Al servicio de Stalin

Richard Sorge, el legendario espía soviético

Tras la Primera Guerra Mundial, Sorge abrazó el comunismo y trabajó como espía para la Unión Soviética. Bebedor y mujeriego, fue enviado como corresponsal de un periódico alemán a Japón. Allí dirigiría una amplia red de espionaje y avisaría a Stalin sobre los planes de invasión de la Unión Soviética por parte de Alemania. Pero su vida de película terminó trágicamente al ser ejecutado en la horca.

Foto: Cordon Press

Nacido en Bakú, en la actual Azerbayán (que entonces formaba parte del Imperio de los zares), el 4 de octubre de 1895, Richard Sorge, apodado "Ramsay", fue uno de los pocos espías que estuvo en activo hasta su captura en Tokio en 1941. Infiltrado en las más altas esferas de la embajada alemana y del gobierno japonés, a Sorge se le encargó la peligrosa tarea de suministrar información de vital importancia, capaz de alterar el curso de la Segunda Guerra Mundial, al régimen soviético de Yosif Stalin.

Inicios como espía

De padre alemán y madre rusa, a los tres años Sorge se trasladó a Alemania junto con su familia. En 1914, durante la Primera Guerra Mundial, resultó herido en una pierna, lo que le causaría una cojera permanente y un imborrable desprecio por la guerra. A pesar de ello, fue condecorado con la cruz de hierro por el valor demostrado en el combate. Durante su convalecencia en un hospital de Berlín, Sorge se dio cuenta del coste real de la guerra, sobre todo entre la población civil y, como muchos otros jóvenes alemanes (incluidas las enfermeras que lo cuidaban) vio en el socialismo una respuesta a sus más íntimos anhelos. Desencantado con la situación de su país durante la posguerra, Sorge se unió al Partido Comunista de Alemania en 1919. Dos años después, en 1921, se casó con Christiane Gerlach (de la que se divorciaría en 1932). Pero sus actividades políticas acabaron atrayendo la atención de la policía por lo que tuvo que huir a Moscú en 1924, donde empezó a trabajar para el Komintern de Lenin antes de unirse definitivamente al GRU, Departamento Central de Inteligencia de la Unión Soviética.

Richard Sorge (izquierda) junto al químico alemán Erich Correns en una imagen tomada hacia 1914 durante su participación en la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

Richard Sorge (izquierda) junto al químico alemán Erich Correns en una imagen tomada hacia 1914 durante su participación en la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

Foto: CC

Sorge se dio cuenta del coste real de la guerra, sobre todo entre la población civil, y como muchos jóvenes alemanes vio en el socialismo una respuesta a sus más íntimas inquietudes.

Como parte de su preparación para una misión que iba a desarrollar en el Lejano Oriente, realizó sus primeros trabajos como informante en Fráncfort, Reino Unido y Escandinavia con el objetivo de que la revolución bolchevique se extendiera más allá de los límites de la Unión Soviética. Pero lo que Sorge no podía entonces imaginar es que, en pocos años, esos jóvenes comunistas tendrían que disputarse el control de las calles de las ciudades alemanas con los camisas pardas de la Sección de Asalto nazi. Acreditado como corresponsal en China del Soziologische Magazin de Berlín, en 1930 Sorge fue destinado a Shanghái, donde entró en contacto con los círculos más conservadores de la comunidad alemana. Allí conoció a la periodista estadounidense Agnes Smedley, cuyos contactos le permitieron conocer al también periodista japonés Hotsumi Ozaki. En Shangái, Sorge coincidió asimismo con la agente soviética de nacionalidad alemana Ursula Kuczynski, que también se convertiría en su amante. Durante los tres años que permaneció en la ciudad, Sorge fue testigo de los graves incidentes que el creciente imperialismo japonés empezó a desencadenar en China, incluida la invasión de Manchuria y la posterior creación del Estado títere de Manchukuo. Fue en ese instante cuando Japón se convirtió en una amenaza directa para la Unión Soviética.

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Richard Sorge fue herido en una pierna, por lo que tuvo que pasar una temporada ingresado en el hospital. Aquella experiencia marcaría su actitud frente a la guerra, tras lo cual se decantó por el pensamiento socialista como respuesta.

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Richard Sorge fue herido en una pierna, por lo que tuvo que pasar una temporada ingresado en el hospital. Aquella experiencia marcaría su actitud frente a la guerra, tras lo cual se decantó por el pensamiento socialista como respuesta.

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Información privilegiada

De nuevo en Alemania, y con Hitler ya en el poder, Sorge tuvo que construirse una tapadera, y para ello se afilió al Partido Nacionalsocialista en 1934. Poco después, y siguiendo con su labor periodística, esta vez con las credenciales del Frankfurter Zeitung, Sorge fue enviado a Japón. Aparentando ser un nazi convencido, logró introducirse en los círculos de poder de la embajada alemana en Tokio y entablar amistad con el agregado militar Eugen Ott, con cuya mujer se vio en secreto durante seis años a la vez que mantenía otra relación con una mujer japonesa, Hanako Ishii. Ott valoraba sinceramente los conocimientos de Sorge sobre cuestiones japonesas y lo convirtió en su consejero de confianza. Con su nuevo cargo, Sorge tuvo acceso ilimitado a información clasificada, e incluso escribía los informes que Ott enviaba al alto mando alemán en Berlín. La fuente de información de Sorge en Japón era Ozaki Hotsumi, un respetado corresponsal del Asahi Shimbun y simpatizante comunista. A su vez, Ozaki trabajó durante algún tiempo como consejero del gobierno del primer ministro Konoe Fumimaro y mantuvo una estrecha relación con algunos miembros de su gabinete, lo que le facilitó el acceso a información secreta que posteriormente pasaría a Sorge.

