan mala fortuna que parecía que "le habían volado medio rostro". Evacuado hasta un hospital cercano, Häyhä permaneció en coma durante una semana y tuvo que soportar numerosas operaciones para lograr recomponer su rostro, que quedó totalmente desfigurado. Finalmente, las hostilidades entre la Unión Soviética y Finlandia cesaron ese mismo mes, cuando ambos países firmaron un tratado de paz por el cual los finlandeses cedían una parte de su territorio a los soviéticos.

El 6 de de marzo de 1940, Häyhä recibió el impacto de una bala explosiva en su mejilla con tan mala fortuna que parecía que 'le habían volado medio rostro'.

Patrulla del ejército finlandés junto a un grupo de renos.

Foto: PD

¿Y cuál fue el destino de Simo Häyhä? Este se convirtió en un héroe en su país y recibió las Medallas de la Libertad de primera y segunda clase y las Cruces de la Libertad de tercera y cuarta clase por su actuación en el conflicto. Pero nunca pudo regresar a su granja ya que el territorio donde se asentaba su hogar pertenecía ahora a la Unión Soviética. A Häyhä, que también había sido nombrado Caballero de la Cruz de Mannerheim, las autoridades le ofrecieron una nueva granja en Valkjärvi, un pequeño municipio ubicado en el sureste de Finlandia, cerca de la frontera con la Unión Soviética.

A partir de entonces Häyhä se convirtió en un experto cazador de alces y en criador de perros. En las diversas entrevistas que concedió años después aparecía un Simo Häyhä modesto que nunca alardeó de sus condecoraciones. A la pregunta de cómo se había convertido en un francotirador tan bueno, él respondía con humildad: "Práctica". En diciembre de 2001, poco antes de cumplir los 96 años, Häyhä habló de sus experiencias durante la guerra y cuando le preguntaron si sentía remordimientos por haber matado a tanta gente, respondió: "Hice lo que me dijeron que hiciera, lo mejor que pude. No habría Finlandia a menos que todos los demás hubieran hecho lo mismo". Häyhä pasó los últimos años de su vida en soledad en un hogar de veteranos de guerra, donde murió el 1 de abril de 2002 a la nada despreciable edad de 96 años.