grandes periodistas del siglo xx

Ryszard Kapuściński, el cronista de la guerra y la pobreza

Considerado como uno de los grandes maestros del periodismo moderno, Kapuściński empezó su dilatada carrera a los diecisiete años. El reportero polaco fue testigo de innumerables acontecimientos, sobre todo en países del tercer mundo, que supo plasmar de manera brillante (aunque no exenta de polémica) en sus crónicas periodísticas y en su extensa obra literaria.

Foto: Cordon Press

Considerado uno de los mejores reporteros internacionales del mundo, el polaco Ryszard Kapuściński sigue siendo, a día de hoy, la personificación del intrépido cronista cuyo objetivo primordial es obtener la noticia de primera mano. Para conseguirlo, Kapuściński arriesgó su vida en numerosas ocasiones: fue testigo de revoluciones, de guerras, sufrió malaria y tuberculosis e incluso fue condenado a muerte cuatro veces. Armado con su pluma, Kapuściński está considerado por muchos el prototipo de periodista comprometido con causas y países olvidados por todos.

Una infancia desgraciada

Nacido el 4 de marzo de 1932 en la ciudad de Pinsk (en la actual Bielorrusia), la infancia de Ryszard Kapuściński fue pobre y muy difícil (el muchacho no pudo disponer ni siquiera de unos zapatos propios, y mucho menos leer un libro). La familia de Kapuściński se instaló en Varsovia en 1945, tras pasar los años de la guerra huyendo como refugiados de ciudad en ciudad. De este modo, la vida del joven Ryszard fue desde el principio la de un nómada. La pobreza que sufrió su familia, junto al continuo desplazamiento de población en población marcarían la visión que en un futuro el joven tendría del mundo. Para él, que de adulto se convirtió en un viajero incansable, el sentido de la vida era cruzar continuamente las fronteras entre países y escribir acerca de la miseria en el tercer mundo, algo, que, sin lugar a dudas, le recordaba la que padeció él durante su infancia.

Vista aérea de Pinsk, la ciudad natal de Kapuściński, de donde su familia tuvo que huir debido a la Segunda Guerra Mundial.

Vista aérea de Pinsk, la ciudad natal de Kapuściński, de donde su familia tuvo que huir debido a la Segunda Guerra Mundial.

Foto: CC

El hecho de haber vivido de primera mano una situación social y política muy complicada ayudó a Kapuściński a practicar un periodismo comprometido, tanto que en muchas ocasiones llegó incluso a jugarse la vida.

De hecho, el haber vivido de primera mano una situación social y política tan compleja ayudó a Kapuściński a poner en práctica un periodismo comprometido, tanto que en muchas ocasiones llegó incluso a jugarse la vida. Kapuściński quiso siempre centrar sus artículos en la vida de los más humildes mucho más que en lo que se movía en las altas esferas del poder.

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Respeto mundial

En junio de 1950, Ryszard Kapuściński empezó a trabajar para el Sztandar Młodych (El estandarte de la juventud), un periódico nacional polaco de propaganda prosoviética dirigido a la juventud y que fue fundado dentro del organigrama de la ZMP (Unión de las Juventudes de Polonia). Ese mismo año, y después de dejar el trabajo, se matriculó en la facultad de Historia. En 1952 se casó con Alicja Mielczarek, con quien tuvo una única hija, Sofía, que nació en 1953. Kapuściński también fue miembro del PZPR (Partido de los Trabajadores Unidos de Polonia) desde el año 1953 hasta 1981. Sería durante ese año cuando, cansado de la censura que se vivía en su país, trabajó para la agencia de noticias Polish Press en África, Asia y América Latina. Asimismo empezó a colaborar con diversos periódicos y revistas internacionales como la revista Time, The New York Times y el Frankfurter Allgemeine Zeitung.

En junio de 1950, Ryszard Kapuściński empezó a trabajar para el Sztandar Młodych (El estandarte de la juventud), un periódico nacional polaco de propaganda prosoviética dirigido a la juventud.

