Un retrato fascinante

Los secretos de 'La joven de la perla' de Vermeer

joven perla primera

joven perla primera

Foto: Mauritshuis

El siglo XVII fue la Edad de Oro neerlandesa, una época en la que los Países Bajos se transformaron en una potencia europea, construyendo un imperio comercial que llegó hasta los confines de Asia y Oceanía y que permitió el progreso de la economía, la ciencia y la cultura neerlandesas. A la sombra del generoso patrocinio de la boyante burguesía comercial,  surgieron un puñado de grandes pintores que sobresalieron en los géneros del paisaje y del retrato. Johannes Vermeer fue, junto a Rembrandt, el más destacado de los maestros del retrato holandeses de esa época y La joven de la perla representa hasta qué punto se había convertido en un virtuoso restratista. Con una paleta limitada de colores, trazos simples y, en apariencia, poco trabajados consiguió crear un cuadro lleno de vida y con una profunda mirada que atrapa la atención del espectador.

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comparativa mona lisa

Foto: Mauritshuis / Museo del Louvre

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La Mona Lisa holandesa

Desde su entrada en el Museo Mauritshuis en 1903, La joven de la perla ya fue calificada como la Mona Lisa holandesa y se convirtió en el cuadro más famoso de Vermeer. La historia anterior del retrato tan solo puede seguirse con certeza hasta 1881, cuando fue adquirido por un coleccionista holandés (que fue quien lo donó al museo de La Haya) por una suma ridícula, apenas dos florines.

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Foto: Museo del Louvre

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Tronies: entre el retrato y el boceto

La joven de la perla es un tronie, una palabra que deriva del francés antiguo trogne y que significaría cabeza o rostro. Fueron muy populares durante la Edad de oro neerlandesa y no pretendían ser retratos de un individuo en concreto, sino estudios de expresión y fisonomía de un modelo de personaje, un anciano, un soldado, una mujer oriental... Normalmente se exageraban sus gestos y facciones, como en este caso: "El fumador" pintado por Joos van Craesbeck.

tronie turbante

Foto: Mauritshuis

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Un turbante y un pendiente

Aunque muchos han querido identificar en la modelo alguien del entorno cercano a Vermeer, la joven de la perla no es nadie en especial, es una chica vestida al modo oriental que no destaca por su aspecto (no tiene pecas ni marcas que la distingan) sino por los complementos que luce: un turbante de estilo oriental y un pendiente de perla. De hecho, antes de llamarse La joven de la perla, se piensa que la obra era nombrada en los catálogos de Vermeer como La joven del turbante.

roba

Foto: Mauritshuis

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Una obra compleja de trazos sencillos

La joven de la perla es una pintura que, por momentos, parece un boceto. La ropa está pintada de forma esquemática, sin detalles ni adornos. Vermeer dio volumen a la ropa situando a la protagonista sobre un fondo oscuro, casi negro y a través del juego de la luz y las sombras.

La nariz de la joven de la perla

Foto: Mauritshuis

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Un engaño a nuestro cerebro

Vermeer no pintó todo lo que nosotros vemos, pero nuestro cerebro completa lo que falta. La nariz, cuyo detalle vemos sobre estas líneas, no existe como tal. El puente es tan solo una continuación de la mejilla derecha.

perla

Foto: Mauritshuis

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¿Existe la perla?

El elemento que da nombre a la obra es tal vez el trampantojo más espectacular del cuadro. El pendiente son apenas dos pinceladas blancas sobre el cuello que, de lejos, nuestro cerebro interpreta como un círculo. Por no haber, no hay ni cadena que la sujete al lóbulo. Vista de cerca es como si una gota estuviera suspendida en el aire de manera casi mágica.

turbante

Foto: Mauritshuis

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Un color caro y apreciado

El turbante, que por cierto se dice que salió de un baúl de disfraces de casa del pintor, es uno de los elementos esenciales de la obra. El color elegido para esta prenda es el azul de ultramar, un apreciado y caro tinte importado de Asia.

mirada

Foto: Mauritshuis

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Mirada enigmática

Vermeer dejó el contorno de los ojos sin definir, lo cual otorga un halo de misterio a su mirada. Unos ven melancolía, otros tristeza, pero hay quien incluso ve alegría. De alguna manera es como si existiese casi una joven distinta para cada espectador.

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