El renacimiento de la moda

La revolución del vestido en la Edad Media

A finales de la época medieval la indumentaria se enriqueció, se complicó y se hizo más sensual

Las prendas ajustadas y las telas bordadas marcaron la moda de los siglos XIV y  XV. Retrato d euna familia de orfebres, escuela flamneca. 

Foto: Cordon Press

Los siglos XIV y XV fueron decisivos en la historia del vestido, con la aparición de nociones tan relevantes para la indumentaria como el concepto de belleza ideal y la consideración del cuerpo como algo bello. Entre otras innovaciones, la moda se desmarcó definitivamente del mundo clásico grecorromano, en el que el atavío de ambos sexos presentaba semejanzas evidentes, y se produjo la separación entre el traje femenino y masculino; este último se acortó mientras que el de la mujer conservó su largura, y ambos se transformaron.

CADA CUAL, SEGÚN SU CONDICIÓN

En la Edad Media, la vestimenta caracterizaba a los diferentes estamentos sociales. El rey y la reina utilizaban una indumentaria deslumbrante que, entre otros elementos, incluía joyas, telas de seda con brocados de oro y plata, paños de lana forrados de pieles, forros preciosos y petigrís, pieles de ardilla que se exhibían en cuellos y mangas. La nobleza también hacía gala de costosos atuendos: joyas, pieles, guantes perfumados y pañuelos de seda fueron un distintivo de los grandes linajes.

Las joyas se convirtieron en un elemento distintivo no solo de la nobleza, sino también de la nueva clase burguesa de las ciudades. Retrato de María Magdalena, Siglo XV.

Foto: Wikimedia Commons

Por su parte, los campesinos, pastores, artesanos humildes y criados vestían de manera tosca y ruda. Los tejidos eran bastos, sin color, básicos: camisas, camisones, sayas deslucidas (la saya era una especie de túnica), alpargatas, zuecos, cofias y algunas prendas de abrigo. El campesino utilizaba ropa corta para tener libertad de movimiento y sombrero con ala ancha para resguardarse del sol; los pastores usaban capas con capuchas para la lluvia, alpargatas y medias calzas.

RENOVACIÓN Y SENSUALIDAD


Durante los siglos XIV y XV la indumentaria adquirió una clara connotación sexual, en parte por la influencia del Humanismo, corriente de pensamiento que favoreció la aparición de un espíritu más laico y más independiente de los dictados estéticos y morales de la Iglesia católica.

En la indumentaria de los hombres surgieron prendas cortas y funcionales que mostraban una silueta masculina desconocida hasta entonces. Hacia 1370 aparecieron el jubón y la jaqueta, de origen militar. El jubón era una prenda ajustada, de la cual sólo se veían las mangas y sobre la que se vestía la jaqueta, que podía ser corta o llegar a cubrir hasta medio muslo. Este nuevo traje se completaba con calzas para vestir las piernas. A ello se añadía el cinturón o cintura, compuesto de placas articuladas. La aparición de este tipo de prendas, que dejaban al descubierto parte del muslo, dio origen a la creación de la bragueta. Los hombres de más edad vestían trajes más largos, entre la rodilla y el tobillo. Las mangas eran de varios tipos: unas de boca ancha y otras muy. hinchadas, ahuecadas en el centro y recogidas en la muñeca. Otra innovación del período fue la sustitución de los cordones por los botones para abrochar la ropa, tanto en las prendas femeninas como en las masculinas.

La corta jaqueta dejaba al descubierto por primera vez las partes pudendas de los hombres, cubiertas ahora por solo unas finas calzas. Escena de banquete, siglo XV.

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En la segunda mitad del siglo XIV surgió un traje de encima o sobretodo nuevo, la hopalanda. Esta sofisticada prenda, de origen franco-borgoñón, estaba hecha de paño fino, sedería o terciopelo, y se ajustaba a los hombros, desde donde caía suelta para ceñirse con un cinturón. A mediados del siglo XV se puso de moda otro traje de encima, el balandrán: largo, amplio y abierto por delante, estaba hecho con ricas telas y forrado de piel.Y a fines de la centuria se llevó el sayo, traje masculino de debajo para vestir a cuerpo.

En el traje femenino, al igual que en el masculino, las innovaciones mostraron una nueva silueta de la mujer, no exenta de polémica. Prendas interiores fueron las camisas o alcandoras, las faldetas o faldillas y los corpiños.Al igual que los hombres, las mujeres cubrían sus piernas con calzas, que llegaban hasta la cintura. Trajes de debajo siguieron siendo las sayas y las gonelas (también semejantes a túnicas). En los vestidos triunfaron los escotes redondos que dejaban al descubierto la garganta y parte de los hombros. En un primer momento, los trajes se ciñeron mucho en la parte superior del pecho, dejando sin ajustar la cintura y las caderas; y en el último tercio del siglo XIV la cintura también se ciñó de manera destacada. Esta nueva figura de mujer, de torso ajustado y escotes acusados, contrastaba radicalmente con lo que había sido la moda femenina medieval.

