grandes exploradores

Richard Francis Burton, explorador, diplomático y escritor

Richard Francis Burton, un hombre de fuerte carácter y educación exquisita, fue uno de los exploradores más importantes del siglo XIX y una figura muy influyente en su época. Su facilidad para aprender idiomas le permitió viajar por todo el mundo, incluso camuflado entre los oriundos del país. También protagonizó varias polémicas, como la que mantuvo con John H. Speke respecto a la ubicación de las fuentes del Nilo. Al final de su vida, dedicado a la literatura, tradujo al inglés "Las mil y una noches", el clásico de la literatura árabe.

Imagen de Richard Francis Burton tomada en 1864.

Foto: PD

Ni el propio Emilio Salgari hubiera podido imaginar como protagonista de alguna de sus aventuras a un personaje tan novelesco como Richard Francis Burton. Y es que el descubridor del lago Tanganika, un hombretón que medía cerca de dos metros, fue un asiduo a partes iguales de las bibliotecas y los burdeles, un bebedor empedernido que acudía a tabernas de mala muerte donde acababa a golpes con el primero que se cruzara en su camino (aunque también fue un hábil agente secreto). Burton fue, en efecto, un hombre con muchas adicciones (incluidas las drogas), pero también un consumado explorador capaz de hablar veintinueve idiomas y de adentrarse tranquilamente en ciudades musulmanas prohibidas a los occidentales en aquel momento.

Sin sentimiento de pertenencia

Nacido en la localidad británica de Torquay el 19 de marzo de 1821, Richard Burton era hijo de un teniente coronel del ejército británico que, curiosamente, quería que su hijo siguiera una carrera eclesiástica y no militar. El joven Richard y su hermana vivieron en Francia e Italia, y la educación del muchacho estuvo en manos de diversos tutores que supieron apreciar muy pronto la facilidad con la que aprendía francés, italiano, griego y latín. Pero el hecho de haber viajado por todo el continente, estudiando en los mejores colegios, acabaría provocando en Richard una crisis de identidad con respecto a su país de origen, tanto que llegó a definirse a sí mismo como "un abandonado, un vagabundo... un resplandor de luz, sin un foco", y es que sentía que "Inglaterra es el único país donde nunca me siento como en casa". A pesar de ello, en el año 1840, Burton fue admitido en el Trinity College de Oxford, pero su carácter indisciplinado le hizo distanciarse de sus profesores y compañeros. Al final, fue expulsado antes de que lograra finalizar sus estudios.

El hecho de haber viajado por todo el continente, estudiando en los mejores colegios acabaría provocando en Richard una crisis de identidad con respecto a su país de origen. 'Inglaterra es el único país donde nunca me siento como en casa', llegaría a decir.

Imagen del general Charles Napier tomada en 1849. 

Foto: PD

Pero Richard pudo aprovechar igualmente su estancia en Oxford. Allí aprendió árabe, ocultismo, cetrería y esgrima, arte que le valió ser reconocido como uno de los mejores espadachines de todo el Imperio Británico. De todos modos, el joven Burton seguía considerándose una persona poco apreciada: "Bueno para nada, excepto para ser tiroteado por seis peniques al día", decía de sí mismo. Al final se alistó en el ejército para servir en la Compañía Británica de las Indias Orientales. Integrado en el decimoctavo de Infantería Nativa de Bombay fue destinado a la provincia de Sindh bajo el mando del general Charles James Napier con la misión de controlar a los insurrectos gobernantes musulmanes que eran hostiles al Imperio británico tras el estallido de la primera guerra anglo-afgana. La facilidad que tenía Burton para los idiomas le permitió aprender gujarati, marathi e hindustaní, además del persa y el árabe, que ya dominaba. Durante su estancia, Burton criticó con severidad el modus vivendi de los oficiales de su regimiento: "¡Qué se puede esperar de un Imperio sufragado por tenderos!", exclamaba con desprecio.

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Árabe de adopción

Como oficial de inteligencia favorito del general Napier, Richard Burton fue el encargado de cartografiar las zonas colindantes al mar Rojo, y para ello aprendió a hacer uso de muchos de los instrumentos topográficos que en un futuro le iban a ser de gran utilidad en sus viajes. Disfrazado de nativo y con el seudónimo de Mirza Abdullah, gracias a su excelente pronunciación Burton pudo infiltrarse entre los círculos contrarios a la presencia de los británicos en la India. Hasta aquel momento, ningún europeo había logrado acceder a las ciudades santas vetadas a cualquier occidental, pero él lo consiguió camuflado entre los hadji, los musulmanes que se dirigían realizar su peregrinación a La Meca. Disfrazado de pashtun, una etnia originaria de Asia Central, Burton demostró además su perfecto conocimiento de los complicados rituales islámicos; incluso se circuncidó para evitar ser descubierto. Todas aquellas experiencias se recogen en su libro, publicado en 1855, Mi peregrinación a La Meca y Medina.

Hasta aquel momento, ningún europeo había logrado acceder a las ciudades santas vetadas a cualquier occidental, pero él lo consiguió camuflado entre los hadji, los peregrinos musulmanes que se dirigían realizar su peregrinación a La Meca.

Ilustración del año 1853 en la que se muestra a Burton disfrazado de árabe.

