La esposa de Solimán el Magnífico

Roxelana, de esclava a emperatiz

Solimán el Magnífico fue un sultán fuera de lo común en la historia del Imperio Otomano. En su vida personal desafió muchas convenciones y lo hizo por amor a una sola mujer: Hürrem Sultan, conocida en Europa como Roxelana, una esclava a la que convirtió en su esposa.

Roxelana

Foto: The John and Mable Ringling Museum of Art

En la historia del Imperio Otomano pocas historias personales resultan tan sorprendentes como la de Hürrem Sultan, o Roxelana, como se la llamaba en Europa. Esta mujer, capturada como esclava cuando era adolescente, fue regalada como concubina al príncipe Solimán, que pasaría a la historia como “el Magnífico”. Su amor por ella fue tal que no solo la liberó de su condición, sino que la elevó al rango de esposa legítima desafiando siglos de tradición.

Esto convirtió a Roxelana en una de las mujeres más influyentes en la historia de este imperio, tanto que también sus sucesoras disfrutarían de un tratamiento semejante. Empezó así un periodo de más de un siglo conocido como “el sultanato de las mujeres”, en el que las madres y esposas de los sultanes ejercieron un gran poder en la corte otomana.

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Esclava

Roxelana significa procedente de Roxolania, una región del antiguo reino de Polonia. Se cree que su verdadero nombre era Aleksandra Lisovska y que era originaria de Rohatyn, una población del oeste de Ucrania, entonces parte de Polonia; su fecha de nacimiento también es desconocida, aunque se cree que nació en 1505. Siendo aún adolescente, fue capturada por los tártaros en una de sus razias y vendida como esclava en Estambul.

Roxelana

Roxelana

Estatua de Roxelana en su supuesta ciudad natal, Rohatyn (Ucrania).

Foto: CC Nagatkin

Su comprador formaba parte de la corte del sultán Selim I y en principio debería haberse convertido en una de las tantas osaliscas del harén. Sin embargo, una de las parientes del soberano se fijó en ella porque le llamó la atención su pelo rojizo y le agradó su personalidad, por la que la asumió como parte de su séquito. Su carácter le valió también un nuevo nombre, con el que se la conoce en las fuentes musulmanas: Hürrem, que significa “la alegre”.

En algún momento fue presentada al príncipe heredero Solimán, que en 1520 sucedió a su padre como sultán; según los cronistas otomanos, cuando este subió el poder Hürrem ya era su concubina. Solimán la apreciaba especialmente por su conversación y porque, al igual que él, componía poesía; pero se desconocen más detalles de su relación hasta entonces, ya que nadie se esperaba la importancia que adquiriría.

Solimán apreciaba a Hürrem por encima de sus demás concubinas por su conversación y porque, al igual que él, componía poesía

Esposa

Y es que Soleimán desafió siglos de tradiciones de corte por aquella mujer de la que, al parecer, estaba realmente enamorado. Normalmente las concubinas permanecían en contacto con el sultán hasta dar a luz a un hijo, tras lo cual se esperaba que el gobernante no volviera a acostarse con ellas; cumplida la mayoría de edad del hijo, si este era varón, se le enviaba a gobernar alguna provincia del imperio y su madre le acompañaba. Esta no era una ley pero sí una tradición importante en el harén otomano, ya que pretendía impedir que la mujer que le diera más hijos ejerciera mayor influencia sobre él.

Pero Hürrem no solo permaneció en Estambul, sino que concibió seis hijos de Solimán. Esto la colocó efectivamente en una posición preferente entre las concubinas del sultán, incluyendo a Mahidevran Gülbahar, hasta entonces la única que le había dado descendencia y que, por lo tanto, aspiraba a que su hijo Mustafá se convirtiera en el próximo gobernante. Puesto que oficialmente no existía el cargo de sultana ya que las concubinas no eran esposas, la valide sultan o madre del sultán era la única posición de poder que podía garantizarles seguridad e influencia.

Solimán sorprendió a su corte casándose oficialmente con Hürrem y creando un título ex profeso para ella, el de haseki sultan, “única favorita”

Pero una vez más Solimán sorprendió a su corte casándose oficialmente con Hürrem en 1528 y creando un título ex profeso para ella, el de haseki sultan, “única favorita”, con lo que la convertía a todos los efectos en su esposa legítima y, aunque no existiera el título, en sultana. Esta decisión escandalizó a no pocos miembros de la corte, pero no podían hacer nada al respecto: Solimán estableció que cualquier ofensa a su consorte sería considerada como una ofensa a su propia persona. En diez años, la esclava Roxelana se había convertido en la emperatriz Hürrem Sultan.

Emperatriz

Si en la corte muchos ya habían visto mal que Solimán rompiera con la tradición y eligiese a una favorita, menos les gustó la influencia que Hürrem ejercía sobre él. El sultán tenía a su esposa en gran estima y no solo le consultaba las decisiones que tomaba, sino que le permitía tomar algunas iniciativas oficiales y le confiaba tareas diplomáticas, como la correspondencia con soberanos extranjeros: una de las primeras cartas oficiales que Hürrem escribió fue precisamente a Segismundo II Augusto, el rey de su tierra natal, Polonia; y gracias a ella se estableció una alianza polaco-otomana.

Hürrem Sultan financió hospitales, madrazas, baños públicos y comedores para los pobres

También logró salir victoriosa en la cuestión del heredero al trono. Varios altos cargos de la corte apoyaban a Mustafá, el primogénito de Soleimán, pero todos cayeron en desgracia uno tras otro, algunos por motivos fundados y otros posiblemente a causa de Hürrem. El propio Mustafá fue acusado de formar parte de un complot para hacerse el poder y ejecutado por orden de su propio padre en 1553; y su madre, Mahidevran Gülbahar, desterrada a una provincia lejana. Uno de los hijos de Hürrem se convertiría en el próximo sultán con el nombre de Selim II. Hürrem Sultan murió en abril de 1558 y fue enterrada en un magnífico mausoleo en la Mezquita de Solimán; el sultán dispuso que su propio mausoleo debía ser adyacente al de su esposa, voluntad que fue respetada por su hijo.

Mausoleo de Roxelana

Mausoleo de Roxelana

Mausoleo de Roxelana en la Mezquita de Solimán, Estambul.

Foto: CC Bernard Gagnon

La lucha por el poder muestra la faceta más despiadada de Hürrem, que por otra parte no era nada raro e incluso podía considerarse necesario para sobrevivir en la corte. Por el contrario, en su actividad pública hay muchos ejemplos de actividades benéficas o, cuanto menos, útiles para la gente común: financió hospitales, madrazas, baños públicos y comedores para los pobres; no solo en la capital sino en lugares de importancia simbólica como Jerusalén y La Meca.

Su fama traspasaba fronteras y era conocida por artistas de toda Europa: Tiziano pintó sus retratos más famosos, escritores del Siglo de Oro español como Quevedo y Lope de Vega la mencionan en sus obras, e inspiró incluso una de las sinfonías de Franz Joseph Haydn. ¿Qué historia podía ser más increíble que la de una chica esclava que se convirtió en la emperatiz de uno de los mayores imperios de su época?

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