Misterios y curiosidades del antiguo Egipto

Los secretos de una fortaleza egipcia descubierta en Gaza

Unas excavaciones realizadas por aqueólogos israelíes en las décadas de 1970 y 1980 sacaron a la luz en Deir el-Balah, en Gaza, los restos de un asentamiento y una fortaleza militar de época ramésida, en cuyo cementerio se exhumaron unos sorprendentes ataúdes de arcilla de forma antropomorfa.

El faraón Seti I ataca la fortaleza siria de Kadesh. Grabado. 1915.

El faraón Seti I ataca la fortaleza siria de Kadesh. Grabado. 1915. Foto: Cordon Press

En la década de los años sesenta, los mercados de antigüedades de Jerusalén se vieron inundados de unas piezas asombrosas: objetos de cornalina y oro, escarabeos egipcios, vasijas de alabastro, cerámica cananea, chipriota y micénica, y, lo más curioso de todo: una serie de ataúdes de arcilla de forma antropomorfa. ¿De dónde había salido todo aquello? Esos misteriosos objetos arqueológicos llamaron la atención de la arqueóloga israelí Trude Dothan, que se preguntó si los saqueadores habrían descubierto una antigua tumba y estarían vendiendo los objetos saqueados en Jerusalén. Dothan decidió investigar la procedencia de las piezas y, como si de una investigación policial se tratara, se fijó en algo muy peculiar: la arena que cubría la tapa de uno de los ataúdes de arcilla, un material fino y amarillento que sugería un lugar costero casi con total seguridad; concretamente las piezas procedían de Deir el-Balah, un enclave situado al sur de Gaza.

El Camino de Horus

En 1968, Dothan logró hacer una breve visita de inspección, muy prometedora, a Deir el-Balah, un enclave situado a casi dos kilómetros de mar, pero el contexto histórico israelí en aquellos tiempos era muy complicado, por lo que la arqueóloga tuvo que esperar cuatro años para conseguir los permisos necesarios para poder organizar una excavación arqueológica en Deir el-Balah. Así, tras diversas discusiones y enfrentamientos con el Departamento de Antigüedades israelí y con el mismísimo Moshe Dayan, por entonces ministro de Defensa, que consideraba que emprender una excavación en Gaza era sumamente peligroso, entre 1972 y 1982 Dothan y su equipo lograron excavar en Deir el-Balah. Los trabajos arqueológicos que allí se llevaron a cabo sacaron a la luz lo que parecía ser un puesto de avanzada egipcio. El lugar era único y ofrecía una imagen sin parangón sobre la vida en la frontera egipcio-cananea entre los siglos XIV y XII a.C. En Deir el-Balah, el equipo de Dothan exhumó un asentamiento de artesanos que databa de la época de Amarna (hacia 1353-1334 a.C.) y que incluía los vestigios de una residencia de élite o gran palacio, los cimientos de una fortaleza militar erigida durante el reinado de Seti I (1290-1279 a.C.), de planta rectangular, con cuatro torres y que disponía de una gran cisterna para contener agua, y un vasto cementerio datado al final de la época ramésida.

Seti I ataca a sus enemigos montado en su carro de combate. Relieve del templo de Karnak.

Seti I ataca a sus enemigos montado en su carro de combate. Relieve del templo de Karnak.

Foto: Cordon Press

Tras diversas discusiones y enfrentamientos con el Departamento de Antigüedades israelí y con el mismísmo Moshe Dayan, por entonces ministro de Defensa, que consideraba que excavar en Gaza era sumamente peligroso, entre 1972 y 1982, Dothan y su equipo lograron excavar en Deir el-Balah.

Los arqueólogos habían descubierto, así, una de las fortalezas militares egipcias que jalonaban la ruta que iba desde el Sinaí a Gaza, el llamado "Camino de Horus". En ese período, el Reino Nuevo (1539-1077 a.C.), Egipto había ampliado las fronteras de su territorio hasta Gaza, y se vio en la necesidad de construir varios puestos avanzados para vigilar las rutas comerciales y militares y garantizar la seguridad de los viajeros. Ya durante la dinastía XIX (1292-1191 a.C.) tanto Seti I como su hijo Ramsés II erigieron numerosas fortalezas a lo largo de toda esa ruta. No había duda de que Deir el-Balah era una de ellas, concretamente la situada más al este de las seis que se alzaron en el Mediterráneo oriental. De hecho, la primera que se descubría en Gaza.

Migdol o torre que imita a una fortaleza en el templo de Ramsés III en Medinet Habu.

Migdol o torre que imita a una fortaleza en el templo de Ramsés III en Medinet Habu.

