Misterios y curiosidades del antiguo Egipto

La "Sátira de los oficios", la suerte de ser escriba en Egipto

En el antiguo Egipto surgieron varios textos, como el que aquí nos ocupa, que se inscriben en un tipo de literatura conocida como "sapiencial", en la que un padre o tutor ofrece a su pupilo determinados consejos para comportarse y triunfar en la vida.

Funcionarios hacen un recuento de las cantidades de grano mientras unos escribas apuntan. Tumba de Menna.

Funcionarios hacen un recuento de las cantidades de grano mientras unos escribas apuntan. Tumba de Menna. Cordon Press

Egipto, Reino Medio. Hace más de cuatro mil años. Un hombre llamado Dua-Hety acompaña a su hijo Pepy a la escuela de administración real. Allí, el joven recibirá un magnífica educación que le permitirá tener un espléndido porvenir. Pero el chaval no parece muy contento. La verdad es que la idea de estudiar complicados jeroglíficos y pasarse el día sentado con las piernas cruzadas escribiendo sobre tablillas, ostracas y papiros no parece seducirle demasiado. Durante el camino, el padre, consciente de ello, intentará hacerle ver las ventajas de la profesión de escriba sobre las demás, todo ello en un tono satírico no exento de humor. Así empieza uno de los textos sapienciales más famosos del antiguo Egipto que ha llegado hasta nosotros: la conocida como Sátira de los oficios, un texto que se ha conservado en copias de las dinastías XVIII (1539-1292 a.C.) y XIX (1292-1191 a.C.), como el Papiro Sallier II, aunque remonta su origen a la dinastía XII (1939-1760 a.C.).

¿Has visto al herrero?

“Mira, nada hay mejor que los libros; son como un barco en el agua... Voy a hacer que ames los escritos más que a tu madre, voy a presentar sus bondades ante ti. Es más grande que cualquier otra función; no existe en la tierra su igual...”. Dua-Hety ensalza de este modo ante su reticente hijo las maravillas de ser escriba y para ello despreciará (¿de un modo del todo exagerado?) los demás oficios, sobre todo los de carácter manual.

Herreros, alfareros, albañiles... representados en esta pintura de la tumba del visir Rekhmire. dinastía XVIII.

Herreros, alfareros, albañiles... representados en esta pintura de la tumba del visir Rekhmire. dinastía XVIII.

Cordon Press

¿Ha visto el joven Pepy cómo vive un herrero? “He visto el herrero en su trabajo, a la boca de su horno. Sus dedos son como garras de cocodrilo, y apesta más que las huevas de pescado”, afirma Dua-Hety. El niño no puede evitar un gesto de disgusto, pero su padre continúa describiéndole la dureza de los demás oficios: “El barbero está afeitando hasta el final de la tarde... Tiene que ir de calle en calle buscando alguien a quien afeitar... El alfarero ya está bajo tierra aunque aún esté entre los vivos. Escarba en el lodo más que los cerdos para cocer sus cacharros... Sus vestidos están tiesos de barro, si cinturón está hecho jirones. El aire que entra en su nariz sale derecho del horno...”.

El alfarero ya está bajo tierra aunque aún esté entre los vivos. Escarba en el lodo más que los cerdos para cocer sus cacharros.

El joven Pepy mira a su padre sin estar aún muy convencido. Éste continuará con la retahíla de diatribas contra toda profesión que no sea la de escriba: “Te hablaré también del albañil. Sus lomos son un castigo... Su taparrabos es una cuerda entrelazada y un cordel en su trasero... Sus brazos están agotados por el esfuerzo, habiendo mezclado todo tipo de suciedad”.

El jardinero soporta un yugo...

Pero Dua-Hety no ha terminado aún de contar las desdichas que sufren quienes no han tenido la suerte de haber recibido la formación necesaria para ser escribas: “Los dedos del fogonero están sucios. Su olor es el de los cadáveres. Sus ojos están inflamados por la intensidad del humo... El lavandero lava en la orilla, con el cocodrilo como vecino...”.

