Personaje singular

Robert Koch, el cazador de bacterias

El médico alemán revolucionó el mundo de la medicina al mostrar el modo en que se transmitían enfermedades infecciosas como el ántrax, la tubercuosis y el cólera

Robert Koch

Foto: Süddeutsche Zeitung Photo / Age Fotostock

El 19 de diciembre de 1843, Charles Dickens publicó en Londres Cuento de Navidad, un relato en el que el personaje de Tiny Tim acaba carcomido por la tuberculosis. Apenas unos días antes había nacido en la localidad alemana de Clausthal el médico e investigador que cuarenta años más tarde revelaría al mundo la bacteria causante de esa enfermedad, la más destructiva del siglo XIX.

Cronología

De médico rural a premio Nobel

1843

Robert Koch nace en Clausthal, en el centro de Alemania. En 1866 obtiene el doctorado en Medicina.

1876

Anuncia en Breslau sus hallazgos en torno al ciclo de vida de la bacteria del ántrax, una grave enfermedad infecciosa.

1882

Koch presenta en Berlín el hallazgo del bacilo de la tuberculosis y dos años más tarde halla el causante del cólera.

1905

Recibe el Premio Nobel de Medicina. Muere cinco años más tarde de un fallo cardíaco.

Robert Koch tuvo doce hermanos. Su padre fue un inspector minero que colaboró con Alfred Nobel en las pruebas de uso de la nitroglicerina. Amante de la lectura, el ajedrez y los viajes, Hermann Koch traspasó estas aficiones a su hijo Robert, quien con cinco años sorprendió a todos aprendiendo a leer de forma autodidacta con el discreto apoyo de los periódicos abandonados en el hogar. En 1862 ingresó en la Universidad de Gotinga, donde estudió Medicina. En 1866 obtuvo el doctorado y al año siguiente contrajo matrimonio con su novia de toda la vida, Emmy Fratz.

Durante los siguientes años trabajó en hospitales de Hannover y Hamburgo y como médico rural, hasta que en 1870 partió voluntario a la guerra francoprusiana, donde vivió experiencias que marcarían sus investigaciones sobre la infección de las heridas. Al acabar el conflicto se estableció en la localidad renana de Wollestein, donde asumió el cargo de médico de distrito. Se instaló en una casa amplia de cuatro habitaciones que utilizó como vivienda, consultorio y laboratorio. Fue allí donde revolucionó la historia de la bacteriología.

Microscopio Robert Koch

Microscopio que perteneció a Robert Koch.

Foto: AKG / Album

La plaga del ántrax

Robert Koch mostró un particular interés por las enfermedades infecciosas que afectaban a sus pacientes. Una de ellas era el carbunco o ántrax, una enfermedad terrible que arruinaba a ganaderos y eliminaba el sustento de familias pobres. En pocos días, una oveja o una vaca sanas y lozanas quedaban tiesas, frías y con la sangre convertida en una masa negruzca. Las personas cercanas al ganado también enfermaban y muchas fallecían de pulmonías fulminantes. Intrigado, Koch recorrió las granjas golpeadas por el carbunco provisto de un pequeño equipo rudimentario y un microscopio que Emmy le regaló en su 28 cumpleaños. Koch analizó al microscopio decenas de
gotas de sangre negra procedentes de vacas muertas, hasta que un día visualizó estructuras microscópicas con la forma de un delgado grano de arroz que flotaban a la deriva.


Enseguida comprobó que otras muestras de animales muertos también contenían las ignotas y pequeñas figuras, ausentes en bestias sanas. ¿Podían esos elementos ser la causa de la enfermedad al transmitirse a un organismo sano? Para comprobarlo, Koch empapó una astilla de madera con la sangre corrupta de un animal afectado por el carbunco y la insertó en la base de la cola de unos ratones mediante un corte limpio realizado a bisturí. Los roedores operados de esta manera amanecieron tiesos, plomizos y patas arriba. Diseccionó los cadáveres, extrajo hígado, pulmones y bazo, cogió una muestra que depositó en un portaobjetos y la observó al microscopio. Allí estaban de nuevo los bastoncillos. Insignificantes, pero letales. Koch entendió que los palitos eran bacterias, un tipo de microorganismo que en aquellos mismos años habían empezado a estudiar los pioneros de la bacteriología, como Ferdinand Cohn, aunque fueron Louis Pasteur y el mismo Koch los primeros en relacionarlas con la transmisión de enfermedades.

Bacterias de ántrax

Al observar el ántrax al microscopio, Koch halló diminutas perlas brillantes en el interior de estos microorganismos. Eran endosporas, células que permitían a las bacterias resistir las condiciones ambientales y subsistir de estación en estación fuera del organismo huésped.

Foto: SPL / Age Fotostock

Pequeñas y resistentes

Koch cultivó las bacterias de ántrax en humor acuoso de ojo de buey y comprobó que la octava generación de los gérmenes era tan mortífera como la inicial. Todo ello explicaba que el carbunco perdurara y que año tras año infectara a los animales. El 30 de abril de 1876, en el Instituto de Fisiología Vegetal de la Universidad de Breslau, Robert Koch comunicó al mundo sus hallazgos. Durante tres días realizó históricos experimentos que supusieron la primera descripción del ciclo de vida completo de una bacteria y la evidencia de que estos microbios eran capaces de pasar de un organismo a otro y causar enfermedades como el carbunco. El público estaba admirado: Koch había sentado las bases para luchar contra las enfermedades infecciosas.

