Misterios y curiosidades del antiguo Egipto

Sekhmet, la diosa leona sanguinaria y sanadora

El panteón egipicio posee un gran número de deidades femeninas poderosas. La más conocida, sin duda, es Isis, la Gran Maga. Pero Hathor, diosa del amor y de la música, posee asimismo una acepción terrible cuando la furia la invade: se convierte en una leona que arrasa con todo, la terrorífica Sekhmet.

Relieve en color que representa a la diosa leona Sekhmet. Templo de Khnum en Esna.

Relieve en color que representa a la diosa leona Sekhmet. Templo de Khnum en Esna. Foto: iStock

Esposa, madre o hija de Re, la diosa Hathor tiene evidentes conexiones solares que se ponen de manifiesto gracias al disco solar que porta sobre su cabeza y con el que en ocasiones se la representa. Hathor, diosa del amor, de la música, también llamada la Vaca Celeste, La Dorada, Ojo de Re... a veces presenta un aspecto sorprendente, muy diferente al carácter suave y maternal que la caracteriza. Cuando se enfada, Hathor se transforma en una diosa leona fiera y sanguinaria, pero que también tiene un lado sanador: Sekhmet, la poderosa, la que trae las plagas, la que utiliza su destructora ira para proteger al faraón y a Egipto.

La conjura contra Re

Según la cosmogonía de Menfis, Sekhmet la leona es esposa del dios Ptah, patrón de los artesanos, y madre del dios loto Nefertum. Sekhmet también recibe el título de Señora de la Vida, y como tal puede sanar las enfermedades que ella misma ha causado con su furia. Su virtud sanadora era tan apreciada y deseada que un faraón como Amenhotep III (1390-1353 a.C.) hizo acopio para su templo funerario en la orilla occidental deTebas de centenares de estatuas de la diosa leona.

La diosa Sekhmet junto a su esposo, el dios Ptah de Menfis.

La diosa Sekhmet junto a su esposo, el dios Ptah de Menfis.

Foto: iStock

Su virtud sanadora era tan apreciada y deseada que un faraón como Amenhotep III (1390-1353 a.C.) hizo acopio para su templo funerario en la orilla occidental de Tebas.

Existe un relato que muestra con claridad las consecuencias de despertar la furia de Sekhmet. La destrucción de la humanidad aparece al comienzo del Libro de la Vaca Celeste, un texto funerario del Reino Nuevo (1539-1292 a.C.), y cuenta una historia sorprendente. Al principio de los tiempos, cuando los dioses vivían entre los hombres y Re era su rey hubo una rebelión para derrocar al dios solar (que en aquellos tiempos aún no había comenzado su periplo diario a través del cielo). Re, a pesar de ser un dios, iba envejeciendo y estaba cada vez más débil, por lo que los humanos decidieron que no servía ya para gobernarlos y había llegado la hora de cambiar de monarca. El texto dice lo siguiente: "Sucedió en el tiempo de Re, el que se creó a sí mismo, cuando ya había estado gobernando a los dioses y los humanos juntos durante muchos años [...]. La gente no estaba satisfecha y los rebeldes se atrevían a conjurar contra su rey [...]. Re comenzó a pensar en abandonar Egipto y retirarse a las aguas del Nun. Pero primero necesitaba consejo".

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La furia de Sekhmet

Los demás dioses se presentaron ante Re para aconsejarle, hasta que le llegó el turno a su padre, Nun, el océano primordial, del que todo había surgido. Nun le dijo a Re: "Hijo mío, eres un gran rey. Mantén tu trono y recuerda el miedo de la gente cuando tu Ojo está sobre ellos. Deja libre a tu Ojo y ella golpeará a los rebeldes por ti. Suelta a Hathor y los malvados intrigantes serán destruidos". Y Re hizo lo que su padre le aconsejó: soltó sobre la humanidad a su hija Hathor transformada en Sekhmet, la leona de la furia devastadora, que arrasa a los enemigos de su padre con el calor destructor del Sol: "El desierto se tiñó de rojo con la sangre mientras el Ojo perseguía a los traidores y los mataba, uno por uno. No se detuvo hasta que las arenas estuvieron cubiertas de cuerpos. Entonces, temporalmente saciada, regresó triunfante junto a su padre para jactarse de sus logros".

Estatuas que representan a la diosa Sekhmet sedente procedentes de Karnak.

Estatuas que representan a la diosa Sekhmet sedente procedentes de Karnak.

Foto: Cordon Press

Re hizo lo que su padre le aconsejó: soltó sobre la humanidad a su hija Hathor transformada en Sekhmet, la leona de la furia devastadora, que arrasa a los enemigos de su padre con el calor destructor del Sol.