El negro se puso de moda a finales de la Edad Media al ser un tejido caro y que conseguía hacer más visibles las joyas. Retrato de un hombre joven hacia 1440, escuela florentina. 

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Se generalizaron los elementos decorativos en las prendas, con mangas perdidas o embudadas, flecos, botones y pendentes, unas largas tiras de tela, de origen francés, que colgaban del brazo hasta el borde de la falda. En el siglo XV se pusieron de moda las gorgueras, aplicaciones de telas finas y transparentes que adornaban los escotes. El sobretodo o traje de encima más utilizado por las mujeres fue el manto, aunque también usaron algunos comunes a los hombres, como la lujosa hopalanda.

En el ámbito de los tejidos, el siglo XV se caracterizó por un gran desarrollo de las telas labradas, con gran presencia de los terciopelos. Las telas se ornamentaban, con frecuencia, con motivos vegetales de origen oriental difundidos desde Italia. Entre otros, triunfaron la granada, la alcachofa, la piña, los árboles y los florones. En cuanto a los colores, el rojo y el azul, antaño dominantes, dieron paso al negro,

color de moda entre la aristocracia occidental, aunque la gama de colores era amplia. Para la sociedad medieval el color tenía un significado simbólico. El blanco evidenciaba fe y castidad; el azul, fidelidad; el verde, esperanza; el rojo, amor y caridad; el negro, penitencia; y el amarillo, hostilidad.

POLÉMICA EN TORNO AL VESTIDO

Los moralistas criticaron especialmente la nueva indumentaria femenina, comparando los peinados con los cuernos de los diablos y las colas de los vestidos con los rabos de los animales. Las prendas de los hombres tampoco estuvieron exentas de censuras. La jaqueta escandalizaba debido a su cortedad. Francesc Eiximenis, franciscano catalán, denunciaba que «estos vestidos descubrían nalgas y vergüenzas; que los mozos sirviendo a la mesa por fuerza habían de mostrar cosas que repugnaban al decoro; y que el fruncido sólo servía para cobijo de pulgas».

Túnicas y jaquetas se ciñeron más al cuerpo de hombres y mujeres por la influencia del humanismo, miniatura de Carlos el audaz duque de Borgoña.

Foto: Cordon Press

Con las nuevas modas aparecieron tratados sobre la indumentaria correcta, como el Tratado del comer, vestir y calzar, de 1477, obra del monje jerónimo Hernando de Talavera. Según este autor, las mujeres debían vestir con ropa larga y la cabeza cubierta, para refrenar la ligereza que naturalmente tenían. Ataca especialmente un traje con amplia falda acampanada, sujeta con aros: llevarlo era pecado mortal porque al ser pesado provocaba abortos o era causa de riesgo en el parto; era lujurioso, pues el paño que rodeaba las caderas calentaba dicha zona e incitaba a la lujuria; era deshonroso porque su amplitud encubría preñados ilegítimos; era deshonesto porque descubría las piernas; era escandaloso porque provocaba a los varones.

LEGISLACIÓN SUNTUARIA

Los monarcas de los siglos XIV y XV promulgaron leyes para que cada persona vistiera según su condición social y fe religiosa. Marginaron a prostitutas, judíos y mudéjares mediante determinadas señales en el vestido. Así, las mancebas, barraganas o prostitutas debían usar tocas azafranadas, faldas amarillas y un prendedero de lienzo bermejo u oropel en la cabeza. Se les prohibía utilizar ciertos tejidos y prendas: pieles, sedas, paños de calidad y de colores vivos, capirotes y zapatos lujosos, así como adornos de oro, plata y joyas. Los judíos y los musulmanes también debían lucir un distintivo: los hebreos, una rodela roja en la parte izquierda del pecho; los mahometanos, una luna azul turquesa en el hombro derecho.

Escena de batalla con los combatientes vestidos con calzas y jubones.

Foto: Wikimedia Commons

Se promulgó también una legislación suntuaria que censuraba, sobre todo, el lujo femenino. Se veía a la mujer como un ser vanidoso, propenso a la frivolidad y seducido por el pecado. Las leyes trataban de evitar que las mujeres malgastaran el dinero de sus maridos, atrajesen indecorosamente la atención con sus vestidos y mostrasen partes inapropiadas de su cuerpo. El honor masculino y la honra femenina dependían de que el cuerpo de la mujer estuviera convenientemente cubierto.

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