El inicio del Renacimiento

Los secretos de 'El nacimiento de Venus' de Botticelli

Nacimiento de Venus

Nacimiento de Venus

Bajo el auspicio de la familia Médicis, en la Florencia del siglo XV comenzó a gestarse un cambio de era que acabara extendiéndose por toda Italia y, más adelante, llegaría a todos los rincones de Europa, el Renacimiento. En la corte de Lorenzo el Magnífico se dio cita una nueva estirpe de pensadores que comenzaron a desplazar a Dios del centro del mundo para poner en su lugar al hombre. Los humanistas recuperaron las ideas de Platón y los filósofos grecolatinos y también el arte clásico. En esa Florencia creció y desarrolló su carrera Alessandro Filippei, más conocido como Sandro Botticelli tal vez por la profesión de su hermano mayor, battigello –batihoja, los que se dedicaban a elaborar pan de oro–. Tras consolidar una firme reputación artística que le abrió las puertas de la corte de Lorenzo el Magnífico, Botticelli reflejó el nuevo paradigma de la filosofía neoplatónica en una serie de obras mitológicas que rompían definitivamente con el canon piadoso del Gótico. Entre ellas destaca El Nacimiento de Venus, una pintura a tamaño natural que refleja una escena olvidada desde hacía un milenio, protagonizada por dioses paganos. La Venus de Botticelli es una belleza perfecta que recupera las olvidadas proporciones griegas y no se avergüenza de su desnudez, desafiando los tabúes religioso imperantes. Frente a las, normalmente, recatadas y estilizadas vírgenes góticas, la Venus de Botticelli es un delicado y realista estudio anatómico que refleja la idea neoplatónica que la belleza y el amor conducían al alma hacia Dios. Una obra que contribuyó de manera fundamental al cambio de era artística.

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Regreso a los clásicos

Completamente influenciado por el pensamiento neoplatónico, Botticelli prescinde de vírgenes, santos o de Jesucristo y representa una escena de la mitología grecolatina. Venus llegando a las costas de Chipre en una concha impulsada por el viento Céfiro y su esposa Cloris. A la derecha la espera la Primavera preparada para acogerla y arroparla.

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La insólita desnudez femenina

En "El nacimiento de Venus" aparece una figura insólita, que hacía mil años había desaparecido del arte europeo: una mujer completamente desnuda. Se trata del primer gran cuadro dedicado al desnudo para glorificar la belleza del cuerpo humano, aunque Botticelli "disfraza" esta transgresión representando a un personaje mitológico. Tan solo había un precedente anterior de desnudo en el Renacimiento, el David de Donatello, una escultura en bronce que muestra a un adolescente rey israelita ataviado tan solo con un casco. 

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El desnudo en el mundo clásico

Botticelli no solo recupera historias y personajes clásicos, sino también un modo de representar el cuerpo femenino muy usado en el mundo clásico: la Venus o Afrodita púdica, en el que la diosa desnuda se cubre el pubis y los senos con los brazos, como la escultura sobre estas líneas, la Afrodita de Menofanto, del siglo I a.C.

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El pintor florentino trató a sus figuras como si fueran esculturas de mármol: piel pálida, realzada por el contorno del dibujo, y proporciones perfectas. También recuperó una técnica clásica para dotar de movimiento y dinamismo a sus figuras, el contrapposto. Consistía en hacer descansar todo el peso del cuerpo sobre una pierna de forma que las distintas partes del cuerpo adoptan posiciones opuestas entre sí, formando una S. El fondo tampoco es importante, está trabajado con menos detalle. Su función es la de realzar las figuras.

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Cánones griegos

Botticelli retoma los cánones clásicos de belleza y perfección. El cuerpo debe medir siete veces la cabeza y la distancia entre los pezones debe ser la misma que entre el pecho y el ombligo, que al mismo tiempo debe ser igual a la que hay entre este último y las piernas. 

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La representación del movimiento

El viento que expelen Céfiro –que tiene la cara roja del esfuerzo– y su esposa Cloris arrastra la concha de Venus y refuerza la sensación de movimiento de cabello, flores, manto y del oleaje (que ciertamente está mucho menos elaborado que las figuras).

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La frialdad de la belleza

La Venus de Botticelli tiene una belleza ideal, fría. Su mirada parece perdida, ajena al ajetreo que la rodea. El rostro está inspirado en Simonetta Vespucci, una dama de la nobleza florentina que se convirtió en musa y modelo de los artistas del Renacimiento italiano,que aparece en otras obras de Botticelli como "Venus y Marte" o La Primavera".

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Alegorías y atributos

Muy influido por el neoplatonismo, la obra está repleta de símbolos. Las rosas que revolotean por toda la pintura son un símbolo del amor y de la primavera (renacimiento). Y, porqué no, de Florencia, la ciudad de las flores, origen de este renacimiento cultural y artístico. 

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Símbolos recuperados

En la antigüedad, las rosas representaban atributos positivos como el amor, la fertilidad o la abundancia, relacionados con Venus, de los que la Virgen había la despojado durante la Edad Media para relegar a la diosa a símbolo de la lujuria y el pecado. De la misma manera, la concha, encarnación de la sexualidad y el placer de los sentidos, había pasado a simbolizar la virginidad colocada sobre la cabeza de la Virgen Maria. En cierto modo, Botticelli devolvía a Venus estos atributos positivos. 

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¿Un detalle oculto?

En la flor más cercana a la pierna de la diosa aparece algo similar al boceto de una ninfa. ¿Es un detalle buscado intencionadamente o solo un trampantojo? ¿Lo hizo el propio autor? Preguntas a las que solo podemos responder con especulaciones.

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Homenaje a su mecenas

El Renacimiento fue sin duda el arte de los mecenas. Poderosos señores italianos querían engrandecer su prestigio no solo como grandes políticos y militares, sino también como hombres cultos y refinados. Así financiaron las carreras de los más insignes artistas de la época, desde Leonardo da Vinci a Miguel Ángel Buonarroti. Botticelli homenajeó a su protector  con detalles como los naranjos del fondo de la obra, su flor fue adoptada como símbolo por la familia Médici, o el collar de Laurel de la Primavera, referencia directa a Lorenzo de Médici.

Para saber más

Sandro Botticelli, el espíritu del Renacimiento

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