Sorge logró introducirse en los círculos de la embajada alemana en Tokio y entablar amistad con el agregado militar Eugen Ott, con cuya mujer se vio en secreto durante seis años a la vez que mantenía otra relación con una mujer japonesa, Hanako Ishii.

La vida de Sorge como espía era bastante atípica. Era un gran bebedor y un mujeriego empedernido. A menudo se le podía ver deambulando por Tokio en su motocicleta, yendo de bar en bar con otros periodistas y retozando con una interminable retahíla de amantes. En realidad, con esta actitud desvió las posibles sospechas que su actividad como agente secreto pudieran levantar, permitiéndole trabajar sin ser molestado durante siete años. De hecho, su casa estaba a unas pocas calles de las oficinas de la Tokubetsu Kōtō Keisatsu, el famoso cuerpo de policía japonés encargado de controlar a los grupos políticos. Trabajando así, Sorge podía enviar información vital para el Kremlin. Por ejemplo, mientras estaba destinado en China dio aviso de la invasión japonesa a Manchuria; en 1936, informó a Moscú del tratado entre Japón y Alemania, más conocido como Antikomintern; advirtió sobre un posible ataque japonés desde Manchuria a la frontera soviética en 1937; avisó del ataque japonés a Pearl Harbor, y en 1939 elaboró un comunicado, en base a informaciones obtenidas en la embajada alemana, en el que se afirmaba que Alemania no respetaría el pacto de no agresión firmado por Ribentrop y Molotov.

Sobre estas líneas, las credenciales de prensa que permitían permanecer a Richard Sorge en Japón en las que se especifica que trabaja para el periódico alemán Frankfurter Zeitung.

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Foto: CC

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Un inesperado giro de guión

Desde su privilegiada posición, Sorge transmitió al Kremlin que Alemania no sólo iba a incumplir el pacto de no agresión con Moscú, sino que pensaba invadir la Unión Soviética el 20 de junio de 1941. Stalin no solamente no le creyó, sino que además se burló de él: "¿Cómo voy a creer a un pervertido que organiza fábricas y burdeles en Japón?". Pero Sorge tenía razón. Con una diferencia de dos días, el ataque alemán, conocido como Operación Barbarroja, se inició el 22 junio de 1941, aunque a pesar de ello la Unión Soviética al principio siguió negando la invasión. A pesar de que era ignorado, Sorge había seguido enviando advertencias a Moscú, siendo la última el día anterior la invasión. Este ataque fue un golpe devastador para un desconcertado Stalin, que empezó a mostrarse nervioso por saber si Japón tenía la intención de romper el pacto de no agresión que había firmado con la Unión Soviética en mayo de ese mismo año.

Desde su privilegiada posición, Sorge transmitió al Kremlin que Alemania no sólo iba a incumplir el pacto de no agresión con Moscú, sino que pensaba invadir la Unión Soviética el 20 de junio de 1941.

El 14 de septiembre de 1941, Sorge envío a Moscú un mensaje crucial para el devenir de la Segunda Guerra Mundial: "Japón no atacará a la Unión Soviética si los alemanes no logran tomar Moscú". Con aquella información en su poder, Stalin ordenó el traslado de la mitad de las tropas acantonadas en Siberia para defender la capital. Pero Sorge no salió indemne. La red de espionaje que dirigía fue desenmascarada de un modo casi accidental por la Kempeitai, la policía militar del ejército japonés. Durante una redada en la que se buscaba a comunistas fue capturado alguien relacionado con el pintor Yotoku Miyagi, quien formaba parte de la red y lo acabó delatando. Miyagi fue detenido, torturado y obligado a confesar los nombres de todos los espías.

El espía ruso llevó una vida poco acorde con su comprometida posición durante su estancia en Japón. Era un conocido bebedor y mujeriego y, a pesar de vivir cerca de las oficinas de la policía política japonesa, nunca cambió su actitud. Probablemente, esto le ayudó a pasar todavía más desapercibido. Arriba, Sorge hacia 1940.

El espía ruso llevó una vida poco acorde con su comprometida posición durante su estancia en Japón. Era un conocido bebedor y mujeriego y, a pesar de vivir cerca de las oficinas de la policía política japonesa, nunca cambió su actitud. Probablemente, esto le ayudó a pasar todavía más desapercibido. Arriba, Sorge hacia 1940.

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Richard Sorge fue detenido el 18 de octubre de 1941 en su casa, y pesar de ofrecer a las autoridades un informe detallado de todas sus actividades como espía fue juzgado y condenado a muerte. Sin embargo, el gobierno japonés, antes de su ejecución, intentó en varias ocasiones intercambiarlo por prisioneros japoneses en poder de la Unión Soviética, pero Moscú se negó en redondo y no admitió conocer a este agente. Dejado a su suerte, Sorge fue ejecutado en la horca el 7 de noviembre de 1944 y enterrado en una fosa común en el cementerio de la prisión de Sugamo, en Tokio. Al finalizar la guerra, Ishii Hanako, la amante japonesa de Sorge, solicitó la exhumación de sus restos, que en 1950 fueron trasladados a una tumba en el cementerio de Tama, en el oeste de Tokio, donde descansan desde entonces.

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