Irán hace miles de años

El Shāh-nāmeh, la gran epopeya de Persia

Compuesta nada menos que por sesenta mil versos, el Shāh-nāmeh es la gran epopeya de Irán. Escrita por el poeta persa Ferdowsī, considerado un héroe nacional en su país, la obra narra la historia de Persia hasta la conquista árabe. Al final, tras más de treinta años dedicado a su composición, Ferdowsī terminó el Shāh-nāmeh en el año 1010 y lo entregó al sultán Mahmud, el cual le había prometido una descomunal recompensa. Aunque las cosas no salieron como el poeta había pensado.

Estatua de Ferdowsi en los jardines donde se alza su mausoleo, en la ciudad iraní de Tus.

Estatua de Ferdowsi en los jardines donde se alza su mausoleo, en la ciudad iraní de Tus. Foto: CC

En Irán, el poeta Hakim Abol-Qasem Ferdousí-e, más conocido como Ferdowsī, es un héroe nacional. Y su poema épico, el Shāh-nāmeh, el Libro de los Reyes por su traducción del persa, es su obra más admirada y célebre. Ferdowsī escribió el Shāh-nāmeh (convertida en la epopeya nacional de Irán), que consta de unos 60.000 versos, para el sultán Maḥmūd de Gazni alrededor del año Mil, como continuación de la obra del poeta Abu Mansur Daqiqi, el Khvatay-nāmak, encargada por el rey de la dinastía samaní Mansur I. La epopeya de Ferdowsī cuenta la historia de los reyes de Persia en lengua pahlavi (llamado también persa medio, una forma medieval del persa o farsi), y abarca desde tiempos míticos hasta el siglo VII.

Ascenso al trono del shah Luhrasp. Ilustración del Shāh-nāmeh.

Ascenso al trono del shah Luhrasp. Ilustración del Shāh-nāmeh.

Foto: Cordon Press

Una epopeya nacional

Además de su innegable importancia literaria, el valor del Shāh-nāmeh reside en el idioma en que fue escrito, el persa o farsi, una lengua que había sido relegada en el país tras la invasión de los árabes en el siglo VII. Los iraníes actuales siguen considerando el Shāh-nāmeh una obra maestra en la que se glosan la gloriosa historia de Persia, se enfatizan sus valores culturales, su religión ancestral (el zoroastrismo) y se ahonda en el concepto de patria, todo ello en un período en el que la identidad nacional persa se encontraba gravemente amenazada. Si bien en la obra se suceden numerosos héroes y heroínas, el héroe principal del Shāh-nāmeh es sin duda solamente uno: Irán.

Encuentro de Bahram Gur con una princesa. Ilustración del Shāh-nāmeh. Siglo XVI.

Encuentro de Bahram Gur con una princesa. Ilustración del Shāh-nāmeh. Siglo XVI.

Foto: Cordon Press
Rostam recupera la llave de la fortaleza del demonio blanco. Ilustración del Shāh-nāmeh. Museo de Arte Oriental, Kiev.

Rostam recupera la llave de la fortaleza del demonio blanco. Ilustración del Shāh-nāmeh. Museo de Arte Oriental, Kiev.

Foto: Cordon Press

Los iraníes actuales siguen considerando el Shāh-nāmeh una obra maestra en la que se glosan la gloriosa historia de Persia, se enfatizan sus valores culturales, su religión ancestral (el zoroastrismo) y se ahonda en el concepto de patria.

Alrededor de Ferdowsī se han forjado muchas leyendas, aunque de su vida real se sabe muy poco. La fuente más fiable, y posiblemente la única, para su conocimiento es la obra de un poeta del siglo XII llamado Neẓāmī-ye ʿArūẓī, el cual visitó la tumba de Ferdowsī en la ciudad de Tus entre los años 1116 y 1117. Según cuentaʿArūẓī, Ferdowsī era un dehqān, un acaudalado terrateniente, que vivía de los ingresos que obtenía por sus propiedades. Aunque no tuvo que ser suficiente. Según ʿArūẓī, el motivo por el que Ferdowsī se habría embarcado en una tarea tan titánica como fue la composición del Shāh-nāmeh (tarea que lo tendría ocupado los treinta y cinco siguientes años de su vida) sería para dar una dote adecuada a su única hija.

La sexta justa de las torres: Bizhan contra Ruyyin. Miniatura del Shāh-nāmeh. Siglo XVI.

La sexta justa de las torres: Bizhan contra Ruyyin. Miniatura del Shāh-nāmeh. Siglo XVI.

Foto: Cordon Press

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Zaratustra, el profeta del fuego

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Las tres etapas del Shāh-nāmeh

La historia narrada en el Shāh-nāmeh empieza por la creación del mundo y la introducción del fuego, la metalurgia y las leyes a los antiguos pueblos iranios, y concluye con la conquista de Persia por parte de los árabes. La obra no sigue un orden cronológico, pero se divide en tres partes o "edades" sucesivas: la mítica, la heroica y la histórica. La primera, la mítica, es la más breve y consta de 2.100 distiches o versos pareados en los que se narra la creación del mundo y del primer hombre, Kayumars, que se convertiría en el primer sha o rey. Kayumars tuvo un nieto llamado Hushangy, que descubrió el fuego por casualidad lo que permitió el desarrollo de la cocina, la metalurgia y la creación de las leyes, todos ellos pilares de la civilización.

Kai Khusrau, Gudarz y Giv capturando la Fortaleza del demonio Bahman. Miniatura del Shāh-nāmeh. Siglo XV.

Kai Khusrau, Gudarz y Giv capturando la Fortaleza del demonio Bahman. Miniatura del Shāh-nāmeh. Siglo XV.