Convertido en una celebridad, el investigador obtuvo del gobierno alemán un nuevo laboratorio, aparatos y financiación, además de extraordinarios ayudantes como Loeffler, Gaffky y Petri. En los meses siguientes, Robert y su equipo consolidaron y perfeccionaron las técnicas de cultivo de bacterias. En 1881, Koch participó en el VII Congreso Médico Internacional de Londres, donde coincidió con Louis Pasteur, con quien mantuvo durante toda su vida una larga y agria rivalidad personal y profesional. En ese congreso, sin embargo, Pasteur reconoció los progresos de Koch.

Robert Koch 2

Robert Koch, a la derecha, en Kimberley (Sudáfrica), durante una misión para estudiar la peste del ganado en 1896-1897.

Foto: AKG / Album

La tuberculosis

El tema central de aquel evento fue la tuberculosis, y Koch regresó a Berlín decidido a investigar la enfermedad. Obtuvo el primer material tuberculoso de un obrero vigoroso y joven que murió a los cuatro días de ingresar en el hospital. Jornada tras jornada, con precisión y eficiencia, Koch recorrió los hospitales y los depósitos de cadáveres de Berlín pidiendo tejidos de fallecidos por tuberculosis. Tiñó y estudió los tubérculos cosechados e inoculó a centenares de animales –conejillos de Indias y ratones o conejos, pero también perros, gatos, gallinas, marmotas, tortugas, incluso anguilas y una carpa dorada– hasta que finalmente localizó al microbio responsable de la enfermedad: el que fue bautizado entonces como bacilo de Koch.

El 24 de marzo de 1882, en una pequeña sala de la Sociedad de Fisiología de Berlín atiborrada de brillantes científicos –entre ellos Paul Ehrlich, Hermann von Helmholtz y Rudolph Virchow, quien tiempo atrás había menospreciado su trabajo–, Robert Koch explicó cómo había encontrado al asesino más buscado. Al terminar la perorata de Koch, Virchow, consciente de que no podía añadir nada más, se limitó a levantarse, ponerse el sombrero y marcharse. La noticia de que Koch había descubierto al microbio causante de la tuberculosis trascendió aquella misma tarde y fue transmitida de inmediato a todo el planeta.

Un fiasco y un divorcio

A finales de 1882, Koch emprendió una carrera con Pasteur por descubrir el microbio causante de otra terrible enfermedad infecciosa, el cólera. El triunfo del alemán, que encontró la bacteria en las aguas pútridas de las cisternas de Alejandría y definió su modo de transmisión, lo convirtió en un héroe, un auténtico y activo cazador de microbios. Unos años después, sin embargo, la suerte se volvería en su contra cuando su remedio contra la tuberculosis, la tuberculina, resultó un fracaso.

Su vida personal también dio un vuelco. En 1889, Koch conoció a Hedwig Freiberg, una joven estudiante de arte y actriz de 17 años de la que se enamoró y con la que contrajo matrimonio en 1893, tras divorciarse de su primera esposa, lo que fue un escándalo. Ello no impidió que Koch continuara con sus investigaciones. En 1896 viajó a Sudáfrica para investigar la peste bovina y más tarde a la India para analizar la malaria. Infatigable, en 1902 regresó a África Central para resolver una epidemia de tripanosomiasis o enfermedad del sueño. Tras una vida luchando contra los microbios, en 1905 Robert Koch recibió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por sus trabajos sobre la tuberculosis. Fallecería cinco años más tarde, víctima de un ataque al corazón.

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Robert Koch

Robert Koch trabaja en su laboratorio. Fotografía de la colección del periódico alemán Süddeutsche Zeitung. 

Foto: Süddeutsche Zeitung Photo / Age Fotostock

Rivalidad más allá de la ciencia

Robert Koch y Louis Pasteur, las dos eminencias de la epidemiología de finales del siglo XIX, mantuvieron una tirante relación que refleja la hostilidad reinante entre Francia y Alemania desde la guerra francoprusiana de 1870. Aunque en un congreso médico de 1881 Pasteur mencionó como un «gran progreso» las investigaciones de Koch sobre el ántrax, al año siguiente se produjo un choque en otro congreso, al parecer debido a un error de traducción en la alocución de Koch, que habría reprochado a Pasteur que no tenía formación de médico y quitó valor a sus hallazgos sobre el carbunco.

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Mary Mallon

Mary Mallon (de negro) en el centro donde pasó los últimos años de su vida.

Foto: Science Source / Album

El peligro del asintomático

Mientras investigaba brotes tifoideos en Alemania, Robert Koch demostró que existen personas que, sin manifestar síntomas de una enfermedad, portan agentes infecciosos y pueden contagiarla. El concepto de portador sano se ha revelado clave para atajar los brotes epidémicos. El descubrimiento inspiró a George Soper para resolver el caso de Mary Mallon, apodada María Tifoidea, cocinera de la clase alta de Nueva York que a inicios del siglo XX contagió a decenas de personas en las casas donde trabajaba. Mary fue puesta varias veces en cuarentena y pasó los últimos 20 años de su vida en un sanatorio, aislada de la sociedad.

Este artículo pertenece al número 199 de la revista Historia National Geographic.

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