¿Pero y las profesiones que parecen mucho más agradecidas como jardinero, cazador o pescador? Pepy cree pueden ser más interesantes. Pero su padre va a desengañarlo: “El cazador de aves sufre mientras busca pájaros. Cuando pasan las bandadas sobre él se pone a decir: 'Si tuviera una red'. Pero el dios no permite que esto le suceda, por lo que está disgustado con su situación... Te hablaré igualmente del pescador. Es más miserable que ninguna otra profesión. Trabaja en el río mezclado con los cocodrilos. Cuando llega el momento del recuento de capturas, entonces se pone a quejarse...”.

Cazadores, pescadores y hombres recogiendo uvas. Pintura de la tumba de Nakht, dinastía XVIII.

Cazadores, pescadores y hombres recogiendo uvas. Pintura de la tumba de Nakht, dinastía XVIII.

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Dua Hety dice del pescador: Cuando llega el momento del recuento de capturas, entonces se pone a quejarse.

Ya, pero ¿y el jardinero?, pregunta Pepy. Estar todo el día rodeado de árboles y plantas debe de ser hermoso... Nada más lejos de la realidad según Dua-Hety ya que “el jardinero soporta un yugo; sus hombros están combados como por la vejez... Por la mañana riega las plantas; pasa la tarde atendiendo a los vegetales, mientras que al mediodía se afana en el huerto. Él mismo trabaja hasta que muere, más que en cualquier otra profesión”.

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Si conoces la escritura te irá bien

Al final, más conforme con su porvenir, Pepy escuchará de su padre una serie de consejos sobre cómo debe proceder para tener éxito en la que será su profesión el resto de su vida: “Si conoces la escritura, te irá mejor que en las profesiones que te he presentado. Míralos en su misera... Voy a decirte además otras cosas para enseñarte el conocimiento: si surge una disputa, no te aproximes a los contendientes; Si marchas tras los magistrados, ve a la distancia correcta; Si entras y el señor de la casa está ocupado... siéntate con tu mano en tu boca... Guárdate de apresurate a la mesa. Sé serio y ten dignidad. No hables de cosas secretas... Mira, es bueno que seas enviado a escuchar frecuentemente las palabras de los magistrados. Conseguirás los modales de los bien nacidos si vas tras sus pasos... Mira, te he colocado en el camino del dios... Mira, no hay escriba que carezca de comida y de bienes de palacio... Ruega a dios por tu padre y tu madre que te han colocado en el camino de la vida. Atiende a estos consejos que he puesto ante ti, tus hijos y sus hijos...”.

Estatua de un escriba sentado.

Estatua de un escriba sentado.

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Mira, no hay escriba que carezca de comida y de bienes de palacio... Ruega a dios por tu padre y tu madre que te han colocado en el camino de la vida.

Seguro que Pepy quedaría plenamente convencido al oír las palabras de su padre y se convertiría en un buen escriba, tendría una vida plena y no le faltaría de nada, así como tampoco a sus descendientes. Este tipo de textos sapienciales y didácticos fueron muy comunes en el antiguo Egipto y nos ofrecen un panorama espléndido de la sociedad egipcia del Reino Medio, de la importancia que los escribas y funcionarios desempeñaron en ella, y nos permiten asimismo echar una mirada a las diversas profesiones artesanales y manuales que configuraron la actividad económica en el país del Nilo hace cuatro mil años.

La Sátira de los oficios surgió, como ya se ha dicho, durante la dinastía XII, en el apogeo del Reino Medio. Posiblemente se trató de un texto propagandístico cuya intención era apoyar la gran reforma administrativa que se puso en marcha durante aquel período, una de cuyas prioridades fue la creación de un cuerpo de funcionarios potente compuesto por un ejército de escribas muy bien preparado que actuase como la mano derecha y los ojos del faraón. Como lo sería sin duda alguna el joven Pepy tras escuchar los valiosos consejos de su padre...

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