Los crímenes más famosos de Nueva York

El famoso robo del City Bank de 1831

Cuando nadie mira, Nueva York se vuelve un lugar oscuro. La Gran Manzana encarna los dos lados de la misma moneda; dinero y robo; fama y delito. El crimen se esconde entre las luces de una urbe a la que los límites se los pone Jacob Hays.

A mediados de la década de 1800, Wall Street ya era el centro financiero de Nueva York y objetivo favorito de delincuentes.

A mediados de la década de 1800, Wall Street ya era el centro financiero de Nueva York y objetivo favorito de delincuentes.

Foto: Library of Congress

En la madrugada del 20 de marzo de 1831 ocurrió uno de los primeros robos de bancos documentados en Nueva York. Tras hacer moldes de las cerraduras con cera para fabricar llaves, los bandidos James Honeyman y William Murray entraron en el City Bank (hoy en día Citibank), en Wall Street, limpiaron la cámara acorazada y las cajas de seguridad, y huyeron al amparo de la noche con 254.000 dólares en billetes y monedas (el equivalente a 54 millones actuales). Cuando se informó del robo a Jacob Hays, alguacil mayor y considerado el primer detective de la ciudad, este sospechó de inmediato de Honeyman, un celebérrimo ladrón de la época, pero no halló pruebas para demostrarlo hasta pasados unos días.

Un jugoso botín

Honeyman empleó parte del botín en alojarse en una pensión de Lower Manhattan. Sus misteriosas idas y venidas despertaron la curiosidad de la criada. Una noche, esta lo espió por el ojo de la cerradura y lo vio en compañía de un extraño contando un montón de dinero sobre la cama. La muchacha, nerviosa, se lo dijo al casero, que a su vez informó a Hays.

Entonces todavía no existía un código sobre órdenes de registro, de modo que Hays se limitó a esperar a que Honeyman saliera de la casa para registrar su habitación en presencia del casero y recuperó cerca de 185.000 dólares del dinero robado en un par de recios cofres de madera. Aún faltaban unos 70.000 dólares. De la descripción de la criada, Hays dedujo que el extraño era William Murray, amigo y colega de latrocinio de Honeyman. Ambos se habían conocido hacía muchos años en la colonia penal australiana de Botany Bay.

El primer robo de un banco neoyorquino documentado ocurrió en el número 52 de Wall Street.

El primer robo de un banco neoyorquino documentado ocurrió en el número 52 de Wall Street.

Hays apresó a Honeyman sin dificultad, pero Murray desapareció. Por desgracia, al no recuperarse todo el dinero, se rumoreó que Hays se había embolsado lo que faltaba. Al final se supo que Honeyman había pagado 37.000 dólares a su cuñado, un tipo llamado Parkinson, que además resultó ser el cerrajero que hizo las llaves para el robo.

Al insensato de Parkinson lo pescaron cuando trataba de cambiar varios billetes en el mismo banco donde los habían robado.

Hays registró su tienda y halló su parte del botín bajo las tablas del suelo, pero accedió a dejarlo libre a cambio de información sobre el paradero de Murray. Parkinson dijo que se escondía en la "ciudad del amor fraternal", esto es, Filadelfia. Hays contactó con su homólogo allí para que buscaran a Murray.

Condena a los ladrones

Pasó más de un año hasta que lo detuvieron. Murray y Honeyman fueron condenados a cinco años de trabajos forzados en la prisión de Sing Sing. A cambio de una pena más corta, Murray confesó que había enterrado lo que quedaba del dinero bajo un árbol en Filadelfia. Hays mandó a su hijo a desenterrarlo. El resto de los billetes se recuperó y se devolvió al banco, y la reputación de Hays quedó a salvo.

*Este artículo pertenece a la recopilación "El crimen en Nueva York: Los casos más famosos de la historia de la ciudad", escrita por Robert Mladinich, Philip Messing y Bernard J. Whalen, editada y publicada por RBA Libros.

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