Foto: PD

En 1853, Burton emprendió un viaje a El Cairo, donde adoptó el papel de médico persa encargado de tramitar los visados para los peregrinos que se dirigían a La Meca. Con el suyo en el bolsillo, volvió a adoptar la identidad de Mirza Abdullah y se disfrazó de derviche para pasar inadvertido durante el viaje. Así, se dedicó a confeccionar horóscopos y a leer formulas mágicas. Muy metido en su papel, cuando llegó a Medina Burton se dejó llevar por la pasión e hizo una proclama en la que vertió ácidas criticas sobre la forma de vida de los occidentales, a la vez que destacaba las virtudes del islam. Después emprendió viaje hacia La Meca, formando parte de una gran caravana. Una vez en la ciudad santa, y como si de un miembro más de la umma(la comunidad musulmana de creyentes) se tratase, Burton daría siete vueltas alrededor de la Kaaba, la piedra negra sagrada que se guarda en el santuario de La Meca, e incluso la acabaría tocando.

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Próximo destino: África

En 1856, tras un viaje por Somalilandia en compañía del explorador John Hanning Speke en el que ambos resultaron heridos, y tras participar como voluntario en la guerra de Crimea, Burton viajaría de nuevo junto con Speke hacia Zanzibar, en un viaje financiado por la Real Sociedad Geográfica de Londres. Burton y Speke se adentraron en el continente africano en busca de cierto "mar interior" (el lago Tanganika) del que habían llegado algunas noticias. La expedición contó con la ayuda del experimentado guía local Sidi Mubarak, más conocido como "Bombay", un hombre que estaba muy familiarizado con algunas de las costumbres y lenguas de la región. Pero el viaje distó mucho de ser un periplo apacible. Es más, estuvo plagado de incidentes a cuál más desagradable, desde robos a deserciones de los porteadores pasando por las terribles enfermedades tropicales que tuvieron que sufrir los expedicionarios. Incluso Speke quedó sordo de un oído a causa de un escarabajo que se había introducido en su interior.

Pero el viaje distó mucho de ser un periplo tranquilo. Es más, estuvo plagado de incidentes a cuál más desagradable, desde robos a deserciones de los porteadores pasando por las terribles enfermedades tropicales.

Ilustración del lago Tanganika publicada en 1891.

Foto: iStock

Por fin la expedición alcanzó el lago Tanganika en febrero de 1858. Burton quedo absolutamente asombrado por el panorama que se abría ante sus ojos, pero por desgracia Speke no tuvo tanta suerte: no pudo contemplar la inmensidad del Tanganika puesto que sufría una ceguera temporal. Pero no acabaron aquí las desgracias. Durante el viaje de regreso, Burton cayó enfermo y Speke continuó la expedición sin él hasta dar por fin con el gran lago Victoria. La teoría de Speke de que el lago Victoria era la fuente del Nilo fue rechazada tajantemente por Burton, motivo por el cual los dos exploradores comenzaron una agria controversia. Ambos regresaron por separado a Inglaterra y una vez allí la reputación de Burton quedó gravemente dañada a causa de su publica disputa con Speke, lo que obligó a la Royal Geographical Society a patrocinar en 1860 una segunda expedición dirigida por este último para que tuviese la oportunidad de confirmar su teoría. Dos años más tarde, Speke descubrió la unión del Nilo con el lago Victoria y la bautizó con el nombre de Ripon Falls (cataratas Ripon).

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Una vida de viajes

Burton publicó en 1860 un libro en el que narraba todas sus aventuras en África tituladoLas regiones de los lagos del África Ecuatorial, mientras que Speke daba su propia versión del viaje en Diario del descubrimiento de la fuente del Nilo, publicado en 1863. En 1862, Burton dio inicio a su carrera diplomática y, acompañado de su esposa, Isabel Arundell, con la que se había casado en secreto en 1861, puesto que la familia de la joven no aprobaba el matrimonio (ya que Burton no era noble, rico ni católico), se trasladó a la isla de Fernando Poo, en la actual Guinea Ecuatorial, como cónsul británico en la colonia española. Allí aprovechó el tiempo explorando el golfo de Guinea y el río Congo. En 1864 fue nombrado cónsul en Santos (Brasil), justo cuando aquel país estaba librando una cruenta guerra contra Paraguay. Durante su estancia, Burton recorrió sobrecogido los escenarios bélicos de esa sangrienta contienda (incluso se dice que fue tan brutal que en ella perdió la vida el noventa por ciento de la población masculina de Paraguay).

En 1862, Burton empezó una carrera diplomática y, acompañado de su esposa, se trasladó a la isla de Fernando Poo, en la actual Guinea Ecuatorial, como cónsul británico. Allí aprovechó el tiempo explorando el golfo de Guinea y el río Congo.

Vista aérea de las cataratas Victoria, situadas entre las actuales Zambia y Zimbawe.

Foto: iStock

Como experto en Oriente, Richard Burton fue destinado en 1869 a Damasco, donde durante dos años tuvo que hacer de arbitro en un complicado conflicto entre musulmanes, judíos y cristianos, y donde se acabaría ganando la animadversión de la comunidad judía. En 1872 fue trasladado a la ciudad portuaria italiana de Trieste. Allí se consagraría como escritor y lograría reunir una biblioteca con más de 8.000 volúmenes. Durante su estancia en la ciudad italiana, Burton se dedicó a la ingente tarea de traducir Las mil y una noches, una edición en la que incluyó miles de notas a pie de página para dar contexto al relato y que demuestran el profundo conocimiento que Burton poseía de la cultura árabe. El 20 de octubre de 1890, el aventurero reconvertido en escritor sufrió un infarto agudo de miocardio que acabó con su vida cuando estaba proyectando una nueva edición de El jardín perfumado, un clásico árabe de la literatura erótica en el cual incluía sus anotaciones personales, y la traducción, también sin ningún tipo de censura, del Decamerón, el clásico medieval de Giovanni Boccaccio.