En un principio Re se mostró satisfecho, pero al poco tiempo empezó a temer las repercusiones del inmenso y destructor poder que había liberado. El dios decidió que ya había habido suficientes muertes y quiso perdonar al resto de la humanidad. Tal vez le asaltó la compasión o quizá temió que al final no quedase nadie que pudiese llevar a cabo las ofrendas diarias que necesitaba. Sea como fuere, Re ordenó a su hija suspender la matanza. Sin éxito. Su Ojo "había probado la carne humana y le había gustado. Estaba decidida a matar de nuevo".

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Una diosa bebedora

Re no sabía cómo detener a Sekhmet. Hasta que se le ocurrió un astuto plan. Hathor-Sekhmet era una diosa a la cual la bebida proporcionaba un enorme placer. De hecho, es la diosa de la embriaguez, la que preside un ritual llamado la "Fiesta de la borrachera", que se celebraba en el Egipto grecorromano e incluía baile, música y un consumo exagerado de alcohol. Así, Re pensó ofrecer a su desatada hija una bebida que ésta sería incapaz de rechazar: cerveza, la bebida de Egipto por excelencia. Hizo traer un pigmento rojo del desierto que fue molido en Menfis hasta convertirlo en un fino polvo. "El pigmento rojo fue mezclado entonces con cebada y se elaboraron 7.000 jarras de cerveza de color de sangre. Re y los otros dioses inspeccionaron la cerveza de color de sangre y estuvieron contentos".

Mujeres preparando cerveza. Tumba de Senet. Dinastía XII.

Mujeres preparando cerveza. Tumba de Senet. Dinastía XII.

Foto: Cordon Press

"El pigmento rojo fue mezclado entonces con cebada y se elaboraron 7.000 jarras de cerveza de color de sangre. Re y los otros dioses inspeccionaron la cerveza de color de sangre y estuvieron contentos".

Sekhmet decidió seguir con la matanza y acabar con el resto de la humanidad, a pesar de los ruegos de Re. Se dirigió al desierto a completar su misión. Pero Re había vaciado hecho vaciar allí las siete mil jarras de cerveza, que lo cubrieron todo con un espumoso líquido rojo. Sekhmet pensó que era sangre y se lanzó a beberlo sin mesura. "Inclinándose vio su bello rostro reflejado en el líquido y quedó en trance. Olvidándose de la humanidad, el Ojo de Re bebió la cerveza, quedó confusa y regresó junto a su padre, borracha y satisfecha. Re dio la bienvenida a su hija en paz".

Re asciende a los cielos

Re había logrado salvar a la humanidad, a pesar de su traición. Pero el viejo dios "encontró imposible perdonar a la gente; ya no quería gobernar la Tierra". De este modo, el dios solar se subió sobre el lomo de Nut, la diosa del cielo, transformada en la vaca celeste Mehet-Weret, y ascendió al firmamento. Egipto empezó entonces a oscurecerse y los humanos, asustados, pidieron a Re que se quedase, pero el dios Sol no les escuchó. Desde ese día empezará su periplo diario por el cielo. Viajará a través del cuerpo de Nut, que se lo tragará cada noche para darlo a luz al día siguiente. Y nombrará al dios lunar Thot su sustituto nocturno.

La diosa Hathor en forma de vaca. Relieve en el templo de Luxor.

La diosa Hathor en forma de vaca. Relieve en el templo de Luxor.

Foto: iStock

El dios solar Re, cansado, ya no quería gobernar la Tierra. Se subió sobre el lomo de Nut, la diosa del cielo, transformada en la vaca celeste Mehet-Weret, y ascendió al firmamento.

El dios solar Re, en su barca, lucha contra la malvada serpiente Apofis. Detalle del sarcófago de Nespawershepi.

El dios solar Re, en su barca, lucha contra la malvada serpiente Apofis. Detalle del sarcófago de Nespawershepi.

Foto: Cordon Press

Pero la Tierra iba a seguir necesitando un soberano que la gobernase, así que Re nombró a Osiris rey de Egipto, y le encargó ocuparse de las ofrendas diarias que le correspondían. De este modo se estableció que el faraón fuera la única persona que pudiese actuar como intermediario entre los hombres y los dioses, así como el único capaz de salvaguardar la maat, el orden universal y la justicia. Los hombres se conformaron, y vieron en Osiris, su primer rey, a un dios civilizador que trajo prosperidad a Egipto. También aprendieron que era mejor no hacer enfadar a Hathor-Sekhmet. Aprendieron a aplacar su ira con sacrificios y rituales, cada día ante una estatua diferente. Tal vez por ese motivo se han conservado tantas estatuas de esta terrible divinidad dual, una diosa capaz de traer la destrucción, pero también de curar a los enfermos.

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