Foto: CC

Ataúdes singulares

En el cementerio del yacimiento, los arqueólogos también desenterraron varios ataúdes de barro como los que habían aparecido en el mercado de antigüedades de Jerusalén. Estos objetos, aunque cuando eran exhumados parecían estar enteros y en perfectas condiciones, no era así. En realidad presentaban diversas fracturas que se mantenían soldadas gracias a la arena que había cubierto su interior. Los ataúdes eran de tamaño natural y las tapas (que sólo ocupan una pequeña parte del ataúd) exhiben rostros y brazos esculpidos, todos con estilos muy distintos. Algunos de ellos aún conservaban restos de la pintura con que se decoraron. Los rostros se habían pintado de blanco, los labios y mejillas de rojo y los ojos de negro o amarillo. Algunos parecían llevar peluca, otros una flor de loto en la frente, una barba osiríaca, y a muchos se les había esculpido ojos, cejas, nariz, boca, barbilla, orejas...

Ataúdes antropomorfos descubiertos durante las excavaciones de Deir el-Balah, en Gaza.

Ataúdes antropomorfos descubiertos durante las excavaciones de Deir el-Balah, en Gaza.

Foto: Cordon Press
Ataúdes antropomorfos de Deir el-Balah. Siglo XIII a.C.

Ataúdes antropomorfos de Deir el-Balah. Siglo XIII a.C.

Foto: Cordon Press

Los ataúdes eran de tamaño natural y las tapas (que sólo ocupan una pequeña parte del ataúd) exhiben rostros y brazos esculpidos, todos con estilos muy distintos.

En Deir el-Balah salieron a la luz varios entierros intactos (tumbas 114, 118, 119 y 301) con ataúdes en cuyo interior se había inhumado más de un cuerpo. También contenían lujosos ajuares funerarios compuestos por cerámicas de diversos puntos del Mediterráneo y otros bienes de prestigio (incluidos algunos ushebtis, las figurillas funerarias egipcias cuya función era trabajar en el más allá en sustitución del difunto), que sugerían la importancia de las redes de comercio internacional en ese período, unas redes comerciales que Dothan definió como "el mercado común marítimo mediterráneo".

Ajuar funerario en el interior de un ataúd de arcilla procedente de Deir el-Balah.

Ajuar funerario en el interior de un ataúd de arcilla procedente de Deir el-Balah.

Foto: CC

¿Quiénes vivieron allí?

Pero ¿quiénes eran las personas enterradas en el interior de estos curiosos ataúdes? Teniendo en cuenta que normalmente para un egipcio ser enterrado fuera de su país era un destino peor que la muerte, los investigadores no se atreven a afirmar que se trate de funcionarios egipcios, aunque considerando la riqueza de los ajuares funerarios no hay duda de que fueron personas que gozaron de un elevado estatus social. Pero aún resulta difícil establecer con seguridad la identidad de los individuos allí enterrados. Tal vez sí que fueran funcionarios egipcios destinados en la fortaleza de Deir el-Balah, donde pasaron muchos años de su vida. Incluso tal vez se casaron con mujeres locales y fundaron sus propias familias allí. Así, tras su muerte quizá quisieron hacerse enterrar en el país que les había acogido, pero con las costumbres funerarias de su país de origen. Otra hipótesis es que se tratase de personajes pertenecientes a la élite cananea que se enterraron según las tradiciones funerarias egipcias como muestra de estatus.

Ataúdes antropomorfos con influencia egipcia. Deir el-Balah.

Ataúdes antropomorfos con influencia egipcia. Deir el-Balah.

Foto: Cordon Press

Las personas allí enterradas tal vez fueran funcionarios egipcios destinados en la fortaleza de Deir el-Balah, donde pasaron muchos años de su vida, e incluso tal vez se casaron con mujeres locales y fundaron sus propias familias allí.

Deir al-Balah permaneció bajo dominio egipcio hasta 1150 a.C., momento en que los filisteos conquistaron la costa sur de Canaán. Luego, el lugar cayó en el olvido. Después de que el equipo de Dothan finalizase las excavaciones en el año 1982, el área fue abandonada y usada con fines agrícolas. Hoy en día, Deir el-Balah, una de las grandes e imponentes fortalezas testimonio del poder de Egipto en la región, está cubierta de huertos y árboles frutales, y las dunas siguen ocultando gran parte de un asentamiento que nunca terminó de ser excavado. Aunque los hallazgos más importantes realizados por Trude Dothan, como algunos de los enigmáticos ataúdes de arcilla descubiertos en el yacimiento, pueden contemplarse en distintos museos israelíes, como el Museo de Israel en Jerusalén y el Museo Hecht en Haifa.

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