La universalidad de Ryszard Kapuściński lo convirtió, según el escritor norteamericano Paul Auster, en el justo merecedor del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2003: "No puedo pensar en otro escritor o novelista vivo, poeta o ensayista cuyo trabajo sea más importante para mí". Auster destacó asimismo la capacidad del periodista polaco, que siempre decía que "para escribir una página se ha de haber leído cien". De hecho, Kapuściński se convirtió en uno de los periodistas más respetados del mundo. Su fama llegó a tal punto que el propio Gabriel García Márquez le invitó a ser profesor de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, una institución sin ánimo de lucro creada por el propio escritor colombiano.

Sobre estas líneas, la portada de una de las obras más célebres del periodista polaco, Viajes con Heródoto, publicada por primera vez en 2004. Kapuściński afirmaba que el historiador griego había sido uno de sus grandes maestros.

Sobre estas líneas, la portada de una de las obras más célebres del periodista polaco, Viajes con Heródoto, publicada por primera vez en 2004. Kapuściński afirmaba que el historiador griego había sido uno de sus grandes maestros.

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¿Fantasía o realidad?

Kapuściński, fascinado por la humanidad en todas sus vertientes, se acercaba a la gente a través de sus libros. Antes de emprender un viaje se documentaba a fondo, pasaba meses leyendo. Era hábil escuchando e interpretando lo que se escondía tras cualquier situación. En 2004 publicó su novela Viajes con Heródoto, considerada una obra maestra del reportaje. El periodista polaco consideraba al antiguo historiador griego un gran reportero y su maestro. "El enviado de Dios", tal como le llegó a definir el novelista John Le Carré, escribió un total de diecinueve obras entre las que destacan: Busz po polsku (el arbusto polaco, 1962); El emperador (1978), donde narra la decadencia de la Etiopía del emperador Haile Selassie; El Sha (1987); La guerra del fútbol (1992); Lapidarium (1990); El imperio (1994), en la que describe con detalle la descomposición de la Unión Soviética, y su extraordinaria Ébano (1998), una historia de sus viajes a través de África, que fue galardonada con el prestigioso Premio Viareggio.

Kapuściński, fascinado por la humanidad en todas sus vertientes, se acercaba a la gente a través de sus libros. Antes de emprender un viaje se documentaba a fondo, pasaba meses leyendo. Era hábil escuchando e interpretando lo que se escondía tras cualquier situación.

Pero la obra del periodista polaco tampoco se libró de la polémica. Desde 1987, algunos especialistas pusieron en duda su carrera al destacar, según ellos, ciertas imprecisiones en sus escritos, llegando a afirmar que incluso sus fuentes y los acontecimientos que contaba podían haber sido inventados. Kapuściński murió el 23 de enero de 2007, y en el año 2010 el periodista y escritor polaco Artur Domosławski publicó una biografía sobre él titulada Kapuściński Non-Fiction. La esposa del fallecido periodista, Alicja, muy molesta por, según ella, cómo la obra trataba a su marido, solicitó al tribunal civil de Varsovia que impidiese la publicación del libro de Domosławski alegando difamación e invasión de la privacidad. Sin embargo, la denuncia fue desestimada puesto que el jurado consideró que la mujer había dado acceso al escritor al archivo personal de Kapuściński. En una entrevista concedida al periódico británico The Guardian, Domosławski declaró: "Kapuściński estaba experimentando con el periodismo. No sabía que había cruzado la línea entre el periodismo y la literatura. Sigo pensando que sus libros son maravillosos y preciosos. Pero, en última instancia, pertenecen a la ficción". Aunque no todo el mundo está de acuerdo con estos postulados. Los biógrafos de Kapuściński, Beata Nowacka y Zygmunt Ziątek respondieron a Domosławski con la publicación en 2013 del libro Literatura de no ficción: lectura de Kapuściński después de Domosławski, en el que rebatían las tesis de Domosławski, a quien acusaron de manipular textos y de cometer numerosos errores técnicos en su obra. De hecho, Kapuściński siempre se defendió de todas las acusaciones en su contra afirmando que él no era un reportero al uso, sino un periodista narrativo: "Porque nosotros nos vamos y nunca más regresamos, pero lo que escribimos sobre las personas se queda con ellas el resto de su vida".