Foto: Cordon Press

La historia narrada por el Shāh-nāmeh empieza por la creación del mundo y la introducción del fuego, la metalurgia y las leyes a los antiguos pueblos iranios, y concluye con la conquista de Persia por parte de los árabes.

La segunda etapa que cuenta el Shāh-nāmeh, la heroica, es, quizá, la más larga y se caracteriza por centrarse en la naturaleza de los hombres y en cómo el diablo explota sus sentimientos más primarios: la codicia, la envidia o la venganza. Uno de los protagonistas del relato es el propio Alejandro Magno (llamado Sekandar en el poema), aunque quienes de verdad centran la atención del autor son otros héroes: Sagzi, también llamado Saka o Sistānī y, por descontado, el mítico Rostam, el más importante de todos, una especie de Gilgamesh (el mítico héroe mesopotámico) dotado de poderes sobrenaturales, y cuyas aventuras y desventuras abarcan más de mil versos. En la tercera y última parte de la obra, la histórica, Ferdowsī se centra en la vida de los altos dignatarios, de quienes critica su debilidad y egoísmo, pecados que acabarían provocando la caída del Imperio sasánida y facilitarían la consiguiente conquista por parte de los árabes (que son llamados en el texto el "ejército de las tinieblas") en el siglo VII . En esta última parte, el autor subraya asimismo la importancia de la religión tradicional de Persia, el zoroastrismo, así como del libre albedrío.

El rey sasánida Ardashir I es investido por el dios Ahura Mazda. Relieve de Naqsh-e Rustam.

El rey sasánida Ardashir I es investido por el dios Ahura Mazda. Relieve de Naqsh-e Rustam.

Foto: iStock
Relieve que muestra el triunfo del rey sasánida Sapor I sobre el emperador romano valeriano en Naqsh-e Rustam (Irán).

Relieve que muestra el triunfo del rey sasánida Sapor I sobre el emperador romano valeriano en Naqsh-e Rustam (Irán).

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La trampa del cortesano

Al igual que ocurre en la Biblia, algunos de los personajes que desfilan por las páginas del Shāh-nāmeh viven cientos de años (como el bíblico Matusalén, que vivió 969 años), aunque la mayoría tienen una vida como la de cualquier ser humano. En el transcurso de la obra surgen y caen emperadores, al igual que lo hacen héroes y villanos, y el autor recrea el paso del tiempo mediante el recurso de describir una serie de amaneceres y puestas de sol. El Padre Tiempo, al que hace referencia Ferdowsī, tiene una gran semejanza con el dios grecorromano Saturno, y su presencia recuerda constantemente al lector la tragedia de la muerte y la pérdida que esta conlleva. Pero no todo es trágico: siempre encontraremos esperanza en el amanecer de un nuevo día, que simboliza el renacimiento.

Esfandiyars mata a Simurgh. Escena del Shāh-nāmeh. Siglo XVI. Museo del Hermitage, San Petersburgo.

Esfandiyars mata a Simurgh. Escena del Shāh-nāmeh. Siglo XVI. Museo del Hermitage, San Petersburgo.

Foto: Cordon Press

Al igual que ocurre en la Biblia, algunos de los personajes que desfilan por las páginas del Shāh-nāmeh viven cientos de años (como el bíblico Matusalén, que vivió 969 años), aunque la mayoría tienen una vida como la de cualquier ser humano.

Ferdowsī terminó de escribir el Shāh-nāmeh en el año 1010. Según cuenta la leyenda, Maḥmūd de Gazni, un gobernante afgano fundador del Imperio gaznávida (y el primero que tomó el título de sultán), había ofrecido a Ferdowsī una pieza de oro por cada pareado del Shāh-nāmeh, una cantidad que, a petición del autor, cobraría una vez terminada la obra. El sultán se dispuso a cumplir su palabra, pero en lugar de pagarle la cantidad acordada, finalmente sólo le pago 20.000 piezas de oro. Y no solamente eso, sino que el cortesano encargado de realizar el pago, que despreciaba a Ferdowsī y consideraba su obra una herejía, cambió las monedas de oro por otras de plata. Molesto por el trato recibido, que consideraba injusto, el poeta se fue a una casa de baños y a la salida repartió el dinero entre el dueño del hammam, un vendedor de refrescos y el esclavo que le había llevado las monedas. Cuando el sultán (que no sabía nada de la treta del funcionario) se enteró de la actitud del poeta, se enfureció de tal manera que amenazó con ejecutarlo.

Edad de oro del Paraíso Terrenal. Ilustración del Shāh-nāmeh.

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Foto: Cordon Press

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Las puertas del destino

Para salvar su vida, Ferdowsī tuvo que exiliarse. Enfurecido por el trato recibido, escribió una sátira sobre el sultán. Cuando este al fin se enteró de lo que había pasado, y del engaño al cual había sido sometido el poeta, montó en cólera y desterró al cortesano, aunque otras fuentes afirman que lo mandó ejecutar. Ferdowsī, por fin, pudo volver a su tierra natal, a la ciudad de Tus, y el sultán, arrepentido, le envió de nuevo 60.000 piezas de oro cargadas en camellos. Pero estaba visto que el destino no deseaba que Ferdowsī cobrase ese dinero; mientras los camellos enviados por el sultán entraban en Tus por la Puerta de Rūdbār, el cadáver del poeta salía por la Puerta de Razān: Ferdowsī había muerto de un ataque al corazón. La obra del insigne poeta persa ha perdurado a través de los siglos, y a pesar de que algunos estudiosos europeos han criticado esta vasta epopeya tachando su métrica de monótona, para los iraníes el Shāh-nāmeh representa la historia del pasado glorioso de su país, preservada para siempre en una majestuosa obra en verso.